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Entrevista sobre el Opus Dei

Hace unos meses en España se pasó en la televisión la película
“Camino”, con críticas al Opus Dei, a partir de la historia de una
niña que murió, Alexia. Ahora se acaba de rodar la “verdadera historia
de Alexia”, que saldrá en pantalla en unos meses, ya se pueden ver los
resúmenes de la película. Hace pocos años fue más famosa la película
que siguió al libro “El Código da Vinci” donde se tocaba también el
tema de los “secretos” del Opus Dei. Por eso me animo a mandar ahora
una reseña del libro que escribió poco después el más importante
vaticanista, al menos en ambiente anglosajón, y aquí seguido pongo una
entrevista breve, donde plantea desde fuera su visión “sociológica” de
esta obra de Dios. Lógicamente no comparto todo lo que dice, pues
Allen no comparte todo el magisterio del Papa, pero sí que es una
visión periodística de un vaticanista, de entre lo que hay lo mejor
que he visto, y por eso prefiero respetar su visión sin manipularla,
en todo caso en la reseña ya comento alguna cosa.

Tras entrevistarse con unos 300 miembros del Opus, John L. Allen me
los define como personas inteligentes, preparadas, competentes y
equilibradas…, pero cuya organización debería ser más transparente y
más autocrítica. Lo expone en ´Opus Dei´ (Planeta), libro respetuoso
con el Opus: le absuelve de casi todos los pecados… menos del de una
cierta arrogancia y autosuficiencia. El libro está sazonadísimo de
datos: el Opus tiene 85.000 miembros (el 40% está en España y la mitad
son mujeres), de los que el 78% son supernumerarios (personas laicas
que, casadas o no, siguen las directrices del Opus y colaboran en sus
actividades), el 20% son numerarios y el 2% son sacerdotes… Me
informa de que un tercio de las redacciones de los diarios españoles
se ha formado en centros del Opus.
JOHN L. ALLEN, PERIODISTA VATICANISTA: HA INVESTIGADO AL OPUS DEI
«‘El código Da Vinci’ beneficiará al Opus»
Tengo 41 años. Nací en pleno Kansas y, desde hace seis años, vivo en
Roma. Soy corresponsal de la CNN y del semanario norteamericano
National Catholic Reporter en el Vaticano. Estoy casado con Shanon y
no tenemos hijos. Soy católico, como el 25% de los estadounidenses.
¿Ideología? Soy un periodista anglosajón, yo no juego a partidismos
VÍCTOR-M. AMELA – 03/06/2006

– ¿Qué es el Opus Dei?

– Una asociación católica que existía desde antes de El código Da
Vinci, ja, ja…

– No sé si al Opus Dei le hará tanta gracia el asunto…

– Me consta que ahora en el Opus Dei empiezan a ver en la novela de
Brown -y en la película- una oportunidad de la que obtener un
provecho.

– ¿Cómo?

– Yo ya me he topado con una persona – un estadounidense- que se
enteró de la existencia del Opus Dei gracias a El código Da Vinci,que
le despertó curiosidad, le interesó, se acercó… ¡y hoy es ya miembro
del Opus!

– Interesante.

– ¡La visibilidad pública mundial que al Opus le ha regalado El código
Da Vinci equivale a una campaña publicitaria de miles de millones de
dólares…!

– A costa de retratarlos como criminales…

– Al negarse a atender los ruegos del Opus Dei de no ser retratado así
en la película, Hollywood aparece ahora como abusador y el Opus como
víctima: le atraerá simpatías.

– El Opus debería contratarle como asesor.

– Ja, ja…, yo anuncié al Opus mi intención de escribir un libro, por
lo que solicitaba que me abriesen todas sus puertas sin restricciones.
¡Y aceptaron! Ése es el buen camino…

– A cambio, les saca una foto favorecedora.

– No.

– ¿No?

– Ha salido un retrato en claroscuro: he recogido todas las luces y
todas las sombras.

– Resúmame las luces.

– El Opus Dei es una idea luminosa: que el trabajo de cada día sea
camino de santidad, que los laicos sean los protagonistas.

– ¿Es la propuesta de Escrivá, el fundador?

– Sí, y dijo recibirla de Dios: santificar el mundo llevando el
cristianismo a la vida cotidiana, sacándolo de las iglesias…

– ¿Y dónde empiezan las sombras?

– En su funcionamiento como estructura, con una cierta autosuficiencia
y cerrazón: su autoexigencia nos los aleja… ¡El Opus Dei es la
cerveza negra Guinness Extra Fuerte de la Iglesia católica!: exige un
paladar preparado. Si no lo tienes, sientes rechazo.

– ¿Ha probado usted esa cerveza?

– Viví durante cinco días en una celda del colegio mayor Pedralbes de
Barcelona, como un miembro numerario del Opus.

– ¿Qué es un numerario?

– La persona que tiene al Opus como su familia más inmediata: viven en
centros del Opus, son célibes y la mayoría son profesionales
competentes que entregan al Opus la porción de sus ingresos que no
necesitan para sus gastos de manutención.

– ¿Y qué tal le fue la experiencia?

– Yo no sirvo. Admiro a quien es capaz de llevar esa vida, demasiado
estricta y estructurada para un individualista como yo. Una vida en la
que el grupo ocupa mucho…

– Se ha acusado al Opus Dei de secta…

– ¿Acusaríamos de secta a un partido político? El Opus Dei sí es una
estructura fuerte, con expectativa alta de obediencia, pero yo no he
visto ningún lavado de cerebro.

– Se ha dicho que confinaban a sus disidentes en sus psiquiátricos…

– ¡Hasta se habló de un «gulag del Opus» en el cuarto piso de su
clínica de Navarra! La visité: había 25 pacientes felizmente tratados,
y ninguno era del Opus.

– O sea, que si soy un numerario del Opus y decido dejarlo, ¿no me hostigarán?

– Persuadidos de ser obra divina, intentarán convencerte para que
sigas, por tu bien. Pero no te secuestrarán. ¡Hay cientos de ex
numerarios, y que no critican al Opus! Aunque hay muchos otros que sí
lo hacen…

– ¿Con qué acusaciones?

– Son personas que no encajaron, porque ser numerario plantea
desafíos, es duro. Y lanzan acusaciones de obediencia ciega, rigidez,
ansias de poder, mortificaciones…

– ¿Sí? ¿Es verdad que se flagelan?

– Yo llevé dos horas al día un cilicio en el muslo, como hacen los
numerarios: cómodo no es…, pero no duele. A mí me resulta más dura
una hora de gimnasio, ja, ja…

– ¿Qué sentido tiene ese cilicio?

– Recordarte el sufrimiento de Jesús, del mundo. Y una vez por semana,
el miembro numerario se latiga en la espalda durante el tiempo que
dura un padrenuestro.

– Se acusa al Opus de ultraconservador.

– Abomina del aborto, la eutanasia, la contracepción y la homosexualidad.

– Se le acusa de perseguir poder…

– Se cultiva un anhelo de excelencia en el trabajo, lo que ha llevado
a algunos miembros a puestos relevantes. Pero no he visto un plan de
dominio político o económico.

– ¿Tienen mucho dinero?

– Manejan unos 3.000 millones de dólares en el mundo. Bah, no es tanto…

– ¿Y no dominan el Vaticano?

– De los 4.500 obispos de la Iglesia católica, sólo 39 son del Opus.
De 193 cardenales, dos son del Opus. Y de los 2.550 miembros de la
curia vaticana, sólo 20 son del Opus.

– ¡Pero quizá muy influyentes!

– Juan Pablo II tuvo mucho aprecio al Opus, es cierto, por ofrecer a
obreros y trabajadores una alternativa a ser comunista. Antes de
entrar en el cónclave que le haría Papa, ¿qué fue lo último que hizo
Wojtyla?: ¡rezar ante la tumba de Escrivá…!

– Y Benedicto XVI ¿cómo ve al Opus Dei?

– Como una congregación más.

– ¿Qué presencia tiene en Estados Unidos?

– Allí cuenta con sólo 3.000 miembros.

– ¿Qué consejos daría usted al Opus?

– Que escuchase las críticas: que fuese más transparente y se
explicase más, que se abriese y colaborase con otras congregaciones

John L. Allen, “Opus Dei. Una visión objetiva de la realidad y los mitos de la fuerza más polémica dentro de la Iglesia Católica”
Ed. Planeta, Barcelona 2006, 492 páginas, 22,50 euros.

John L. Allen, vaticanista de la revista «National Catholic Reporter» -su columna semanal está considerada como la mejor fuente de información en inglés sobre el Vaticano-, autor de diversos libros, ha dedicado un año a entrevistar a personas que conocen el Opus Dei –tanto los opositores como los que pertenecen a la Prelatura-, en Italia, España, Kenia, Estados Unidos, Perú y otros países, sobre diversos temas polémicos: separación entre hombres y mujeres, uso del cilicio, finanzas de la organización. El autor señala en una entrevista que quiere ser objetivo pues la discusión en los medios de comunicación no lo ha sido: “La idea es separar los hechos de la ficción, ofreciendo las herramientas para que tenga lugar una discusión racional, que se base en los hechos y en la realidad, y no en los mitos o los estereotipos. No era mi intención «convertir» a los lectores a cualquier posición particular sobre el Opus Dei, y mi experiencia es que la mayoría de las personas que han leído el libro siguen sin haber cambiado sus impresiones fundamentales, pero quizá se sienten un poco más informadas” sobre una institución que actualmente tiene más de 85 mil miembros y 164 mil «cooperadores».
Allen afirma que la vocación a la Obra es para pocos, la compara con la cerveza negra Guinness Extra Fuerte, y ve que a lo largo de la historia la corriente dominante ha cambiado, y así en la década de 1940 fue tan innovadora su doctrina que fueron acusados de herejía, y su manera de elegir por votación al Prelado “es lo más parecido a la elección democràtica de un obispo que existe en la Iglesia actual”, además de que “fue la primera institución de la Iglesia católica en solicitar, y recibir en 1950, permiso del Vaticano para reclutar a los no católicos e incluso no cristianos entre sus cooperadores” (pp. 12-13). Con la ambición de “atravesar siglos de historia de la Iglesia para revitalizar el planteamiento de los primeros cristianos”, ahora sufre una crítica de que son conservadores.
En la primera parte trata de “cuestiones esenciales”, sigue una segunda parte titulada “el Opus Dei desde dentro” con aspectos centrales del espíritu (santificación del trabajo, contemplación en medio del mundo –con autenticidad, tan importante en países nórdicos donde el puritanismo lleva a algunos a una ética sólo en la vida social pero no en la personal, o en países africanos donde al revés, ahí el peligro es la corrupción-, libertad –señala cómo hay mucha diversidad de pensamiento: p. 141-, filiación divina –y su compañera la alegría, y es fundamento de un equilibrio basado en una sana autoestima desde donde se pueden proyectar metas de mejora: p. 156-), para pasar ya a “algunos interrogantes sobre el Opus Dei” (secretismo, mortificación, las mujeres, dinero, el Opus Dei en la Iglesia y su relación con la política, la obediencia, la captación). Por fin, una “recapitulación” con la visión del autor sobre “el futuro del Opus Dei”. Las partes 1 y 2 son introductorias, y están muy tratadas en otros libros, aquí tiene el aliciente de reportaje periodístico de quien que se adentra –sobre todo en la tercer parte- con los ojos abiertos en la vida de la gente de la Obra, y según Marc Carroggio, responsable de la Oficina de prensa de la institución en Roma, en ese recorrido ha ido prosperando pues «ha comprendido bien la naturaleza del Opus Dei», cuyos miembros sólo desean «seguir un ideal espiritual que nos entusiasma» y más allá del mito, pues se trata de “gente de carne y hueso, con errores y aciertos”, y por eso se muestra “satisfecho, y no me refiero tanto al resultado como al método”.
Sin duda, la riqueza de datos hacen interesante este libro: su caràcter por tanto es informativo y no formativo: recoge informaciones y opiniones diversas; trata de ordenar el material y ponerlo en su contexto, de manera que se pueda captar el por qué de las cosas. Por ejemplo ante los ataques de integrista para Escrivà, muestra las alabanzas del Cardenal Martini, o la carta que el famoso Óscar Romero de El Salvador escribió al Papa pidiendo la beatificación del fundador del Opus Dei, y expresó “la gratitud profunda a los sacerdotes del Opus Dei a quienes he confiado con mucha satisfacción la dirección espiritual de mi vida y de otros sacerdotes”, y también son muy gráficas las alabanzas del famoso psiquiatra Víctor Frankl a san Josemaría sobre su serenidad, riqueza de ideas, “filing” con quien hablaba… (p. 72); también pesa la opinión de Juan Pablo II: Escrivà “se ha anticipado a la teología del laicado que caracerizó después a la Iglesia del Concilio y del postconcilio” (p. 82). Después de la canonización, aún se podría dar otro paso sobre la oportunidad de ser proclamado Doctor de la Iglesia (comenta Ocáriz, p. 87).
Allen explica en la tercera parte del libro las controversias, oye todas las campanas con respeto, cualidades apreciables en algo que podría ser simplemente un “collage” sociológico, y observa que en el Opus Dei hay cambios (“las críticas han ayudado al Opus Dei más de lo que nadie imagina”: p. 165). En primer lugar, trata del secretismo: se señala ya en un informe secreto de la Falange espanyola de 1942, y acusación al Vaticano por parte del Superior general de los jesuitas (p. 169); en los años 1986 y siguentes en algunos Parlamentos europeos (Italia, Suiza) se vuelve a hablar de secretismo; y tambien de “Estatutos secretos” (ahora, publicados en latín pero sin versión oficial en otras lenguas); y el debate aún es actual (aunque en las democracias –amparándose en los derechos humanos- no se suele poder exigir a las organizaciones que hagan públicas las listas de sus miembros), en temas como comunicar a los padres la vocación de los hijos, anunciar de forma más clara la relación que hay entre las obras corporativas que llevan nombres civiles con el Opus Dei; esta transparencia en la comunicación institucional “llevada a cabo de forma profesional demanda atención no sólo en el contenido, sino también en la actitud: apertura, accesibilidad y sinceridad” (p. 200).
En el capítulo “mortificación” se ve cómo “en el mundo anglosajón, el Opus Dei se ha convertido en un pararrayos para las guerras más amplias en el seno de la Iglesia” (p. 203), y el tema del dolor autoinfligido es muy socorrido para atacar (aunque Pablo VI, Hans Urs von Balthasar, Teresa de Calcuta, el Padre Pío, los conventos de religiosas, etc. participan de esas mortificaciones corporales) y “la realidad es que la pràctica de la mortificación corporal en la Iglesia católica está más extendida de lo que creen muchos observadores” (p. 213), pero a muchos sorprende “la manera que tiene el Opus Dei de rechazar adaptar su programa espiritual para satisfacer los cambios de gustos de una era” (p. 205).
En el apartado “mujeres” se habla del trabajo de las Numerarias auxiliares (como la Virgen y una madre, cuidar de los demás), de la separación entre apostolado de hombres y el de las mujeres -como en la mayoría de instituciones eclesiales-, la promoción de la mujer (en África, “todo el buen trabajo hecho por la Iglesia católica con el sida ha quedado eclipsado por el debate del preservativo”…: p. 251).
En el apartado “dinero”, algunos datos que aporta el autor: Los activos totales del Opus Dei –es decir, el valor físico de todos los recursos registrados como «obras corporativas» del Opus Dei– rondan en torno a los 2.800 millones de dólares estadounidenses (para comparar: la archidiócesis de Chicago declaró 2.500 millones de dólares, los Caballeros de Colón gestionan un programa de seguros que por sí solo está valorado en 6 mil millones de dólares): “el debate sobre ‘la riqueza del Opus Dei’ es un indicador de las luchas más profundas dentro del catolicismo” (p. 255). Queriendo la excelencia, se cuidan las cosas y eso parece lujo. También se sugiere publciar el balance de las obras apostólicas relacionadas con la Obra.
Al hablar del Opus Dei en la Iglesia, se refiere a la consulta a los obispos de todos los lugares del mundo donde trabajaba en sus apostolados, para la aprobación de la Prelatura: “sería difícil citar otra decisión en los últimos tiempos para la que el Vaticano solicitara la opinión de dos mil obispos de todo el mundo” (p. 320). “En cuanto al poder, el Opus Dei no tiene más que unos 40 de los más de 4.500 obispos católicos del mundo, incluyendo dos cardenales, y unos 20 de los 2.500 empleados en la Curia romana, con un solo jefe de dicasterio vaticano”. Al hablar de la polémica de la beatificación de Escrivà, al recoger los testimonios no deja de haber frases hirientes, incluso insultantes, que pueden molestar a quien conoce desde dentro la verdad de que los trabajos se hicieron bien, y si salió rápido fue por dedicar atención y aparte del trabajo bien hecho la voluntad de Juan Pablo II marcó un ritmo rápido. También se trata de la relación de los fieles de la Obra con las parroquias: “las comuniades de las parroquias a menudo creen que los del Opus Dei tanto los sacerdotes como el laicado, son una bocanada de aire fresco” (p. 329), “estos sacerdotes siempre tienen tiempo para las personas” (p. 331).
Junto a los mitos del dinero, el del poder político: después de analizar algunos datos históricos, concluye: “sólo puede concluirse que Escrivá era sincero al decir que la Obra no se convertiría en una fuerza política partidista” (p. 349). En cuanto al tema de ser “conservadores”, no lo son según los principios del conservadurismo, pero visto que hoy se llama así a los que no aceptan el aborto, matrimonio homosexual y la investigación con células madre, esto influye en las opciones políticas libres de cada uno (como en USA apoyar a Bush). “Si estas cuestiones culturales pudieran ser eliminadas de algún modo del orden del día, el pluralismo entre católicos y el pluralismo entre los miembros del Opus Dei sería más claro” (p. 353).
En el tema de “obediencia” se muestran ejemplos de pluralismo, ante la acusación de “control de la mente” se muestran experiencias y declaraciones de obispos que están muy contentos de tener al Opus Dei en sus diócesis (p. 375), y en cuanto a ciertas ayudas para las exigencias de la vida espiritual, no han de verse como control sino parte de la formación y se muestras casos en los que ha faltado equilibrio y algunas personas no han resistido el ritmo de vida por considerarlo demasiado rígido, controlado, duro (pp. 376-394). “Sin embargo, hay pocas pruebas de que los reacios se vean sometidos a este régimen mediante el control de mente. La mayor parte de los miembros que encuentran la estructura excesiva, sencillamente se marchan” (p. 455). En cuanto a los que abandaron la institución, hay que decir: 1) “lo que alguien siente como un ambiente sofocante y rígido, otros lo perciben como ordenado y liberado”, 2) “dependerá de la personalidad de un director o de un sacerdote en concreto”, 3) “con el paso del tiempo se han producido una serie de cambios y el Opus Dei ha aprendido”, 4) muchos de los que se han ido estuvieron poco tiempo, fue en el momento de exigencia inicial que vieron que no era lo suyo (pp. 398-399). Para los que se sintieron heridos van esas palabras del Prelado, Mons. Echevarría: “si hemos hecho daño a alguien, si hemos fallado a alguien, le pedimos perdón”. El camino para sanar esas heridas es buscar la reconciliación. ¿De dónde salen acusaciones y especulaciones salvajes que no corresponden a la realidad de los hechos? La opinión de Allen es ésta: 1) el desarrollo de la Obra en una España franquista, que condicionó su imagen; 2) la controversia con los jesuitas, que están extendidos y han hecho la vida imposible al desarrollo del Opus Dei por todos lados; 3) después del Concilio Vaticano II, el Opus Dei se posicionó con el conservadurismo en una época de nuevas experiencias; 4) Juan Pablo II apoyó al Opus Dei, generando envidia y oposición en algunos sectores. “Siempre que una nueva forma de vida progrese en la Iglesia, luchará por su aceptación. Es común pensar que los jesuitas, antes que el Opus Dei, y los franciscanos y dominicos antes que los jesuitas, eran también el objetivo de las acusaciones más extravagantes” (p. 457) y los fundadores han respondido con una unión más estrecha al Papa. En concreto, el espíritu de la Obra tiene dificultades culturales de apertura del mundo actual: “la idea es que todas las circunstancias cotidianas de la vida ya son oración, ya son formas de vida espiritual y formas de evangelización de la Iglesia, es decir, historias embriagadoras, y se necesitará un tiempo para absorberla. En muchos sentidos, los propios miembros del Opus Dei todavía tratan de digerirlo” (p. 458).
En el capítulo “captación” se muestra el apoyo de Juan Pablo II en el fomentar vocaciones (p. 423), y que “la percepción negativa del Opus Dei en este sentido no es tanto por las captaciones en sí sino porque utiliza váis turbias y de manipulación” (p. 425), es decir presión sobre aquel que puede ingresar, pero se muestran también muchas voces de obispos y otros pastores que no tienen esa visión (pp. 430 y ss.). “Las vocaciones surgen de la amistad y de las relaciones familiares, nunca de las ‘llamadas frías’” (p. 431). En las entrevistas a jóvenes que están en contacto con apostolados de la Obra, percibe mucha alegría y agradecimiento, pero en algún caso también esa “presión” (pp. 432-437), “aunque hubo episodios de presión excesiva sobre los aspirantes jóvenes, parecen más característicos del pasado que del presente y no han sido tan fuertes como para disuadir a muchas personas a negarse” (p. 455): “no es la màquina voraz de captación que presenta el mito, teniendo en cuenta el incremento poco significativo de nuevos miembros a un promedio de 650 incorporaciones al año en todo el mundo en el último cuadrienio” (p. 454). La experiencias de los que se marcharon –los miembros críticos son generalmente del pasado, la década de 1960 o 1980- “sugieren la necesidad de un mayor cuidado en el criterio vocacional, sobre todo en los más jóvenes” (p. 455).
En la recapitulación, se habla del futuro. Según Allen, la ortodoxia y unión a Roma es una opción entre otras, y por eso señala que “el paso intelectual decisivo es preguntarse si las enseñanzas que los oficiales de la Iglesia definen como autoritarias pueden estar equivocadas. Si un católico contesta afirmativamente a esta pregunta, probablemente no se sienta muy cómodo en el Opus Dei, donde hay un énfasis resuelto por pensar con la Iglesia”. El autor sugiere unas “reformas” dentro del Opus Dei: más transparencia, para que sea “una casa de cristal” y para ello sugiere publicar el estado financiero completo de todas las actividades (“estos informes podrían ser decisivos para concluir que una obra corporativa no la ‘posee’ el Opus Dei, sino que el laicado constituye una junta directiva que la administra independientemente”); “identificar claramente las instalaciones vinculadas al Opus Dei… debería aparecer un cartel en el que se leyera: CENTRO DEL OPUS DEI” y explicarlo en folletos, ya en las primeras visitas a una actividad; “al menos en el mundo anglosajón, el Opus Dei podría plantearse desarrollar unos programas por escrito sobre los puntos neurálgicos de su vida y apostolado… un folleto sobre la amistad en el Opus Dei… ya que podría explciar a grandes rasgospor qué los miembros del Opus Dei a menudo invitan a amigos y compañeros a las actividades y acentuar que nadie peca o muestra un mal espíritu cristiano por negarse a ir”; “asimismo un folleto que llevara por título La vocación de numerario podría resumir con detalle cuáles son las expectativas y obligaciones de un socio numerario y cómo es la vida dentro de un centro del Opus Dei”; aunque perjudique el ambiente familiar, “a veces un poco de estructura es el precio que ha de pagarse por realizar el trabajo de familia. En este caso, el coste de la comprensión del Opus Dei debe ser sopesado con el enorme bien público que se lograría tranquilizando las inquietudes de muchos”; que se conozca la vinculación a la Obra de personas con vida pública relevante; “los miembros del Opus Dei, y, sobre todo, los miembros supernumerarios… deberían ofrecerse para hablar sobre la organización en encuentros parroquiales, escuelas católicas y universidades y, en cualquier otro lugar donde se les pudiera plantear preguntas y dejar las cosas claras” como ya han aparecido webs informativas en este sentido; y “el Opus Dei debe encontrar formas creativas de tender la mano a ex miembros que pasaron por experiencias difíciles” (pp. 459-465). Para acabar el libro, subraya dos aspectos en este sentido: colaboración sobre todo institucional –también personal- del Opus Dei, con otras instituciones de la Iglesia; y “autocrítica institucional”, pues “el momento más frustrante” de Allen era cuando abordaba este tema y se le respondía sólo en términos de conversión personal y autoperfeccionamiento (“mirando en el corazón para ver las malas hierbas que hay que arrancar”: p. 470): “el reto a veces puede ser conseguir que dejen de hablar de los errores que el Opus Dei ha cometido y lograr que comenten lo que necesita cambiar, y señala la ya recordada comunicación pobre que alimenta la impresión de secretismo, impetuosidad de juventud con un celo que parecía arrogancia, un énfasis en lo propio sin integrarlo adecuadamente dentro del conjunto de la Iglesia, una cierta rigidez y dogmatismo en la aplicación de ciertos ideales, estar a la defensiva en los cambios, en la época post-conciliar, insistencia en el cumplimiento que puede llevar al formalismo (“una ética del deber antes que del amor”), una pasión tan fuerte por la excelencia que puede ser demasiado humana (pp. 469-473). Aunque entiende Allen que cuando uno está enamorado de una persona no ve en ella defectos o al menos no quiere hablar de ellos en público, pero piensa –y es la última frase del libro- que ayudaría más a todos si los fieles del Opus Dei “mostraran un poco más que son vulnerables, tienen defectos y necesitan ayuda, no sólo de forma individual sino también como ‘la Obra’. Como san Pablo escribió… ‘me complazco en mis flaquezas pues, caundo soy débil, entonces es cuando soy más fuerte’” (p. 473).
El autor reconoce que su libro no agrada a todos los de la Obra, pues mientras que unos piensan que es equilibrado, “Otros, sin embargo, no están contentos con lo que ven, por considerar que me centro excesivamente en las controversias que circundan al Opus Dei. Sienten al Opus Dei como su familia, y siempre es doloroso oír acusaciones contra seres queridos, aun cuando se les dé el trato más equilibrado del mundo”. También esto se observan con las voces críticas: “Algunos sienten que el libro dio la voz justa a sus preocupaciones, mientras que otros, convencidos de que el Opus Dei es peligroso, sienten que no he ido lo suficientemente lejos a la hora de presentar sus errores”. Efectivamente, no hay un equilibrio pues estamos ante un reportaje periodístico, hecho en un tiempo concreto, que responde a lo que hoy está presente en la opinión pública -hace unos años podían ser otras cosas, o dentro de pocos años- y es una lástima que no traspúe la índole espiritual, pues al comparar los mitos con la realidad”, no sirve para conocer de cerca el Opus Dei, la experiencia espiritual tan rica de las personas que entrevista harían interesante que hubiera una segunda parte, donde salieran a luz la conciencia de su vocación, cómo buscan seguir a Jesucristo en la vida ordinaria, y esa entrega a tantas personas en apostolados, actividades caritativas, sociales… todo ello queda esquemático, al buscar aspectos organizativos, cuestiones de imagen.
Llucià Pou Sabate

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