2 de Noviembre – Nunca será tarde, hermanos – Evangelio tiempo ordinario

Viernes, 2 de noviembre de 2012
Conmemoración de los Fieles Difuntos
Apocalípsis 21, 1-5a. 6b- 7 /
1 Corintios 15, 20-23 / Lucas 24, 1-8
Salmo responsorial Sal 26, 1. 4. 7. 8b-9a. 13-14
R/. “El Señor es mi luz y mi salvación”

Santoral:

Los Fieles Difuntos

Nunca será tarde, hermanos

Para, después de la vida,
salpicada de obstáculos y de sobresaltos,
aguardar el momento definitivo,
donde, lo que no entendíamos, lo veremos,
donde, lo que no alcanzábamos,
con nuestros ojos mismos lo contemplaremos.

Nunca será tarde, hermanos.
Para los que fuisteis padres,
recibir el abrazo del que es Padre,
y premiará los desvelos por vuestros hijos,
la mano de los que, anteponiendo el amor,
enseñasteis y dejasteis lo mejor de vosotros mismos.

Nunca será tarde, hermanos.
Para los que, siendo jóvenes o niños,
la muerte os cortó sin previo aviso.
Para los que, teniendo la vida por delante,
el silencio y el absurdo,
os apartó para siempre de nuestros ojos.
No será tarde porque, en el cielo,
seréis eternamente jóvenes,
como joven fue y murió el mismo Jesucristo.
No será tarde porque, en el cielo,
siendo niños disfrutaréis de una Madre
que acoge, con amor de Madre,
a los que acuden pidiendo amor y regazo.

Nunca será tarde, hermanos.
Amigos y consagrados, sacerdotes y religiosos,
enfermos y trabajadores, anónimos y olvidados…
Porque, Dios, lejos de olvidar… siempre recuerda,
con nombre y apellidos,
las huellas que, al pasar por esta tierra,
todos vamos dejando en los mil caminos recorridos.
No será tarde para aquellos que, siendo heraldos,
predicaron lo que hoy celebramos:
la Vida sobre la muerte… Dios venciendo al maligno.
Nunca será tarde, cuando llegue el momento,
de abrazarnos con abrazo eterno,
de sonreír en una inmensa alegría eterna,
de vivir en una VIDA que ya no cesará,
de disfrutar en una ETERNA FIESTA en el cielo.
Nunca, así lo creemos, será tarde,
para, después de la muerte, descubrir el velo
que nos traslada al lugar donde todo es gozo eterno.
Amén.

P. Javier Leoz

Liturgia – Lecturas del día

Viernes, 2 de Noviembre de 2012

CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

No habrá más muerte

Lectura del libro del Apocalipsis
21, 1-5a. 6b- 7

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.
Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.
Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios entre los hombres: Él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será con ellos su propio Dios. Él secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó».
Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tiene sed, Yo le daré de beber gratuitamente de la fuente del agua de la Vida. El vencedor heredará estas cosas, y Yo seré su Dios y él será mi hijo».

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 26, 1. 4. 7. 8b-9a. 13-14

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré? R.

Una sola cosa he pedido al Señor,
y esto es lo que quiero:
vivir en la Casa del Señor
todos los días de mi vida,
para gozar de la dulzura del Señor
y contemplar su Templo. R.

¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,
apiádate de mí y respóndeme!
Yo busco tu rostro, Señor,
no lo apartes de mí. R.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor. R.

Todos revivirán en Cristo

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Corinto
15, 20-23

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.
En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquéllos que estén unidos a Él en el momento de su Venida.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Lucas
24, 1-8

El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que El les decía cuando aún estaba en Galilea: “Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día”». Y las mujeres recordaron sus palabras.

Palabra del Señor.

Reflexión

PEDIMOS POR ELLOS, POR SI EN ALGO NOS NECESITAN
1.- En realidad no venimos a ofrecerlos una corona de flores, como puede hacerse ante el monumento de los muertos por la patria. Vamos a estar un rato con ellos en la misa que es punto de encuentro, puesto que al altar baja Dios y ellos están en Dios, como esperaron. Hoy conmemoramos a esos seres queridos, que echamos de menos, porque caminaron más deprisa que nosotros y dejamos de verlos como se deja de ver a quien camina ante nosotros y los perdemos de vista al torcer el camino. No los hemos perdido, allí están y volveremos a estar con ellos cuando lleguemos también nosotros a esa curva del camino.
2.- Lo esencial en nuestra fe, es que como Jesús resucitó, todos tenemos asegurada una vida sin fin. Sin esta creencia nuestra fe sería vana, como nos dice San Pablo. El prefacio de difuntos nos dice: “la vida de los que en Ti creemos, Señor, no termina, se transforma”. Como se transforma el gusano de seda en mariposa, o el grano de trigo, podrido en el surco, se transforma en una preciosa espiga. Pero nos cuesta creerlo.
Durante millones de años hemos estado atados a la tierra por la fuerza de la gravedad, hasta que en la era espacial hemos podido romper esa cadena y volar fuera de la órbita de la Tierra, por el espacio. Pues hasta que Jesús resucitó hemos estado todos atados a la tumba por la cadena de la muerte, y fue Jesús el primero que pudo romper esa cadena y volar libremente por la vida eterna. Y como dice San Pablo con Él hemos resucitado todos. Todos hemos roto la cadena que nos ataba a la tumba.
3.- El Evangelio está lleno de palabras de resurrección: “Yo soy la resurrección y la vida”, “quien cree en mi tiene vida eterna”, “el que come mi carne tiene vida eterna. ¿Resurrección de quien y vida de quien si todos tenemos que ser absorbidos de nuevo por la nada? Sin nuestra resurrección, nuestra fe está llena de absurdos. ¿No es absurdo creer en un Dios creador del universo y de la humanidad, y que al cabo de unos millones de años ese Dios vuelva a quedarse en su eterna soledad, junto a un cementerio galáctico, en que estuvieran enterrados los millones de seres humanos –sus hijos—que él ha creado?
4.- ¿No sería totalmente absurdo que el Hijo de Dios se haga uno de nosotros, y diera su vida por nosotros y después de marcharse de nuevo a su cielo, todos nosotros nos convirtiéramos en macabra ceniza de sepulcro? ¿A qué vendría hacerse hombre y mujer, trabajar, sufrir y morir como seres humanos que al fin van a desaparecer?
Pero eso celebraciones como la de hoy es para reafirmarnos en que nuestros seres queridos, aunque no los veamos, están. Y están envueltos en el cariño de Dios, disfrutando de la belleza de Dios, imbuidos en la energía de Dios que fue capaz de sacar de la nada lo que existe.
Por eso mientras pedimos por ellos, por si en algo nos necesitan, sobre todo nos ponemos bajo su protección, porque su descanso en paz, no es la paz del cementerio, ni la paz holgazana del que no espera nada apoyado en tapia de adobe. Con la energía de Dios que hoy participan están, sin duda, al lado de sus seres queridos, ayudándonos a cruzar el mar de la vida que, como prácticos del puerto, consigan que entremos con ellos en puerto seguro

José María Maruri, SJ
www.betania.es

¡QUE NO DECAIGA LA ESPERANZA!
¡La vida no termina! ¡A la vuelta de la esquina de la muerte, nos aguarda la eternidad! ¿Nos espera algo? ¡No! ¡Mucho más que algo! ¡Nos espera ALGUIEN! ¿Qué sería de un mundo sin esperanza? ¿Cómo pueden asumir –el trago amargo de la separación de sus seres queridos– aquellos que, el aguardar a… lo dejaron ya en el olvido?
1.- En este dos de noviembre, al día siguiente de festejar el triunfo de los grandes atletas de Dios (Todos los Santos), fijamos nuestra mirada en aquellos que nos han precedido en el camino de la vida.
-Lo hacemos desde el corazón. Donde, la muerte, es incapaz de arrebatarnos a aquellos que hemos querido, con los que hemos compartido tantos momentos buenos y también otros tantos malos. En el corazón cuidamos un agradecimiento emocionado porque, entre otras cosas, dejaron profunda huella en palabras y en obras.
-Fijamos también nuestra mirada en nuestros difuntos con la esperanza de volvernos a ver. ¿Quién ha dicho que no ha vuelto nadie a relatarnos cómo se está o qué hay en la orilla que es la eternidad? ¡No es cierto! Un tal Jesús de Nazaret, descendió al sepulcro, estuvo tres días en El y, al tercer día, cuando resucitó nos dijo que existía un Padre que nos esperaba. Que había vida y suficiente, más que de sobra, para todos los que creyeran y esperaran en El.
Si Jesús es la VIDA, tendremos vida en abundante; si Jesús es la VERDAD ¿por qué no nos hemos de fiar de sus promesas de que un día resucitaremos? Si Jesús es el CAMINO, ya sabemos por dónde hemos de avanzar para no quedarnos sumidos en la desesperanza o en el desasosiego, en la tristeza o en la amargura: ¡Dios cumple lo que promete! Conmemorar a nuestros difuntos en este día es querer y pedir lo mejor para ellos, que también lo será para nosotros, la VIDA ETERNA.
-Recordamos a nuestros seres queridos fallecidos con la mirada puesta en Dios. Un Dios que no permite que nadie de los suyos se pierda o se queden en el olvido. Hoy la gran familia de la Iglesia se reúne para implorar y recordar que la misericordia de Dios es ilimitada. Que, en sus brazos abiertos, esperamos se encuentren todos aquellos que cerraron los ojos a este mundo deseando verle; a todos aquellos que, en sus últimos instantes, no hicieron otra cosa sino proclamar: creo en Dios, creo en Cristo, creo en el Espíritu Santo, en la Resurrección de la carne…en la Vida Eterna. Lo hacemos con las lentes de la fe y por ello mismo lo hacemos con esperanza y la seguridad de que la muerte es un obstáculo pero nunca un final. De que es una estación donde todos, tarde o temprano, nos apearemos pero donde –al final– pasará el último vagón que nos conducirá a la resurrección final.
2.- ¿Dónde están los nuestros? ¿Qué ha sido de ellos? ¿Cómo están y dónde se encuentran? Ni más ni menos, así nos lo dicta nuestra fe, EN LAS MANOS DE DIOS.
-Oremos para que, lejos de olvidarlos, estén presentes en nuestra vida diaria, en nuestra oración, en la misa que encargamos para ellos con motivo de su cumpleaños, su fallecimiento o una fecha especial.
-Oremos para que, el testimonio que nos dejaron, lo mantengamos vivo y presente en nuestras vidas.
-Oremos para que, la fe que profesaron, sea también para nosotros como un revulsivo para mantener al día nuestra esperanza en el Señor.
-Oremos para que, las faltas que pudieron tener, sean perdonadas por un Padre que nos comprende, que nos entiende pero que…busca y quiere nuestra perfección cristiana mientras nos encontramos en este mundo.
–Hoy no es un día de simplón sentimiento, de vago recuerdo, de lágrima fácil.
—Hoy es el momento de desearles a nuestros familiares difuntos lo que el mundo es incapaz de ofrecernos ni de darnos: LA ETERNIDAD.

Javier Leoz
www.betania.es

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