Evangelio del 17 de Octubre – Sólo por hoy [Vídeo]

Evangelio del 17 de Octubre

Efesios 1, 11-14 / Lucas 12, 1-7
Salmo responsorial Sal 32, 1-2. 4-5. 12-13
R/. “¡Feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia!”

Santoral:
San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir
Sólo por hoy

Sólo por hoy…
no te enojes, no te preocupes, sé agradecido,
sé amable con los demás, trabaja duro

El “sólo por hoy”
se refiere a estar en el tiempo presente,
es decir, vivir el momento.
El pasado nos tiene que servir como aprendizaje,
todo lo que pasó, pasó, nada podemos hacer para cambiarlo.
El futuro lo tenemos que imaginar y actuar en el presente
para poder hacer realidad ese futuro.

Tenemos que tomar conciencia
que todo lo que actuemos en el presente
será como construimos nuestro futuro.
Sembrar hoy para cosechar mañana.
Plantear en el presente estrategias
para hacer nuestro futuro realidad.

“Sólo por hoy no te enojes”,
más que a reprimir la ira se refiere a dejarla fluir
y observarnos en ese momento
qué es lo que nos está ocurriendo.
Las cosas que nos enojan, evitarlas,
ya que la ira nos hace daño físicamente,
mentalmente, emocionalmente y espiritualmente.
Todo lo que nos enoja lo evitamos,
y lo que no podemos, lo asumimos,
dejándolo en manos de Dios .

“Sólo por hoy no te preocupes”
se refiere a situarnos en el momento,
observarnos y ver qué es lo que nos tiene preocupados.
Las cosas que podemos resolver nosotros,
accionamos para resolverlas, planteando estrategias, etc.
Lo que no podemos resolver,
lo dejamos en manos de nuestro Señor,
para que Él se encargue de resolver
lo que nosotros no podemos.
Es un pedido que se hace
con toda la fuerza del corazón.
No preocuparnos más, olvidarnos del asunto,
y esperar que llegue la solución.
Suena raro, pero funciona realmente.
Él siempre escucha nuestros reclamos,
es más, los conoce desde antes que se los pidamos.
Si estamos atentos a la espera, nos estamos preocupando.
Confiemos plenamente en nuestro Padre.

Ser agradecido.
Mirar en el hoy todo lo que tenemos
y agradecer de corazón todas las bendiciones
que Dios nos va dando día a día.
Mirar el lado positivo de todas las cosas
hace que lo negativo sea infinitamente menor.
Agradecer todo lo que tenemos hasta hoy
y no estar pendientes de todo lo que nos falta.
La felicidad es hoy, no mañana.

Ser amable con los demás.
Es darle a los demás lo que queremos
que ellos nos den a nosotros.
No actuar por omisión, “no hacer a los demás
lo que no queremos que nos hagan a nosotros”,
sino dar en función de lo que queremos recibir.

Si queremos recibir amor, debemos dar amor.
Si queremos recibir buenos tratos,
debemos tratar bien a la gente.
Si queremos un mundo en paz, debemos comenzar
por la paz con nosotros mismos y en nuestro corazones.
Todo, absolutamente todo lo que demos,
vuelve, y vuelve multiplicado.
Estar atentos hoy a lo que demos, nos va a hacer ver
qué es lo que vamos a recibir mañana.
Y saber que lo que estamos recibiendo hoy,
es precisamente lo que dimos ayer.

Trabajar duro.
El trabajo duro es el trabajo con uno mismo.
Al trabajo espiritual, a la práctica espiritual.
Todo esto nos llevará a transitar un camino
que nos guiará a un estado de felicidad y plenitud
como nunca hubiéramos imaginado.
Es estar en armonía con la vida…
es ponerse en manos de Dios…

Liturgia – Lecturas del día

Viernes, 17 de Octubre de 2014

Habíamos puesto nuestra esperanza en Cristo,
y ustedes han sido marcados con un sello por el Espíritu Santo

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Éfeso
1, 11-14

Hermanos:
En Cristo, nosotros,
los que hemos puesto nuestra esperanza en Él,
hemos sido constituidos herederos
y destinados de antemano,
para ser alabanza de su gloria,
según el previo designio
del que realiza todos las cosas conforme a su voluntad.

En Él, ustedes,
los que escucharon la Palabra de la verdad,
la Buena Noticia de la salvación,
y creyeron en ella,
también han sido marcados con un sello
por el Espíritu Santo prometido.

Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia
y prepara la redención del pueblo
que Dios adquirió para sí,
para alabanza de su gloria.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
32, 1-2. 4-5. 12-13

R. ¡Feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia!

Aclamen, justos, al Señor;
es propio de los buenos alabarlo.
Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas. R.

Porque la Palabra del Señor es recta
y Él obra siempre con lealtad;
Él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor. R.

¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que Él se eligió como herencia!
El Señor observa desde el cielo
y contempla a todos los hombres. R.

EVANGELIO

Tienen contados todos sus cabellos

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Lucas
12, 1-7

En aquel tiempo, se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: «Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido. Por eso todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas.
A ustedes, mis amigos, les digo: No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más. Yo les indicaré a quién deben temer: teman a aquél que, después de matar, tiene el poder de arrojar al infierno. Sí, les repito, teman a ése.
¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos. Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros».

Palabra del Señor.

Reflexión

Ef. 1, 11-14. Unidos a Jesús por la fe y el amor, junto con Él somos herederos de la Gloria que le corresponde como a Hijo Unigénito del Padre. Y, en prenda de que esto se realizará plenamente en nosotros, el Padre Dios ha derramado en nosotros su Espíritu Santo, como garantía de que nos llevará sanos y salvos a su Reino Celestial.
Dios llama a la salvación a la humanidad entera; por eso en los que formamos la Iglesia debe desaparecer cualquier forma de división, pues todos hemos sido hechos uno en Cristo. El Señor nos quiere a todos formando un solo Cuerpo, teniéndolo a Él por Cabeza, y participando de un mismo Espíritu. No seamos ocasión de división para nadie; dejémonos, más bien conducir hacia la unidad, creando vínculos más fuertes e inquebrantables gracias a la presencia del Espíritu Santo en nosotros.
Por eso no perdamos nuestra íntima relación con Dios mediante la fe, el amor, y la oración vista como un diálogo en el que nosotros nos comprometemos a ser signo de unidad para todos los pueblos en torno a Cristo, para que Él nos conduzca a la posesión de su Gloria, de la que quiere hacernos copartícipes para alabanza de Dios Padre.

Sal. 33 (32). Alabemos al Señor con un corazón libre de la esclavitud al pecado.
Dios es sincero y fiel. Él jamás podrá convertirse para nosotros en un espejismo engañoso. Él, por medio de Jesús, su Hijo, nos manifiesta sus obras mediante las cuales nos hace saber cuánto nos ama, a pesar de que muchas veces nosotros nos hemos alejado de Él. Su obra principal es la de la Redención, pues con ella nos está indicando que jamás se ha olvidado de nosotros, y que nos contempla siempre con amor.
Dios quiere que nos sintamos felices y seguros en su presencia, pues Él nos ha escogido para que seamos suyos; Él velará por nosotros con la misma ternura con que un padre se inclina ante sus hijos y les da muestras de un amor sincero.
Por eso pidámosle que nos ayude a vivir también nosotros en un continuo amor, llenos de alegría, de paz y de fidelidad amorosa.
Alabemos al Señor con toda nuestra vida, convertida en una continua alabanza de su Santo Nombre.

Lc. 12, 1-7. El Señor nos invita a anunciar su Palabra teniendo como trasfondo la escucha y la encarnación de la misma en nuestra propia vida pues, aun cuando proclamemos la Palabra de Dios en secreto, ella no puede permanecer también oculta, ya que, como una buena semilla, deberá brotar y crecer hasta dar fruto abundante en nosotros. Entonces se sabrá que nosotros hemos colaborado en sembrar su Palabra; y si nuestra vida no es acorde con lo que anunciamos podríamos ser ocasión de desánimo, de escándalo o de burla para quienes nos escuchen.
El Señor no sólo nos quiere tras sus huellas en medio de las multitudes; nos quiere como apóstoles y misioneros suyos, comprometidos con Él, sin hipocresías.
Tal vez a causa de la Palabra de Dios vayamos a sufrir persecuciones; pero no tengamos miedo, pues el Padre Dios no nos abandonará al poder de la muerte, sino que nos llevará sanos y salvos a su Reino celestial. Temamos, más bien, a Aquel que, por no serle fieles en el anuncio y testimonio de su Palabra, puede separarnos de Él eternamente.
En medio de los momentos difíciles por los que tengamos que pasar por ser fieles a Dios y a su Evangelio, no temamos; Dios vela por nosotros con gran amor como un Padre lleno de amor y de ternura por nosotros; por eso no perdamos nuestra relación con Él mediante la oración y la meditación fiel de su Palabra.
El Padre Dios nos ha enviado a su propio Hijo como nuestro único camino de salvación; efectivamente no se nos ha dado, ni el en cielo ni en la tierra, ningún otro nombre en el cual podamos salvarnos. Cuando, finalmente, por pura gracia de Dios, gocemos de Dios eternamente, habrá llegado a su feliz término la obra salvadora del Señor en nosotros. Entonces alabaremos y glorificaremos eternamente el Nombre de Dios.
Mientras llega ese momento culminante para nosotros, nos reunimos para alabar a Dios en la celebración del Memorial de su Misterio Pascual. En la Eucaristía se nos da una prenda de nuestra salvación eterna. Vivámosla como un momento de Gracia del Señor; vivámosla con lealtad; sin hipocresías.
No vengamos a alabar al Señor mientras conservamos un corazón lleno de maldad, de egoísmo y de injusticias, y sin ganas de una auténtica conversión.
Si somos sinceros en nuestra fe alabemos al Señor sin hipocresías, haciéndolo más que con nuestros cantos, con una vida intachable.
Tal vez tengamos que aprender a guardar silencio para meditar a fondo la Palabra de Dios. Esa Palabra que nos salva; pero que nos salva en comunión fraterna, en Iglesia, sin egoísmos, sin odios ni divisiones inútiles.
La Palabra de Dios Encarnada es el Camino de Dios hacia nosotros; quienes nos unimos a Jesús nos convertimos en por nuestra unión a Él en ese Camino de Dios que nos pone en marcha hacia nuestro prójimo para salvarlo, continuando así la obra de Dios en el mundo.
Las grandes multitudes seguían a Jesús, nos lo dice hoy el Evangelio; pero Jesús no se fía, no se engolosina con esas multitudes, pues Él bien sabe lo que hay en el corazón del hombre.
No basta que nosotros llenemos estadios para alabar a Dios con cánticos y oraciones; es necesaria una auténtica conversión, pues a su debido tiempo aflorará lo que realmente llevamos en el corazón; ¿entonces contarán sólo nuestras exterioridades? Dios espera de nosotros un verdadero retorno a Él, una Alianza nueva y eterna con Él, una identificación nuestra con Él. Entonces, sólo entonces, podremos proclamar su Evangelio no como si fuera una ocasión para hacer ruido con las multitudes, sino para manifestar nuestra fe que, desde los templos y lugares de culto, nos impulsa a trabajar para construir un mundo que se renueve en Cristo y manifieste, en la vida diaria, lo que realmente llevamos en el corazón.
Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de vivir con lealtad nuestra fe, traduciéndola en obras de amor fraterno, siendo así ocasión de que al ver los demás nuestras buenas obras, glorifiquen a nuestro Dios y Padre que está en los cielos. Amén.

Homiliacatolica.com

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