Domingo XV del Tiempo ordinario

Domingo XV del Tiempo ordinario – 16 de julio

APRENDER A SEMBRAR COMO JESÚS

No fue fácil para Jesús llevar adelante su proyecto. Enseguida se encontró con la crítica y el rechazo. Su palabra no tenía la acogida que cabía esperar. Entre sus seguidores más cercanos empezaba a despertarse el desaliento y la desconfianza.

¿Merecía la pena seguir trabajando junto a Jesús? ¿No era todo aquello una utopía imposible? Jesús les dijo lo que pensaba. Les contó la parábola de un sembrador para hacerles ver el realismo con que trabajaba y la fe inquebrantable que le animaba. Las dos cosas. Hay, ciertamente, un trabajo infructuoso que se puede echar a perder, pero el proyecto final de Dios no fracasará. No hay que ceder al desaliento. Hay que seguir sembrando. Al final habrá cosecha abundante.

Jesús sembraba con el realismo y la confianza de un labrador de Galilea. Todos sabían que la siembra se echaría a perder en más de un lugar en aquellas tierras tan desiguales. En la Iglesia de Jesús no necesitamos cosechadores. Lo nuestro no es cosechar éxitos, conquistar la calle, dominar la sociedad, llenar las iglesias, imponer nuestra fe religiosa. Lo que nos hace falta son sembradores. Seguidores y seguidoras de Jesús que siembren por donde pasan las palabras de esperanza y gestos de compasión. Esta es la conversión que hemos de promover hoy entre nosotros: ir pasando de la obsesión por “cosechar” a la paciente labor de “sembrar”. Jesús nos dejó en herencia la parábola del sembrador, no la del cosechador.

 

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO/A

 

1ª LECTURA

Lectura del libro de Isaías 55,10-11 
Así dice el Señor:
– Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad. Palabra de Dios.

 

                                 COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

Dios, por medio del profeta Isaías, nos dice que su palabra es eficaz, creadora y engendra vida si la acogemos en nuestro corazón. La Palabra de Dios nos salva. Esta palabra se dirige a nosotros, tiene que producir sus frutos y alimentar nuestra vida cristiana.

Sal 64, 10. 11. 12-13. 14 
R. La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.
 

  • Tú cuidas de la tierra, la riegasy la enriqueces sin medida;
    la acequia de Dios va llena de agua. R:
  • Tú preparas los trigales:riegas los surcos, igualas los terrenos,
    tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes. R:
  • Coronas el año con tus bienes,tus carriles rezuman abundancia;
    rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan de alegría. R:
  • Las praderas se cubren de rebaños,                      y los valles se visten de mieses, que aclaman y cantan.

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,18-23 
Hermanos:
Considero que los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación expectante está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo. Principio del formulario

Palabra de Dios Final del formulario

 

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

Pablo nos ofrece una visión de toda la creación que espera ansiosamente la liberación. Nosotros, los cristianos, por el Espíritu Santo que vive en nosotros, tenemos la seguridad de que disfrutaremos de la libertad plena reservada a los hijos de Dios. Ahora nos toca orar y esperar la total liberación.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13,1-23 
Un día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago.
Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y la gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló mucho rato en parábolas:
– Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.
El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta.
Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador:
– Si uno escucha la palabra del Reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la Palabra, sucumbe.
Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la Palabra, pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril.
Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la Palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o setenta o treinta por uno. Palabra de Dios Final del formularioPrincipio del formulario

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO

 

En esta parábola, lo que Jesús explica es por qué muchas veces la palabra no es fuerza, sino que se frustra y, por eso, resulta ineficaz o su eficacia queda disminuida, limitada. La palabra de Jesús tiene tal fuerza, que hace milagros, perdona pecados, transmite su poder personal, perpetúa su presencia. Sólo hay una palabra en el mundo que supera a todos los discursos imaginables: la palabra de Dios. Porque Dios cumple su palabra, hace lo que dice, realiza lo que anuncia y consuma lo que promete. Él es la Palabra, con mayúscula.

 

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

 

LA FUERZA OCULTA DEL EVANGELIO

La parábola del sembrador es una invitación a la esperanza. La siembra del evangelio, muchas veces inútil por diversas contrariedades y oposiciones, tiene una fuerza incontenible. A pesar de todos los obstáculos y dificultades, y aún con resultados muy diversos, la siembra termina en cosecha fecunda que hace olvidar otros fracasos.

Siempre parece que “la causa de Dios” está en decadencia y que el evangelio es algo insignificante y sin futuro. Y sin embargo no es así. El evangelio no es una moral ni una política, ni siquiera una religión con mayor o menor porvenir. El evangelio es la fuerza salvadora de Dios “sembrada” por Jesús en el corazón del mundo y de la vida de los hombres.

Empujados por el sensacionalismo de los medios de comunicación, parece que solo tenemos ojos para ver el mal, sin embargo en el interior de muchas vidas podemos encontrar bondad, entrega, sacrificio, generosidad y amor verdadero. Hay violencia y sangre en el mundo, pero crece en muchos el anhelo de una verdadera paz. Se impone el consumismo egoísta en nuestra sociedad, pero son muchísimos los que descubren el gozo de una vida sencilla y compartida. La indiferencia parece haber apagado la religión, pero en no pocas personas se despierta la nostalgia de Dios y la necesidad de la plegaria.

La energía transformadora del evangelio está ahí trabajando a la humanidad. La sed de justicia y de amor seguirá creciendo. La siembra de Jesús no terminará en fracaso. Lo que se nos pide es acoger la semilla. ¿No descubrimos en nosotros mismos esa fuerza que no proviene de nosotros y que nos invita sin cesar a crecer, a ser más humanos, a transformar nuestra vida, a tejer relaciones nuevas entre las personas, a vivir con más transferencia, a abrirnos con más verdad a Dios?

 

 

 

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO – Ciclo C
Deuteronomio 30, 9-14 / Colosenses 1, 15-20 / Lucas 10, 25-37
Salmo Responsorial Sal 68, 14. 17. 30-31. 36-37
R/. ” Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón”

Santoral:
San Cristóbal, Santos Antonio Nguyen Quynh
y Pedro Nguyen Khac, Beato Pacífico
y Mártires de Damasco

LECTURAS DEL DOMINGO 10 DE JULIO DE 2016

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO

La palabra está muy cerca de ti, para que la practiques

Lectura del libro del Deuteronomio

30, 9-14

Moisés habló al pueblo, diciendo:
El Señor, tu Dios, te dará abundante prosperidad en todas tus empresas, en el fruto de tus entrañas, en las crías de tu ganado y en los productos de tu suelo. Porque el Señor volverá a complacerse en tu prosperidad, como antes se había complacido en la prosperidad de tus padres.
Todo esto te sucederá porque habrás escuchado la voz del Señor, tu Dios, y observado sus mandamientos y sus leyes, que están escritas en este libro de la Ley, después de haberte convertido al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma.
Este mandamiento que hoy te prescribo no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo, para que digas: «¿Quién subirá por nosotros al cielo y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica?» Ni tampoco está más allá del mar, para que digas: «¿Quién cruzará por nosotros a la otra orilla y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica?» No, la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la practiques.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 68, 14.17. 30-31. 36-37

R. Busquen al Señor, y vivirán.

Mi oración sube hasta ti, Señor,
en el momento favorable:
respóndeme, Dios mío, por tu gran amor,
sálvame, por tu fidelidad. R.

Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor,
por tu gran compasión vuélvete a mí;
Yo soy un pobre desdichado, Dios mío,
que tu ayuda me proteja:
así alabaré con cantos el nombre de Dios,
y proclamaré su grandeza dando gracias. R.

Porque el Señor salvará a Sión
y volverá a edificar las ciudades de Judá:
el linaje de sus servidores la tendrá como herencia,
y los que aman su Nombre morarán en ella. R.

Todo fue creado por .medio de Él y para Él

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Colosas
1, 15-20

Cristo Jesús es la Imagen del Dios invisible,
el Primogénito de toda la creación,
porque en Él fueron creadas todas las cosas,
tanto en el cielo como en la tierra,
los seres visibles y los invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades:
todo fue creado por medio de Él y para Él.

Él existe antes que todas las cosas
y todo subsiste en Él.
Él es también la Cabeza del Cuerpo,
es decir, de la Iglesia.

Él es el Principio,
el Primero que resucitó de entre los muertos,
a fin de que Él tuviera la primacía en todo,
porque Dios quiso que en Él residiera toda la Plenitud.

Por Él quiso reconciliar consigo
todo lo que existe en la tierra y en el cielo,
restableciendo la paz por la sangre de su cruz.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

¿Quién es mi prójimo?

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Lucas
10, 25-37

Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?»
Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»
Él le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo».
«Has respondido exactamente, -le dijo Jesús-; obra así y alcanzarás la vida».
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?»
Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver”.
¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?»
«El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera».

Palabra del Señor.

Reflexión

PRACTICAR LA MISERICORDIA CON EL PRÓJIMO
1.- Todos buscamos la vida, todos queremos vivir para siempre. Todos deseamos vivir para siempre. ¿Qué he de hacer para heredar la vida eterna?, le pregunta el letrado. En nuestra época se diseñan multitud de estrategias y procedimientos para adquirir unos objetivos determinados. Así funcionan las empresas, lo fundamental es la productividad, la consecución de los fines propuestos. Si esto ocurre con las cosas de este mundo, ¿por qué no nos preocupamos de lo que va a ocurrir con nosotros para toda la eternidad? En la cultura postmoderna lo que importa es el ahora, lo inmediato, lo inmanente, carecen de valor los planteamientos a largo plazo, pero esto no elimina la pregunta fundamental de todo hombre/mujer: ¿Hacia dónde voy, que va a ser de mí después de esta vida? Al letrado del evangelio sí le preocupaba la cuestión del más allá, por eso se dirige al “Maestro”. El hombre de hoy tarde o temprano se encuentra también con este interrogante.
2. – Misericordia es solidaridad. Jesús le devuelve la pregunta al letrado: ¿qué está escrito en la Ley? La respuesta está en la “Shemá”, el alma de la fe del pueblo, manifestada en el capítulo 6 del Deuteronomio: “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas”. Estas palabras serán escritas en las jambas de las puertas, serán atadas a la muñeca y transmitidas de generación en generación. Pero el levita completa su respuesta con lo que recoge el Levítico en el capítulo 19: “Y al prójimo como a ti mismo”. El binomio Dios-prójimo está presente en el Pentateuco. Haciendo esto el letrado tendrá vida. Pero él quiere saber quién es su prójimo. Es entonces cuando Jesús relata la historia más sobrecogedora de su mensaje, la historia que resume todo su mensaje. El samaritano se deja mover por la compasión, hoy diríamos que es solidario con la desgracia de su próximo, aquél pobre hombre que agoniza en la cuneta del camino. Pone en práctica lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”, para él es más importante aquel “próximo”, que el cumplimiento cultual, que es la opción tomada por el sacerdote y el levita. Estamos en el “Año de la misericordia”. Hoy se traduce como perdón y solidaridad. Ser solidario es sentir que “lo que a ti te pasa, a mí me importa”, que yo me uno a tu sufrimiento y lo asumo como mío, que soy capaz de ponerme en tu lugar y ayudarte a salir del pozo en que te encuentras. Ahora pregúntate tú mismo, ¿eres solidario, o pasas de largo ante el sufrimiento de tu hermano? ¿Dónde está tu hermano, es la pregunta del Génesis que resuena en nuestros oídos?
3. – La Iglesia debe ser posada. Amar es una decisión más que un sentimiento. Amar es dedicación y entrega. Amar es un verbo que invita a la acción. El buen samaritano se acerca a aquél hombre herido –lo primero que hay que hacer es acercarse al hermano sufriente–, le vendó las heridas –hizo lo que sabía y lo que podía– y después lo llevó a la posada para que lo atendieran –lo puso en manos de aquellas personas que podían ayudarlo mejor que él para que se repusiera totalmente– y además de hacerse cargo de los gastos, prometió volver para visitarlo. La posada es el símbolo de aquellos organismos que dan, o deben dar cobijo a los menesterosos. La Iglesia debe ser esa posada, esa casa acogedora, en donde es posible rehabilitarse como persona. Nuestra comunidad parroquial debe ser esa posada abierta a todos, donde es posible encontrar la medicina material o espiritual que el enfermo necesita. Y tuvo que ser un samaritano, alguien peor que un extranjero, el que practicara con él la misericordia. Recuerdo ahora la hermosura del significado de esta palabra: “poner el corazón en la miseria”. El samaritano puso su corazón en la miseria y pobreza de aquél hombre.
4.- “Haz tú lo mismo”. ¿Quién se portó como prójimo de aquel pobre hombre? Es Jesús el que pregunta al letrado: ¿quién se portó como prójimo de aquel pobre hombre?, ¿quién fue el que estuvo próximo a él? Los discípulos y el letrado comprendieron muy bien cuál era la respuesta. Jesús mismo nos dio ejemplo de “proximidad”, cuando se hizo uno de nosotros, se rebajó hasta la muerte y una muerte de cruz. El sí que se portó como prójimo de nosotros. Pero ahora te dice a ti: “Haz tú lo mismo”. Es el mejor método para conseguir tu objetivo: heredar la vida eterna. Todo lo demás es secundario, sólo importa el amor. Ama, es decir, acepta al otro, valora al otro, dale afecto y ternura, compréndele y ayúdale.

José María Martín, OSA
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SER “PRÓJIMO” ES AYUDAR AL NECESITADO
1.- ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos? Él contestó: el que practicó la misericordia con él. Díjole Jesús: anda, haz tú lo mismo. En este “Año de la misericordia” la “parábola del samaritano” debe tener para nosotros un significado y un mensaje especial. Prójimo, etimológicamente, es el que está cerca de nosotros, o por razones de parentesco, la familia, o por amistad, los amigos, o por razones étnicas y culturales, la patria, o por afinidad de ideas y creencias, las religiones y los partidos políticos, etc. En el mundo judío, prójimos, próximos, eran, sobre todo, los judíos, los de su propia raza y religión. El samaritano no era, para un judío, un prójimo. Por eso, lo primero que debemos observar es que, en esta parábola, Jesús cambia el concepto judío de prójimo. El que se portó como prójimo fue el samaritano, que no era judío, no se portó como prójimo el sacerdote, ni el levita, que sí eran étnica, cultural y religiosamente, judíos. ¿Cómo podemos aplicarnos hoy, en estricto sentido cristiano, nosotros los cristianos europeos, esta parábola del samaritano? Pues la respuesta parece obvia, muy clara: portándonos como prójimos de las personas necesitadas que no son europeos. ¿Es que no debemos portarnos como prójimos de los amigos y familiares, de los que son afines a nuestras ideas y creencias, de los demás europeos? Por supuesto que sí; a Jesús, como buen judío, eso le parecía algo obvio, lo revolucionario de la parábola es la ampliación que Jesús hace del concepto de prójimo. Que cada uno de nosotros se examine a sí mismo, analizando lo que él piensa de la atención que debe dar a los emigrantes y refugiados que estén en verdadero estado de necesidad. Como buenos discípulos de Cristo, ampliemos el concepto que teníamos de prójimo, y seamos compasivos y misericordiosos con todas las personas que nos necesitan, sean de donde sean y vengan de donde vengan. Este es un buen propósito que debemos hacer los cristianos en este año de la misericordia, a propósito de la parábola del buen samaritano.
2.- Moisés habló al pueblo diciendo: escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos… El mandamiento está muy cerca de ti, en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo. Todo buen judío sabía el decálogo de memoria y le guardaba en su corazón. Otra cosa es que lo cumplieran en su vida ordinaria. Les pasaba algo parecido a lo que puede pasarnos hoy a los que nos consideramos y nos llamamos cristianos practicantes. Conocemos y valoramos, unos un poco más y otros un poco menos, el evangelio de Jesús. Pero, ¿lo cumplimos? Desde luego, a nivel social, político y de calle, no; individualmente cada uno sabrá hasta dónde llega. Si todos los cristianos, además de conocer el evangelio y valorarlo, lo cumpliéramos, el mundo, nuestro mundo, sería muy distinto al que, de hecho, es. Si de verdad todos los que nos llamamos cristianos practicantes viviéramos convertidos al evangelio, nos comportaríamos de una manera distinta a la que nos comportamos en muchas cosas, referidas directamente al dinero, a la política, a las relaciones personales con los demás, preferentemente con las personas menos favorecidas y más necesitadas. Hagamos todos nosotros hoy el propósito de intentarlo, de convertirnos de verdad al evangelio, de tenerlo en nuestro corazón y en nuestra boca, de cumplirlo.
3.- Cristo es la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. San Pablo recoge este “himno cristológico” probablemente de la liturgia bautismal del siglo primero. El primero, les dice san Pablo a los cristianos de Colosas, es Cristo, no los astros u otros poderes celestes intermedios. Para los cristianos el único que tiene el poder y la gloria es Cristo, no otro poder del orden que sea. Pues bien, si Cristo es nuestra cabeza, digamos nosotros con palabras de san Pablo, portémonos cada uno de nosotros como cuerpo de Cristo. San Agustín decía a sus fieles que si al besar la cabeza de la imagen de Cristo, le pisaban los pies, como algunos hacían a veces, en realidad estaban pisoteando a los pobres, porque los pies de Cristo son los pobres. Pensar que estamos comportándonos como cuerpo de Cristo, cuando somos inmisericordes con los pobres y necesitados, es hacer una ofensa al Cristo total del que nos habla san Pablo. Uniendo esta idea con la parábola del samaritano de la que se nos habla en el evangelio de hoy, pensemos que los emigrantes y refugiados, y todas las personas necesitadas, son los pies de Cristo. Si besamos la cabeza de Cristo, en nuestras oraciones y devociones, no pisemos sus pies en nuestro comportamiento diario con las personas necesitadas.

Gabriel González del Estal
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SIN MIRAR HACIA OTRO LADO
Avanzamos en el camino de nuestra vida cristiana, y cuando miramos a nuestro alrededor, tenemos dos peligros: detenernos en aquello que nos conviene o mirar hacia otro lado. Es fácil creer en un “Dios a nuestra manera” pero, lo más evangélico, es preguntarnos si como cristianos hacemos lo que debemos en nuestra agenda diaria.
1. Amar al prójimo es la gran pancarta del cristianismo. Cuando amamos como Jesús desea, aunque nos parezca lo contrario, se convierte en el testimonio más eficaz para dar a conocer el rostro del Dios vivo. ¡Dime que haces que, pronto te diré, a quién sirves! Salir de nosotros mismos, sin medida, a tiempo y deshoras, es una muestra de la calidad de nuestra vida cristiana y sobre todo de hacer frente a algo que nos debiera de preocupar: el Evangelio no es para ser conocido ni aprendido (aunque también) es para ser vivido y, desde ahí, transmitido con palabras y con obras. La fe, por ello mismo, siempre será operativa y practica. Dicen que, muchos ciudadanos, están desencantados de las teorías políticas y económicas y que exigen coherencia, austeridad y verdad.
2. Con la Iglesia, y aunque digan lo contrario algunos, no podemos subirnos al carro de la demagogia: “las riquezas que tiene que las venda” (sería pan para hoy y hambre para mañana y, además, un atentado contra el patrimonio y la cultura que es acerbo conquistad y plasmado por el cristianismo en el transcurso de los años. La Iglesia, hoy y ahora, sigue en guardia y en retaguardia intentando llevar adelanta una ingente obra social, caritativa y asistencia. Cerrar los ojos a esa realidad, obviarla, silenciarla…no nos hace daño a los que lo practicamos, más bien, a aquellos que no ven las consecuencias de una falta de incomprensión y minusvaloración a los que la comunidad eclesial lleva a cabo en tantos lugares del mundo. Eso sí; aún no contando con el aplauso de muchos, y especialmente de muchos aparatos mediáticos, la Iglesia ha de salir al camino para socorrer a tantas personas, hombres y mujeres, que son asaltados por tantos bandidos de nuestro tiempo (el SIDA, la pobreza, la depresión, el abandono, la ancianidad, el aborto, hospitales……)
3. Hacer el bien, y sin mirar a quién. Buscar realizar el bien, sin mirarse así mismo, e intentando recuperar al necesitado debe de ser la máxima de nuestra vida, el orgullo de nuestra Iglesia. Es verdad que, nunca como hoy, a través de los medios de comunicación social se nos cuelan en nuestros hogares imágenes de pobreza de los cinco continentes del mundo que nos llevan a pensar que “es imposible que podamos hacer nosotros más”. ¡Si podemos! No perder la sensibilidad. No cejar en el empeño de que, nuestras parroquias, como laicos y sacerdotes, trabajemos incesantemente para que nadie nos pueda decir que nos hemos ido por el camino cómodo. Que hemos vuelto la cabeza hacia el otro lado para no comprometernos con situaciones que nos incomodan o que, en la práctica, nos hacen perder tiempo.
Hoy, con el evangelio en el mano, detenernos en el sendero de nuestra vida, ofrecer tiempo del minutero de nuestro reloj, apuntar en la agenda de nuestra ruta momentos de dedicación personal para que alguien sonría, sea más feliz o resurja de sus cenizas…..es la mejor forma de agradar al Señor y de demostrarle que, lejos de ser una teoría, es algo que nos empuja a vivir como hijos de Dios. Siendo como El quiere. Haciendo lo que El desea. Poniendo el corazón allá donde ciertas situaciones, tristes y humillantes, echan en falta una mano amiga.

Javier Leoz
www.betania.es

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