¿Es Dios el “aguafiestas” de nuestra felicidad?

¿Es Dios el “aguafiestas” de nuestra felicidad?

Cuántas veces, al ver la actitud resignada de los cristianos, la observancia rutinaria de sus “obligaciones religiosas”, el conformismo de sus vidas y la falta de alegría en sus celebraciones, uno se siente inclinado a pensar que los creyentes no sabemos disfrutar de la fe, no sabemos vivir:

No hemos sabido encontrar el tesoro, no hemos reconocido todo lo bueno y saludable que encierra la Fe cristiana. Se diría que la religión se ha convertido en un peso, una costumbre, una rutina o una obligación.

Dios no parece ser fuente de gozo y de alegría profunda para los creyentes. Al contrario, parece más bien que Dios se ha convertido en persona “non grata” para muchos.

Y es que muchas personas de hoy quizás ya no pueden ver en Dios al “amigo de la vida”, sino al “aguafiestas” de toda felicidad.

Jesús, con las parábolas sobre el Reino de Dios, nos pone en situación para que analicemos cuál es nuestra fe en Dios y qué estamos dispuestos a hacer para vivir de acuerdo a ello.

Nos dice claro una cosa: vivir la FE produce alegría, como cuando encuentro un tesoro.

El Dios que evoca con frecuencia nuestro pasado religioso no atrae ni llena de alegría a las generaciones actuales.

Y es que la idea de Dios no va unida a experiencias gozosas y liberadoras, sino a vivencias amargas y negativas.

Fe en Dios

Para muchos, Dios es la palabra que evoca un desagradable mundo de sentimientos, de miedos, de conflictos, de tensiones y de remordimientos que es mejor olvidar cuanto antes.

Difícilmente se despertará en nosotros la FE en Dios si no somos capaces de “cavar” pacientemente en nuestra vida, ahondar en lo más profundo de todo lo humano y descubrir “llenos de alegría” el tesoro escondido de Dios, la gran noticia de que Dios nos ama, nos quiere felices y nos salva.

Cuánto necesita nuestra época de testigos alegres de la fe. Hombres y mujeres capaces de disfrutar, de celebrar y de gozar de su fe en Dios!

Creyentes que a pesar de sus crisis, a pesar de sus dudas y luchas dolorosas puedan hablar y contagiar su experiencia gozosa de Dios.

Sólo quien encuentra y valora el tesoro escondido de la FE en Dios es capaz de venderlo todo por adquirirlo. Jesús nos debe hacer reflexionar a los creyentes de hoy.

¿No estamos pretendiendo vivir las exigencias de la fe cristiana sin haber descubierto antes la riqueza y el valor que en ella se encierra?

 

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