Evangelio del día 22 de junio

Evangelio del día 22 de junio
Génesis 12, 1-9 / Mateo 7, 1-5
Salmo Responsorial Sal 32, 12-13. 18-20. 22
R/. “¡Feliz el pueblo del Señor!”

Santoral:
Santo Tomás Moro, San Paulino De Nola
y San Juan Fisher

Dame Señor

Dame, Señor, un poco de sol,
algo de trabajo y un poco de alegría.

Dame el pan de cada día,
un poco de mantequilla,
una buena digestión y algo para digerir.

Dame una manera de ser que ignore
el aburrimiento, los lamentos y los suspiros.

No permitas que me preocupe demasiado
por esta cosa embarazosa que soy yo.

Dame, Señor, la dosis de humor suficiente
como para encontrar la felicidad en esta vida
y ser provechoso para los demás.

Que siempre haya en mis labios una canción,
una poesía o una historia para distraerme.

Enséñame a comprender los sufrimientos
y a no ver en ellos una maldición.

Concédeme tener buen sentido,
pues tengo mucha necesidad de él.

Señor, concédeme la gracia, en este momento
supremo de miedo y angustia, de recurrir
al gran miedo y a la asombrosa angustia
que tú experimentaste en el Monte de los Olivos
antes de tu pasión.

Haz que a fuerza de meditar tu agonía,
reciba el consuelo espiritual necesario
para provecho de mi alma.

Concédeme, Señor, un espíritu abandonado,
sosegado, apacible, caritativo, benévolo,
dulce y compasivo.

Que en todas mis acciones, palabras
y pensamientos experimente el gusto
de tu Espíritu santo y bendito.

Dame, Señor, una fe plena,
una esperanza firme y una ardiente caridad.

Que yo no ame a nadie contra tu voluntad,
sino a todas las cosas en función de tu querer.

Rodéame de tu amor y de tu favor.

Santo Tomás Moro

Liturgia – Lecturas del día

Lunes,
22 de Junio de 2015

Abrám partió, como el Señor se lo había ordenado

Lectura del libro del Génesis
12, 1-9
El Señor dijo a Abrám:
«Deja tu tierra natal
y la casa de tu padre,
y ve al país que Yo te mostraré.
Yo haré de ti una gran nación
y te bendeciré;
engrandeceré tu nombre
y serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan
y maldeciré al que te maldiga,
y por ti se bendecirán
todos los pueblos de la tierra».

Abrám partió, como el Señor se lo había ordenado, y Lot se fue con él.
Cuando salió de Jarán, Abrám tenía setenta y cinco años. Tomó a su esposa Sarai, a su sobrino Lot, con todos los bienes que habían adquirido y todas las personas que habían reunido en Jarán, y se encaminaron hacia la tierra de Canaán.
Al llegar a Canaán, Abrám recorrio el país hasta el lugar santo de Siquém, hasta la encina de Moré.
En ese tiempo los cananeos ocupaban el país. Entonces el Señor se apareció a Abrám y le dijo: «Yo daré esta tierra a tu descendencia».
Allí Abrám erigió un altar al Señor, que se le había aparecido. Después se trasladó hasta la región montañosa que está al este de Betel, y estableció su campamento, entre Betel, que quedaba al oeste, y Ai, al este. También allí erigió un altar al Señor e invocó su Nombre.
Luego siguió avanzando por etapas hasta el Négueb;

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 32, 12-13. 18-20. 22

R. ¡Feliz el pueblo del Señor!

¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que Él se eligió como herencia!
El Señor observa desde el cielo
y contempla a todos los hombres. R.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

Nuestra alma espera en el Señor:
Él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
conforme a la esperanza que tenemos en ti. R.

EVANGELIO

Saca primero la viga de tu ojo

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
7, 1-5

Jesús dijo a sus discípulos:
No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes.
¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Deja que te saque la paja de tu ojo», si hay una viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Palabra del Señor.

Reflexión

Gen. 12, 1-9. Después de que el hombre se aleja de Dios a causa del pecado y, habiendo recibido la promesa de que en el futuro la Descendencia de la Mujer aplastaría la cabeza de la descendencia de la serpiente antigua, o Satanás, los hombres buscan encontrarse, a su modo, con Dios, construyendo una torre que llegue hasta el mismo cielo. Pero Dios los dispersa por todo el orbe de la tierra. Ahora, sin más preámbulos, Dios inicia el camino hacia el cumplimiento de su promesa. Abram deja su casa, sus dioses, su país; confiado solamente en Dios se dirige para tomar posesión y habitar en lo que en el futuro será la tierra que mana leche y miel. Sólo aquel que confíe en el Señor, sólo aquel que esté dispuesto a llevar adelante su planes, sólo aquel que sea fiel a la voluntad divina será grato al Señor, y, aun cuando parezca un desierto estéril, Dios hará florecer en él la vida, y su nombre será motivo de bendición para todos los pueblos. Jesús llegó a su perfección mediante su filial obediencia a la Voluntad del Padre Dios, voluntad que se convirtió en su alimento. Ese es el mismo camino que hemos de recorrer los que creemos en Cristo para ser, junto con Él, los hijos amados del Padre.

Sal 33 (32). El Pueblo que Dios se escogió como suyo debe alegrarse por tan gran bondad de parte de Dios. El Señor, creador de todo por medio de su Palabra, ha manifestado su amor liberando a su pueblo de la muerte y dándole de comer en épocas de hambre. Al pueblo lo único que le corresponderá será vivir fiel al Señor, siempre dispuesto a manifestar su amor y su perdón a quienes le temen y en su bondad confían. En Cristo, Dios nos ha liberado de la esclavitud al pecado y nos ha dado la esperanza de la vida eterna. Tratemos de vivir fieles al Señor, no sólo por acudir puntuales a darle culto, sino porque meditemos su Palabra y la pongamos en práctica. Entonces esa Palabra será en nosotros Palabra creadora que nos renueve en Cristo, el hombre nuevo.

Mt. 7, 1-5. Sólo Dios conoce el corazón de la persona y las intenciones por las que procede en forma determinada, tal vez muy en contra de la educación moral que tengan los demás. A nosotros no corresponde juzgar sino ser misericordiosos con todos para que Dios, también, tenga misericordia de nosotros, pues con la medida con que juzguemos a los demás seremos nosotros medidos. Esto no puede llevarnos a un relativismo ni laxismo moral, sino a proclamar el Evangelio del Señor, no para amaestrar a los demás, sino para que conozcan y acepten el amor de Cristo con todas sus consecuencias ¿Quién de nosotros no tiene pecado? Y si Aquel que no tiene pecado no ha venido a condenarnos, sino a llamarnos a la conversión para que seamos perdonados y seamos hechos hijos de Dios, ¿quiénes somos nosotros para condenar a quien consideramos reos de alguna culpa? Antes que nada hemos de adentrarnos en nosotros mismos y contemplar nuestra propia realidad y darnos cuenta de que hay muchas cosas de las que nos hemos de arrepentir, para que la Gracia de Dios no caiga en nosotros como en saco roto, sino que, como buena semilla, caiga también en un buen terreno y produzca abundantes frutos de amor y de misericordia, que ayuden a los demás a ir por el camino del bien.
En esta Eucaristía estamos experimentando el amor de Dios, que, como Padre Misericordioso, nos recibe, nos perdona y nos sienta a su mesa sin pronunciar siquiera una palabra de reproche en contra nuestra, sino simple y sencillamente, más todavía, grandiosamente, con los brazos y el corazón abiertos, nos recibe lleno de amor para que estemos nuevamente con Él. Esa es su alegría. Ese es su ejemplo. A pesar de que muchas veces hemos esclavizado nuestro corazón a los nuevos falsos ídolos, Él vuelve a llamarnos para que dejemos todo eso atrás e iniciemos nuevamente, a impulsos de su Espíritu, nuestro camino hacia la Patria definitiva.
En nuestra vida nos encontramos con personas que se oponen a nuestros criterios e intereses. Muchas veces, cuando no se ha llegado a la madurez en el amor de Dios y al del prójimo, para muchos cuenta más su seguridad, que tratan de conservar a costa, incluso, de la muerte de quienes amenazan lo suyo. Con actitudes contrarias al amor, donde vamos más allá de lo que debería ser el respeto a los demás y el no perjudicar sus intereses, estamos manifestando que no hemos contemplado la viga que llevamos en nuestros ojos, que nos impide amar, respetar, comprender, perdonar. Quien se convierta en juez de su prójimo estará manifestando que tiene una perfección que no viene de Dios, pues Dios, mientras permanecemos en esta vida, jamás da marcha atrás en su amor y misericordia por nosotros; y, a pesar de nuestras miserias, Él sabe que nuestro corazón está inclinado hacia la maldad desde muy temprana edad; por eso, en lugar de condenarnos nos fortalece con su Espíritu para que seamos fieles a su amor, y nos perdona y da su vida para que no seamos extraños a Él, sino hijos suyos en Cristo Jesús. Aprendamos a amar y a perdonar en la medida en que nosotros hemos sido amados y perdonados por Dios.
Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de que en verdad su amor esté en nosotros para que podamos, así, vivir como hermanos, preocupándonos del bien unos de otros, sabiendo amarnos y disculparnos mutuamente para caminar juntos hacia el encuentro definitivo de nuestro Dios y Padre, que es Amor y Misericordia eternos. Amén.

Homiliacatolica.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *