Aprender a sembrar como Jesús

APRENDER A SEMBRAR COMO JESÚS

No fue fácil para Jesús llevar adelante su proyecto. Enseguida se encontró con la crítica y el rechazo. Su palabra no tenía la acogida que cabía esperar.

Entre sus seguidores más cercanos empezaba a despertarse el desaliento y la desconfianza.

¿Merecía la pena seguir trabajando junto a Jesús? ¿No era todo aquello una utopía imposible? Jesús les dijo lo que pensaba. Les contó la parábola de un sembrador para hacerles ver el realismo con que trabajaba y la fe inquebrantable que le animaba. Las dos cosas. Hay, ciertamente, un trabajo infructuoso que se puede echar a perder, pero el proyecto final de Dios no fracasará. No hay que ceder al desaliento. Hay que seguir sembrando. Al final habrá cosecha abundante.

Jesús sembraba con el realismo y la confianza de un labrador de Galilea. Todos sabían que la siembra se echaría a perder en más de un lugar en aquellas tierras tan desiguales. En la Iglesia de Jesús no necesitamos cosechadores. Lo nuestro no es cosechar éxitos, conquistar la calle, dominar la sociedad, llenar las iglesias, imponer nuestra fe religiosa. Lo que nos hace falta son sembradores. Seguidores y seguidoras de Jesús que siembren por donde pasan las palabras de esperanza y gestos de compasión. Esta es la conversión que hemos de promover hoy entre nosotros: ir pasando de la obsesión por “cosechar” a la paciente labor de “sembrar”. Jesús nos dejó en herencia la parábola del sembrador, no la del cosechador.

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