Evangelio del día – 21 de Junio – Vas por delante, Señor

oracion1Sábado, 21 de junio de 2014
Semana 11ª durante el año
Memoria obligatoria – Blanco
2 Crónicas 24, 17-25 / Mateo 6, 24-34
Salmo responsorial Sal 88, 4-5. 29-35
R/. “El Señor asegura su amor eternamente”

Santoral:

San Luis Gonzaga, San José Isabel Flores,
San Anton María Schwartz, San Jacobo Kern
y Santa Restitua

¡Vas por delante, Señor!

Porque, conociendo la humanidad del hombre,
sabes que necesita de tu mano y de tus huellas
para no perder el norte de su existencia.
Que, sin Ti, está abocada a la desilusión y al desencanto,
a la tibieza, al pesimismo o al enfrentamiento.
Sales, en este día del Corpus Christi,
y empujado con la fuerza o el secreto del amor.

¡Inyecta, Señor, un poco de tu Sangre en nuestro mundo!
Porque, nuestros cuerpos, se encuentran débiles.
Porque, la sangre que corre por nuestras venas,
además de roja y viva queremos que sea divina.

¡Danos un poco de tu Cuerpo, oh Cristo!
Porque, en las mesas de nuestra vida,
sobra el pan que se cuece en un simple horno,
y nos falta ese otro Pan que se dora en el amor divino.

¡Vas por delante, Señor!
Sales en la custodia y rodeado de mis vasallos.
Somos nosotros, Señor, tus amigos
los que, un día sí y otro también,
queremos llevarte como el mejor tesoro al mundo.
Los que, envueltos en contradicciones,
somos miembros de tu Cuerpo
y anunciadores de tus buenos y santos misterios.

¡Vas por delante, Señor!
Mira al enfermo que, desde la azotea de su sufrimiento,
te grita: ¡ten compasión de mí!
Detén tu mirada sobre el que, muerto aún estando vivo,
te pide un poco de esperanza en su caminar.
No dejes de bendecir a los que, abriendo su corazón,
te dicen que, entre todo lo conocido,
Tú eres lo mejor y digno de ser adorado.

¡Vas por delante, Señor!
Gracias, Jesús, por compartir nuestras prisas,
y ofrecernos un poco de calma.
Gracias, Jesús, por no ser indiferente a nuestra vida,
y colmarnos con tu gracia.
Gracias, Jesús, por contemplar nuestra situación,
y regalarnos tantas caricias con serenas respuestas.
Gracias, oh Cristo, porque tu Cuerpo y tu Sangre,
nos redime, nos hace fuertes, decididos, valientes,
entusiastas, comprometidos….
y nos hace sentir hoy, más que nunca,
que merece la pena caminar y vivir contigo.
Amén.

P. Javier Leoz

Liturgia – Lecturas del día

Sábado, 21 de Junio de 2014

Zacarías, al que asesinaron entre el santuario y el altar

Lectura del segundo libro de las Crónicas
24, 17-25

Después de la muerte del sacerdote Iehoiadá, los jefes de Judá fueron a postrarse delante del rey, y éste se dejó llevar por sus palabras. Entonces abandonaron el la Casa del Señor, el Dios de sus padres, y rindieron culto a los postes sagrados y a los ídolos. Por este pecado, se desató la indignación del Señor contra Judá y Jerusalén. Les envió profetas que dieron testimonio contra ellos, para que se convirtieran al Señor, pero no quisieron escucharlos.
El espíritu de Dios revistió a Zacarías, hijo del sacerdote Iehoiadá, y éste se presentó delante del pueblo y les dijo: «Así habla Dios: ¿Por qué quebrantan los mandamientos del Señor? Así no conseguirán nada. ¡Por haber abandonado al Señor, Él los abandonará a ustedes!»
Ellos se confabularon contra él y, por orden del rey lo apedrearon en el atrio de la Casa del Señor. El rey Joás no se acordó de la fidelidad que le había profesado Iehoiadá, padre de Zacarías, e hizo matar a su hijo, el cual exclamó al morir: «¡Que el Señor vea esto y les pida cuentas!»
Al comenzar el año, el ejército de los arameos subió a combatir contra Joás. Invadieron Judá y Jerusalén, ejecutaron a todos los jefes que había en el pueblo, y enviaron el botín al rey de Damasco. Aunque el ejército de Arám había venido con pocos hombres, el Señor entregó en sus manos a un ejército mucho más numeroso, por haberlo abandonado a Él, el Dios de sus padres. De esta manera los arameos hicieron justicia con Joás, y cuando se fueron, lo dejaron gravemente enfermo. Sus servidores tramaron una conspiración contra él para vengar la sangre del hijo del sacerdote Iehoiadá, y lo asesinaron en su mataron cuando estaba en su lecho. Así murió y fue sepultado en la Ciudad de David, pero no en el sepulcro de los reyes.

Palabra de Dios.

SALMO REPONSORIAL 88, 4-5. 29-35

R. El Señor asegura su amor eternamente.

Yo sellé una Alianza con mi elegido,
hice este juramento a David, mi servidor:
«Estableceré tu descendencia para siempre,
mantendré tu trono por todas las generaciones». R.

Le aseguraré mi amor eternamente,
y mi Alianza será estable para él;
le daré una descendencia eterna
y un trono duradero como el cielo. R.

Si sus hijos abandonan mi enseñanza
y no proceden de acuerdo con mis juicios;
Si profanan mis preceptos
y no observan mis mandamientos,
castigaré sus rebeldías con la vara y sus culpas, con el látigo. R.

Pero a él no le retiraré mi amor
ni dementiré mi fidelidad;
no quebrantaré mi Alianza
ni cambiaré lo que salió de mis labios. R.

EVANGELIO

No se inquieten por el día de mañana

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
6, 24-34

Dijo Jesús a sus discípulos:
Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.
Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer o qué van a beber, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?
Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros y, sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?
¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!
No se inquieten entonces, diciendo: «¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?» Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.
Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.

Palabra del Señor.

Reflexión

2 Crón. 24, 17-25. A pesar de las infidelidades del Pueblo, Dios jamás lo abandonará, ni dejará de cumplirle las promesas que le hizo. Ojalá y no nos hagamos reos de la sangre derramada, desde el justo Abel, hasta la de Zacarías, asesinado entre el Altar y el Santuario.
No podemos negar nuestras propias infidelidades a nuestro Dios y Padre. Sin embargo el Señor jamás nos ha abandonado, sino que nos ha tendido la mano cuando le buscamos con un corazón sincero. Él no se olvida de que es nuestro Padre. Él no quiere castigarnos. Más bien Él espera que nos convirtamos y vivamos para Él en una continua alabanza a su Santo Nombre. En Cristo Jesús, su Hijo, hemos recibido el perdón y la gracia. Quienes aceptamos entrar en comunión de vida con Él no escuchamos sentencia de condenación, sino palabras de perdón y de disculpa ante el trono de Dios.
¿Aprovecharemos la gracia que Dios nos ofrece en su Hijo?

Sal. 89 (88). Lo que Dios da lo da de una vez y para siempre. Él jamás se arrepiente de sus promesas; Él cumplirá todo aquello en lo que empeñó su Palabra.
Dios nos ha llamado a la vida para que estemos con Él eternamente. A veces la vida se nos complica un poco o un mucho. Mas no por eso podemos pensar que Dios se ha olvidado de nosotros. Dios jamás nos retirará su favor, y siempre estará junto a nosotros como poderoso Salvador. Tratemos de vivir nuestro compromiso de fe con Él, de tal forma que en verdad podamos ser dignos de alcanzar los bienes eternos, como gracia de Dios y como término de nuestro camino tras las huellas del amor fiel de Jesucristo.

Mt. 6, 24-34. Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón. Si hemos optado por el Reino de Dios lo demás vendrá a nosotros por añadidura, viviremos en paz y sabremos que Dios protege a quienes le aman y le viven fieles.
Este texto de la Escritura no puede provocar en nosotros la flojera, haciéndonos pensar equivocadamente que, puesto que Dios es nuestro Padre, Él velará por nosotros y no dejará que muramos de hambre; y, por tanto, si hay pobres, no tenemos por qué preocuparnos de ellos, pues tienen un Padre del Cielo que vele por ellos mejor de como cuida a los pájaros del cielo y las flores del campo.
El Señor nos ha pedido que hagamos una opción fundamental por el Reino de los Cielos; y que, puestos a su servicio, no nos esclavicemos a lo pasajero de tal forma que embote nuestra mente y nuestro corazón, y nos impida amar con el compromiso de llegar incluso a quitarnos lo nuestro para vestir y alimentar a los que nada tienen.
Si conocemos a Dios es porque amamos a nuestro prójimo; quien no conoce a Dios no ama a su prójimo, porque Dios es amor; y en el amor hay más alegría en dar que en recibir.
Por tanto, hablar de Dios nos debe llevar a amar haciendo el bien a nuestro prójimo hasta dar la vida por Él; este es el lenguaje del verdadero cristiano; y no lo es el de aquel que para dar culto a Dios se pierde entre ceremonias cargadas de signos materiales, pero que ha perdido el sentido del amor al prójimo, especialmente de aquel que sufre azotado por la pobreza, por la enfermedad o por las esclavitudes nacidas del pecado.
En esta Eucaristía estamos siendo testigo de la fidelidad del Señor a la Alianza que ha sellado con nosotros por medio de su sangre. Él se ha puesto exclusivamente a nuestro servicio para que encontremos en Él la salvación, es decir, nuestra plena unión con Dios.
En Cristo Dios nos ha buscado para salvarnos, para reunirnos en un sólo pueblo que, como un sólo Cuerpo cuya Cabeza es el Señor, seamos como una continua ofrenda de alabanza tributada a su santo Nombre.
A pesar de nuestra fragilidad y de que continuamente nos seducen las cosas pasajeras, en el Señor encontramos la gracia suficiente que nos basta para que en nosotros se manifieste el poder salvador de Dios. Por eso no tememos ningún mal, pues el Señor, en verdad, está con nosotros.
Pero no basta con darle culto al Señor; no basta con tener conciencia de su poder salvador en nosotros; no basta con sabernos amados y protegidos por el Señor. Quien tiene esa experiencia de Él es porque el mismo Señor lo quiere convertir en un signo de su amor, de su bondad, de su misericordia, de su perdón, de su providencia para toda la humanidad, especialmente para los más desprotegidos. Quien contemple el sufrimiento o el dolor de muchos que padecen estas miserias y viva como hombre sin entrañas ante ellos, no puede decirse persona de fe y mucho menos decir que es hijo de Dios.
Peor es aquel que se convierte en causa de dolor y sufrimiento para los inocentes y desprotegidos.
Dios quiere que seamos signos de su amor, sin esclavitudes a lo pasajero, sin que seamos ocasión de escándalo para los demás, acumulando riquezas para nosotros mismos sin saber compartir, incluso, la propia vida con los demás haciéndoles siempre el bien, como Dios lo ha hecho en favor nuestro.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, la capacidad de amar como Él nos ha amado a nosotros. Amén.

Homiliacatolica.com

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