14 de octubre – XXVIII Domingo del Tiempo ordinario

XXVIII Domingo del Tiempo ordinario

14 de octubre – XXVIII Domingo del Tiempo ordinario

EL CAMBIO FUNDAMENTAL EN LA VIDA DEL CRISTIANO

El cambio fundamental al que nos llama Jesús es claro. Dejar de ser unos egoístas que ven a los demás en función de sus propios intereses para atrevernos a iniciar una vida más fraterna y solidaria. Hay algo muy claro en el evangelio de Jesús.

La vida no se nos ha dado para hacer dinero, para tener éxito o para lograr un bienestar personal, sino para hacernos hermanos.

Si pudiéramos ver el proyecto de Dios con la transparencia con que lo ve Jesús y comprender con una sola mirada el fondo último de la existencia, nos daríamos cuenta de que lo único importante es crear fraternidad.

El amor fraterno que nos lleva a compartir lo nuestro con los necesitados es “la única fuerza de crecimiento”, lo único que hace avanzar decisivamente a la humanidad hacia su salvación.

La persona más lograda no es, como a veces se piensa, aquella que consigue acumular más cantidad de dinero, sino quien sabe convivir mejor y de manera más fraterna.

Por eso, cuando alguien se va encerrando en sus propias riquezas e intereses, sin resolver el problema del amor, termina fracasando como persona. Aunque viva observando fielmente unas normas de conducta religiosa, al encontrarse con el Evangelio descubrirá que en su vida no hay verdadera alegría, y se alejará del mensaje de Jesús.

Con frecuencia los cristianos nos instalamos cómodamente en nuestra religión, sin reaccionar ante la llamada del Evangelio y sin buscar ningún cambio decisivo en nuestra vida. Hemos “rebajado” el evangelio acomodándolo a nuestros intereses.

Esa manera de entender el mensaje de Jesús nos deja tristes y sin consuelo verdadero. Si no sabemos dar de lo nuestro al necesitado, algo esencial nos falta para vivir con alegría cristiana.

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

1ª LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 7,7-11

Supliqué y se me concedió la prudencia, invoqué y vino a mí un espíritu de sabiduría. La preferí a los cetros y a los tronos, y en su comparación tuve en nada la riqueza.

No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro a su lado es un poco de arena, y junto a ella la plata vale lo que el barro. La preferí a la salud y a la belleza, me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso.

Todos los bienes juntos me vinieron con ella, había en sus manos riquezas incontables.

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

Hay una sabiduría con mayúscula que no se aprende en los libros, sino que viene de Dios; procede de un corazón recto y tiene su origen en la humildad del hombre y en la grandeza de Dios.

Es una sabiduría que nos permite tener acceso a otros bienes y lo que es más importante, garantiza la amistad divina. Quien se deje guiar por la luz de esta sabiduría está en el camino de Dios.

 

SALMO

Sal 89, 12-13. 14-15. 16-17

R. Sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

  • Enséñanos a calcular nuestros años,
    para que adquiramos un corazón sensato.
    Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
    Ten compasión de tus siervos. R:
  • Por la mañana sácianos de tu misericordia,
    y toda nuestra vida será alegría y júbilo;
    danos alegría por los días en que nos afligiste,
    por los años en que sufrimos desdichas. R:
  • Que tus siervos vean tu acción
    y sus hijos tu gloria.
    Baje a nosotros la bondad del Señor
    y haga prósperas las obras de nuestras manos. R:

 

2ª LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 4,12-13

La Palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseos e intenciones del corazón. Nada se oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de Aquél a quien hemos de rendir cuentas.

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

La sabiduría con mayúscula nos lleva a aceptar la Palabra de Dios como único camino de salvación y nos exige vivir según la voluntad de Dios. La Palabra de Dios nos interpela, nos juzga, porque no es una Palabra angelical, sino viva y tajante. La Palabra de Dios nos guía, nos alienta y nos anima.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,17-30

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó:
– Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
Jesús le contestó:

– ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios.

Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.

Él replicó:
– Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.

Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo:
– Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.

Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
– ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!

Los discípulos se extrañaron de estas palabras.

Jesús añadió:
– Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios.

Ellos se espantaron y comentaban:
– Entonces, ¿quién puede salvarse?

Jesús se les quedó mirando y les dijo:
– Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.
[Pedro se puso a decirle:
– Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.

Jesús dijo:
– Os aseguro, que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura vida eterna.]

Palabra de Dios 

 

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

Para Jesús la riqueza y la prosperidad material encierran un gran peligro, ya que llevan a olvidarse de Dios y confiar solamente en el esfuerzo personal.

Jesús pide a los que quieran seguirle que tienen que desposeerse de todo lo que les ata en esta vida, pues solamente así estará en condiciones de aceptarle de modo pleno y total, tienen que dejar de acaparar y comenzar a compartir lo que tienen con los demás.

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

         SOMOS BUENAS PERSONAS, PERO ¿SOMOS BUENOS CRISTIANOS?

Cualquiera puede responder que ser buen cristiano es cumplir los mandamientos. Así le ocurría al personaje del Evangelio y así nos puede ocurrir a nosotros. Con frecuencia nos decimos y decimos a los demás que somos buenas personas, que no hacemos nada grave o importante de lo que nos tengamos que arrepentir. Y nos quedamos con ello satisfechos, aunque sea una actitud conformista y mediocre. Pero, ¿es eso ser buen cristiano? ¿Acaso los mandamientos, –al menos la mayoría–, no son pautas de comportamiento comunes a todos los hombres, incluso a los no creyentes?

Lo que diferencia realmente a un cristiano de quien no lo es, es que tiene su corazón puesto en el Señor y sólo el Señor es el sumo bien, el mayor tesoro, la auténtica riqueza, lo único bueno, lo único que le hace feliz, su única fuerza.

Para muchos cristianos Dios no es lo único bueno, ni es nuestra única riqueza, ni nuestra única seguridad. Hay muchas cosas que consideramos tan buenas como Dios y en las que buscamos nuestra seguridad y nuestra felicidad: el dinero, el poder, la fama, el tener y seguir acumulando para que nunca nos falte.

No es malo tener dinero, ni bienes materiales, lo malo es aferrarse a ellos, tenerlos como un dios, guardarlos para uno solo y apoyarse en ellos como lo único que nos da seguridad y nos hace felices.