Lecturas diarias – 14 de Octubre

Lecturas diarias – 14 de Octubre – Ciclo C año par

Carta de San Pablo a los Efesios 1,11-14.
Hermanos:
En Cristo hemos sido constituidos herederos, y destinados de antemano -según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad-
a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo, para alabanza de su gloria.
En él, ustedes, los que escucharon la Palabra de al verdad, la Buena Noticia de la salvación, y creyeron en ella, también han sido marcados con un sello por el Espíritu Santo prometido.
Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia y prepara la redención del pueblo que Dios adquirió para sí, para alabanza de su gloria.

Salmo 33(32),1-2.4-5.12-13.
Aclamen, justos, al Señor:
es propio de los buenos alabarlo.
Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas.

Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor.

¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia!
El Señor observa desde el cielo
y contempla a todos los hombres.

Evangelio según San Lucas 12,1-7.
Se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: “Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.
No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido.
Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas.
A ustedes, mis amigos, les digo: No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más.
Yo les indicaré a quién deben temer: teman a quel que, despues de matar, tiene el poder de arrojar a la Gehena. Sí, les repito, teman a ese.
¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos.
Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros.”

 

 

 

 

Lecturas diarias – 14 de octubre – Ciclo C, año impar
Feria o Memoria libre – Verde / Rojo
Romanos 1, 1-7 / Lucas 11, 29-32
Salmo responsorial Sal 97, 1-4
R/. “¡El Señor manifestó su victoria!”

Santoral:

San Calixto I, Papa y mártir
La bondad no hace alarde

Durante el verano la familia
se iba casi todos los días a la playa.
A diario los niños veían a una viejecita
que buscaba algo en la arena.
Le fueron tomando confianza.
Ella sólo les regalaba una sonrisa.
Los papás se sintieron un poco molestos
porque no les inspiraba confianza.
Hasta que un buen día la viejecita dejó de ir a la playa.
Y recién se descubrió que la mujer,
en un intento de hacer algo que valiese la pena,
recogía restos de vidrios para que los niños no se cortasen
y pudiesen corretear felices.

Hay muchas maneras de sentir la alegría y la felicidad.
La mejor felicidad no es el reconocimiento,
sino el bien que generosamente hagas.
Aunque los demás no se den cuenta.

La mejor felicidad es hacer el bien por el bien mismo.
No es la que cobras y te pagan al día,
sino la que los demás ignoran pero tu corazón reconoce.
La mejor felicidad no es
la que se publica en las primeras páginas,
sino la que tú escribes en las páginas de tu corazón.
La mejor felicidad es fruto de aquella bondad
que nadie conoce hasta que sienten su falta.

Hay muchos que buscan nada más
que las alabanzas de los demás.
Ellos nunca sienten felicidad por lo que hacen.
Ellos se alegran por lo que reciben.
Tu mejor inversión es la que nunca vas a cobrar
de los niños que juegan en la playa.
Sentirte feliz por lo que haces ya es suficiente recompensa.

¿Por qué esperar siempre a que los demás
cumplan con su deber para que tú
puedas hacer el bien ahora mismo?
¿Por qué tener que institucionalizar
siempre el hacer el bien?
Esto le toca a aquel y esto le toca al otro.
La bondad es algo más que cumplir con las instituciones.
Es fruto del corazón
que está siempre por encima de todo.

¿Por qué para hacer un favor
debo esperar a que tú me lo hayas pedido?
Con la bondad no se trafica.
No se compra ni se vende.
Si Cristo esperase justificar su muerte,
creo que para estas horas
estaría gozando de muy buena salud.

El día que no tengas nada que hacer vete a la playa
y recoge lo que puede ser un peligro para los demás.
Luego date un fresco baño.
Verás qué rica te sabe el agua
lavando el sudor de tu generoso servicio.

Clemente Sobrado C.P.

Liturgia – Lecturas del día

Lunes, 14 de Octubre de 2013

Por Cristo hemos recibido la gracia y la misión apostólica
a fin de conducir a la obediencia de la fe
a todos los pueblos paganos
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Roma
1, 1-7

Carta de Pablo, servidor de Jesucristo, llamado para ser Apóstol, y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios, que Él había prometido por medio de sus Profetas en las Sagradas Escrituras, acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor,
nacido de la estirpe de David
según la carne,
y constituido Hijo de Dios con poder
según el Espíritu santificador,
por su resurrección de entre los muertos.
Por Él hemos recibido la gracia y la misión apostólica,
a fin de conducir a la obediencia de la fe,
para gloria de su Nombre,
a todos los pueblos paganos,
entre los cuales se encuentran también ustedes,
que han sido llamados por Jesucristo.
A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos, lleguen la gracia y la paz, que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 97, 1-4

R. ¡El Señor manifestó su victoria!

Canten al Señor un canto nuevo,
porque Él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria. R.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
¡Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos. R.

EVANGELIO

A esta generación no le será dado otro signo que el de Jonás

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Lucas
11, 29-32

Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Ésta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay Alguien que es más que Salomón.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay Alguien que es más que Jonás».

Palabra del Señor.

Reflexión

Rom. 1, 1-7. En la Primera Alianza el Siervo de YHWH, elegido por Dios, debería estar dispuesto a escuchar la Palabra del Señor y a ponerla en práctica, y a proclamarla a todos, asumiendo todos los riesgos que le vinieran por realizar dicho anuncio.
Por la fe nosotros somos Siervos de Cristo Jesús. Quienes lo hemos aceptado como Señor jamás debemos de perder nuestra relación personal con Él. Debemos, como discípulos, estar a los pies del Maestro, pendientes de lo que Él nos pida y dispuestos a cumplir en todo su voluntad.
Sin embargo no sólo nos quiere obedientes en una vida de servicio a Él mediante el culto; no sólo espera de nosotros una vida de hijos en el Hijo, santificados por el Espíritu Santo. Revestidos de Cristo, y hechos partícipes de su mismo Espíritu, Él nos ha elegido para ser Misioneros, de tal forma que la Salvación que procede del Evangelio, llegue a todos los pueblos mediante la proclamación que hagamos del Él, tanto con las palabras como, sobre todo, con nuestro ejemplo.
Cumplamos, con amor, la Misión que tenemos como Iglesia de Cristo, de proclamar la Buena Nueva de salvación a todas las naciones.

Sal. 98 (97). Mediante el Misterio Pascual de Cristo, Dios se ha levantado victorioso sobre la serpiente antigua, o Satanás. Esa victoria debe ser nuestra victoria, de tal forma que, quienes creemos en Cristo, en adelante ya no vivamos como esclavos del Pecado, sino que nos manifestemos como hijos de Dios, santificados por Él.
El Señor nos ha elegido y enviado para dar a conocer su victoria salvadora a todas las naciones. Es responsabilidad de la Iglesia el trabajar denodadamente para que esa Misión se cumpla constantemente; pues mientras alguien viva lejos del Señor, no podemos descansar no sólo en anunciarle con los labios, sino en ser un testimonio vivo ante él, del amor que Dios tiene a todos.

Lc. 11, 29-32. Jonás proclamó a los Ninivitas la necesidad de la conversión para recibir el perdón de Dios. Él, a pesar de su rebeldía, se convierte en un signo de Cristo, enviado a salvar a la humanidad. Efectivamente, Jesús inicia su predicación del Reino diciendo: El plazo se ha cumplido. El Reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el Evangelio. Y Él nos dio numerosas pruebas de que es el Hijo de Dios, que se ha hecho el Dios-con-nosotros.
Jonás, enviado a un pueblo de gentiles, los invita a volver a Dios; y al ver Dios cómo se arrepentían de su mala vida, tuvo compasión de ellos, pues Dios quiere que todos los hombres, sin distinción, se salven y participen de su Gloria.
En Jesús se llevan a cabo, de modo perfecto, estas expectativas, pues Él, cumplida su misión aquí en la tierra, enviará a sus Apóstoles a todo el mundo para que todos conozcan el Evangelio y hagan suya la Salvación que Dios ofrece a todos.
Dios nos ha convocado en esta Eucaristía para confiarnos el anuncio del Evangelio que nos salva. Él no se fija en nuestra vida pasada, pues nosotros, que nos hemos de convertir no sólo en aquellos que proclamen el Evangelio con los labios, sino que dan testimonio del mismo con una vida recta, hemos de ser los primeros que en ser perdonados, santificados y llenos del Espíritu de Dios.
Por eso, a esta Eucaristía venimos con el compromiso de entrar en comunión de Vida con Cristo. Él nos convertirá en un Evangelio viviente de su amor para todas las gentes. Al volver a nuestras actividades diarias hemos de ir como testigos de la fe que profesamos en Cristo, viviendo con mayor honestidad en medio de las realidades en que se desarrolle nuestra existencia.
La Iglesia de Cristo no puede vivir una fe de élites. La fe no está encadenada a alguna cultura, ni a un determinado estrato social, ni a grupos apostólicos dentro de la misma Iglesia.
Dios, que llama a toda la humanidad a la salvación, ha unido a sí a la Iglesia para convertirla en un signo perenne de su amor entre nosotros. Es a la Iglesia a quien compete continuar proclamando el Nombre de Dios a todos los pueblos. No puede anquilosarse en una mirada apostólica narcisista, traicionando así la Misión universal que el Señor le ha confiado. Por eso, quienes creemos en Cristo debemos, como Él, esforzarnos por llamar a todos a la conversión y a la aceptación en su vida de la Vida que procede de Dios, y de su Espíritu que habitará en el corazón del creyente como en un templo.
Nuestro anuncio del Evangelio no consistirá sólo en palabras, pues, aun cuando éstas son necesarias, sin embargo debemos dar testimonio de que esa Palabra ha sido eficaz en nosotros y nos ha salvado, nos ha liberado de nuestras esclavitudes al mal y nos hace caminar como criaturas renovadas en Cristo, capaces de amar, de ser misericordiosos, de ser constructores de la paz, y de ser solidarios con los que sufren enfermedades y pobrezas, para ayudarles a vivir con mayor dignidad. Entonces comprobarán que el Evangelio, en realidad, nos transforma, y puede darnos un nuevo modo de caminar como personas perfectas en Cristo; y podremos decidir, con mayor fundamento, nuestro seguimiento al Señor.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de proclamar su Nombre con una vida intachable, preocupándonos de que su amor llegue a todas las gentes. Amén.

Homiliacatolica.com

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