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30 de Octubre – Que bello es vivir – Evangelio tiempo ordinario

Evangelio del día 30 de octubre

Evangelio del día 30 de octubre

30 de Octubre – Que bello es vivir – Evangelio tiempo ordinario

Santoral:
Santa Dorotea Swartz, San Alonso Rodríguez
y Beata Bienvenida

Que bello es vivir

Vivir, es vibrar cada instante, ante la emoción
de percibir la maravilla de la creación que nos rodea.

Vivir, es entender que cada minuto que transcurre no volverá,
es atraparlo intensamente, porque forma parte del tiempo
que sabemos que ha quedado en el ayer.

Vivir, es saber dar lo mejor de nosotros,
es vibrar en la bondad y llevar
a su máxima expresión nuestra capacidad de ser.

Vivir, es gozar los momentos bellos
y desafiarse a sí mismo ante las adversidades.

Vivir, es aprender más cada día,
es evolucionar y cambiar para hacer de nosotros
un ser mejor que ayer, un ser que justifica su existir.

Vivir, es amar intensamente a través de una caricia,
es escuchar en silencio la palabra del ser amado,
es perdonar sin réplica una ofensa,
es aspirar la presencia del otro,
es besar con pasión a quien nos ama.

Vivir, es contemplar apaciblemente la alegría de un niño,
escuchar al adolescente aceptando sus inquietudes
sin protestar, acompañar con gratitud la ancianidad en su soledad.

Vivir, es comprender al amigo ante la adversidad
y aunque se tengan mil argumentos
para contradecirlo o justificarlo,
finalmente sólo escucharlo,
es tener la capacidad de regocijarnos
ante sus triunfos y realización.

Vivir es sentir que nuestro existir no fue vano
y en la medida en que nos atrevamos
a dar lo mejor de nosotros en cada momento,
logremos manifestar la grandeza de nuestra alma para amar.

Vivir es vibrar y sentir,
es amar y gozar, es observar y superar,
es dar y aceptar, es comprender que
nuestro tiempo es lo único que poseemos
para realizar plenamente nuestro ser.

¡Qué bello es vivir!

Liturgia – Lecturas del día

Evangelio según San Lucas 13,31-35.

En ese momento se acercaron algunos fariseos que le dijeron: «Aléjate de aquí, porque Herodes quiere matarte».
El les respondió: «Vayan a decir a ese zorro: hoy y mañana expulso a los demonios y realizo curaciones, y al tercer día habré terminado.

Pero debo seguir mi camino hoy, mañana y pasado, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén.

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste!

Por eso, a ustedes la casa les quedará vacía. Les aseguro que ya no me verán más, hasta que llegue el día en que digan: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».

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