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Domingo tercero de Cuaresma

Reflexión para el tercer domingo de Cuaresma

Reflexión para el tercer domingo de Cuaresma

Domingo tercero de Cuaresma – Ciclo B

LO PRIMERO ES EL REINO DE DIOS 

    Los cuatro evangelistas se hacen eco de un gesto audaz y provocativo de Jesús dentro del recinto del templo de Jerusalén. Echó del templo a un grupo de vendedores de palomas, volcó las mesas de algunos cambistas y trató de interrumpir la actividad durante algunos momentos. Aquel gesto cargado de fuerza profética fue lo que desencadenó su detención y su rápida ejecución.

Atacar el templo era atacar el centro de la vida religiosa, social y política de los judíos. El Templo era intocable, porque en él habitaba Dios. Sin embargo, para Jesús era el gran obstáculo para acoger el reino de Dios tal como Él lo entendía y proclamaba. Para Jesús el templo era casa de oración, el santuario del perdón de Dios.   

      La actuación de Jesús nos pone en guardia a todos sus seguidores y nos obliga a preguntarnos por la religión que estamos cultivando en nuestros templos. Si no está inspirada por Jesús, se puede convertir en una manera «santa» de cerrarnos al proyecto de Dios que Jesús quería impulsar en el mundo. Para Jesús la religión, cumplir la ley, no es lo principal, sino que es el ser humano.

La religión nos debe servir para que crezca nuestra compasión por los que sufren y no para que nos permita vivir tranquilos en nuestro bienestar alimentando sólo nuestros propios intereses. La religión nos debe servir para ponernos a trabajar por un mundo más humano y habitable.                                                      

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA 

1ª LECTURA
Lectura del libro del Éxodo 20,1-17 

El Señor pronunció las siguientes palabras: Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mí. No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso.

Fíjate en el sábado para santificarlo. [Durante seis días trabaja y haz tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que vive en tus ciudades. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra, el mar y lo que hay en ellos. 

Y el séptimo día descansó; por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.] Honra a tu padre y a tu madre: así se prolongarán tus días en la tierra, que el Señor, tu Dios, te va a dar. 

No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás testimonio falso contra tu prójimo. No codiciarás los bienes de tu prójimo: no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.

Palabra de Dios. 

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

    En este texto del libro del Éxodo se manifiesta la preocupación de Dios por encauzar la conducta de su pueblo por el buen camino. Los primeros mandamientos, regulan las relaciones del pueblo con Dios: Él será el único Dios; ninguna imagen podrá sustituirle; su nombre será respetado; se le consagrará un día de descanso semanalmente. Los restantes mandamientos regulan la convivencia entre los miembros del pueblo: el respeto a los padres, a la vida, a la relación hombre-mujer, a los bienes y a la fama.     

Sal 18, 8. 9. 10. 11 
R. Señor, tú tienes palabras de vida eterna. 

2ª LECTURA
Lectura de la 1ª carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,22-25 

Hermanos: 
Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría. Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los griegos; pero para los llamados a Cristo -judíos o griegos-: fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Palabra de Dios 

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA 

    El apóstol Pablo predica a Cristo crucificado como fuente de salvación, frente a la «sabiduría humana» que no salva ni lleva a Dios. Para entender el significado y el contenido de la cruz, hay que ser dóciles a la llamada de Dios: es necesario poner en primer plano la fe. Solamente la fe es el camino del encuentro con Dios; solamente la fe nos ofrece la luz necesaria para mirar la cruz como fuente de salvación.   

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 2,13-25 

En aquel tiempo, se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en él a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: 
– Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. 

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». 
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: 
– ¿Qué signos nos muestras para obrar así? 
Jesús contestó: 
– Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. 

Los judíos replicaron: 
– Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días? 
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. 
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Palabra de Dios  

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

    Jesús tiene una reacción algo brusca con aquellas personas que utilizan el templo como negocio y no como lugar de encuentro con Dios y con los hermanos. El templo es el único Santuario en que los creyentes pueden encontrar y adorar a Dios. 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL 

  ¡PROCUREMOS QUE NUESTRAS IGLESIAS SEAN ACOGEDORAS!

      Jesús, cuando sube con sus discípulos a Jerusalén para celebrar las fiestas de Pascua, ve con asombro que el templo lo han convertido en un mercado. Jesús al ver que se vendían bueyes, ovejas y palomas para los sacrificios, a cambistas traficando, se llena de indignación y con un látigo los echa del recinto sagrado al tiempo que grita: «No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

       Jesús ve que la religión del Templo se ha convertido en un negocio para los sacerdotes y donde los peregrinos tratan de «comprar» a Dios con sus ofrendas.      Para Jesús, su Padre Dios no puede ser el protector y encubridor de una religión tejida de intereses y egoísmos, porque Dios es un Padre al que solo se puede dar culto trabajando por una comunidad humana más solidaria y fraterna.

     Casi sin darnos cuenta, todos nos podemos convertir hoy en «vendedores y cambistas» que no sabemos vivir sino buscando solo nuestro propio interés. Estamos convirtiendo el mundo en un gran mercado donde todo se compra y se vende, y corremos el riesgo de vivir incluso nuestra relación con Dios de manera mercantil. 

      Hemos de hacer de nuestras comunidades cristianas una casa acogedora y cálida donde a nadie se le cierren las puertas, donde a nadie se excluya ni discrimine, una casa donde aprendamos a escuchar el sufrimiento de los más desfavorecidos, una casa donde podamos invocar a Dios como Padre, porque nos sentimos sus hijos y buscamos vivir como hermanos.


Domingo tercero de Cuaresma – Ciclo A

Jesús y la Samaritana «Dame de beber del agua viva» 

SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS

Son bastantes las personas que han eliminado de su vida toda experiencia religiosa. Ya no se comunican con Dios. Esta ruptura con Dios no es buena. No hace a la persona más humana ni da más fuerza para vivir.

Dios es invisible. “Nadie lo ha visto”, dice la Biblia. Es un Dios escondido. Según Jesús, ese Dios oculto se revela, no a los grandes e inteligentes, sino a los pequeños y sencillos, estén dentro o fuera de la Iglesia. Dios es inefable. No es posible definirlo ni explicarlo con conceptos. No podemos hablar de él con palabras adecuadas. Pero podemos hablarle y, lo que es más importante, Él nos habla, incluso aunque no abramos nunca las páginas de la Biblia.

Dios es gratuito. Ningún hombre o mujer queda lejos de su ternura, viva dentro o fuera de una comunidad creyente. A veces podemos captar su cercanía en nuestra propia soledad. Si escuchamos hasta el fondo nuestro propio desamparo, tal vez percibamos la presencia del Amigo fiel que acompaña siempre.

¿Por qué no abrirnos a él? Cuando nos vemos atrapados por el miedo o amenazados por la depresión y la tristeza, Él está ahí. Su presencia es respeto, amor y comprensión. ¿Por qué no invocarle?

Podemos intuirlo incluso en nuestras dudas y confusión. Cuando todo se nos hunde y no acertamos ya a creer en nada ni en nadie, queda Dios. Dios nos entiende y nos atrae hacia el bien.

¿Por qué no confiar en él? Dios está también en las mil experiencias positivas de la vida: en el hijo que nace, en la fiesta compartida, en el trabajo bien hecho, en el acercamiento íntimo a la pareja, en el paseo que relaja, en el encuentro amistoso que renueva. ¿Por qué no elevar el corazón hasta Dios y agradecerle el don de la vida?

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL 3º DOMINGO DE CUARESMA / A

1ª LECTURA
Lectura del libro del Éxodo 17,3-7 

En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés:
– ¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?
Clamó Moisés al Señor y dijo:
– ¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.
Respondió el Señor a Moisés:
– Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.
Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel.
Y puso por nombre a aquel lugar Massá y Meribá, por la reyerta de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor diciendo: ¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

El pueblo de Israel es liberado de la esclavitud en la que se encontraba en Egipto, pero no queda contento ni saciado con una «simple esperanza en Dios». Sufre verdadera crisis de fe. Duda de que Dios les esté ayudando, se quejan del abandono en que les tiene el Señor y se entregan a la adoración de otros dioses que puedan ofrecerles la felicidad que ansían.

Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón». 

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5,1-2. 5-8 

Hermanos:
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios.

La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.
En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; -en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir-; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El hombre está hecho para Dios y solamente en Dios encontrará saciados todos sus anhelos y colmadas sus apetencias.

La fe nos da paz y armonía en nuestras dudas y desasosiegos, la esperanza no nos puede defraudar, porque sabemos que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado y se nos da por los sacramentos.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 4,5-42 

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial.
Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
– Dame de beber.
La samaritana le dice:
– ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?
Jesús le contestó:
– Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice:
– Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contesta:
– El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
La mujer le dice:
– Señor, dame ese agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.
Jesús le dice:
– Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice:
– Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo dirá todo.
Jesús le dice:
– Soy yo: el que habla contigo. 

Palabra del Señor.

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

La mujer samaritana cambia el rumbo de su vida al encontrarse con Jesús, quien le ofrece un agua de valor eterno: la paz y su gracia.

Ella, no solamente la acepta, sino que se hace apóstol de Cristo compartiendo con sus vecinos la paz y la luz que ha encontrado en Jesús. La samaritana ha experimentado el encuentro personal con Jesús.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

¿EN QUÉ SE NOTA QUE SOY HIJO DE DIOS?

Los hijos de Dios se notan fácilmente. Tienen encanto especial. Son alegres y acogedores. No se echan para atrás. Son colaboradores, participativos, imaginativos. Siempre personas de esperanza, positivos. Y son especialmente amistosos, pacificadores, cálidos y cercanos, personas de toda confianza. Viven o se esfuerzan por vivir las Bienaventuranzas.

No aman las riquezas por encima de todo. No consienten la pobreza miserable para ningún hijo de Dios. No cultivan el orgullo ni se creen superiores. No envidian ni se comparan.

Son humildes, vacíos de sí mismos. Son sufridos y sensibles al sufrimiento de los demás. Saben llorar con los que lloran. No toleran la injusticia. Luchan por un mundo solidario, en que todos consigan su dignidad y sus derechos.

No aman la mentira. Tienen el corazón limpio. Son libres. Reconocen sus fallos y sus errores.

No utilizan la violencia. Irradian paz, y la crean, la defienden. Son amigos del diálogo y promotores de reconciliación y del perdón.

Domingo tercero de Cuaresma – Ciclo C

¿QUÉ IDEA TENEMOS DE DIOS?

Este domingo se nos invita a purificar nuestra idea de Dios o, incluso, a cambiarla si nos hemos formado una idea equivocada:

Dios no es un Dios lejano, desentendido de la humanidad, no es un juez implacable, condenador de lo humano, castigador, no es un Dios “tapagujeros”, que buscamos sólo en los problemas que no podemos solucionar, no es una creación mía, ni siquiera Dios es el resultado de sumar el esfuerzo de toda la humanidad por hacer un mundo más justo.

Una de las ideas más equivocadas de Dios, que tenían los contemporáneos de Jesús y que podemos tener nosotros, es que Dios castiga con el mal o que quien padece algún tipo de mal es a consecuencia de sus pecados, por lo que Dios le ha enviado ese mal.

El Dios que nos revela Jesús no es un Dios vengativo, dispuesto a castigar al malvado, sino un Dios compasivo y misericordioso, paciente con cada persona que espera dé los frutos de su conversión, pues la conversión no es sólo cambiar en el modo de pensar, sino también en el modo de actuar.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

Lectura del libro del Éxodo 3,1-8a. 13-15

En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.

El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.

Moisés se dijo:
Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:
Moisés, Moisés.

Respondió él:
Aquí estoy.

Dijo Dios:
No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.

Y añadió:
Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.
Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios.

El Señor le dijo:
He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel.

Moisés replicó a Dios:
Mira, yo iré a los israelitas y les diré: «El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros».
Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?

Dios dijo a Moisés:
«Soy el que soy»; esto dirás a los israelitas: «Yo soy» me envía a vosotros.

Dios añadió:
Esto dirás a los israelitas: «Yahvé (Él-es), Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros.

Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación».

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

Moisés sufre la dura experiencia de tener que huir de Egipto porque el faraón le persigue a muerte. En su huida se refugia en la región de Madián y en uno de aquellos montes, el monte Sinaí, va a tener una experiencia mística, de encuentro con Dios y la encomienda de una difícil, pero extraordinaria misión: la liberación del pueblo.

Moisés descubre al Señor en la zarza ardiendo sin consumirse y Dios le sale al encuentro por medio de la palabra.

SALMO
Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 11

R. El Señor es compasivo y misericordioso.

• Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R:
• Él perdona todas tus culpas, y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura. R:
• El Señor hace justicia, y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés, y sus hazañas a los hijos de Israel. R:
• El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles. R:

2ª LECTURA
Lectura de la 1ª carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10,1-6. 10-12

No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.

Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron aquellos. No protestéis, como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador.

Todo esto les sucedía como un ejemplo y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga.

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Pablo recuerda a la comunidad de Corinto que no deben hacer igual que sus antepasados cuando cruzaron el desierto en busca de la Tierra prometida.

Les manifiesta con mucha firmeza, que no deben codiciar el mal ni estar siempre protestando como hicieron sus padres. Ellos ya recibieron su merecido.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,1-9

En aquella ocasión se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó:
¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así?

Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?

Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.
Y les dijo esta parábola:
Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.

Dijo entonces al viñador:
Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?

Pero el viñador contestó:
Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.

Palabra de Dios

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

Jesús, frente a la interpretación que hacían los fariseos, que consideraban toda desgracia como castigo de Dios, advierte que las desgracias no son castigos de Dios, sino “llamadas de Dios” para inclinarnos hacia la conversión al Señor, y «si no nos convertimos, todos pereceremos de la misma manera».

Las desgracias y accidentes suceden a los buenos y a los malos, la diferencia estriba en el modo de aceptarlas, de enfocarlas y en la manera de sobrellevarlas.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

LOS SEGUIDORES DE JESÚS, ¿HACEMOS ALGO PARA QUE CAMBIE UN POCO NUESTRO ENTORNO?

En el Evangelio que se proclama este domingo vemos a Jesús lanzando un ataque a los fariseos que son capaces de “ver” la realidad, de emitir un juicio, pero que al final no sacan consecuencias de ello, no cambian su actitud.

A los cristianos nos ocurre muchas veces que somos capaces de realizar análisis de la realidad extremadamente finos: nos paramos a contemplar nuestro mundo y conseguimos desmenuzarlo; detectamos hasta la más pequeña de las injusticias; nos posicionamos ante nuestra vida y sabemos perfectamente qué hilos deberíamos tocar para que todo se mueva en la dirección adecuada.

Pero podemos ser como la higuera improductiva de la parábola del Evangelio: pocas veces damos frutos. Vemos, juzgamos… pero no actuamos, nos quedamos bloqueados en nuestra pereza, en la complacencia sin sacar consecuencias de las cosas que veo en mi vida, las ideas las tenemos claras, pero lo que pensamos no lo ponemos en práctica en nuestra vida diaria.

No cuidamos nuestra vida espiritual con el abono de la Palabra ni el riego del Espíritu que me sirvan para poder dar fruto.


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