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Guión Domingo de Ramos en la Pasión del Señor – Semana Santa

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor - Semana Santa

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor - Semana Santa

Guión Domingo de Ramos en la Pasión del Señor – Semana Santa – Ciclo B

IDENTIFICADO CON LAS VÍCTIMAS 

     La novedad del mensaje de Jesús era su llamaba a buscar el reino de Dios y su justicia. Ejecutado sin piedad en una cruz, en el rostro desfigurado del Crucificado se nos revela un Dios sorprendente, que rompe nuestras imágenes convencionales de Dios y pone en cuestión toda práctica religiosa que pretenda dar culto a Dios olvidando el drama de un mundo donde se sigue crucificando a los más débiles e indefensos. No podemos separar a Dios del sufrimiento de los inocentes, no podemos adorar al Crucificado y vivir de espaldas al sufrimiento de tantos seres humanos destruidos por el hambre, las guerras o la miseria.

      Dios nos sigue interpelando desde los crucificados de nuestros días. Nos hemos de rebelar contra esa cultura del olvido, que nos permite aislarnos de los crucificados desplazando el sufrimiento injusto que hay en el mundo hacia una «lejanía» donde desaparece todo clamor, gemido o llanto.

       No nos podemos encerrar en nuestra «sociedad del bienestar», ignorando a esa otra «sociedad del malestar». No es humano ni cristiano instalarnos en la seguridad olvidando a quienes solo conocen una vida insegura y amenazada.

       Cuando los cristianos levantamos nuestros ojos hasta el rostro del Crucificado, si lo miramos detenidamente, pronto descubrimos en ese rostro el de tantos otros crucificados que, lejos o cerca de nosotros, están reclamando nuestro amor solidario y compasivo.                                   

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA 

1ª LECTURA
Lectura del libro de Isaías 50,4-7 

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Palabra de Dios 

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA 

    El autordel libro de Isaías pone en boca del Siervo de Yahvé lo que habría de sufrir Jesús en su pasión, -la flagelación, los ultrajes, los salivazos-, poniendo su fe y confianza en el Padre.        

SALMO  
Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24 

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 

        «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre, si tanto lo quiere». R:

         me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. R:

         Pero tú, Señor, no te quedes lejos;  

         fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R:

         Fieles del Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo; 

         temedlo, linaje de Israel. R: 

2ª LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,6-11

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios 

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

       El apóstol Pablo escribe a los cristianos de Filipo para hablarles de Cristo que se rebajó hasta someterse a la muerte, y una muerte de cruz. Cristo no hizo alarde de su categoría de Dios, a pesar de su condición divina, por eso Dios le concedió el nombre sobre todo nombre para que todos proclamemos que Jesucristo es el Señor

EVANGELIO
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 15,1-39

Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los letrados y el sanedrín en pleno, prepararon la sentencia; y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato.
Pilato le preguntó:
– ¿Eres tú el rey de los judíos?
Él respondió:
– Tú lo dices.
Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.
Pilato le preguntó de nuevo:
– ¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.
Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado.
Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre.
Pilato les contestó:
– ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
– ¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?
Ellos gritaron de nuevo:
– Crucifícalo.
Pilato les dijo:
– Pues, ¿qué mal ha hecho?
Ellos gritaron más fuerte:
– Crucifícalo.
Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Los soldados se lo llevaron al interior del palacio -al pretorio- y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
– ¡Salve, rey de los judíos!
Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz.
Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «La Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.
Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor».
Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
– ¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.
Los sumos sacerdotes se burlaban también de él diciendo:
– A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.

También los que estaban crucificados con él lo insultaban.
Al llegar el mediodía toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:
– Eloí, Eloí, lama sabaktaní.
(Que significa:
– Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?)
Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
– Mira, está llamando a Elías.
Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:
– Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.
Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
– Realmente este hombre era Hijo de Dios.

Palabra de Dios  

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO      

Jesús entra en Jerusalén pocos días antes de su pasión. La gente sencilla lo aclama. Mientras “los sumos sacerdotes y los escribas” traman su muerte, porque es alguien molesto, sin embargo la causa de Jesús no acabaría con su muerte. Sus enemigos se equivocaron pensando que matándolo pondrían fin a sus ideas. La última palabra en la historia la tiene Dios y, en este caso, será resucitando a su Hijo. Serán los sencillos los que verán colmadas sus esperanzas. La prepotencia de los poderosos no tiene la última palabra.       

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL 
¡TENEMOS QUE ESTAR CON LOS CRUCIFICADOS! 

      El mundo está lleno de iglesias cristianas presididas por la imagen del Crucificado y está lleno también de personas que sufren, crucificadas por la desgracia, las injusticias y el olvido: enfermos privados de cuidado, mujeres maltratadas, ancianos ignorados, niños y niñas violados, emigrantes sin papeles ni futuro y gente, mucha gente, hundida en el hambre y la miseria.

      Es difícil imaginar un símbolo más cargado de esperanza que esa cruz plantada por los cristianos en todas partes: “memoria” conmovedora de un Dios crucificado y recuerdo permanente de su identificación con todos los inocentes que sufren de manera injusta en nuestro mundo. Esa cruz, levantada entre nuestras cruces, nos recuerda que Dios sufre con nosotros.

A Dios le duele el hambre y tanto sufrimiento del ser humano. En el rostro del Crucificado están marcados el sufrimiento, la soledad, el dolor, la tortura y desolación de tantos hijos e hijas de Dios. No tiene sentido llevar una cruz sobre nuestro pecho, si no sabemos cargar con la más pequeña cruz de tantas personas que sufren junto a nosotros.          


Guión Domingo de Ramos en la Pasión del Señor – Semana Santa – Ciclo A

JESÚS SE IDENTIFICA CON LOS QUE SUFREN

     Jesús llamaba a todos a buscar el reino de Dios y su justicia y solo se preocupaba de aliviar el sufrimiento de los enfermos y desnutridos de Galilea.

En el rostro desfigurado del Crucificado se nos revela un Dios sorprendente, identificado para siempre con todas las víctimas inocentes de la historia, que rompe nuestras imágenes convencionales de Dios y pone en cuestión toda práctica religiosa que pretenda dar culto a Dios olvidando el drama de un mundo donde se sigue crucificando a los más débiles e indefensos.

      Los seguidores de Jesús no podemos adorar al Crucificado y vivir de espaldas al sufrimiento de tantos seres humanos destruidos por el hambre, las guerras o la miseria.

      Dios nos sigue interpelando desde los crucificados de nuestros días. Nos hemos de rebelar contra esa cultura del olvido, que nos permite aislarnos de los crucificados desplazando el sufrimiento injusto que hay en el mundo hacia una «lejanía» donde desaparece todo clamor, gemido o llanto.

       Cuando los cristianos levantamos nuestros ojos hasta el rostro del Crucificado, contemplamos el amor insondable de Dios, entregado hasta la muerte por nuestra salvación. Si lo miramos más detenidamente, pronto descubrimos en ese rostro el de tantos otros crucificados que, lejos o cerca de nosotros, están reclamando nuestro amor solidario y compasivo. 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL DOMINGO DE RAMOS / A

1ª LECTURA
Lectura del libro de Isaías 50,4-7 

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. 

El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. 

El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios.


COMENTARIO A LA 1ª LECTURA   

En este canto del Siervo de Yahvé se plantea el tema del ministerio por la palabra, el de la escucha atenta al designio de Dios, la resistencia ante los sufrimientos y agresiones que acarrea la misión y la confianza absoluta del Siervo en la protección y auxilio que siempre tendrá de Dios.   

Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24 
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 

2ª LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,6-11 

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. 

Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.  

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

      El apóstol Pablo presenta a Cristo despojado de su condición divina que pasó por esta vida haciéndose uno de nosotros y rebajándose hasta aceptar la muerte en la cruz. Por esto proclamamos que Jesús es el Señor.             

EVANGELIO
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 26,14-27,66 

Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó: 
– ¿Eres tú el rey de los judíos? 
Jesús respondió: 
– Tú lo dices. 
Y mientras le acusaban los sumos sacerdotes y los senadores no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó: 
– ¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti? 
Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato: 
– ¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías? 
Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: 
– No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él. 
Pero los sumos sacerdotes y los senadores convencieron a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús. 
El gobernador preguntó: 
– ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? 
Ellos dijeron: 
– A Barrabás. 
Pilato les preguntó: 
– ¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías? 
Contestaron todos: 
– Que lo crucifiquen. 
Pilato insistió: 
– Pues, ¿qué mal ha hecho? 
Pero ellos gritaban más fuerte: 
– ¡Que lo crucifiquen! 
Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia del pueblo, diciendo: 
– Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros! 
Y el pueblo entero contestó: 
– ¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos! 
Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. 
Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía; lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: 
– ¡Salve, rey de los judíos! 

Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. 

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz. 
Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir: «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo.

Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos».

Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban, lo injuriaban y decían meneando la cabeza: 
– Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz. 

Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores se burlaban también diciendo: 
– A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No es el Rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios? 

Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban. 
Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó: 
– Elí, Elí, lama sabaktaní. 
(Es decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). 

Al oírlo algunos de los que estaban por allí dijeron: 
– A Elías llama éste. 
Uno de ellos fue corriendo; enseguida cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los demás decían: 
– Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu. 
Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados: 
– Realmente éste era Hijo de Dios. 

Palabra del Señor.  

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL
EL CAMINO PARA SALVAR AL SER HUMANO

      Para un cristiano, la cruz de Cristo no es un acontecimiento más que se pierde en el pasado. Es el acontecimiento decisivo en el que Dios salva a la humanidad. Por eso, la vida de Jesús entregada hasta la muerte nos revela el camino para liberar y salvar al ser humano. La cruz nos revela además que el amor redime de la crueldad. 

     Muchos dirán que lo importante en una sociedad es la defensa de la democracia y de sus valores, y que el amor no es importante.

El amor es importante y necesario para llegar a ser sencillamente humanos. Se olvida que la misma Ilustración basó la democracia sobre “la libertad, la igualdad y la fraternidad”. Hoy se insiste mucho en la libertad, apenas se habla de igualdad y no se dice nada de la fraternidad. Una democracia sin amor fraterno no llevará a una sociedad más humana.

      La cruz revela también que la verdad redime de la mentira. Se piensa que, para combatir el mal, lo único importante es la eficacia de las estrategias, sin embargo, si no hay voluntad de verdad, si se difunde la mentira o se encubre la realidad, se está obstaculizando el camino hacia la reconciliación. 

      Nuestra sociedad sigue necesitando urgentemente amor y verdad. Indudablemente hemos de concretar sus exigencias entre nosotros. Pero concretar

el amor y la verdad no significa desvirtuarlos o manipularlos, menos aún eliminarlos. Quienes siguen luchando hasta el final por poner amor y verdad en nuestra sociedad generan esperanza, que es lo que en este momento necesitamos 


Guión Domingo de Ramos en la Pasión del Señor – Semana Santa – Ciclo C

¿RECONOCEMOS EN JESÚS A QUIEN NOS SALVA DE NUESTROS MIEDOS?

Con el domingo de Ramos se inicia la Semana Santa que culminará en el domingo de Resurrección: ¡Jesús vive!, y su vida es el triunfo sobre el pecado y la muerte.

Cuando entra Jesús en Jerusalén solemnemente, en la gente se pueden apreciar varias actitudes: están sus discípulos y amigos que, aunque tienen miedo e inseguridades, le preparan el camino por donde va a pasar, le vitorean, le alaban y le reconocen como “el que viene en el nombre del Señor”.

Están los indiferentes y curiosos que se preguntan: ¿Quién es éste?, ¿qué pasa?… pero que no se dejan arrastrar, no se inquietan, no se cuestionan.

Están los enemigos, entre ellos las autoridades religiosas, que son abiertamente hostiles a Jesús, que le rechazan y quieren deshacerse de Él.

Dos mil años después de este acontecimiento en nuestro tiempo se siguen dando las mismas actitudes hacia Jesús.

Están los hostiles que pretenden hacer desaparecer a Dios del mundo, de la historia, del corazón y de la mente de los seres humanos, están los indiferentes que a veces observan con curiosidad lo religioso, pero prefieren ir a lo suyo, no inquietarse ni dejarse cuestionar.

Están los fieles que, a pesar de los miedos y las inseguridades, reconocen a Jesús como el Salvador y le siguen con el deseo de ser cada día un poco mejor.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

1ª LECTURA
Lectura del libro de Isaías 50,4-7

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados.

El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.

El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

El profeta hace un canto al Siervo de Yahvé que está atento a lo que Dios le pide para después transmitirlo con su palabra y su propia vida a aquellos que necesiten ser consolados y fortalecidos.

Él pone toda su confianza en Dios para que le ayude a realizar su misión, la cual no está exenta de persecución y sufrimiento.

SALMO
Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre, si tanto lo quiere». R:

Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. R:

Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R:

Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel. R:

2ª LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,6-11

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

Cristo se ha hecho uno de nosotros. Su encarnación llega hasta el límite. Obediente a Dios Padre y solidario con la humanidad, al hacerse uno de nosotros, le conduce hasta la muerte, y una muerte de cruz.

El Hijo de Dios se vacía de sí mismo, acepta la condición humana y no hace alarde de su categoría divina. El crucificado es exaltado, resucitado por Dios, su Padre.

EVANGELIO
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 22,14_23,56

Y salió Jesús como de costumbre al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo: Orad, para no caer en la tentación.

Él se arrancó de ellos, alejándose como a un tiro de piedra, y, arrodillado, oraba diciendo:
Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz.

Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.
Y se le apareció un ángel del cielo que lo animaba.

En medio de su angustia oraba con más insistencia. Y le bajaba el sudor a goterones, como de sangre, hasta el suelo.

Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la pena, y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en la tentación.

Todavía estaba hablando, cuando aparece gente: y los guiaba el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús.

Jesús le dijo:
Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?

Ellos lo prendieron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor y Pedro se sentó entre ellos.

Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y le dijo:
También éste estaba con él.

Pero él lo negó diciendo:
No lo conozco, mujer.
Poco después lo vio otro y le dijo:
Tú también eres uno de ellos.
Pedro replicó:
Hombre, no lo soy.

Pasada cosa de una hora, otro insistía:
Sin duda, también éste estaba con él, porque es galileo.
Pedro contestó:
Hombre, no sé de qué hablas.

Y estaba todavía hablando cuando cantó un gallo. El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho; «Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces». Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

Cuando se hizo de día, se reunió el senado del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y letrados, y, haciéndole comparecer ante su sanedrín, le dijeron:
Si tú eres el Mesías, dínoslo.

Él les contestó:
Si os lo digo, no lo vais a creer; y si os pregunto, no me vais a responder.
Desde ahora el Hijo del hombre estará sentado a la derecha de Dios todopoderoso.
Dijeron todos:
Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?

Él les contestó:
Vosotros lo decís, yo lo soy.
Ellos dijeron:
¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca.]
El senado del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y letrados, se levantaron y llevaron a Jesús a presencia de Pilato.

Y se pusieron a acusarlo diciendo:
Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey.
Pilato preguntó a Jesús:
¿Eres tú el rey de los judíos?

Él le contestó:
Tú lo dices.
Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba:
No encuentro ninguna culpa en este hombre.
Ellos insistían con más fuerza diciendo:
Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí.

Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días.
Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de él y esperaba verlo hacer algún milagro.

Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato.

Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo:
Me habéis traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y resulta que yo le he interrogado delante de vosotros, y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido: ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré.

Por la fiesta tenía que soltarles a uno. Ellos vociferaron en masa diciendo:
¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás.

(A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.)
Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando:
¡Crucifícalo, crucifícalo!

Él les dijo por tercera vez:
Pues, ¿qué mal ha hecho éste? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un escarmiento y lo soltaré.

Ellos se le echaban encima pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío.
Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.

Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevase detrás de Jesús.

Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él.

Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: «Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado». Entonces empezarán a decirles a los montes: «Desplomaos sobre nosotros», y a las colinas: «Sepultadnos»; porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?

Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.
Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

Y se repartieron sus ropas echándolas a suerte.
El pueblo estaba mirando.
Las autoridades le hacían muecas diciendo:
A otros ha salvado, que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.

Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.

Pero el otro le increpaba:
¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.

Y decía:
Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.
Jesús le respondió:
Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.

Era ya eso de mediodía y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

Y, dicho esto, expiró.
El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios diciendo:
Realmente, este hombre era justo.

Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, habiendo visto lo que ocurría, se volvían dándose golpes de pecho.
Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando.

Palabra de Dios

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

El evangelista Lucas nos invita a contemplar y adorar la misericordia y la compasión de Jesucristo, y a participar de su paciencia.

Cristo aparece como la figura del inocente perseguido. Afronta su propia muerte con serenidad y confianza, como cumplimiento de la voluntad de Dios Padre. Muere en la cruz, como modelo del sufrimiento inocente, venciendo el mal, y llevando a cabo la salvación de la humanidad.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL
CREER EN JESÚS ES COMPROMETERSE

Si ser cristiano es seguir a Jesús, no podemos seguir a otro Jesús que no sea al del Evangelio, comprometido en humanizar la sociedad.

El Evangelio es todo lo contrario de una propuesta individualista e intimista. Jesús nos dice: “Vosotros sois la sal de la tierra… vosotros sois la luz del mundo”; vosotros sois la levadura en la masa. También proclama: “Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia… Dichosos los que trabajan por la paz…

Dichosos los perseguidos por su fidelidad al Evangelio, porque suyo es el Reino de Dios” Recitar en el Padrenuestro “venga a nosotros tu Reino” y mantenerse pasivo ante el cambio social es una hipocresía y, a veces, un disfraz de la comodidad.

Dios quiere que crezca el Reino y nos ha encomendado que seamos sus constructores. El intimismo y el espiritualismo evasivo que lleva al supuesto cristiano a una vida espiritual privada es una traición a los hermanos que sufren y una negación frontal de nuestra misión de “alma del mundo”.

El seguidor de Jesús puede enfrentarse a la vida, a la realidad social, a nuestro entorno de tres maneras: Salir corriendo, ser espectador o involucrarse.

El discípulo de Jesús que lo sigue voluntariamente debe involucrarse. Como se ha repetido insistentemente, creer es comprometerse siguiendo a Jesús de Nazaret que “se mojó” hasta dar la última gota de su sangre.


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