Evangelio del día 27 de junio

Amós 2, 6-10.13-16 / Mateo 8, 18-22
Salmo responsorial Sal 49, 16b-23
R/. “¡El justo gozará la salvación de Dios!”

Santoral:
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, San Cirilo
de Alejandría, San Ladislao, San José Hien,
Santo Tomás Toan y Beata Margarita Bays

Pisotean contra el polvo de la tierra
la cabeza de los débiles
Lectura de la profecía de Amós
2, 6-10.13-16

Así habla el Señor:
Por tres crímenes de Israel,
y por cuatro, no revocaré mi sentencia.
Porque ellos venden al justo por dinero
y al pobre por un par de sandalias;
pisotean sobre el polvo de la tierra
la cabeza de los débiles
y desvían el camino de los humildes;
el hijo y el padre tienen relaciones con la misma joven,
profanando así mi santo Nombre;
se tienden sobre ropas tomadas en prenda,
al Iado de cualquier altar,
y beben en la Casa de su Dios
el vino confiscado injustamente…

¡Y pensar que Yo destruí ante ellos al amorreo,
cuya altura era igual a la de los cedros
y que era fuerte como las encinas:
arranqué su fruto por arriba y sus raíces por debajo!
Y a ustedes, los hice subir del país de Egipto
y los conduje cuarenta años por el desierto,
para que tomaran en posesión el país del amorreo.

Por eso, Yo los vaya aplastar,
como aplasta un carro cargado de gavillas.
El hombre veloz no tendrá escapatoria,
el fuerte no podrá valerse de su fuerza
ni el valiente salvará su vida;
el arquero no resistirá,
el de piernas ágiles no escapará,
el jinete no salvará su vida,
y el más valeroso entre los valientes
huirá desnudo aquel día.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
49, 16b-23

R.
¡El justo gozará la salvación de Dios!

¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos
y a mencionar mi Alianza con tu boca,
tú, que aborreces toda enseñanza
y te despreocupas de mis palabras? R.

Si ves a un ladrón, tratas de emularlo;
haces causa común con los adúlteros;
hablas mal sin ningún reparo
y tramas engaños con tu lengua. R.

Te sientas a conversar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu propia madre.
Haces esto, ¿y Yo me voy a callar?
¿Piensas acaso que soy como tú?
Te acusaré y te argüiré cara a cara. R.

Entiendan bien esto, los que olvidan a Dios,
no sea que Yo los destruya sin remedio.
El que ofrece sacrificios de alabanza
me honra de verdad. R.

EVANGELIO

Sígueme

a
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
8, 18-22

Al verse rodeado por la multitud, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla. Entonces se aproximó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas».
Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre».
Pero Jesús le respondió: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».

Palabra del Señor.

Reflexión

Amós 2,6-10.13-16: Durante ocho semanas vamos a escuchar la voz de los profetas. Después de haber seguido, en los Libros de los Reyes, la agitada historia de Israel entre los siglos IX-VI antes de Cristo, ahora interpretamos esta misma historia, antes y durante el destierro a Babilonia, guiados por los profetas.
Dios ayudaba a su pueblo a recordar la Alianza que habían sellado con él. Los profetas de esta época -Amós, Oseas, Isaías, Miqueas, Jeremías, Ezequiel-, harán oír sus avisos y reproches, y también sus palabras de ánimo, para que el pueblo elegido sea, de verdad, modelo y faro de luz para todos los demás.
Esta semana vamos a leer al primero de estos profetas, Amós. Era un campesino, cultivador de higos, que vivía en Técoa, cerca de Belén, en el reino del Sur, Judea, pero que, no sabemos por qué, emigró al reino del Norte, o sea, a Samaria, y allí le alcanzó la llamada de Dios y se convirtió en profeta, portavoz de Dios, en tiempos del rey Jeroboam II, en el siglo Vlll antes de Cristo.
La primera página que leemos es una denuncia muy directa de los pecados de Israel y de sus clases dirigentes.
Se han olvidado de los continuos favores que les ha hecho Dios al sacarles de Egipto y defenderles de sus enemigos. Se han olvidado de la Alianza. Sobre todo, faltan a la justicia social: «venden al justo por dinero», la vida de un pobre vale menos que «un par de sandalias», oprimen y explotan a los débiles, no devuelven lo prestado…
Con un lenguaje directo, propio del hombre de campo que es, Amós echa en cara a los dirigentes del pueblo su pecado y les amenaza de un modo muy expresivo: también ellos serán aplastados, como aplastan a los pobres, y no podrán escapar al juicio de Dios, por mucho que intenten correr.

Mateo 8,18-22: Dejando por un momento la narración de los milagros, leemos hoy un breve pasaje con unos relatos de vocación.
Primero es un letrado y, luego, uno que ya era discípulo. Jesús les hace ver a ambos que su seguimiento va a ser difícil y radical. Que él «no tiene dónde reclinar la cabeza», o sea, que no esperen ventajas materiales, porque Jesús sigue una vida de peregrino, de apóstol itinerante, desarraigado y pobre.
Al discípulo le dice que deje «que los muertos entierren a sus muertos» y le siga con prontitud y radicalidad.
Nuestro pecado no siempre es directamente contra Dios, de idolatría, por adorar a otros dioses. Muchas veces, va contra el prójimo, al que oprimimos, aprovechándonos de su debilidad.
Pero, según Amós, Dios se solidariza con los débiles y considera como hecho a él lo que hacemos a los demás. Jesús dirá claramente: «lo que hiciereis a uno de estos, lo hacéis conmigo… estaba enfermo y me visitasteis».
Es un aviso del que se hace eco el salmo. En misa entonamos cantos de alabanza a Dios y le hacemos genuflexión. Pero luego, durante el día, tal vez tratamos mal a nuestro hermano: «sueltas la lengua para el mal, tu boca urde el engaño; te sientas a hablar contra tu hermano: esto haces ¿y me voy a callar? Te acusaré, te lo echaré en cara».
No se trata sólo de las grandes injusticias sociales que hay en nuestra sociedad.
También entran en este mismo lote nuestras murmuraciones contra el hermano y nuestra falta de caridad. Tendríamos que hacer caso a los profetas que, también en nuestro tiempo, denuncian nuestras injusticias y nuestras desviaciones. Y a la Palabra de Dios que nos va iluminando para que confrontemos nuestros caminos con los de Dios.
A los que somos seguidores de Jesús, se nos recuerda que esto nos va a exigir desapego de los bienes materiales, incluso de nuestra familia. Que la fe cristiana no es fácil. Jesús no nos promete bienes materiales y éxitos según las medidas de este mundo. El mismo ha dejado su familia de Nazaret para dedicarse a su misión y camina por los pueblos, sin establecerse en ninguno. El evangelio de ayer concluía afirmando de Jesús que «tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades». Ése es su estilo y ése ha de ser el estilo de sus seguidores.
Jesús no nos está invitando a descuidar a los padres o a la familia. Tampoco, a que dejemos sin enterrar a los muertos. Sería inhumano y cruel. Con esas dos afirmaciones, tan paradójicas, está queriendo decir que su seguimiento es exigente, que pide decisión absoluta, que debemos estar dispuestos a ser peregrinos en la vida, desprendidos de todo, no instalados en nuestras comodidades.
Lo cual no sólo se cumple en los que abandonan la familia para hacerse religiosos o ser ministros en la comunidad o ir a los países de misión a evangelizar. Todo cristiano debe saber aplicar una justa jerarquía de valores a sus ideales. Seguir a Cristo y su evangelio supone, a veces, renunciar a otros valores más apetitosos según este mundo. Dentro de pocos días leeremos en el mismo evangelio de Mateo otra afirmación igualmente paradójica: «el que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí» (Mt 10,37).
Se trata de seguir a Jesús con poco equipaje, con menos apego a otras cosas. Esto lo saben muy bien los estudiantes o los deportistas o los comerciantes que persiguen sus objetivos sacrificando otras cosas que les gustarían. Y lo saben también quienes renuncian a su comodidad para dedicar su tiempo al apostolado o a la catequesis o como voluntarios en acciones de asistencia a los más necesitados. Hay valores más profundos que los visibles de este mundo. Hay ideales por los que vale la pena sacrificarse. El seguimiento de Jesús va en esta línea de decisión generosa.

J. Aldazabal

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