Evangelio del día 17 de Julio

Evangelio del día 17 de Julio – Ciclo A

Evangelio según San Mateo 10,34-42.11,1. 
Jesús dijo a sus apóstoles:
“No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada.
Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra;
y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.

El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió.

El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.
Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa”.

Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades de la región.

Evangelio del día
Evangelio del día

Evangelio del día 17 de Julio – Ciclo B
Éxodo 11, 10—12, 14 / Mateo 12, 1-8
Salmo Responsorial Sal 115, 12-13. 15-18
R/. “¡Invocaré el Nombre del Señor!”

Santoral:
San Alejo, Santa Marcelina, Las Beatas Carmelitas
de Compiègne y San Pedro Liu Ziyn

Inmolarán un cordero a la hora del crepúsculo;
al ver la sangre yo pasaré de largo

Lectura del libro del Éxodo
11, 10—12, 14

Moisés y Aarón realizaron grandes prodigios delante del Faraón; pero el Señor le había endurecido el corazón, y el Faraón no dejó partir de su país a los israelitas.
Luego el Señor dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto: «Este mes será para ustedes el mes inicial, el primero de los meses del año. Digan a toda la comunidad de Israel: “El diez de este mes, consíganse cada uno un animal del ganado menor, uno para cada familia. Si la familia es demasiado reducida para consumir un animal entero, se unirá con la del vecino que viva más cerca de su casa. En la elección del animal tengan en cuenta, además del número de comensales, lo que cada uno come habitualmente.
Elijan un animal sin ningún defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito. Deberán guardarlo hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la asamblea de la comunidad de Israel. Después tomarán un poco de su sangre, y marcarán con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde lo coman. Y esa misma noche comerán la carne asada al fuego, con panes sin levadura y verduras amargas. No la comerán cruda ni hervida, sino asada al fuego; comerán también la cabeza, las patas y las entrañas. No dejarán nada para la mañana siguiente, y lo que sobre, lo quemarán al amanecer. Deberán comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y . con el bastón en la mano. Y lo comerán rápidamente: es la Pascua del Señor.
Esa noche Yo pasaré por el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto hombres como animales, y daré un justo escarmiento a los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre les servirá de señal para indicar las casas donde ustedes estén. Al verla, Yo pasaré de largo, y así ustedes se librarán del golpe del Exterminador, cuando Yo castigue al país de Egipto.
Éste será para ustedes un día memorable y deberán solemnizarlo con una fiesta en honor del Señor. Lo celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua”».

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
115, 12-13. 15-18

R.
¡Invocaré el Nombre del Señor!

¿Con qué pagaré al Señor
todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor. R.

¡Qué penosa es para el Señor la muerte de sus amigos!
Yo, Señor, soy tu servidor,
tu servidor, lo mismo que mi madre:
por eso rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
e invocaré el Nombre del Señor.
Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su pueblo. R.

EVANGELIO

El Hijo del hombre es dueño del sábado

a
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
12, 1-8

Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.
,Al ver esto, los fariseos le dijeron: «Mira que tus discípulos hacen lo que no esta permitido en sábado».
Pero Él les respondió: «¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?
¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta?
Ahora bien, Yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo. Si hubieran comprendido lo que significa “prefiero la misericordia al sacrificio”, no condenarían a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado».

Palabra del Señor.

Reflexión

Ex. 11, 10-12, 14. Preparados para emprender el camino hacia la tierra prometida: con la túnica ceñida, sandalias en los pies y un bastón en la mano para apoyarse. Hay que partir. Llegó la hora de la liberación de la esclavitud. Dios irá delante de su pueblo hasta introducirlo en la tierra prometida. Pero antes, Dios los librará de la muerte que se cernirá en Egipto sobre los primogénitos de todos los habitantes de esa tierra que no quiso dejar partir al Pueblo de Dios. Morirán los hijos primogénitos de todos: desde el primogénito del Faraón hasta el del último de los esclavos, e incluso los primogénitos de los animales.
La sangre de un cordero, inmolado antes de partir, sangre con que se rociarán las dos jambas y el dintel de la casa de los Israelitas, librará de la muerte a quienes permanezcan en el interior de la misma. Esa sangre en las puertas no es un amuleto de defensa; es el signo de que los habitantes de esa casa le pertenecen al Señor y han hecho un sacrificio de comunión entre Dios y ellos. Por eso el Señor librará a quienes le pertenecen.
Jesús, mediante su sangre derramada como la del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, nos ha liberado de nuestras esclavitudes al pecado y nos ha dado vida eterna.
La participación en su Memorial no es para que nos vaya bien en el día; es porque queremos entrar en Comunión de Vida con Él. Así ya no viviremos bajo la ira, sino bajo la misericordia de Dios, ante quien la sangre de Cristo clama como defensa y salvación nuestra.

Sal. 116 (114-115). Dios nos ama y a quienes nos hemos dejado amar por Él nos ve como a sus amigos y sus hijos muy amados en quienes Él se complace. Él no quiere la muerte de sus amigos; cuando claman al Señor Él acude para librarlos, incluso, de la muerte.
Por eso envió a su propio Hijo, para darle solución al problema de la muerte de los suyos y abrirlos a la esperanza de una vida eterna. Ante esta gran bondad y misericordia que el Señor nos ha tenido, nosotros volvemos hacia Él la mirada y le damos gracias desde lo más profundo de nuestro corazón; nuestro culto es una muestra de esa gratitud. Pero vamos más allá del culto y le damos gracias con una vida fiel en la escucha y en la puesta en práctica de sus enseñanzas.
Dios, así, ve en nosotros a sus hijos que no sólo confían en Él, sino que le son fieles en todo y en todas las circunstancia de la vida.

Mt. 12, 1-8. No podemos pensar que somos gratos a Dios únicamente cuando cumplimos la Ley, sus mandatos, su Palabra lo más exactamente posible. Ni siquiera lo somos cuando acudimos a la celebración litúrgica con la debida frecuencia o en los días que nos ha pedido la Iglesia.
Católicos con una fe rancia por su fidelidad tradicional, pero faltos de proyección en la vida diaria. Pensar ser gratos a Dios por el culto y olvidarse de la misericordia, del testimonio de amor hacia el prójimo en la vida diaria; eso no puede recibir el nombre de una fe auténtica.
Muchos hay que, incluso en el día del Señor deben trabajar para tener un mendrugo de pan para ellos y para sus hijos ¿los condenaremos como personas no gratas a Dios? ¿No serán más bien personas no gratas a Dios aquellos que compran al pobre por un par de sandalias y que son los causantes de millones de hambrientos en el mundo, aun cuando después acudan puntuales al templo?
La misericordia que quiere el Señor es que le demos una solución real al sufrimiento, al hambre, a la desnudez de nuestro prójimo. Ojalá y no seamos sordos a la voz del Señor que clama a nosotros desde los pobres.
En esta Eucaristía reconocemos al Señor como hermano y amigo nuestro porque, sin distinción de razas ni condiciones sociales, parte su pan para nosotros. Este es el gesto que nos hace contemplarlo como el Dios misericordioso cercano a nosotros. A partir de nuestro encuentro con Él nosotros hacemos nuestro el compromiso de continuar haciéndolo presente en medio de nuestros hermanos, que sufren a causa de infinidad de situaciones que les han complicado la vida y que los han puesto al borde de la desesperación.
Si nuestra Iglesia no da una respuesta de fe, de esperanza y de amor hacia nuestros hermanos que sufren, quiere decir que no ha crecido en torno a la Eucaristía como un serio compromiso de amor que se traduce en servicio, en partir el pan con el hambriento como el Señor lo hace con nosotros; una Eucaristía vivida sólo como un cumplimiento arrastrado por una tradición que no nos dice nada respecto a una fe que necesita traducirse en obras no puede llamarse un verdadero acto de amor al Señor.
Por eso meditemos en aquellas palabras que Dios nos dirige por medio del profeta Isaías: Lo que yo quiero es esto: que sueltes las cadenas injustas, que desates las correas del yugo, que dejes libres a los oprimidos, que acabes con todas las opresiones, que compartas tu pan con el hambriento, que hospedes a los pobres sin techo, que proporciones ropas al desnudo y que no te desentiendas de tus semejantes. Entonces brillará tu luz como la aurora y tus heridas sanarán en seguida, tu recto proceder caminará ante ti y te seguirá la gloria del Señor. Entonces invocarás al Señor y Él te responderá, pedirás auxilio y te dirá: Aquí estoy.
Nosotros, como los Israelitas celebraron la Pascua, participamos del Misterio Pascual de Cristo, prefigurado en aquel Memorial del Pueblo de la Primera Alianza. En esta Cena, Memorial del Misterio Pascual de Cristo, en que se ofrece el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, debemos estar prontos a caminar para dar testimonio de que en verdad hemos sido liberados de la esclavitud de la maldad y que, hechos criaturas nuevas en Cristo, somos portadores de la bondad y de la misericordia divinas en favor de todos nuestros hermanos.
Roguémosle a nuestro Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de amar a nuestro prójimo como nosotros hemos sido amados por Dios, que entregó su vida por nosotros y que espera que hagamos nosotros lo mismo, especialmente por aquellos que viven más desprotegidos y marginados; entonces en verdad seremos un signo del amor misericordioso que Dios nos ha manifestado en su Hijo Jesús. Amén.

Homiliacatolica.com

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