Descargar Hoja parroquial para el Domingo XX del Tiempo ordinario

Reflexión del evangelio para el XX Domingo del Tiempo ordinario

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LA EUCARISTÍA FUNDAMENTO DE LA VIDA CRISTIANA

En el momento de comulgar, Cristo se hace presente en nosotros por la gracia del sacramento de la Eucaristía. Cuando comulgamos incorporamos a Cristo a nuestra vida concreta haciéndola más humana y más evangélica.

La comunión con Cristo se vive sobre todo en el momento de la comunión sacramental en la Eucaristía, pero también se puede vivir en otras experiencias de contacto vital con Jesús. Lo decisivo es tener hambre de Jesús. Buscar desde lo más profundo encontrarnos con él. Abrirnos a su verdad para que nos marque con su Espíritu y potencie lo mejor que hay en nosotros.

Dejarle que ilumine y transforme las zonas de nuestra vida que están todavía sin evangelizar. Alimentarnos de Jesús es interiorizar sus actitudes más básicas y esenciales; encender en nosotros el instinto de vivir como él; despertar nuestra conciencia de discípulos y seguidores para hacer de Él el centro de nuestra vida.

La Eucaristía es acción de gracias a Dios por la vida y por la salvación que nos ofrece en su Hijo Jesucristo. La vida cotidiana de un cristiano ha de estar marcada por la acción de gracias.

La Eucaristía es comunión con Cristo resucitado. Jesús no es una figura del pasado, alguien cada vez más lejano en el tiempo, sino el Señor de todos los tiempos que permanece vivo entre los suyos. La eucaristía nos enseña a vivir en comunión con un Cristo actual, acogiendo realmente hoy su Espíritu y fuerza renovadora.

La Eucaristía es también escucha de las palabras de Jesús que son «espíritu y vida». En la eucaristía nos reunimos para escuchar la palabra viva de Jesús que ilumina nuestra experiencia humana de hoy.

La Eucaristía es un acto comunitario por excelencia. Todos los domingos, los cristianos dejamos nuestros hogares, nos reunimos en una iglesia y formamos comunidad visible de seguidores de Jesús.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

 1ª LECTURA

Lectura del libro de los Proverbios 9,1-6

La Sabiduría se ha construido su casa plantando siete columnas; ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa; ha despachado sus criados para que lo anuncien en los puntos que dominan la ciudad:

«Los inexpertos, que vengan aquí, voy a hablar a los faltos de juicio: venid a comer mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia»

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

La Sabiduría, Dios, ofrece un banquete a los hombres y, quienes participen en él, van adquiriendo inteligencia, sensatez y sabiduría. Es un banquete que llena de gozo, de alegría y de vida.

SALMO

Sal 33, 2-3. 10-11. 12-13. 14-15
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

  • Bendigo al Señor en todo momento,
    su alabanza está siempre en mi boca;
    mi alma se gloría en el Señor:
    que los humildes lo escuchen y se alegren. R:
  • Todos sus santos, temed al Señor,
    porque nada les falta a los que le temen;
    los ricos empobrecen y pasan hambre,
    los que buscan al Señor no carecen de nada. R:
  • Venid, hijos, escuchadme:
    os instruiré en el temor del Señor.
    ¿Hay alguien que ame la vida
    y desee días de prosperidad? R:
  • Guarda tu lengua del mal,
    tus labios de la falsedad;
    apártate del mal, obra el bien,
    busca la paz y corre tras ella. R:

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5,15-20

Hermanos:
Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos. Sabed comprar la ocasión, porque vienen días malos.

Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere. No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje; sino dejaos llenar del Espíritu. Recitad, alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor.

Celebrad constantemente la Acción de Gracias a Dios Padre, por todos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Pablo ofrece unas normas de conducta para una convivencia pacífica en la familia y en la comunidad cristiana: quien vive bajo la luz del Espíritu irradia a su alrededor la bondad, la alegría, la esperanza y la paz.

No es sabio ni sensato quien se “emborracha” con los bienes que la sociedad ofrece: alimentos, confort, placer de vida, etc. y le da la espalda Dios.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 6,51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
– Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.

Disputaban entonces los judíos entre sí:
– ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Entonces Jesús les dijo:

– Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre.

Palabra de Dios 

 

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO

   Jesús, después de saciar el hambre de aquellas gentes con el pan que es alimento para el cuerpo, les habla de Él mismo que es el pan “que se entrega, por medio de su muerte, para darnos Vida”. Comer ese pan es llenarse de la vida de Jesús, es compartir en una misma mesa la fraternidad, la amistad y la fiesta de nuestra liberación.

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

LA FAMILIA PRIMERA COMUNIDAD CREYENTE

Creer es adoptar una forma de vivir, y como a vivir se aprende en los primeros años y en familia, es en la familia donde la persona vive la primera comunidad creyente. En ella se transmite a los hijos que Dios está con ellos, en su rincón secreto, en el trabajo y en el cansancio, en la alegría, en el dolor, en los éxitos y en los fracasos. Le contagia la capacidad de encontrarlo en soledad y

entre la multitud y le impulsa a comprometerse en facilitar la vida a los otros y en construir el Reino de Dios, ese estilo de vida en el que todos seamos felices.

Y esa comunidad familiar lo hará mejor si se une a otras familias, personas o grupos con los que formar una comunidad mayor para convertirse y compartir el camino que haga la marcha más llevadera. Así se comparte el proyecto de vida personal y el común y se transmiten fuerzas, corrigiéndose cuando sea necesario y estimulándose a dejarse animar por el Espíritu para el bien común.

En la familia es donde se adquiere el hábito de los pequeños gestos de amor y de ternura, los sacrificios que benefician al otro, las generosidades y el compartir. También en la vida familiar se aprende a cuidar, ya desde muy niño, a reír, a trabajar y a descansar. Tienen que saber los niños que Dios es el impulso que nos lanza hacia los demás y nos convierte en un permanente regalo.

La base de la familia es el amor: en ella se ama y se recibe amor, todos sus miembros se sienten válidos, se valora el trabajo que se hace, se aprende a ser autónomos.

 

 

 

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