Lecturas diarias: 2 de Julio – XIII Domingo del tiempo ordinario

Lecturas diarias: 2 de Julio – Ciclo A

LA HOJA DE RUTA DEL SEGUIDOR DE JESÚS

Lo más importante en la vida de todo cristiano es el encuentro personal y la identificación total con Él, todo lo demás queda relativizado. Jesús nos ofrece un valor superior, el valor del Reino de Dios, que nos abre un campo nuevo e inmenso al amor y a las relaciones humanas, que no han de reducirse sólo al ámbito personal, sino que tienen que abrirse con un horizonte universal y generoso de la implantación del Reino. Jesús propone siempre una liberación de todo lo que deshumaniza, su propuesta requiere atención, esfuerzo, renuncia de lo que esclaviza, para ganar libertad, alegría y humanidad. Tomar cada uno su cruz significa amar y vivir como lo hizo Jesús. Él nos propone un cambio en la escala de valores, nos propone asumir la vida en su totalidad con sus alegrías y sus penas, cuando tenemos salud y cuando estamos enfermos, en las satisfacciones y en las contrariedades, dando a todo el sentido necesario para crecer, madurar y caminar hacia nuestro ideal y destino definitivos.

 

 

 

 

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DE LA FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI/A

 

1ª LECTURA

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16a

Un día pasaba Eliseo por Sunam, y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer. Y, siempre que pasaba por allí, iba a comer a su casa. Ella dijo a su marido:
-«Me consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia pasa por nuestra casa. Vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y así, cuando venga a visitarnos, se quedará aquí.» Un día llegó allí, entró en la habitación y se acostó.
Dijo a su criado Guejazi:
-«¿Qué podríamos hacer por ella?» Guejazi comentó:
-«Qué sé yo. No tiene hijos, y su marido es viejo.»
Eliseo dijo:
-«Llámala.»
La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo:
-«El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo.» Palabra de Dios.

 

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

El libro de los Reyes nos relata un episodio en el que Dios recompensa a una familia Sunamita por su hospitalidad con el profeta Eliseo. Dios le permite a la mujer superar la mayor desgracia que podía tener una mujer de su tiempo: ser estéril. La actitud de hospitalidad y servicio con los necesitados y marginados que no pueden pagarte tus favores, da fruto y es recompensada por Dios.

Salmo responsorial
Sal 88, 2-3. 16-17. 18-19 (R.: 2a)
R. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,                                  anunciaré tu fidelidad por todas las edades.                                          Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,                                          más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:                                                    camina, oh Señor, a la luz de tu rostro;                                                                      tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo. R.

Porque tú eres su honor y su fuerza,                                                                                  y con tu favor realzas nuestro poder.                                                        Porque el Señor es nuestro escudo,                                                                   y el Santo de Israel nuestro rey. R.

2ª LECTURA

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-11

Hermanos:
Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. Principio del formulario

Palabra de Dios Final del formulario

 

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Pablo nos recuerda que la mayor recompensa que podemos recibir los cristianos, unidos a Cristo por nuestro bautismo, es resucitar con Él. Si morimos al pecado, nuestra recompensa será vivir para siempre resucitados.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
-«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.» Palabra de Dios Final del formularioPrincipio del formulario

COMENTARIO AL EVANGELIO

Jesús nos trae hoy un doble mensaje. En el primero afirma la radicalidad que supone ser seguidor suyo; el segundo es la promesa de una recompensa para quienes reciben a sus enviados, aún al más pequeño.

 

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

 

CRISTIANOS DE PUERTAS ABIERTAS

Jesús siempre debe ser nuestro modelo, debemos seguir su ejemplo, sus criterios, sus valores, su coherencia, debemos intentar vivir como Él vivió. Es muy importante la llamada evangélica a la hospitalidad, a la acogida y a la solidaridad. Acoger que es abrir puertas, escuchar, dialogar, dar nuestro tiempo, nuestra ayuda, nuestra amistad.

La mayoría de las veces lo que los demás esperan y necesitan de nosotros no son milagros, ni gestos solemnes, sino un detalle, una atención, una mano tendida, una palabra amable… Es verdaderamente rica la persona que es capaz de regalar algo de sí mismo a los demás. Jesús nos invita a dar sin buscar recompensa, sin esperar nada a cambio.

Anunciar la Buena Noticia es una tarea en la que todos estamos implicados. Lo que nos caracteriza como cristianos no es un libro ni una doctrina ni la mera proclamación verbal de un mensaje, sino la adhesión a la persona de Jesucristo. ¿Son acogedoras nuestras familias y nuestras comunidades? ¿Soy yo persona acogedora? ¿Nuestras iglesias son lugares de encuentro y acogida?

 

 

 

 

Martes, 2 de julio de 2013 – Ciclo C
Semana 13ª durante el año
Feria – Verde
Génesis 19, 15-29 / Mateo 8, 23-27
Salmo responsorial Sal 25, 2-3. 9-12
R/. “¡Tu amor está siempre ante mis ojos, Señor!”

Santoral:
Nuestra Señora del Huerto, San Otón de Bamberg,
San Martiniano, San Procesio
y Beata Eugenia Joubert

Yo te escucho…

“Llámame cuando estés angustiado,
Yo te libraré y tú me honrarás.”

Que frase tan potente de Dios.
Todo lo que Dios dice tiene poder.
Cada una de sus palabras
tiene fuerza y eternidad.
Pero esta frase tiene un sabor adicional.

Es Dios mismo quien está hablando
y nos dice que podemos llamarlo
cuando estamos angustiados.
En esta era de las comunicaciones,
a veces no podemos llamar a quien queremos:
El locutorio está lleno, el celular está sin batería,
el Skype no nos funciona, el teléfono da ocupado,
o no quieren atendernos.

Sin embargo con Dios no pasa eso.
Él está siempre atento y dispuesto a escucharnos.
Nos ofrece su oído permanente
para cada situación de la vida,
y en especial cuando estamos tristes.
Cuando estamos cargados con problemas
y no vemos soluciones.
Si hoy tu día es gris, Dios te ofrece que le cuentes.

Y lo más maravilloso del asunto,
es que no sólo nos ofrece escucharnos
sino que además, nos promete una solución.
Él promete librarnos de la angustia.
Él promete ayudarnos.

Cuando te levantes en esos días
que todo parece peor, cuando los problemas
siempre suman pero nunca restan,
cuando te pesa el cuerpo de tanta angustia
y no podemos dar otro paso,
cuando tu problema sea tan largo,
que piensas que es eterno,
Dios vuelve a decirte:
“Yo te escucho y Yo te ayudo”.

El poder de Dios no tiene límites,
pero muchas veces somos nosotros
los que lo limitamos.
Él quiere ayudarnos, Él quiere librarnos
de la angustia del problema que tenemos.
Él tiene el poder de hacerlo.

Liturgia – Lecturas del día

Martes, 2 de Julio de 2013

El Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego

Lectura del libro del Génesis
19,15-29

Cuando el Señor decidió destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra, los ángeles instaron a Lot, diciéndole: «¡Vamos! Saca a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, para que no seas aniquilado cuando la ciudad reciba su castigo». Como él no salía de su asombro, los hombres lo tomaron de la mano, lo mismo que a su esposa y a sus dos hijas, y lo sacaron de la ciudad para ponerlo fuera de peligro, porque el Señor tuvo compasión de él.
Después que lo sacaron, uno de ellos dijo: «Huye, si quieres salvar la vida. No mires hacia atrás, ni te detengas en ningún lugar de la región baja. Escapa a las montañas, para no ser aniquilado».
Lot respondió: «No, por favor, Señor mío. Tú has sido bondadoso con tu servidor y me has demostrado tu gran misericordia, salvándome la vida. Pero yo no podré huir a las montañas, sin que antes caigan sobre mí la destrucción y la muerte. Aquí cerca hay una ciudad -es una población insignificante- donde podré refugiarme. Deja que me quede en ella, ya que es tan pequeña, y así estaré a salvo».
Entonces El le respondió: «Voy a complacerte una vez más: no destruiré la ciudad de la que hablas. Pero apúrate; refúgiate en ella, porque no podré hacer nada hasta que llegues allí». Por eso la ciudad recibió el nombre de Soar, que significa “pequeño poblado”.
Cuando el sol comenzó a brillar sobre la tierra, Lot entró en Soar.
Entonces el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego que descendían del cielo. Así destruyó esas ciudades y toda la extensión de la región baja, junto con los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo. Y como la mujer de Lot miró hacia atrás, quedó convertida en una columna de sal.
A la madrugada del día siguiente, Abraham regresó al lugar donde había estado en la presencia del Señor. Cuando dirigió su mirada hacia Sodoma, Gomorra y toda la extensión de la región baja, vio un humo que subía de la tierra, como el humo de un horno.
Así, cuando Dios destruyó las ciudades de la región baja, se acordó de Abraham, librando a Lot de la catástrofe con que arrasó las ciudades donde él había vivido.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 25, 2-3. 9-12

R. ¡Tu amor está siempre ante mis ojos, Señor!

Examíname, Señor, y pruébame,
sondea hasta lo más intimo de mi ser;
porque tu amor está siempre ante mis ojos,
y yo camino en tu verdad. R.

No me incluyas entre los pecadores
ni entre los hombres sanguinarios:
ellos tienen las manos llenas de infamia,
y su derecha está repleta de sobornos. R.

Yo, en cambio, procedo íntegramente:
líbrame y concédeme tu gracia.
Mis pies están firmes sobre el camino llano,
y en la asamblea bendeciré al Señor. R.

EVANGELIO

Levantándose. increpó al viento y al mar
y sobrevino una gran calma

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
8, 23-27

Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. Acercándose a Él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: «¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!»
Él les respondió: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?» y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma.
Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?»

Palabra del Señor.

Reflexión

Geb 19,15-29: El castigo de Dios sobre las ciudades de Sodoma y Gomorra se ha convertido en el prototipo de castigo contra la corrupción y la maldad.
La destrucción de estas ciudades, que se hallaban cerca del Mar Muerto, seguramente se debe a algún fenómeno natural: el fuego, un terremoto o, tal vez, una erupción, en un terreno que presenta características de tipo volcánico. Pero la intención religiosa del Génesis lo atribuye toda al juicio de Dios, que condena la maldad de sus habitantes. Así sucede muchas veces en la Biblia, como cuando se justifica la destrucción de Babel o de Babilonia o de Jerusalén.
La tradición de la «estatua de sal», en la que se ha convertido la esposa de Lot, probablemente también se originó en alguna caprichosa formación rocosa y salina de la zona, interpretada popularmente como la figura de una mujer. Aquí se presenta como consecuencia de haber «vuelto la mirada atrás», cosa que el ángel les había prohibido.
Si queremos salvarnos, debemos abandonar Sodoma, nuestra particular vida de pecado o de vida superficial.. A Lot y a su familia les costó decidirse. Se tuvieron que poner fuertes los ángeles enviados por Dios, porque no estaban convencidos de que necesitaran ser salvados. La mujer cayó en la tentación de mirar atrás. Siempre nos puede la comodidad, la costumbre, la inercia. El mismo Jesús nos dio el aviso, invitándonos a la fidelidad y a la decisión: «Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará» (Lc 17,32-33).
Estamos en medio de un mundo que, ciertamente, no nos ayuda a vivir en cristiano, sin llegar siempre a la depravación moral de Sodoma, y sus criterios van a menudo en dirección contraria al evangelio.
En nuestra lucha contra el mal y en nuestro seguimiento de Cristo, deberíamos ser más decididos. Jesús nos advirtió más de una vez que no miráramos atrás: «nadie que pone su mano en el arado y vuelve la vista atrás, es apto para el Reino de Dios» (Lc 9,62).
No vaya a ser que merezcamos el reproche que Jesús hizo a sus contemporáneos: «y tú, Cafarnaúm, te hundirás: porque, si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy» (Mt 11,23).

J. Aldazabal
Enséñame tus Caminos

Mateo 8,23-27: De hoy al jueves escuchamos otra serie de milagros de Jesús: hoy, el de la tempestad calmada.
En el lago de Genesaret se forman con frecuencia grandes temporales (la palabra griega «seismós megas» apunta a un «gran seísmo», a un maremoto). Los apóstoles quedaron aterrorizados, a pesar de estar avezados en su oficio de pescadores.
Despiertan a Jesús, que sigue dormido -debe tener un gran cansancio, un sueño profundo y una salud de hierro- con una oración bien espontánea: «Señor, sálvanos, que nos hundimos». Y quedan admirados del poder de Jesús, que calma con su potente palabra la tempestad: «¿quién es éste? hasta el viento y el agua le obedecen».
Seguir a Jesús no es fácil, nos decía él mismo ayer. Hoy, el evangelio afirma brevemente que cuando él subió a la barca, «sus discípulos lo siguieron»; pero eso no les libra de que, algunas veces en su vida, haya tempestades y sustos.
También en la de la Iglesia, que, como la barca de los apóstoles, ha sufrido, en sus dos mil años de existencia, perturbaciones de todo tipo, y que no pocas veces parece que va a la deriva o amenaza naufragio.
También en nuestra vida particular hay temporadas en que nos flaquean las fuerzas, las aguas bajan agitadas y todo parece llevarnos a la ruina.
¿Mereceríamos alguna vez el reproche de Jesús: «cobardes, ¡qué poca fe tenéis!»?
Cuando sabemos que Cristo está en la barca de la Iglesia y en la nuestra; cuando él mismo nos ha dicho que nos da su Espíritu para que, con su fuerza, podamos dar testimonio en el mundo; cuando tenemos la Eucaristía, la mejor ayuda para nuestro camino, ¿cómo podemos pecar de cobardía o de falta de confianza?
Es verdad que también ahora, a veces, parece que Jesús duerme, sin importarle que nos hundamos. Llegamos a preguntarnos por qué no interviene, por qué está callado. Es lógico que brote de lo más íntimo de nuestro ser la oración de los discípulos: «sálvanos, que nos hundimos».
La oración nos debe reconducir a la confianza en Dios, que triunfará definitivamente en la lucha contra el mal. Y una y otra vez sucederá que «Jesús se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma».

J. Aldazabal
Enséñame Tus Caminos