Guión para el 4º Domingo del Tiempo ordinario

DOMINGO 4º DEL TIEMPO ORDINARIO

PREPARACIÓN: 

Antes de la salida del celebrante

Una vez más, como todos los domingos, nos reunimos para celebrar la Cena del Señor; concretamente celebramos el cuarto domingo durante el año. Y celebrar la Eucaristía nos compromete a ser anunciadores de la Buena Noticia, que muchas veces es una tarea arriesgada, ya que no todos aceptan la Palabra de Dios.

 

AMBIENTACIÓN: 

Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial

 

Jesús se presenta como profeta: tiene la misión de predicar oportuna e inoportunamente la Palabra de Dios, una palabra que no es agradable a todos y por la que empieza a ser signo de contradicción. Una palabra que no siempre cae bien, que denuncia, que quema, pero que finalmente triunfa. Y ésta es la misión a la que estamos llamados todos los que queremos ser verdaderos discípulos suyos.

 

1ª. LECTURA:    (Jr 1, 4-5. 17-19)         (Ver texto)

 

Es el mismo Dios quien llama y confiere el ministerio de profeta; misión arriesgada pero que lleva consigo la promesa de la asistencia divina para llevar a término la misión.

 

SALMO RESP.:     (70, 1-4a. 5-6ab. 15ab. 17)    (Ver texto)

 

  1.   Mi boca, Señor, anunciará tu salvación. 

 

2ª. LECTURA:    (1 Co 12, 31 – 13, 13)    (Ver texto)

 

Pablo nos transmite el “himno al amor”, manifestándonos que el cristiano es alguien que sabe y practica que el amor es lo más grande, por encima de la fe y la esperanza.

 

EVANGELIO:   (Lc 4, 21-30)       (Ver texto)

 

Escuchemos ahora al mismo Jesús, que nos manifiesta que su Evangelio es siempre incómodo y sacude nuestra tranquila seguridad.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES:

 

CELEBRANTE:

 

En el Evangelio hemos visto la incomprensión de los que escuchaban su predicación, incomprensión que continua en la vida de los que queremos seguirlo. Por eso presentémosle ahora al Padre nuestra oración:

 

GUÍA:  A cada una de las peticiones responderemos orando:

 

“SEÑOR, QUE SEAMOS FIELES A TU PALABRA “

 

v Para que siempre encontremos en la Iglesia el depósito de la verdad, que expresa y alimenta su vida y su misión y se fundamenta necesariamente en la Palabra de Dios, te pedimos…

 

v Para que nuestra Iglesia diocesana sea siempre un recinto en el que, como San Pablo nos manifiesta hoy, la comprensión sea la nota que caracteriza al amor, a la caridad, que más que en dar está en comprender, te pedimos…

 

v Para que el mundo encuentre la paz que nos trae Cristo, se terminen las guerras y las discordias y todos los pueblos sean capaces de escuchar la Palabra de Dios y rectifiquen aquellas conductas que puedan ofenderle, y así podamos vivir en unidad y concordia, te pedimos…

 

v Para que recordando que todos los hombres son hermanos nuestros, nos entreguemos por entero a la causa de Jesús: los que sufren, los que están solos, abandonados, enfermos, injustamente marginados, y así encuentren en Él, el consuelo y la esperanza de la vida eterna, te pedimos…

 

v Para que todos los cristianos, como el Profeta, sigamos anunciando el perdón, el amor y la paz, aunque todos nos vuelvan la espalda, y frente al intento de despeñar la realidad cristiana de nuestra tierra, por desfiladeros peligrosos y con argumentos ridículos, estemos dispuestos siempre a dar la cara por Cristo, te pedimos…

 

CELEBRANTE:

 

Padre, concédenos lo que con fe te hemos pedido y danos la fuerza de tu Espíritu para ser profetas de tu amor, encontrando siempre la verdad en las enseñanzas de tu Hijo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

 

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

 

Presentemos al Padre los dones que se convertirán en Pan de vida eterna y Cáliz de eterna salvación, y junto con ellos, nuestras vidas y nuestras cosas, para que todo quede consagrado a Él.

 

Al término del “Lavatorio de Manos” y cuando el celebrante vuelve al centro del altar y antes de la oración siguiente, se hace poner de pie a la asamblea

 

DIÁLOGO DEL PREFACIO:

Al iniciarse el Prefacio (antes de “El Señor esté con vosotros”)

 

Sabemos que Jesucristo está presente en medio nuestro, y por ello unamos nuestros corazones y nuestras voces para dar gracias a nuestro Padre del Cielo por este don inmenso de su amor.

 

COMUNIÓN:

 

El Señor nos ha llamado a ser sus profetas, pero no nos abandona a nuestras fuerzas en esta tarea: Él mismo ha querido ser nuestro alimento que ahora se nos ofrece en la Eucaristía.

 

COMUNIÓN ESPIRITUAL:

Al término de la distribución de la comunión.

 

Hermanos:

Todos aquellos que no han podido acercarse a recibir a Jesús Sacramentado, pueden hacer la Comunión Espiritual rezando la siguiente oración:

 

Creo Señor mío que estás realmente presente

en el Santísimo Sacramento del altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo

ardientemente recibirte dentro de mi alma;

pero, no pudiendo hacerlo  ahora sacramentalmente,

ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si te hubiese recibido, me abrazo

y me uno todo a Ti;

Oh Señor, no permitas que me separe de Ti.

Amén.

 

DESPEDIDA:

 

Esta Eucaristía tiene que haber significado para nuestras vidas un nuevo impulso evangelizador; el mismo Señor nos ha elegido para ser sus profetas y nos ha enviado a proclamar su Palabra, a comunicarla sin miedo y con mucho amor.

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