Evangelio del día 21 de Mayo

Evangelio del día 21 de Mayo – Ciclo A

DOMINGO VI DE PASCUA

 

 

 

EL ARTE DE VIVIR DESDE EL ESPÍRITU DE DIOS

Nunca los cristianos se han sentido huérfanos, porque el vacío dejado por la muerte de Jesús ha sido llenado por la presencia viva del Espíritu del Resucitado, el Espíritu de la verdad que vive con nosotros, está en nosotros y nos enseña el arte de vivir en la verdad.

Lo que configura la vida de un verdadero creyente es la búsqueda gozosa de la verdad de Dios bajo el impulso del Espíritu. El verdadero creyente busca la verdad con el corazón limpio. Su vida no está programada por prohibiciones, sino que viene animada e impulsada positivamente por el Espíritu. Cuando vive esta experiencia del Espíritu, el creyente descubre que ser cristiano no es un peso que oprime y atormenta la conciencia, sino que es dejarnos guiar por el amor creador del Espíritu que vive en nosotros y nos hace vivir con una espontaneidad que nace, no de nuestro egoísmo, sino del amor.

Esta vida nueva en el Espíritu genera en nosotros un estilo de vida nuevo, enfrentado al estilo de vida que brota de la mentira y el egoísmo. Vivimos en una sociedad donde a la mentira se le llama diplomacia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; al sexo, amor; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad.

Difícilmente puede esta sociedad entender o aceptar una vida acuñada por el Espíritu. Pero es este Espíritu el que defiende al creyente y le hace caminar hacia la verdad, liberándolo de la mentira social, la farsa y la intolerancia de nuestros egoísmos.

 

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL VI DOMINGO DE PASCUA/A

 

1ª LECTURA

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 8,5-8. 14-17 
En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.
Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo. Palabra de Dios.

 

                                 COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

Cuando Felipe anuncia el Evangelio de Jesús como camino de salvación tiene buena acogida entre los habitantes de Samaria “y la ciudad se llena de alegría”. Los apóstoles Pedro y Juan van a Samaria para que los que habían recibido la fe y se habían bautizado recibieran el Espíritu Santo con la imposición de las manos.

Sal 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20 
R. Aclama al Señor, tierra entera.
 

  • Aclama al Señor, tierra entera,tocad en honor de su nombre,
    cantad himnos a su gloria;
    decid a Dios: «Qué temibles son tus obras». R:
  • Que se postre ante ti la tierra entera,que toquen en tu honor,
    que toquen para tu nombre.
    Venid a ver las obras de Dios,
    sus temibles proezas en favor de los hombres. R:
  • Transformó el mar en tierra firme,a pie atravesaron el río.
    Alegrémonos con Dios,
    que con su poder gobierna eternamente. R:
  • Fieles de Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo.
    Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica,
    ni me retiró su favor. R:

2ª LECTURA

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 3,15-18 
Hermanos:
Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal.
Porque también Cristo murió una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. Murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu.

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COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El Apóstol Pedro decía a los seguidores de Jesús que dieran razón de su esperanza a todo el que se la pidiera. Es una certeza incuestionable que quien no tiene la alegría y el gozo de ser cristiano, tampoco lo puede contagiar a los demás, ni siquiera transmitir. La fe es algo que se ofrece gozosamente y no se impone por la fuerza, que se manifiesta alegremente y se acepta y recibe libremente.

EVANGELIO

 

Lectura del santo evangelio según san Juan 14,15-21 
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros.
No os dejaré desamparados, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis, y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él. Palabra de Dios Final del formularioPrincipio del formulario

COMENTARIO AL EVANGELIO

 

Jesús nos dice que solamente le ama quien guarda sus mandamientos. Jesús sabe que es difícil mantener fidelidad a sus mandamientos en un mundo que no es favorable al mensaje evangélico, por eso afirma y se compromete a ayudarnos en nuestra tarea de fidelidad a sus mandamientos por medio del Espíritu Santo que recibimos en su nombre.

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

 

VIVIR EN LA VERDAD DE JESÚS

Para muchos, Jesús habrá pasado por este mundo como si nada hubiera ocurrido; no dejará rastro alguno en sus vidas. Sólo quienes lo aman podrán experimentar que está vivo y hace vivir. Jesús es la única persona que merece ser amada de manera absoluta. Quien ama a Jesús vive sus palabras, “guarda sus mandamientos”, se va “llenando” de Él. Es el “Espíritu de la verdad”, es la fuerza y la luz que nos hace “vivir en la verdad”. Cualquiera que sea el punto en que nos encontremos en la vida, acoger en nosotros a Jesús nos lleva hacia la verdad. Jesús “vive con nosotros y está en nosotros”. Lo escuchamos en nuestro interior y resplandece en la vida de quien sigue sus pasos de manera humilde, confiada y fiel.

Jesús seguirá siempre vivo en el mundo. Si lo acogemos en nuestra vida, no nos sentiremos huérfanos y desamparados. Tal vez la conversión que más necesitamos hoy los cristianos es ir pasando de una adhesión verbal, rutinaria y poco real a Jesús, hacia la experiencia de vivir enraizados en su “Espíritu de la verdad”.

 

 

 

Evangelio del día 21 de Mayo ciclo B
Antífona de Entrada

Acerquémonos confiadamente a Dios, fuente de bondad, a fin de alcanzar su misericordia y su gracia en el tiempo oportuno.
Aleluya.

Oración Colecta

Oremos:
Señor, que el Espíritu Santo nos conceda abundantemente tus dones, para que podamos conocer tu voluntad y ajustemos a ella nuestra vida.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Tendrás que dar testimonio de mí en Roma

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 22, 30; 23, 6-11

En aquellos días, queriendo averiguar exactamente de qué lo acusaban los judíos, el comandante hizo que desataran a Pablo y mandó reunir a los sumos sacerdotes y a todo el Consejo; sacó después a Pablo y lo presentó delante de ellos.
Como Pablo sabía que parte de ellos eran saduceos y parte fariseos, gritó ante el Consejo:
“Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos, y me juzgan por creer en la resurrección de los muertos”.
Al decir él esto, se produjo una discusión entre los fariseos y los saduceos, y se dividió la asamblea. Pues los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos creen en todo esto. Así que se produjo un inmenso griterío. Algunos escribas del partido de los fariseos se pusieron de pie y afirmaron enérgicamente:
“Nosotros no encontramos nada malo en este hombre. ¿Y si le ha hablado un espíritu o un ángel?”
Como la discusión se hacía cada vez más fuerte, el comandante tuvo miedo que hicieran daño a Pablo, y ordenó a los soldados sacarlo de allí y llevarlo al cuartel.
La noche siguiente, el Señor se le apareció y le dijo:
“Ten ánimo; pues tienes que dar testimonio de mí en Roma igual que lo has dado en Jerusalén”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Sal 15, 1-2a.5.7-8.9-10.11

Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: “Tú eres mi dueño, mi único bien”.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Señor, tú eres mi alegría y mi herencia, mi destino está en tus manos.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche instruye mi conciencia, Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha jamás fracasaré.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Por eso se me alegra el corazón, hacen fiesta mis entrañas, y todo mi ser descansa tranquilo; porque no me abandonarás en el abismo, ni dejarás a tu fiel experimentar la corrupción.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Me enseñarás la senda de la vida, me llenarás de alegría en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.
Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno. Así el mundo creerá que tú me has enviado, dice el Señor.
Aleluya.

Evangelio

Que su unidad sea perfecta

† Lectura del santo Evangelio según san Juan 17, 20-26

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, levantado los ojos al cielo, Jesús dijo:
“Padre, no te ruego solamente por ellos, sino también por todos lo que, creerán en mí gracias a su palabra.
Yo los he enviado al mundo, como tú me enviaste a mí. Por ellos yo me consagro a ti, para que también ellos se consagren a ti, por medio de la verdad. Pero te ruego solamente por ellos, sino también por todos lo que, creerán en mí gracias a tu palabra.
Te pido que todos sean uno lo mismo que lo somos tú y yo, Padre. Y que también ellos vivan unidos a nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado a ellos la gloria que tú me diste a mí, de tal manera que puedan ser uno, como lo somos nosotros. Yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a la unión perfecta, y el mundo pueda reconocer así que tú me has enviado, y que los amas a ellos como me a amas a mí. Padre, yo deseo que todos éstos que tú me has dado puedan estar conmigo donde esté yo, para que contemplen la gloria que me has dado, porque tú me amaste antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido; yo, en cambio, te conozco y todos éstos han llegado a reconocer que tú me has enviado. Les he dado a conocer quién eres, y continuaré dándote a conocer, para que el amor con que me amaste pueda estar también en ellos, y yo mismo esté en ellos”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, estos dones que hemos preparado para el sacrificio eucarístico y transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Prefacio

En la espera de la venida del Espíritu Santo

En verdad es justo y necesario que todas las criaturas, en el cielo y en la tierra, se unan en tu
alabanza, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, tu Hijo, Señor del universo.
El cual, habiendo entrado una vez para siempre en el santuario del cielo, ahora intercede por nosotros, como mediador que asegura la perenne efusión del Espíritu.
Pastor y obispo de nuestras almas, nos invita a la plegaria unánime, a ejemplo de María y los apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés.
Por este misterio de santificación y de amor, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Antífona de la Comunión

Yo les aseguro: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy no vendrá a ustedes el Espíritu consolador, dice el Señor.

Aleluya.

Oración después de la Comunión

Oremos:
Que esta Eucaristía, Señor, nos haga comprender tus designios, para que seamos dignos de recibir los dones de tu Espíritu.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén

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