Evangelio del día 13 de mayo – Virgen de Fátima

Evangelio del día 13 de mayo

Sábado de la cuarta semana de Pascua

Libro de los Hechos de los Apóstoles 13,44-52.
Casi toda la ciudad se reunió el sábado siguiente para escuchar la Palabra de Dios.
Al ver esa multitud, los judíos se llenaron de envidia y con injurias contradecían las palabras de Pablo.
Entonces Pablo y Bernabé, con gran firmeza, dijeron: “A ustedes debíamos anunciar en primer lugar la Palabra de Dios, pero ya que la rechazan y no se consideran dignos de la Vida eterna, nos dirigimos ahora a los paganos.
Así nos ha ordenado el Señor: Yo te he establecido para ser la luz de las naciones, para llevar la salvación hasta los confines de la tierra”.
Al oír esto, los paganos, llenos de alegría, alabaron la Palabra de Dios, y todos los que estaban destinados a la Vida eterna abrazaron la fe.
Así la Palabra del Señor se iba extendiendo por toda la región.
Pero los judíos instigaron a unas mujeres piadosas que pertenecían a la aristocracia y a los principales de la ciudad, provocando una persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de su territorio.
Estos, sacudiendo el polvo de sus pies en señal de protesta contra ellos, se dirigieron a Iconio.
Los discípulos, por su parte, quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.

Salmo 98(97),1.2-3ab.3cd-4.
Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos.

Evangelio según San Juan 14,7-14.
Jesús dijo a sus discípulos:
“Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”.
Felipe le dijo: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”.
Jesús le respondió: “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como dices: ‘Muéstranos al Padre’?
¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras.
Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras.
Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.”
Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré.”

 

 

 

Evangelio del día 13 de mayo

Hechos 25, 13b-21 / Juan 21, 15-19
Salmo responsorial Sal 102, 1-2. 11-12. 19-20ab
R/. “¡EI Señor tiene su trono en el cielo!”

Santoral:
Nuestra Señora de Fátima, San Andrés F.,
San Servasio, Santa Rolanda,
Santa Magdalena y Santa Inés

Jesús que murió y que Pablo asegura que vive
.
Lectura de los Hechos de los Apóstoles
25, 13b-21

El rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea y fueron a saludar a Festo. Como ellos permanecieron varios días, Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole:
«Félix ha dejado a un prisionero, y durante mi estadía en Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos de los judíos, presentaron quejas pidiendo su condena. Yo les respondí que los romanos no tienen la costumbre de entregar a un hombre antes de enfrentarlo con sus acusadores y darle la oportunidad de defenderse.
Ellos vinieron aquí, y sin ninguna demora, me senté en el tribunal e hice comparecer a ese hombre al día siguiente. Pero cuando se presentaron los acusadores, éstos no alegaron contra él ninguno de los cargos que yo sospechaba. Lo que había entre ellos eran no sé qué discusiones sobre su religión, y sobre un tal Jesús que murió y que Pablo asegura que vive.
No sabiendo bien qué partido tomar en un asunto de esta índole le pregunté a Pablo si quería ir a Jerusalén para ser juzgado allí. Pero como éste apeló al juicio de Su Majestad imperial, yo ordené que lo dejaran bajo custodia hasta que lo enviara al Emperador».

Palabra de Dios.

SALMORESPONSORIAL 102, 1-2. 11-12. 19-20ab

R. ¡EI Señor tiene su trono en el cielo!

Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios. R.

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen;
cuanto dista el oriente del occidente,
así aparta de nosotros nuestros pecados. R.

El Señor puso su trono en el cielo,
y su realeza gobierna el universo.
¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles,
los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes! R.

EVANGELIO

Apacienta mis corderos,
apacienta mis ovejas

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Juan
21, 15-19

Después de la aparición a la orilla del lago, Jesús resucitado dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Él le respondió: «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero».
Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos».
Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Él le respondió: «Sí, Señor, sabes que te quiero».
Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas».
Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, Tú lo sabes todo; sabes que te quiero».
Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas.

Te aseguro
que cuando eras joven,
tú mismo te vestías
e ibas a donde querías.
Pero cuando seas viejo,
extenderás tus brazos,
y otro te atará
y te llevará a donde no quieras».
De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme».

Palabra del Señor.

Reflexión

Hech. 25, 13-21. Jesús le ha indicado a Pablo que así como dio testimonio de Él en Jerusalén, así lo dará en Roma; y Dios hará que se cumpla su promesa en la forma como está en su Plan de Salvación.
Tener paciencia, no precipitarse, no desesperarse, no querer hacer las cosas como uno se lo imagina, más bien ponerse en manos de Dios y estar dispuestos en todo a hacer su voluntad, eso es lo único grato a Dios.
Y está llegando el momento en que Pablo tendrá que partir hacia Roma a cumplir con la encomienda del Señor, dar testimonio de Él mediante el máximo testimonio de fe: el martirio. Pablo, ya viejo, será llevado a donde quiera, no él, sino el Espíritu Santo.
Siempre hemos de estar en camino, camino de esperanza, camino de fe, camino de amor.
Dios nos ha llamado para que seamos sus testigos. Aun cuando pareciese que viviésemos encarcelados y encadenados, no podemos permitir que la Palabra de Dios sea encadenada.
En todo momento debemos ser un signo permanente de Jesucristo para nuestros hermanos, hasta llegar a la meta, no de nuestros planes humanos, sino del Plan Divino de Salvación que Dios tiene reservado para nosotros, y que es la prueba máxima del amor que Él tiene de un modo exclusivo para cada uno de aquellos a quienes Él ama.

Sal 103 (102). Dios nos ama siempre. Cuando nosotros, arrepentidos sinceramente nos acercamos a Él para pedirle perdón, Él aleja de nosotros nuestros delitos y vuelve hacia nosotros su mirada compasiva.
El beneficio más grande que nosotros hemos recibido es el amor que Dios nos ha manifestado en su Hijo que, cuando nosotros aún éramos pecadores, entregó su vida para el perdón de nuestros pecados, y para que en Él participáramos de la misma vida que Él recibe del Padre.
Como dice el Beato Isaac, abad de Stella: El Cristo total lo forman la cabeza y el cuerpo; por tanto, todo el cuerpo (la Iglesia) unido a la Cabeza (Cristo) es Hijo del hombre e Hijo de Dios, y aun Dios. ¿Qué más queremos? ¿Qué beneficio mayor podemos recibir de Dios que el haber sido hechos partícipes, en Cristo, de su misma vida divina?
Por eso bendigamos al Señor, y bendigámoslo no sólo con nuestras palabras, sino con una vida íntegra, como consecuencia de la presencia salvadora de Dios en nosotros.

Jn. 21, 15-19. ¿Me amas más que estos? ¿Cuántas veces tendría que preguntárnoslo el Señor, si con cada pregunta quisiera purificarnos de cada una de nuestras faltas y traiciones?
Dios nos ha amado a cada uno de nosotros con un amor exclusivo; es verdad que ha dado su vida por todos nosotros; pero esto no podemos aceptarlo de un modo generalizado sino personal. Pues en verdad que a nadie más en la historia amará como te ama a ti con amor exclusivo y personal. El mundo no podrá tener la oportunidad en ningún otro momento de la historia de contemplar otra persona como tú. La iglesia no tendrá otra persona que algún día cumpla con la misión que a ti se te confió. Tú eres único e irrepetible en la historia, con tus cualidades, con tu vocación y con la misión que Dios te ha confiado. ¡Así te ha amado Dios!
Y si tú amas a Dios ese amor a Él no puede manifestarse sino en el amor a tu prójimo, velando por él como el pastor vela por sus ovejas.
Es verdad que somos frágiles; y que muchas veces nuestro amor a Dios ha sido como el rocío y como nube mañanera. A pesar de todo eso Dios nos sigue llamando para que colaboremos con Él en la construcción de su Reino entre nosotros.
¿Por qué no decirle, Señor, tú lo sabes todo; pero a pesar de todo tú bien sabes que te amo? Y ojalá y nuestro amor no se nos quede en una vana palabrería, o en promesas de pocos días.
En la Eucaristía celebramos el amor de Dios por nosotros. Su amor no se ha enturbiado con el pecado, con el desorden, con la infidelidad. Por nosotros Él ha sido consagrado al Padre, para que, en comunión con Él, seamos santificados, y en Él seamos santos como Dios es santo.
Al participar de esta Eucaristía estamos manifestando que estamos dispuestos a amarlo con un amor indivisible; que al amarlo a Él estamos dispuestos a caminar en el amor fraterno y a ser sus testigos en cualquier parte, en cualquier ambiente en que se desarrolle nuestra vida.
Le manifestamos que no son nuestros planes ni nuestra voluntad, sino la voluntad de Dios y su Plan de Salvación el que queremos se cumpla en nosotros.
Ser testigos de Cristo ahí donde actualmente se desarrolla nuestra vida nos ha de conducir a manifestarle nuestro amor en la preocupación constante por nuestro prójimo, ya que si alguno dice: Yo amo a Dios, y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Pasemos siempre haciendo el bien. Que nadie se sienta defraudado de Cristo por culpa nuestra.
Ser signo de Jesús, Buen Pastor, para nuestro prójimo, nos ha de llevar a alimentar su fe con nuestro testimonio; a fortalecer su esperanza con nuestro camino lleno de alegría incluso en las grandes pruebas, sabiendo que al final nos espera Cristo de un modo real y no imaginario; debemos hacer arder en nuestro prójimo el amor que le dé sentido a su vida mediante nuestras obras concretas, preocupándonos y ocupándonos de él para que sienta que alguien camina con él y le ayuda a vivir en la paz y en la alegría que proceden de Dios.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de que, purificados y perdonados en Cristo, día a día seamos, en todos los ambientes, un signo más claro del amor que Él tiene a todos, de tal forma que podamos, finalmente bendecir eternamente su Nombre. Amén.

Homiliacatolica.com

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