Evangelio del día 4 de mayo

Evangelio del día 4 de mayo – Pascua

Jueves de la tercera semana de Pascua

Libro de los Hechos de los Apóstoles 8,26-40.
El Angel del Señor dijo a Felipe: “Levántate y ve hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza: es un camino desierto”.
El se levantó y partió. Un eunuco etíope, ministro del tesoro y alto funcionario de Candace, la reina de Etiopía, había ido en peregrinación a Jerusalén
y se volvía, sentado en su carruaje, leyendo al profeta Isaías.
El Espíritu Santo dijo a Felipe: “Acércate y camina junto a su carro”.
Felipe se acercó y, al oír que leía al profeta Isaías, le preguntó: “¿Comprendes lo que estás leyendo?”.
El respondió: “¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?”. Entonces le pidió a Felipe que subiera y se sentara junto a él.
El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era el siguiente: Como oveja fue llevado al matadero; y como cordero que no se queja ante el que lo esquila, así él no abrió la boca.
En su humillación, le fue negada la justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia, ya que su vida es arrancada de la tierra?
El etíope preguntó a Felipe: “Dime, por favor, ¿de quién dice esto el Profeta? ¿De sí mismo o de algún otro?”.
Entonces Felipe tomó la palabra y, comenzando por este texto de la Escritura, le anunció la Buena Noticia de Jesús.
Siguiendo su camino, llegaron a un lugar donde había agua, y el etíope dijo: “Aquí hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?”.

Y ordenó que detuvieran el carro; ambos descendieron hasta el agua, y Felipe lo bautizó.
Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor, arrebató a Felipe, y el etíope no lo vio más, pero seguía gozoso su camino.
Felipe se encontró en Azoto, y en todas las ciudades por donde pasaba iba anunciando la Buena Noticia, hasta que llegó a Cesarea.

Salmo 66(65),8-9.16-17.20.
Bendigan, pueblos, a nuestro Dios,
hagan oír bien alto su alabanza:
él nos concedió la vida
y no dejó que vacilaran nuestros pies.

Los que temen al Señor, vengan a escuchar,
yo les contaré lo que hizo por mí:
apenas mi boca clamó hacia él,
mi lengua comenzó a alabarlo.

Bendito sea Dios,
que no rechazó mi oración
ni apartó de mí su misericordia.

Evangelio según San Juan 6,44-51.
Jesús dijo a la gente: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día.
Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí.
Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre.
Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.
Yo soy el pan de Vida.
Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.
Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.

 

 

Evangelio del día 4 de mayo ciclo C

Hechos 17, 15. 22—18, 1 / Juan 16, 12-15
Salmo responsorial Sal 148, 1-2. 11-14
R/. “¡Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria!”

Santoral:
San Gotardo, San Florián
y San Silvano

Vengo a anunciarles eso que adoran sin conocer

Lectura de los Hechos de los Apóstoles
17, 15. 22—18, 1

Los que acompañaban a Pablo lo condujeron hasta Atenas, y luego volvieron con la orden de que Silas y Timoteo se reunieran con él lo más pronto posible.
Pablo, de pie, en medio del Aréopago, dijo: «Atenienses, veo que ustedes son, desde todo punto de vista, los más religiosos de todos los hombres. En efecto, mientras me paseaba mirando los monumentos sagrados que ustedes tienen, encontré entre otras cosas un altar con esta inscripción: “Al dios desconocido”. Ahora, yo vengo a anunciarles eso que ustedes adoran sin conocer.
El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él no habita en templos hechos por manos de hombre, porque es el Señor del cielo y de la tierra. Tampoco puede ser servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que Él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas.
Él hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y señaló de antemano a cada pueblo sus épocas y sus fronteras, para que ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, Él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en Él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: “Nosotros somos también de su raza”.
Y si nosotros somos de la raza de Dios, no debemos creer que la divinidad es semejante al oro, la plata o la piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre.
Pero ha llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a, todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan. Porque Él ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que Él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos».
Al oír las palabras “resurrección de los muertos”, unos se burlaban y otros decían: «Otro día te oiremos hablar sobre esto». Así fue cómo Pablo se alejó de ellos.
Sin embargo, algunos lo siguieron y abrazaron la fe. Entre ellos, estaban Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros.
Después de esto, Pablo dejó Atenas y fue a Corinto.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 148, 1-2. 11-14

R. ¡Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria!

Alaben al Señor desde el cielo,
alábenlo en las alturas;
alábenlo, todos sus ángeles,
alábenlo, todos sus ejércitos. R.

Los reyes de la tierra y todas las naciones,
los príncipes y los gobernantes de la tierra;
los ancianos, los jóvenes y los niños,
alaben el Nombre del Señor. R.

Alaben el Nombre del Señor.
Porque sólo su Nombre es sublime;
su majestad está sobre el cielo y la tierra,
y Él exalta la fuerza de su pueblo. R.
¡A Él, la alabanza de todos sus fieles,
y de Israel, el pueblo de sus amigos! R.

EVANGELIO

El Espíritu de la verdad
les hará conocer toda la verdad

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Juan
16, 12-15

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos:
Todavía tengo muchas cosas que decirles,
pero ustedes no las pueden comprender ahora.
Cuando venga el Espíritu de la Verdad,
Él los introducirá en toda la verdad,
porque no hablará por sí mismo,
sino que dirá lo que ha oído
y les anunciará lo que irá sucediendo.
Él me glorificará,
porque recibirá de lo mío
y se lo anunciará a ustedes.
Todo lo que es del Padre es mío.
Por eso les digo:
«Recibirá de lo mío
y se lo anunciará a ustedes».

Palabra del Señor.

Reflexión

Hech. 17, 15-16. 22-18, 1. Pablo ha convivido un poco de tiempo con los atenienses mientras espera el arribo de sus compañeros en el apostolado, Silas y Timoteo. El Areópago era un espacio público donde cualquiera podía exponer lo que quisiera para que, quien también así lo decidiera, pudiera escuchar las novedades en las doctrinas o investigaciones. Pablo aprovecha ese espacio para proclamar a Jesucristo y su misterio salvador. Su forma de dirigirse a los presentes es inculturando el Evangelio, aprovechando la cultura filosófica y poética de los atenienses. No todo fue un fracaso, pues algunos se adhirieron a él y creyeron.
El mundo actual nos presenta muchos espacios mediante los cuales hemos de dar a conocer a Cristo, sin olvidarnos de los espacios más cercanos a nosotros como son la familia y las fuentes de trabajo o esparcimiento.
Hemos de ser totalmente leales al Evangelio de Cristo para no diluirlo tratando de no herir conciencias. Jesucristo nos ha confiado el anuncio de la Buena Nueva para que seamos, no testigos timoratos, sino testigos de la Verdad con la valentía que procede de la presencia de su Espíritu en nosotros.
El conocimiento de la realidad de quienes nos ven y escuchan nos hará no anunciarles el Evangelio con superficialidad sino como la Palabra que llega hasta lo más profundo de su espíritu y los mueve a darle una respuesta real, verdadera al Señor.

Sal. 148. Alabado sea el Nombre sublime del único Dios, creador de cielos y tierra y de todo cuanto ellos contienen. Que todas sus criaturas le eleven cantos de alabanza; de un modo especial todos los seres humanos, que no sólo lo alaben, sino que le rindan culto, pues Él es el único Dios y Señor de todo lo creado.
Pero que, especialmente, se alegre el pueblo de Israel, escogido por Dios como pueblo suyo de entre todas las criaturas y pueblos del orbe.
Y alegrémonos nosotros, alabemos y bendigamos al Señor que nos hizo y nos llamó, sin mérito nuestro, para que no sólo fuéramos pueblo suyo, sino para que, participando de su misma vida en Cristo, en Él seamos hijos suyos; esta es la nueva y definitiva alianza entre Dios y nosotros.
Que no sólo lo alabemos y le demos culto, sino que nuestra vida se convierta en el fiel testimonio de la presencia del Señor en nuestros corazones.

Jn. 16, 12-15. Juan escribe al final del Evangelio: Jesús hizo muchas otras cosas. Si se pusieran todas por escrito, pienso que ni en el mundo entero cabrían los libros.
El auténtico discípulo de Jesús caminará hacia la verdad plena a impulsos del Espíritu Santo. La Misión del Espíritu Santo no es llenar nuestra cabeza de conocimientos. Para entender este pasaje de la Escritura hemos de entrar dentro de la intención de san Juan al escribir el Evangelio: Dios es la Verdad y el Amor. Jesús, el Hijo que está en el Padre y el Padre en Él, nos ha revelado quién y qué es Dios. Nosotros hemos conocido la Verdad y el Amor de Dios no sólo en los discursos, sino en la vida y la persona misma de Jesucristo, Evangelio viviente del Padre.
Quien viva unido a Cristo, en Él participa de la misma vida que el Hijo recibe del Padre. El camino del creyente en esta vida será un camino de purificación constante para poder vivir en mayor plenitud esa unión con el Hijo de Dios. Este camino de purificación y unificación en Dios no es obra del hombre, sino del Espíritu Santo que nos conduce hacia esa plenitud en la Verdad. Entonces podremos ser constructores de unidad y de paz entre nosotros sin que nadie pueda romper esa unidad o resquebrajar esa paz que ha nacido del amor que el Señor nos ha manifestado hasta el extremo.
Cuando la Iglesia manifiesta todos estos signos y los va viviendo con mayor madurez, está indicando que realmente es la Iglesia de Cristo, guiada por el Espíritu de Verdad, hasta que se revele con toda claridad el rostro de Cristo en ella para todos los pueblos.
En la Eucaristía hemos llegado a Aquel que es la Verdad plena. Hacia Él nos ha conducido el Espíritu Santo, enviado a nosotros por Jesús desde el seno del Padre. Por eso nos dice Jesús: Nadie puede venir a mí, si el Padre, que me envió, no se lo concede; y al que venga a mí yo no lo echaré fuera.
De la forma como hayamos llegado a esta celebración se ha servido el Espíritu de Dios para que estemos en torno a Jesús y entremos en comunión de vida con Él.
El Pan de vida nos fortalece, pero además nos instruye acerca del amor que se convierte en exigencia de oblación a favor de los demás para que, como Iglesia, seamos el instrumento del Espíritu Santo, que siga atrayendo y conduciendo a todos los pueblos hacia la unión con Cristo y, por medio de Él, con el Padre Dios.
El Señor se ha dirigido a nosotros en esta Celebración para instruirnos también con su Palabra. Que esa Palabra no caiga en el vacío, sino que el Espíritu Santo nos la haga comprender para que la vivamos y podamos dar testimonio, con nuestras obras, de que en verdad somos hijos de Dios y de que somos fieles a sus enseñanzas.
Jesucristo nos pide tomar nuestra cruz de cada día y seguirlo, indicándonos que sólo el camino de la cruz es el camino de la glorificación, de la alegría, de la paz, de la plenitud en la verdad.
Tal vez el anuncio de la cruz de Cristo no sea del agrado de muchos. Probablemente muchos se burlen y se alejen pensando que hay otros caminos para lograr la paz interior y la felicidad; caminos más fáciles, menos complicados, menos sufridos. Él nos pide que sepamos escuchar la voz del Espíritu y no nos dejemos engañar por quienes piensan que la salvación es nuestra glorificación al margen de Jesús.
No hay otro camino de salvación, sino sólo Jesucristo; y a Él lo conocemos crucificado por nosotros para ser glorificado junto con nosotros.
Seamos la Comunidad de creyentes en Cristo que aman hasta el extremo, que no nos quedemos en medias tintas; que no sean nuestros pensamientos ni nuestras imaginaciones, que no sean nuestras doctrinas cómodas, insulsas y faltas de compromiso auténtico las que nos guíen, sino la fuerza y la valentía del Espíritu que ha sido derramado en nuestros corazones.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la mujer fiel al Espíritu del Señor, la gracia de comprender y vivir con amor y fidelidad sus enseñanzas y, así, nos dejemos moldear por el Espíritu Santo como hijos suyos en Cristo Jesús. Amén.

Homiliacatolica.com

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