Evangelio del día 13 de febrero – Ciclo A

Evangelio del día 13 de febrero

Lecturas para el evangelio del día 13 de febrero del tiempo ordinario, ciclo A

Libro de Génesis 4,1-15.25.
El hombre se unió a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín. Entonces dijo: “He procreado un varón, con la ayuda del Señor”.
Más tarde dio a luz a Abel, el hermano de Caín, Abel fue pastor de ovejas y Caín agricultor.
Al cabo de un tiempo, Caín presentó como ofrenda al Señor algunos frutos del suelo,
mientras que Abel le ofreció las primicias y lo mejor de su rebaño. El Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda,
pero no miró a Caín ni su ofrenda. Caín se mostró muy resentido y agachó la cabeza.
El Señor le dijo: “¿Por qué estás resentido y tienes la cabeza baja?
Si obras bien podrás mantenerla erguida; si obras mal, el pecado está agazapado a la puerta y te acecha, pero tú debes dominarlo”.
Caín dijo a su hermano Abel: “Vamos afuera”. Y cuando estuvieron en el campo, se abalanzó sobre su hermano y lo mató.
Entonces el Señor preguntó a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?”. “No lo sé”, respondió Caín. “¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?”.
Pero el Señor le replicó: “¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo.
Por eso maldito seas lejos del suelo que abrió sus fauces para recibir la sangre de tu hermano derramada por ti.
Cuando lo cultives, no te dará más su fruto, y andarás por la tierra errante y vagabundo”.
Caín respondió al Señor: “Mi castigo es demasiado grande para poder sobrellevarlo.
Hoy me arrojas lejos del suelo fértil; yo tendré que ocultarme de tu presencia y andar por la tierra errante y vagabundo, y el primero que me salga al paso me matará”.
“Si es así, le dijo el Señor, el que mate a Caín deberá pagarlo siete veces”. Y el Señor puso una marca a Caín, para que al encontrarse con él, nadie se atreviera a matarlo.
Adán se unió a su mujer, y ella tuvo un hijo, al que puso el nombre de Set, diciendo: “Dios me dio otro descendiente en lugar de Abel, porque Caín lo mató”.

Salmo 50(49),1.8.16bc-17.20-21.
El Dios de los dioses, el Señor,
habla para convocar a la tierra
desde la salida del sol hasta el ocaso.
No te acuso por tus sacrificios:

¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!
“¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos
y a mencionar mi alianza con tu boca,
tú, que aborreces toda enseñanza

y te despreocupas de mis palabras?
Te sientas a conversar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu propia madre.
Haces esto, ¿y yo me voy a callar?

¿Piensas acaso que soy como tú?
Te acusaré y te argüiré cara a cara.

Evangelio según San Marcos 8,11-13.
Entonces llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con él; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo.
Jesús, suspirando profundamente, dijo: “¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo”.
Y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla.

Evangelio del día 13 de febrero – Ciclo B
Lecturas del Viernes de la 5ª semana del Tiempo Ordinario

Primera lectura
Lectura del Génesis (3,1-8):

La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?»
La mujer respondió a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte.”»
La serpiente replicó a la mujer: «No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.»
La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se le abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron. Oyeron al señor que pasaba por el jardín a la hora de la brisa; el hombre y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín.

Palabra de Dios
Salmo
Sal 31,1-2.5.6.7

R/. Dichoso el que está absuelto de su culpa

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito. R/.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa,»
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará. R/.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,31 37):

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.
Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.»
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.
Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Palabra del Señor

Génesis 3, 1-8 / Marcos 7, 31-37
Salmo responsorial Sal 31, 1-2. 5.75
R/. “¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado!”

Santoral:
San Gregorio II

Cadenas de oro

Un lobo flaco encontró a un perro gordo y bien cuidado.
Dime –le interrogó–-, ¿en qué consiste que siendo yo más fuerte
que tú, no encuentro qué comer y casi me muero de hambre?

Consiste –contestó el perro– en que sirvo a un amo que me cuida
mucho, me da pan sin pedírselo, y no tengo más obligación
que custodiar la casa.

Mucha felicidad es ésta.

Pues mira –replicó el perro–-, si tú quieres puedes disfrutar
del mismo destino, viniendo a servir a mi amo.

Convengo en ello –dijo el lobo–-, porque más cuenta me tiene vivir
bajo techado y hartarme de comida que no andar por las selvas.
Pero oye, reparo en que llevas pelado el cuello, ¿a causa de qué?

No es nada –repuso el perro–-, sólo para que no salga de casa
en el día, me atan con una cadena; para que de noche esté velando.

Bien –dijo el lobo–-; pero si quieres salir de casa ¿te dan licencia?

Eso no, respondió el perro.

Pues si no eres libre –replicó el lobo–-, disfruta enhorabuena
de esos bienes, que yo no los quiero, si para disfrutarlos
he de sacrificar mi libertad.

El pobre feliz es más feliz que el rico esclavo, porque
la libertad es tan estimable como la vida, y vale más
que todas las riquezas del mundo. (Esopo)

La libertad vale más que todas las riquezas del mundo.
“No hay oro suficiente para comprar la libertad.” (Esopo).
Dios quiere que seamos libres, como sus hijos, que salgamos
de la esclavitud; pero al mismo tiempo sentimos la llamada
de lo fácil, sentimos la tentación de buscar la comodidad
y vivir en la seguridad para justificar las esclavitudes.

El ser humano no nace libre. Poco a poco va luchando
para tratar de conquistar día a día el dominio sobre sí mismo
y sobre las cosas exteriores a base de avances y estancamientos.

El camino de la libertad abarca ser “libre de” y “libre para”.

Ser “libre de” los condicionamientos internos: egocentrismo,
agresividad, deseo incontrolado de posesión o dominio, etc…
y de los condicionamientos externos: dependencia familiar,
ambiente, sumisión a la norma, cultura…

Ser “libre para” poder realizar un proyecto concreto, poder
transformar la realidad, poder servir y amar, renunciando
a cualquier clase de ambiciones.

“Sin libertad, la vida no vale la pena de ser vivida” (Marañón)
y mucho menos cuando te condenan a vivir encadenado,
aunque sea con una cadena de oro.

Necesito, Señor el sol
Necesito el fuego y el aire
Quiero vivir en la sierra.
Me asfixio y me ahogo en el valle.

Tengo necesidad de Ti.
Quiero ser libre y no vivir en cárceles.
Pero si algún día, Señor,
Me acostumbro a ser un don nadie,
No permitas que hable de vida.
Déjame morir en la cárcel

P. Eusebio Gómez Navarro OCD

Liturgia – Lecturas del día

Viernes, 13 de Febrero de 2015

Ustedes serán como dioses, conocedores del bien y del mal

Lectura del libro del Génesis
3, 1-8

La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: «¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín? »
La mujer le respondió: «Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín. Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte” ».
La serpiente dijo a la mujer: «No, no morirán. Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal».
Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió. Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera.
Al oír la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín, a la hora en que sopla la brisa, se ocultaron de Él, entre los árboles del jardín.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 31, 1-2. 5.7

R. ¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado!

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado
y liberado de su falta!
¡Feliz el hombre a quien el Señor
no le tiene en cuenta las culpas,
y en cuyo espíritu no hay doblez! R.

Yo reconocí mi pecado,
no te escondí mi culpa,
pensando: «Confesaré mis faltas al Señor».
¡Y Tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.

Por eso, que todos tus fieles te supliquen
en el momento de la angustia;
y cuando irrumpan las aguas caudalosas
no llegarán hasta ellos. R.

Tú eres mi refugio,
Tú me libras de los peligros
y me colmas con la alegría
de la salvación. R.

EVANGELIO

Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Marcos
7, 31-37

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.
Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua; Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: «Efatá», que significa: «Ábrete». Y en seguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.
Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Palabra del Señor.

Reflexión

Gen. 3, 1-8. El drama del pecado original. Finalmente es falta de amor. La fidelidad se viene por tierra. Entra el egoísmo; y la vergüenza por la propia fragilidad e incapacidades y limitaciones hace que uno le busque soluciones que no vienen a restaurar la armonía entre las personas. El hombre se esconde de Dios, no quiere confrontar con Él su vida.
Muchos seguirán pensando que son mejores las hojas de higuera que el revestirse de Cristo; que es mejor destruir a los demás y cubrirse con apariencia del bien mientras el corazón está podrido que iniciar una vida donde en verdad toda la persona quede restaurada y se reinicie el camino de la paz, de la alegría, y del amor fraterno; que es mejor seguir viendo a la mujer con ojos de maldad y objeto de explotación que volverla a amar como aquella sin cuyo amor el hombre no puede ser hombre y no puede realizarse plenamente.

Sal. 32 (31). Se proclama dichoso al hombre cuya culpa ha sido perdonada. El salmista reconoce que ha fallado ante Dios. Tal vez se había vuelto mudo ante el amor de Dios y no le daba una respuesta. Sin embargo ante una desgracia, reconocida como consecuencia del pecado, se arrepiente de su maldad y pide perdón.
Dios no se hace sordo ni mudo ante el arrepentimiento del pecador; responde de inmediato con el perdón.
Es requisito del perdón el sincero arrepentimiento; entonces la vida cobrará nuevamente su cauce en el amor de Dios y del prójimo.
Vista su propia experiencia acerca de la misericordia divina, el salmista invita a todos a confiar en el amor y en el perdón de Dios, especialmente en los momentos de angustia.
A nosotros nos ha demostrado Dios su amor cuando, aun siendo pecadores, nos envió a su propio Hijo, que murió por nuestros pecados y por nosotros resucitó para darnos nueva vida. Confiemos en Él.

Mc. 7, 31-37. Jesús continúa su Misión en la región de tinieblas y sombras de muerte. Los paganos siguen experimentando el poder salvador de Dios, que no ha quedado atrapado en un pueblo, en una cultura, sino que se ofrece a toda persona sin frontera.
A aquellos que habían caminado bajo el engaño del mal, a quienes habían confundido a Dios con los ídolos el maligno los había hecho sordos para escuchar la Palabra de Dios, e incapaces para alabarlo.
Dios da una orden y todo le obedece. Él ordena que se abran los oídos y se suelte la traba de la lengua y al instante sucede.
Cristo, el Hijo que el Padre nos ha enviado, ha venido a buscar y a salvar no sólo a los hijos que había dispersado el pecado, sino a todo lo que se había perdido. Todos estamos llamados a convertirnos en una continua alabanza de Dios, no sólo con nuestras palabras sino con toda nuestra vida.
Así como Dios, en la creación, vio que todo está muy bien hecho, así Jesús pasa haciendo el bien y la gente exclama: ¡Qué bien lo hace todo! Ojalá sea la misma exclamación que se diga de quienes somos sus discípulos.
En esta Eucaristía Dios no sólo quiere que elevemos nuestras manos y nuestros corazones para alabarlo con jubilosos labios. Él espera que no vengamos ante Él con hipocresías, cubiertos con vestiduras de una piedad aparente. Él quiere que en verdad estemos revestidos de Cristo y no continuemos desnudos del amor, incapaces de hacer el bien.
Quien se ha encontrado con Cristo ha encontrado la capacidad de dar testimonio, con sus obras, de un lenguaje nuevo: La vida hecha servicio, la vida que ya no enmudece ni esconde su fe.
En la curación del sordomudo el Señor nos quiere hacer reflexionar acerca de cómo hemos de permitirle que se abran nuestros oídos a su Palabra, para que ésta pueda caer como buena semilla en nuestro corazón; y ahí, meditada, pueda ser expresada con buenas obras por cada uno de nosotros.
Ser apóstol de Cristo en nuestros tiempos no es nada sencillo. Hay muchas críticas y burlas para quien se confiesa seguidor del Señor y que lo manifiesta con una vida congruente con su fe.
Ser justo, saber perdonar, no engañar a los demás, estar al servicio de los que sufren puede acarrearnos el desprecio, incluso, de la misma familia.
Quien no esté firmemente anclado en Cristo fácilmente dará marcha atrás y volverá a ser sordo y mudo en su vida cristiana; tomará su fe como una simple hoja de higuera y no como un verdadero compromiso de amor con Dios y con el prójimo.
Si en verdad queremos que surja una humanidad nueva; si en verdad queremos que no se nos destruya ni se pudra el futuro de la vida social, quienes tenemos puesta nuestra fe en Cristo hemos de ser valientes y fieles testigos de la Palabra que Dios ha sembrado en cada uno de nosotros, no para guardarla, sino para que dé fruto abundante.
Nosotros somos responsables, en este tiempo, del Evangelio; tratemos de hacerlo nuestro y de hacer que muchos abran su corazón a él, para que alaben, también con sus obras, al Señor que se acerca a toda persona de buena voluntad.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra madre, la gracia de ser, en verdad, discípulos suyos y apóstoles de su Evangelio. Amén.

Homiliacatolica.com

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