Guión Domingo III° de Adviento

DOMINGO IIIº DE ADVIENTO

PREPARACIÓN:
Antes de la salida del celebrante
Celebramos hoy el domingo tercero de Adviento, denominado “Gaudete”, por la primera palabra de la antífona de entrada de este día: “alégrense”, y que es precisamente la invitación anticipada a la alegría y que traduce perfectamente el espíritu tan especial que anima a todo este domingo: “el Señor está a punto de venir en el misterio de la santa Navidad y esto nos llena de gozo.”

AMBIENTACIÓN:
Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial

El encuentro con el Señor es la causa de nuestra alegría; encuentro que nos libra de los temores y nos da paz y serenidad. Y Juan el Bautista hoy nos indica concretamente que, la conversión debe llevarnos a vivir el amor a Dios y al prójimo cumpliendo nuestros deberes, respetando la justicia y practicando la caridad.

1ª. LECTURA:

(So 3, 14-18a)

La Iglesia, la nueva Sión, escucha la invitación del Profeta; invitación a la alegría, porque el Señor está en medio de ella.

SALMO RESP.: (Is 12, 2-6)

R. ¡Aclamemos al Señor con alegría!

2ª. LECTURA: (Flp 4, 4-7)

Pablo nos exhorta a que esperemos la venida del Salvador, en una espera activa, plena de santidad y alegría.

EVANGELIO: (3, 2b-3. 10-18)

En el santo Evangelio, Juan el Bautista nos invita a reflexionar en la preparación a la venida del Señor, como compromiso personal y comunitario de conversión

ORACIÓN DE LOS FIELES:

CELEBRANTE:

Jesús ha venido a traer al mundo la salvación prometida por los profetas y anunciada por Juan el Bautista. En Él hemos conocido el amor total del Padre y hemos creído. Por eso, ahora, con toda confianza, le presentamos nuestra plegaria.

GUÍA: A cada una de las peticiones responderemos orando:

“VEN SEÑOR, Y NO QUIERAS TARDAR MAS”

v Padre santo, al pedirte por la Iglesia y el Santo Padre, para que siendo signo de tu amor en medio de los hombres, sea nuestra guía en la espera gozosa del Señor que viene a salvarnos, te pedimos…

v Padre todopoderoso, para que guiados por nuestro Obispo y todos los que con él cuidan de este pueblo tuyo, en nuestra comunidad se realice una efectiva renovación, según el Espíritu de tu Hijo, te pedimos…

v Señor de la historia, para que todos, en este adviento, busquemos una sincera conversión de nuestras vidas y así construyamos una patria donde verdaderamente reine la justicia, la fraternidad y la solidaridad, te pedimos…

v Dios de todo consuelo, para que cada hermano necesitado, pobre, abandonado, con hambre, enfermo, injustamente marginado, pueda encontrar por nuestras actitudes concretas durante este tiempo, un motivo para seguir esperando, te pedimos…

v Dios rico en misericordia, para que todos los cristianos trabajemos comprometidamente en la conversión y preparación de nuestras vidas, para poder recibir en nuestro corazón al Señor Jesús, que viene a salvarnos, te pedimos…

CELEBRANTE:

Padre, fuente de todo don perfecto, escucha nuestras oraciones, y haz que siguiendo el ejemplo de la Virgen María, recibamos con fe sincera y profunda alegría al Emanuel que viene a salvar a todos los pueblos. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

Este pan y este vino que ahora ofrecemos sobre la mesa del altar, deben ser un ofrecimiento de nuestras propias vidas, para que en ellas, y a partir de este día, nazca realmente el Salvador.

Al término del “Lavatorio de Manos” y cuando el celebrante vuelve al centro del altar y antes de la oración siguiente, se hace poner de pie a la asamblea

DIÁLOGO DEL PREFACIO:

Al iniciarse el Prefacio (antes de “El Señor esté con vosotros”)

Por Cristo hemos conocido a Dios, es decir, la Verdad, la Vida, el Amor; pero Cristo sigue iluminando e impulsando nuestro camino hacia la Luz, hacia la Fiesta. Por eso hoy, solemnemente, demos gracias al Padre.

COMUNIÓN:

Un Niño nos ha nacido, un Hijo se nos ha dado: es el Príncipe de la Paz, que ahora se nos ofrece sacramentado para que también nosotros recibamos la luz que nos conduce hacia la Gloria de Dios.

DESPEDIDA:

Al terminar esta celebración llevemos a nuestros hogares el anuncio de alegría y de paz; pero que esta alegría no nos haga olvidar jamás que la paz se construye en la justicia, en el respeto a los derechos de nuestros hermanos, en la oración profunda y muy especialmente, en la solidaridad con los que sufren.

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