CON LA MANO EN EL COSTADO – Segundo domingo de Pascua

CON LA MANO EN EL COSTADO – Segundo domingo de Pascua

Queridos lectores y amigos:

El hombre –ser de existencia- necesita fundamentar la fe, como Tomás, en un tocar con sus manos la idea de un Dios encarnado en el propio cuerpo. Actitud inquisitiva la del apóstol que le indujo a una fe, no razonada pero sí razonable, veraz y consistente. Su mundo espiritual se le apareció en figura más humana. Un mundo –el de Jesús de Nazareth “amigo de pecadores y publicanos”– en el que lo trascendental era compartir mesa y mantel, vestir al desnudo y dar posada al peregrino; es decir, cuanto material y espiritualmente se posee.

Este es el cambio que esperan hoy cristianos y no cristianos, de una Iglesia “terminalmente enferma”, comose atreve a calificarla Hans Küng en su último libro, aunque con esperanzas de recuperación. El análisis es exhaustivo: un prolijo historial clínico, un acertado diagnóstico y la propuesta de dolorosas terapias necesarias para salvarla… quirófano prescrito.

Me gustan los Tomás que, desentendiéndose de dogmas de fe que paralizan e impiden el crecimiento interior, se vuelcan en encuentros personales con los Jesús de todos los caminos. Tomás descubrió al suyo metiéndole la mano en el costado. La vía más expedita para que la Cristiandad -y nosotros con ella, Roma incluida- descubra la realidad de Jesús, y en él la de Dios, es meter la mano en el costado del prójimo. Que es: Comprender, Compadecer, Empatizar y mantener hacia él una Actitud constante de Servicio.

Nos alentaría a hacerlo volver la mirada al Cenáculo, sumar nuestras manos a las del Maestro -a las del mundo entero-,  elevar juntos el Pan de Vida  y repetir con ellos “Éste es mi cuerpo”: el cuerpo de Jesús, de Dios y mío.

Con la mano metida en el costado, un cordial abrazo a todos.

Vicente Martínez

Segundo domingo de Pascua | “No seas incrédulo, sino creyente”

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

1ª LECTURA

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2,42-47

Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén.

Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.

A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA       

La creencia en que Jesús el Señor estaba vivo, que había resucitado, impulsaba a los primeros cristianos a reunirse para compartir y vivir en comunidad su fe, para escuchar la Palabra de Dios, para hacer una oración de acción de gracias al Señor por la fe que les había ofrecido y por saberse perdonados y redimidos.

La alegría que llevaban dentro de ellos les impulsaba a dar testimonio claro de su fe en Jesús resucitado, de tal modo que la gente quedaba admirada y sorprendida del modo de proceder de los cristianos.

Sal 117, 2-4. 13-15. 22-24

R. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

• Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia. R:
• Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía, Él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos. R:
• La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo. R:

2ª LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1,3-9

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo.

La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.

Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe -de más precio que el oro que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego- llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo nuestro Señor.

No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación. Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Pedro eleva un himno de alabanza a Dios, porque por la resurrección de Jesús a los que creemos en Él se nos ha concedido una vida nueva, una herencia imperecedera que nos está reservada en el cielo. Porque creemos en Él gozaremos de la alegría de nuestra salvación. Nuestra fe en Cristo y en su resurrección nos hace “vencer al mundo”.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 20,19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
Paz a vosotros.

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó:

Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
Paz a vosotros.

Luego dijo a Tomás:
Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás:
¡Señor mío y Dios mío!

Jesús le dijo:
¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra de Dios

COMENTARIO AL EVANGELIO

      Hoy, igual que ayer, Jesús resucitado sigue ofreciendo sus dones más esperados y más necesitados: la paz y la fe para quienes admiten el testimonio de los que le vieron resucitado, y el gozo de saber y experimentar que Jesús vive en nosotros.

     Para confirmar la fe en Jesús no es preciso tocarlo físicamente. Él ha dejado a nuestro alcance la “experiencia pascual” de fe por la que se puede proclamar que Jesús es el Señor y llevar el mensaje de la Buena Noticia a todos los hombres.    

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