Evangelio del día 12 de febrero – VI Domingo del tiempo ordinario

Evangelio del día 12 de febrero

Lecturas y reflexión del evangelio para el sexto Domingo del tiempo ordinario, ciclo A

Libro de Eclesiástico 15,15-20.
Si quieres, puedes observar los mandamientos y cumplir fielmente lo que le agrada.
El puso ante ti el fuego y el agua: hacia lo que quieras, extenderás tu mano.
Ante los hombres están la vida y la muerte: a cada uno se le dará lo que prefiera.
Porque grande es la sabiduría del Señor, él es fuerte y poderoso, y ve todas las cosas.
Sus ojos están fijos en aquellos que lo temen y él conoce todas las obras del hombre.
A nadie le ordenó ser impío ni dio a nadie autorización para pecar.

Salmo 119(118),1-2.4-5.17-18.33-34.
Felices los que van por un camino intachable,
los que siguen la ley del Señor,
Felices los que cumplen sus prescripciones
y lo buscan de todo corazón,

Tú promulgaste tus mandamientos
para que se cumplieran íntegramente.
¡Ojalá yo me mantenga firme
en la observancia de tus preceptos!

Sé bueno con tu servidor,
para que yo viva y pueda cumplir tu palabra.
Abre mis ojos,
para que contemple las maravillas de tu ley.

Señor, enséñame el camino de tus preceptos,
que los quiero seguir hasta el final.
Instrúyeme, para que observe tu ley
y la cumpla de todo corazón.

Carta I de San Pablo a los Corintios 2,6-10.
Es verdad que anunciamos una sabiduría entre aquellos que son personas espiritualmente maduras, pero no la sabiduría de este mundo ni la que ostentan los dominadores de este mundo, condenados a la destrucción.
Lo que anunciamos es una sabiduría de Dios, misteriosa y secreta, que él preparó para nuestra gloria antes que existiera el mundo;
aquella que ninguno de los dominadores de este mundo alcanzó a conocer, porque si la hubieran conocido no habrían crucificado al Señor de la gloria.
Nosotros anunciamos, como dice la Escritura, lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman.
Dios nos reveló todo esto por medio del Espíritu, porque el Espíritu lo penetra todo, hasta lo más íntimo de Dios.

Evangelio según San Mateo 5,17-37.
Jesús dijo a sus discípulos:
«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»
Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal.
Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.
Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti,
deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso.
Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio.
Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio.
Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.
Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor.
Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios,
ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey.
No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.
Cuando ustedes digan ‘sí’, que sea sí, y cuando digan ‘no’, que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.

 

Evangelio del día 12 de febrero ciclo B
Lecturas del Jueves de la 5ª semana del Tiempo Ordinario

Primera lectura
Lectura del libro del Génesis (2,18-25):

El Señor Dios se dijo: «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude.»
Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre, para ver que nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que lo ayudase. Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letargo, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne. Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre, haciendo una mujer, y se la presentó al hombre.
El hombre dijo: «¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.» Los dos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza uno de otro.

Palabra de Dios
Salmo
Sal 127,1-2.3.4-5

R/. Dichosos los que temen al Señor

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,24-30):

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.
Él le dijo: «Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella replicó: «Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.»
Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija.»
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Palabra del Señor

Génesis 2, 18-25 / Marcos 7, 24-30
Salmo responsorial Sal 127, 1-5
R/. “¡Feliz el que teme al Señor!”

Santoral:
Santa Eulalia

Cada día es una caricia del amor de Dios

Dios, hasta hoy nos ha permitido despertar cada día,
es decir, abrimos los ojos, volvemos a la conciencia
de estar en este mundo, al despertar se nos abren
nuevamente los sentidos y podemos contemplar
todas las maravillas que Dios nos da
para que podamos ser felices.

Pero quizá no siempre ni todos los días despertamos
al amor de Dios, porque nos quedamos enfrascados
en los remordimientos, en los sufrimientos tanto
del pasado como del futuro, o el miedo a lo que vendrá,
pero la vida se nos da como el maná, sólo para cada día.

Despertar cada día es tomar conciencia de ese presente,
de ese instante en que somos amados por Dios,
que nos ama con amor eterno, y descubrimos que todo
es don de Dios que todo es una caricia de su amor.

Despertar cada día es conectar nuestra alma
a lo trascendente, conectarse con el Absoluto
que es Dios, y percibir lo relativo de la criatura,
lo pasajero que es este mundo.

Despertar cada día es saber que estamos
en el mundo pero que nos somos de este mundo,
que estamos de viaje, que somos peregrinos,
que somos forasteros en patria extraña.
Despertar cada día es conocer desde la fe
mi pequeñez y la grandeza del amor de Dios.

Despierta a éste nuevo día y estrénalo,
porque realmente es un nuevo día
con toda su grandeza con todo su esplendor,
descubriendo en las próximas horas
la caricia de Dios y el milagro que es estar vivo.

Idar Hidalgo Domínguez

Liturgia – Lecturas del día

Jueves, 12 de Febrero de 2015

Dios presentó la mujer al hombre.
Los dos llegan a ser una sola carne

Lectura del libro del Génesis
2, 18-25

Después que creó al hombre, el Señor Dios dijo: «No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada».
Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre.
El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada.
Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando éste se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre.
El hombre exclamó:
«¡Ésta sí que es hueso de mis huesos
y carne de mi carne!
Se llamará Mujer,
porque ha sido sacada del hombre».
Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne.
Los dos, el hombre y la mujer, estaban desnudos, pero no sentían vergüenza.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 127, 1-5

R. ¡Feliz el que teme al Señor!

¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien. R.

Tu esposa será como una vid fecunda,
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo
alrededor de tu mesa. R.

¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor!
¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:
que contemples la paz de Jerusalén! R.

EVANGELIO

Los cachorros, debajo de la mesa,
comen de las migajas que dejan caer los hijos

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Marcos
7, 24-30

Jesús fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto.
En seguida una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de Él y fue a postrarse a sus pies. Esta mujer, que era pagana y de origen sirofenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio.
Él le respondió: «Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros».
Pero ella le respondió: «Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos».
Entonces Él le dijo: «A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija». Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio.

Palabra del Señor.
Reflexión

Gen 2,18-25: Después de la creación de Adán, hoy la de Eva. Con un lenguaje igualmente popular y lleno de encanto. Si ayer eran las manos de un Dios alfarero las que modelaban al hombre, hoy son las de un cirujano las que extraen una costilla de Adán y forman a Eva.
Hay diferencias con el relato que habíamos escuchado en el capítulo primero. Allí creaba Dios al hombre y a la mujer a la vez: «hombre y mujer los creó». Aquí, primero al hombre y más tarde a la mujer.
Pero lo importante es la tesis que hay en el fondo:
– que Dios es el que ha ideado lo de la compañía y la atracción de los sexos y el amor; que él es quien ha dicho que «no está bien que el hombre esté solo: voy a hacerle alguien como él que le ayude»;
– después de pasar revista a todos los animales y aves, Adán «no encontraba ninguno como él que le ayudase»;
– mientras que quedó entusiasmado cuando se le presentó la mujer: esta sí es igual a él, de la misma naturaleza que él, «hueso de mis huesos y carne de mi carne»; la mujer tiene el mismo origen que el hombre: las manos creadoras de Dios;
– es lo que se expresa con el juego de nombres (juego que sólo tiene validez en el original, claro): si el hombre se llamó «ish», la mujer es «isha»; como si dijéramos «varón» y «varona”;
– los dos están destinados en el plan de Dios a unirse y ser «una sola carne» y a engendrar vida nueva, el mayor milagro que puede pasar en la creación y la mejor manera de colaborar con el Dios de la vida y del amor.
Esta página está escrita no precisamente en tiempos de reivindicaciones feministas.
Por eso tiene más mérito que se nos diga ya desde el primer libro de la Biblia que el plan de Dios es la igualdad entre el hombre y la mujer y que ambos están pensados como complementarios el uno del otro. Que el amor es un invento de Dios. Que todo amor que pueda haber entre nosotros es participación del amor sin medida que nos tiene Dios. Luego se nos dirá, en el NT, algo todavía más profundo y decisivo: que Dios es Amor.
Es una buena presentación, popular pero profunda, de la dualidad de sexos y de la finalidad comunicativa de la pareja humana. Al aparecer la mujer, el «yo>, de Adán ya tiene un «tú» igual a él y así se podrá cumplir el plan de Dios sobre la dignidad, la igualdad y el destino de la raza humana. Estamos hechos para comunicarnos.
La idea inicial de que formen «una sola carne», en la vida matrimonial, la ve san Pablo, ya desde la perspectiva cristiana, como un misterio que refleja la unión íntima entre Cristo y la Iglesia. Lo humano se compagina perfectamente con lo cristiano y adquiere en Cristo su pleno sentido.
Tal vez no nos gusta el trasfondo social que refleja el salmo, pero sí ciertamente podemos aceptar su intención: «Tu mujer como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa; esta es la bendición del hombre que teme al Señor». Una familia unida, armónica, abierta al amor y a la vida, sean cuales sean las circunstancias sociales de convivencia y de trabajo, es la que responde al plan de Dios.

J. Aldazabal
Enséñame Tus Caminos

Mc. 7, 24-30. Después de condenar el legalismo de los escribas y fariseos ahora Jesús se encuentra con la fe sencilla, pero ejemplar, de una mujer pagana sirofenicia.
Si comer con las manos impuras era una falta legal, cuanto más sería el sentar a la mesa de los hijos a quienes eran considerados como perros, y, por tanto, excluidos del Reino.
Pero son ellos, los rechazados y condenados, los enfermos, los endemoniados, los extraños, los que son buscados por Cristo y quienes no sólo reciben las migajas, sino la oportunidad de participar del Banquete que estaba reservado para los hijos.
Todo se basa en la fe que se ha depositado en Cristo. Sólo de Él y no de otra persona, ni de otra cosa, ni de otras fidelidades vendrá la salvación y la participación de la Vida que Dios ofrece a todos.
En esta Eucaristía también nosotros, que no pertenecemos al Pueblo de la Primera Alianza, hemos sido invitados a participar del Pan que da vida eterna.
Ojalá y no vengamos a sentarnos a la mesa del Señor movidos por la costumbre que embota e impide un compromiso a fondo con el Señor.
La fe en Cristo debe ayudarnos a vernos liberados de todo aquello que nos ata y esclaviza lejos del Señor y lejos de nuestro prójimo.
Nuestra misma oración debe ayudar a que otros, sean o no de nuestra familia, se vean liberados de su esclavitud al mal.
¿Nuestra oración tiene sentido de liberación, de paz, de capacidad de sentarnos a la mesa, junto a Cristo acompañados de quienes antes vivían lejos del Señor?
Por desgracia muchas veces hemos sido testigos de personas que han sido dominadas y esclavizadas por maldades, vicios, egoísmos, etc. Tal vez hemos pasado ante ellos hasta con cierta repugnancia. No nos gustaría que nos dieran siquiera la mano y su hedor nos hace alejarnos de ellos con cierta prisa. ¿Qué hacemos por ellos?
Debemos tener conciencia que también por ellos Cristo dio su vida amorosamente, y que los que creemos en Él no sólo hemos sido enviados a quienes ya llevan una vida recta y son del grupo con quien tratamos de vivir comodonamente nuestra fe. Hay que salir al encuentro de quienes necesitan a Cristo para hacerles llegar no sólo el mensaje de salvación, sino para bajar hasta ellos y tenderles la mano para que, libres de todo lo que los ata al pecado, puedan vivir sin esas miserias que han deteriorado su vida.
No podemos dejar de volver la mirada hacia quienes gozando de mejores o muy buenas oportunidades han cerrado su corazón al prójimo y, atrapados por el egoísmo, por fuera son sepulcros blanqueados y hermosos, pero por dentro están llenos de carroña y podredumbre, pues todos, también ellos, necesitan convertirse.
Todos hemos de trabajar por dejar una humanidad más justa, más recta y más llena de amor. Sólo así no veremos a los demás como perros, sino como carne de nuestra carne y hueso de nuestros huesos y disfrutaremos, como hijos de un mismo Padre, del mismo Pan que el Señor quiere compartir con todos sus hijos teniéndonos a todos alrededor de su mesa.
Roguémosle a Dios, nuestro Padre, que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de seguir las huellas de amor que su Hijo nos dejó para que podamos formar parte, en la eternidad, de su Familia Santa que lo alaba eternamente. Amén.

Homiliacatolica.com

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