Guión Domingo XIV del Tiempo ordinario

4 de Julio – Guión Domingo XIV del Tiempo ordinario

PREPARACIÓN: 

Antes de la salida del celebrante

 

Celebramos hoy el domingo décimo cuarto del tiempo ordinario. Y cada Eucaristía que celebramos debe ser un fuerte compromiso a responder al llamado de Jesús a seguirlo viviendo como verdaderos discípulos suyos, cumpliendo sus exigencias, tal como nos lo manifestara el domingo pasado.

AMBIENTACIÓN: 

Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial

El Señor nos llama, nos deja su paz y nos envía a anunciar su presencia salvadora, que es nuestra paz, porque nos plenifica y nos da verdadera felicidad. Él nos ha elegido como sus discípulos y nos ha convertido en sus apóstoles para anunciar al mundo su paz, y nos pide que oremos para que se multiplique el número de los evangelizadores y que tengamos confianza, que Él no nos abandonará y que nuestra recompensa será grande, ya que nos promete el Reino de Dios.

1ª. LECTURA:  (Is 66, 10-14)      

El Profeta lleva palabras de esperanza a una comunidad desalentada: la mano del Señor protege y consuela a su pueblo.

SALMO RESP.:     (65, 1-3a. 4-7a. 16. 20 

                   R.   ¡Aclame al Señor toda la tierra!    

2ª. LECTURA:    (Ga 6, 14-18)    (Ver texto)

Pablo nos manifiesta que lo realmente importante es ser una nueva creación, a la que sólo se puede llegar por la mística de la cruz.

EVANGELIO:   (Lc 10, 1-12. 17-20)   

En el santo Evangelio, Jesús nos manifiesta que Él envía a sus discípulos, y con ellos envía la paz, su paz.

ORACIÓN DE LOS FIELES:

CELEBRANTE:

 

Hermanos, en nombre de Jesucristo, Príncipe de la Paz, presentemos a nuestro Padre del Cielo, esta oración filial, en la que le pedimos por las necesidades de toda la familia humana.

GUÍA: 

A cada una de las peticiones responderemos orando:

«SEÑOR, ESCÚCHANOS Y DANOS TU PAZ»

 

v Dios todopoderoso, para que los hombres encontremos en la Iglesia y el Santo Padre, la guía en la búsqueda de un mundo nuevo donde reine la paz, la fraternidad y el amor universal que tu Hijo predicó con su palabra y con su vida, te pedimos…

v Padre eterno, para que el testimonio de nuestro Obispo y todos nuestros sacerdotes, sea nuestra guía en la misión de ser anunciadores de la Buena Nueva de la salvación, te pedimos…

v Señor y Dios nuestro, para que todos los habitantes de nuestra nación nos unamos de verdad para construir esa Patria grande que soñaron sus forjadores, y busquemos, todos juntos, soluciones que nos ayuden a vivir en concordia y en paz, te pedimos…

v Dios, rico en misericordia, para que tantos hermanos nuestros que están sufriendo, que tienen hambre, que han quedado sin trabajo, sientan el amor de tu mano providente, en la generosa y solidaria ayuda que prestemos a su situación, te pedimos…

v Padre bondadoso, para que en nuestra comunidad, como verdaderos discípulos de Jesús, nuestro corazón esté henchido de esperanza, construida sobre la roca firme de nuestra fe en un Dios perdonador y misericordioso, te pedimos…

CELEBRANTE:

Dios rico en misericordia, atiende favorablemente estas peticiones que ponemos en tus manos, y concédenos la fortaleza y la sabiduría necesarias para comprometernos verdaderamente con la misión de tu Hijo. Te lo pedimos por Él, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

 

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

 

En este pan y este vino que ahora presentamos debe estar contenido nuestro compromiso a transformar un mundo secularizado y olvidado de Dios, en un mundo que ya ahora sea Reino de Dios.

Al término del “Lavatorio de Manos” y cuando el celebrante vuelve al centro del altar y antes de la oración siguiente, se hace poner de pie a la asamblea

 

DIÁLOGO DEL PREFACIO:

Al iniciarse el Prefacio (antes de «El Señor esté con vosotros»)

Expresemos nuestro agradecimiento al Padre, que no sólo que en Cristo nos ha dado la salvación, sino que también ha querido que esa salvación llegara a todos los hombres con nuestro compromiso y nuestra colaboración.

COMUNIÓN:

Cada Eucaristía es un llamado concreto a ser otros Cristo, que caminemos tras sus huellas, llevando su mensaje de amor, de paz, de fraternidad, a todos los hombres, sintiéndolos verdaderamente nuestros hermanos.

DESPEDIDA:

Cada Eucaristía debe motivar en nosotros un nuevo compromiso con el Señor, que hoy nos envía a llevar a nuestros hermanos su mensaje de amor y de paz; pero también nos pide que tengamos sus mismos sentimientos, por eso, en este momento tan difícil que vivimos, es necesario que seamos verdaderamente solidarios con el sufrimiento de los que menos tienen.

Domingo XIV del Tiempo ordinario – Ciclo B

NECESITAMOS CONFIAR MÁS EN EL SEÑOR

Jesús va a su pueblo, donde mejor se debería sentir acogido y comprendido, porque le conocen desde siempre y tiene sus amigos, sin embargo, desconfían de Él, precisamente porque le conocen desde pequeño, conocen a su familia… esta desconfianza que tienen hacia la persona de Jesús les cierra todas las puertas a acoger su palabra y la salvación que les ofrece.

Nosotros decimos que creemos en Jesús, reconocemos la autoridad de sus palabras y la grandeza de sus milagros, sin embargo, muchas veces desconfiamos de Él y de esta manera estamos cerrando nuestro corazón al amor de Dios y a vivir una vida nueva.

La desconfianza no sólo en Dios sino también en los demás no nos deja crecer ni enriquecernos, hace que el Señor no pueda realizar en nosotros el milagro de la salvación, de nuestra renovación espiritual, de nuestro ser personas nuevas.

Para tener confianza en el Señor Jesús necesitamos dejar la autosuficiencia, reconocer que necesitamos de Dios y de los demás, y que sólo así podremos crecer y podremos unir esfuerzos en la construcción de un mundo nuevo

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

1ª LECTURA
Lectura del libro del profeta Ezequiel 2,2-5

En aquellos días, el espíritu entró en mí, me puso en pie y oí que me decía:
Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí.

Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día. También los hijos son testarudos y obstinados; a ellos te envío para que les digas: «Esto dice el Señor».

Ellos, te hagan caso o no te hagan caso (pues son un pueblo rebelde), sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

El pueblo de Israel vive la época más dura y trágica de su historia: el exilio.

El Señor, por medio del profeta Ezequiel, habla a su pueblo para decirles que, aunque se hayan rebelado contra Él y lo hayan ofendido, sin embargo deben saber que Él sigue esperando que se conviertan y vuelvan a Él.

SALMO
Sal 122, 1-2a. 2bcd. 3-4

R. Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.

• A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores. R:
• Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia. R:
• Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos. R:

2ª LECTURA
Lectura de la 2ª carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,7b-10

Hermanos:
Me han metido una espina en la carne: un emisario de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces le he pedido al Señor verme libre de él y me ha respondido: «Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad».

Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.

Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Pablo ruega a Dios que le haga más sensato para que, a través de su propia debilidad y de las dificultades por las que atraviesa se manifieste la gracia y la fuerza de Cristo.

Él está seguro que el Señor actúa a través de su pequeñez y que sólo necesita su gracia.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6,1-6

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
¿De dónde saca todo eso?

¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?

Y esto les resultaba escandaloso.
Jesús les decía:
No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Palabra de Dios

COMENTARIO AL EVANGELIO

Jesús visita su pueblo, Nazaret, y llena de asombro y de incredulidad a sus conciudadanos con sus enseñanzas en la sinagoga y sus milagros que les resultaban escandalosos.

No tenían fe en Él. ¿Cómo puede hacer el hijo del carpintero todo esto?

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL
TENEMOS QUE APRENDER DE JESÚS A VIVIR

La vida de un cristiano comienza a cambiar el día en que descubre que Jesús es Alguien que le puede enseñar a vivir, Alguien con una “sabiduría única”.

Los cristianos de hoy tenemos que preguntarnos si no hemos olvidado que ser cristianos es sencillamente “vivir aprendiendo” de Jesús. Ir descubriendo desde Él, cuál es la manera más humana, más auténtica y más gozosa de enfrentarnos a la vida.

Son muchos los cristianos para quienes Jesús sigue siendo el “gran desconocido”. Un Jesús sin consistencia real, incapaz de animar su existencia diaria.

Y, sin embargo, ese Jesús mejor conocido y más fielmente seguido podría transformar nuestra vida, alguien vivo que, desde el fondo mismo de nuestro ser, nos acompaña con paciencia, comprensión y ternura. Él puede ser nuestro maestro de vida.

Nos puede enseñar a vivir al servicio del necesitado, nos puede descubrir que es mejor vivir dando que acaparando.

Escuchando su mensaje y siguiendo sus pasos podemos aprender a vivir de manera más solidaria y menos egoísta, a arriesgarnos más por todo lo que es bueno y justo, a querer a las personas como las quería Él, a confiar en el Padre como él confiaba.


ORACIÓN A LA VIRGEN del CARMEN


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