Evangelio del día 18 de febrero

Evangelio del día 18 de febrero – Ciclo A

Lecturas para la eucaristía del 18 de febrero del tiempo ordinario

 

Carta a los Hebreos 11,1-7.
Hermanos:
La fe es la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades que no se ven.
Por ella nuestros antepasados fueron considerados dignos de aprobación.
Por la fe, comprendemos que la Palabra de Dios formó el mundo, de manera que lo visible proviene de lo invisible.
Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio superior al de Caín, y por eso fue reconocido como justo, como lo atestiguó el mismo Dios al aceptar sus dones. Y por esa misma fe, él continúa hablando, aún después de su muerte.
Por la fe, Henoc fue llevado al cielo sin pasar por la muerte. Nadie pudo encontrarlo porque Dios se lo llevó, y de él atestigua la Escritura que antes de ser llevado fue agradable a Dios.
Ahora bien, sin la fe es imposible agradar a Dios, porque aquel que se acerca a Dios debe creer que él existe y es el justo remunerador de los que lo buscan.
Por la fe, Noé, al ser advertido por Dios acerca de lo que aún no se veía, animado de santo temor, construyó un arca para salvar a su familia. Así, por esa misma fe, condenó al mundo y heredó la justicia que viene de la fe.

Salmo 145(144),2-3.4-5.10-11.
Señor, día tras día te bendeciré,
y alabaré tu Nombre sin cesar.
¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza:
su grandeza es insondable!

Cada generación celebra tus acciones
y le anuncia a las otras tus portentos:
ellas hablan del esplendor de tu gloria,
y yo también cantaré tus maravillas.

Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder.

Evangelio según San Marcos 9,2-13.
Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos.
Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas.
Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor.
Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: “Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo”.
De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos.
Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.
Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría “resucitar de entre los muertos”.
Y le hicieron esta pregunta: “¿Por qué dicen los escribas que antes debe venir Elías?”.
Jesús les respondió: “Sí, Elías debe venir antes para restablecer el orden en todo. Pero, ¿no dice la Escritura que el Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser despreciado?
Les aseguro que Elías ya ha venido e hicieron con él lo que quisieron, como estaba escrito”.

 

Evangelio del día 18 de febrero – Ciclo B
Lecturas del Miércoles de Ceniza

Primera lectura
Lectura de la profecía de Joel (2,12-18):

«Ahora, oráculo del Señor, convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones y no las vestiduras; convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas.» Quizá se arrepienta y nos deje todavía su bendición, la ofrenda, la libación para el Señor, vuestro Dios. Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión. Congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos. Congregad a muchachos y niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: «Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen los gentiles; no se diga entre las naciones: ¿Dónde está su Dios? El Señor tenga celos por su tierra, y perdone a su pueblo.»

Palabra de Dios
Salmo
Sal 50,3-4.5-6a.12-13.14.17

R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso. Señor,
me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.
Segunda lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,20–6,2):

Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios. Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación.

Palabra de Dios
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,1-6.16-18):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensara.»

Palabra del Señor

MIÉRCOLES DE CENIZA
Del propio – Morado
Joel 2, 12-18 / 2 Corintios 5, 20–6, 2 / Marcos 6, 1-6. 16-18
Salmo responsorial Sal 50, 3-6a. 12-14. 17
R/. “¡Ten piedad, Señor; porque hemos pecado!”

Santoral:
San Flaviano, Santa Bernardita
y Beato Francisco Regis Clet

Entréname, Señor

Quiero estar preparado, por Ti y contigo,
para que la dureza de la cruz no me sorprenda
y que lejos, de asustarme,
vea en ella un exponente y un altavoz de tu gloria.
Quiero mantenerme en forma,
para no perder el ritmo de la fe,
y no se apague el brillo de mi esperanza.
Porque, temo que si Tú no vas conmigo,
el maligno aproveche cualquier fisura,
y se adentre en lo más hondo de mis entrañas.

Entréname, Señor.
Quiero jugar contigo el gran partido de la Pascua;
ahora, con el color morado de la penitencia,
pero pronto, en la alborada de Resurrección,
con el color blanco del triunfo de la VIDA.
Sí; Señor, quiero que en estos 40 días
me enseñes a mirar hacia el cielo,
me indiques cómo entregarme a mis hermanos,
me recuerdes que,
en la sobriedad y no en la abundancia,
está la riqueza y la felicidad de mis años.

Entréname, Señor.
Y que pueda volver de los caminos equivocados
y que, postrándome ante Ti,
pueda decir sin temor ni vergüenza alguna:
he pecado, no merezco ser de los tuyos,
“trátame como a uno de tus jornaleros”.
Necesito correr, Señor,
recuperar el estilo de un auténtico creyente
y hablarte, con oraciones que nacen en el silencio.
Escuchar palabras que sanan y salvan.
Corregir pautas y comportamientos,
actitudes y olvidos que me alejaron
de Ti hace tiempo.

Entréname, Señor.
Y, haz que esta Santa Cuaresma,
sea una oportunidad para acercarme a todo ello.
Amén.

P. Javier Leoz

Liturgia – Lecturas del día

Miércoles, 18 de Febrero de 2015

MIÉRCOLES DE CENIZA

Desgarren su corazón y no sus vestiduras

Lectura de la profecía de Joel
2, 12-18

Ahora dice el Señor:
Vuelvan a mí de todo corazón,
con ayuno, llantos y lamentos.
Desgarren su corazón y no sus vestiduras,
y vuelvan al Señor, su Dios,
porque Él es bondadoso y compasivo,
lento para la ira y rico en amor,
y se arrepiente de sus amenazas.
¡Quién sabe si Él no se volverá atrás y se arrepentirá,
y dejará detrás de sí una bendición:
la ofrenda y la libación
para el Señor, su Dios!

¡Toquen la trompeta en Sión,
prescriban un ayuno,
convoquen a una reunión solemne,
reúnan al pueblo,
convoquen a la asamblea,
congreguen a los ancianos,
reúnan a los pequeños
y a los niños de pecho!
¡Que el recién casado salga de su alcoba
y la recién casada de su lecho nupcial!
Entre el vestíbulo y el altar
lloren los sacerdotes, los ministros del Señor,
y digan: «¡Perdona, Señor, a tu pueblo,
no entregues tu herencia al oprobio,
y que las naciones no se burlen de ella!
¿Por qué se ha de decir entre los pueblos:
Dónde está su Dios?»
El Señor se llenó de celos por su tierra
y se compadeció de su pueblo.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 50, 3-6a. 12-14. 17

R. ¡Ten piedad, Señor; porque hemos pecado!

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado! R.

Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti solo pequé
e hice lo que es malo a tus ojos. R.

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga.
Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza. R.

Déjense reconciliar con Dios. Éste es el tiempo favorable

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Corinto
5, 20—6, 2

Hermanos:
Nosotros somos embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios. A Aquél que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por Él.
Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Porque Él nos dice en la Escritura: “En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí”. Éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
6, 1-6. 16-18

Jesús dijo a sus discípulos:
Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre de ustedes que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Palabra del Señor.

Reflexión

EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA EN SOCIEDADES OPULENTAS
1.- En el comer y en el beber, España puede considerarse una sociedad opulenta. ¿Cómo debemos entender la mayoría de nosotros el precepto del ayuno y la abstinencia cuaresmal? Quizá la mejor respuesta está ya escrita, en un dicho antiguo que todos conocemos: no debemos vivir para comer, sino comer para vivir. Para vivir íntegramente bien, se entiende, corporal y espiritualmente bien. Es decir, que el ayuno y la abstinencia no deben ser sólo un precepto válido para la cuaresma, sino una norma para toda la vida. Comer cada día, dentro de mis posibilidades, lo que es mejor para mi salud corporal y espiritual. San Agustín, tan genial en esto como en algunas otras cosas, decía que deberíamos comer siempre lo que favorezca nuestra libertad y nuestra caridad. Libertad para el bien, por supuesto, porque a la libertad para el mal San Agustín la llama libertinaje. Y caridad, amor, en sentido evangélico, es decir, no sólo un amor vertical, hacia Dios, sino un amor horizontal, hacia los hermanos. La comida y la bebida deben ayudarnos a eliminar de nuestro cuerpo y de nuestra vida todas las grasas de pecado que nos impiden caminar resueltamente hacia el bien. No se trata de una práctica del ayuno y la abstinencia fácil de cumplir, sino todo lo contrario. Es mucho más fácil, y más perjudicial para la salud, abstenerme durante unos determinados días del año de ciertos manjares, si me permito comer desordenadamente durante muchos otros días de la semana y del año. Comer y beber cada día sólo lo que debo, sin dejarme llevar nunca por la gula o el capricho, es algo extremadamente difícil.
2.- Pero es verdad que el ayuno y la abstinencia pueden y deben tener en cuaresma una práctica y una intención especial. El ayuno, decía también San Agustín, es más cuestión de corazón que de estómago. El ayuno, practicado de manera especial en tiempo de cuaresma, puede consistir en privarme de algunos manjares o de algunas bebidas especialmente agradables para mí, pero de las que puedo prescindir sin perjudicar mi salud. Si soy muy goloso, puedo privarme hasta de los pocos dulces que como de ordinario; si me gusta tanto el chocolate, puedo dejar bien guardado, sin tocarlo en cuaresma, el chocolate; si me gusta beber mi copita de coñac después de una buena comida, en cuaresma voy a dejar la botella de coñac bien cerrada. Que cada uno ponga los ejemplos que más le convengan. Y no olvidar nunca el precepto de la caridad. Con lo me ahorre comiendo o bebiendo algo menos, o comiendo y bebiendo algo igualmente sano pero de menor coste, voy a ayudar, a dar mi limosna, a alguna persona o a algún proyecto de Cáritas que necesita ayuda económica. El ayuno y la abstinencia cuaresmal no deben ayudarme sólo a mí, sino al prójimo necesitado.
3.- Y, para aludir de alguna manera al evangelio de este día, que nuestra mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. No se trata de presumir, ni de contar virtudes propias a nuestros amigos. Nuestro Padre, que ve en lo secreto, nos lo pagará, desde luego, pero aunque no nos lo pagara. Un corazón bueno y bondadoso no necesita que nadie le pague externamente sus buenas obras; la paga de amor la tiene siempre escrita e inscrita en su propio corazón. Que durante esta cuaresma que ahora empieza cumplamos con el precepto del ayuno y la abstinencia con libertad y amor, es decir, como Dios quiere.

Gabriel González del Estal
www.betania.es

FORTALECED EL CORAZÓN
1.- La Cuaresma es un tiempo de renovación “un tiempo de gracia”, nos ha dicho el Papa Francisco en su mensaje de este año ¿Quiénes deben renovarse? Necesitamos todos fortalecer nuestro corazón. El Papa Francisco hablará de toda la Iglesia como sujeto de renovación, y lo hace bajo la comprensión de Pueblo de Dios. Se habla de la Iglesia como tal porque es toda ella la que necesita renovarse. Francisco sostiene “cuando el Pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente” y más adelante se lee “el pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo”. La Iglesia no necesita recetas mágicas para poder convertirse, sino que debe únicamente ser fiel y escuchar atentamente al Dios que habla, y que lo hizo de manera radical en Jesucristo por medio de la Encarnación.
2.- En el evangelio de Mateo, Jesús nos ofrece tres herramientas, tres actividades para renovar nuestro seguimiento de Jesús: la oración, el ayuno y la limosna. ¿Cómo y cuándo será mi oración? ¿De qué cosas ayunaré este año? Sin oración no hay experiencia de Dios. Entendemos con frecuencia la oración como “pedir” ayuda al Señor cuando estamos en apuros. Orar es, sobre todo, escuchar a Dios, que nos habla a través de su Palabra, de las personas y de los acontecimientos (los signos de los tiempos). Ayunar no es hacer un ejercicio de autocontrol para demostrar el autodominio de uno mismo o para tener satisfecho a Dios. Esto será útil sólo si nos hace amar más a Dios y a nuestro prójimo. Recordemos la Escritura: “El ayuno que yo quiero es este: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que está desnudo, y no cerrarte a tu propia carne” (Isaías 58, 6-7) No se trata sólo de privarse de comer carne, también podemos ayunar de televisión, de tabaco, de fútbol, de ordenador. ¿Para qué? Para ser más libres y dedicar nuestro tiempo al que más nos necesita.
3.- La tercera herramienta es la limosna, la caridad, pero bien entendida. Es pasar de la indiferencia al interés por los demás. En Cuaresma se vuelve necesaria una Iglesia más profética que despierte al mundo dormido en la globalización de la indiferencia. Así nos lo recuerda el Papa: “la Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad”. Si la sociedad propone la indiferencia como paradigma de comprensión y de fundamento de las relaciones interpersonales, la Encarnación constituye un elemento que unifica y da sentido a nuestra historia humana, esto porque este Misterio constituye, a nuestro juicio, un proyecto de humanidad. Así él nos dice “necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan” en otro lugar “la Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios”. Que Francisco hable de los profetas no es algo ingenuo, ya que ellos tienen una función social y política que denuncian justamente esta indiferencia que el hombre tiene o con Dios o con los hermanos. Dar limosna puede ser relativamente fácil. Quizá tranquilicemos nuestra conciencia, pero esto no es suficiente si no nos mueve el espíritu de caridad que nos hace ser solidarios con el sufrimiento de nuestro prójimo. No basta con dar dinero, también tiempo o cariño o esperanza… Que el signo penitencial de la ceniza sea expresión de nuestro deseo de acercarnos al Señor y a los hermanos, abandonando la indiferencia. ¿Qué gesto de amor haré en favor de mis hermanos, en especial de los más necesitados? Necesitamos fortalecer el corazón, como nos pide el Papa, para que los demás puedan entrar también en él.

José María Martín OSA
www.betania.es

“CAMINANTE NO HAY CAMINO”
“Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Con este poema, con fondo y mucha filosofía de fondo, se expresó Machado (Extracto de Proverbios y cantares XXIX)
1.- Cristiano; no hay cuaresma que se sostenga en sí misma. Es el día a día el que, de verdad, te va hacer sentir si Dios es importante para ti. En tu camino, con tu esfuerzo y de la mano de Dios, comprobarás si ese camino es cierto o, tan sólo, un engaño. Si en ese camino va Dios contigo o, por el contrario, sólo quieres ir tú contigo mismo. ¿Hay camino para Dios?
La cuaresma, en sí misma, no es esencial. Es importante en cuanto que nos lleva a la Pascua. ¿Y qué nos aguarda en la Pascua? Ni más ni menos que, como en Belén, primero un Señor humillado pero, más tarde, un Señor glorificado.
Esto, amigo, no se vive de la noche a la mañana. Esto, amigos, no se prepara como quien va a una librería y sólo lee el índice de un libro pensando que, con eso, ya es suficiente.
El cristiano, en la cuaresma, se pone en camino. Y con los pasos de la oración, la conversión, la penitencia, la caridad o la eucaristía aprende a no dejar de lado a Cristo. ¿Seremos capaces de caminar con Cristo o, tal vez, preferimos otros corredores con más colores pero sin trascendencia alguna?
2.- Cristiano; la cuaresma será lo que tú quieras y lo que Dios esté dispuesto a regalarte. Ni el esfuerzo te va a garantizar tu encuentro con Jesús ni, tu tibieza o frialdad, te van hacer cambiar un ápice de aquello en lo que estás instalado: yo soy así. La cuaresma, en ese sentido, nos ofrece un abanico de posibilidades para llegar hasta la Pascua más llenos y, sobre todo, más conscientes de lo que se celebra. No hay peor cosa que, llegar al calvario, con el hombro débil y sin estar preparado para el peso de la cruz. Asomarnos al sepulcro y no ver nada porque, nuestros ojos, están llenos de telarañas superfluas.
La cuaresma, precisamente por eso y por mucho más, es como un “balneario” donde salen del cuerpo de nuestras almas (y también del corporal) aquello que estorba a la Gracia, aquello que nos impide reconocer lo mucho que Dios ha hecho por nosotros.
El Adviento nos llevó a la Navidad y, tal vez, no vimos ni el pesebre ni lo que habitaba dentro de él. La cuaresma nos empuja a Jerusalén. Malo será que, al llegar, nos quedemos en el bosque y no veamos la cruz. Nos subamos al monte y no bajemos al sepulcro vacío.
Que el Señor, de la mano de Teresa de Jesús en este V Centenario y de San Juan Bosco en su Bicentenario, nos ayuden a crear ambiente alrededor de la periferia de nuestras almas.
3.- El Papa Francisco insiste constantemente en la necesidad de salir a las periferias de los pobres. No es menos cierto que, tal vez la gran pobre (porque la alimentamos poco o nada) es precisamente el alma. Ese lugar donde Dios quiere reinar y hacernos todo para Él. ¿Estamos dispuestos? ¿Quieres convertirte? ¿De qué? ¿Por qué? En marcha: hay un camino por recorrer. Aunque, a veces, sea duro el golpe.
Que la escucha de la Palabra de Dios, las prácticas de piedad, la eucaristía diaria, la honestidad y sinceridad de nuestra vida, el ejercicio de la caridad, la oración personal y la abstinencia, nos ayuden a sentir que, el Señor, comienza su andadura camino del calvario. ¿O es que no le queremos acompañar desde la cruz y arrimando nuestros hombros a la cruz?

Javier Leoz

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