Lecturas del Domingo XIX del tiempo ordinario – Ciclo B [Vídeo]

Domingo XIX del tiempo ordinario

Lecturas del Domingo XIX del tiempo ordinario – Ciclo B

EL CAMINO PARA CREER EN JESÚS

 

Jesús repite cada vez de manera más abierta que viene de Dios para ofrecer a todos un alimento que da vida eterna. La gente que lo conoce no puede seguir escuchando algo tan escandaloso sin reaccionar.

¿Cómo puede decir que viene de Dios? Nosotros también podemos tener una reacción semejante: ¿Cómo podemos creer que en Jesús se haya encarnado el Misterio insondable de Dios?

Jesús irá indicando el camino que deben seguir sus discípulos para que lleguen a conocer su verdadera identidad, ya que presupone que nadie puede creer en Él si no se siente atraído por su persona. Pero, además, Jesús les advierte de algo muy importante:”Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado”.

La atracción hacia Jesús la produce Dios mismo. El Padre que lo ha enviado al mundo despierta nuestro corazón para que nos acerquemos a Jesús con gozo y confianza, superando dudas y resistencias. Por eso hemos de escuchar la voz de Dios en nuestro corazón y dejarnos conducir por él hacia Jesús.

Dejarnos enseñar dócilmente por ese Padre, Creador de la vida y Amigo del ser humano: “Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí”.

Las palabras de Jesús nos invitan a vivir una experiencia diferente. La conciencia no es sólo el lugar recóndito y privilegiado en el que podemos escuchar la Ley de Dios.

Si en lo íntimo de nuestro ser, nos sentimos atraídos por lo bueno, lo hermoso, lo noble, lo que hace bien al ser humano, lo que construye un mundo mejor, fácilmente nos sentiremos invitados por Dios a sintonizar con Jesús. Es el mejor camino para creer en él. La fe y la confianza se despiertan en nosotros cuando nos sentimos atraídos por alguien que nos hace bien y nos ayuda a vivir.

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

 1ª LECTURA

Lectura del primer libro de los Reyes 19,4-8

En aquellos días, Elías continuó por el desierto una jornada de camino, y al final se sentó bajo una retama, y se deseó la muerte diciendo:

– Basta ya, Señor, quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres.

Se echó debajo de la retama y se quedó dormido. De pronto un ángel lo tocó y le dijo:

– Levántate, come.

Miró Elías y vio a su cabecera un pan cocido en las brasas y una jarra de agua. Comió, bebió y volvió a echarse. Pero el ángel del Señor le tocó por segunda vez diciendo:

– Levántate, come, que el camino es superior a tus fuerzas.

Se levantó Elías, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches, hasta el Horeb, el monte de Dios.

Palabra de Dios

 

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

El profeta Elías se siente desanimado y cansado porque no ve el fruto de su esfuerzo: el pueblo, al que ha dirigido sus mensajes proféticos, permanece en la idolatría. Se encuentra solo y fracasado hasta el punto de desearse la muerte. En esta situación Dios le ofrece su ayuda con el alimento y lo anima a seguir adelante prometiéndole que El mismo le acompañará.

SALMO

Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

  • Bendigo al Señor en todo momento,
    su alabanza está siempre en mi boca.
    Mi alma se gloría en el Señor:
    que los humildes lo escuchen y se alegren. R:
  • Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
    ensalcemos juntos su nombre.
    Yo consulté al Señor y me respondió;
    me libró de todas mis ansias. R:
  • Contempladlo y quedaréis radiantes,
    vuestro rostro no se avergonzará.
    Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
    y lo salva de sus angustias. R:
  • El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles, y los protege.
    Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él. R:

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4,30_5,2

Hermanos:

No pongáis triste al Espíritu Santo. Dios os ha marcado con él para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave olor.

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

   El apóstol Pablo les dice a los cristianos de Éfeso y a nosotros que no pongamos triste al Espíritu, porque Dios nos ha marcado para Él, sellándonos con su Espíritu.

El Espíritu que habita en nosotros nos ayudará a ser buenos y comprensivos, perdonándonos unos a otros y viviendo en el amor.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 6,41-51

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían:

– «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?».

Jesús tomó la palabra y les dijo:
– «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día.

Está escrito en los profetas: ‘Serán todos discípulos de Dios’.

Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre.

Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

Palabra de Dios 

 

COMENTARIO AL EVANGELIO

Para aceptar a Jesús hay que abrir de par en par las puertas de la fe, dejándonos llevar por Dios, a través de su Palabra, de los acontecimientos, de la oración. Bajo la luz de la fe veremos con claridad que Jesús es el pan de Vida bajado del cielo. Así tenemos a nuestro alcance la fuerza para recorrer el camino de Dios.

 

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

 

ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS EN LA CONCIENCIA

Jesús dice: “Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre”. “El que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí”.

La incredulidad empieza a brotar en nosotros desde el mismo momento en que empezamos a organizar nuestra vida de espaldas a Dios que va quedando ahí como algo poco importante que se arrincona en algún lugar olvidado de nuestra vida.

Es fácil entonces vivir ignorando a Dios. Incluso los que nos decimos creyentes estamos perdiendo capacidad para escuchar a Dios. No es que Dios no hable ya en el fondo de nuestras conciencias, es que, llenos de ruido y autosuficiencia, no sabemos ya percibir su presencia callada en nosotros. Estamos arrojando a Dios de nuestro corazón.

Nos resistimos a escuchar su llamada. Nos ocultamos de su mirada amorosa. Preferimos “otros dioses” con quienes vivir de manera más cómoda y menos responsable. Sin embargo, sin Dios en el corazón quedamos como perdidos. Ya no sabemos de dónde venimos ni hacia dónde vamos. No reconocemos qué es lo esencial y qué lo poco importante.

Nos cansamos buscando seguridad y paz, pero nuestro corazón sigue inquieto e inseguro. Se nos ha olvidado que la paz, la verdad y el amor despiertan en nosotros cuando nos dejamos guiar por Dios. Todo cobra entonces nueva luz. Todo se empieza a ver de manera más amable y esperanzada.

El Concilio Vaticano II habla de la “conciencia” como “el núcleo más secreto” del ser humano, el “sagrario” en el que la persona “se siente a solas con Dios”, un espacio interior donde “la voz de Dios resuena en su recinto más íntimo”. Bajar hasta el fondo de esta conciencia, para escuchar los anhelos más nobles del corazón, es el camino más sencillo para escuchar a Dios. Quien escucha esa voz interior se sentirá atraído hacia Jesús.