XXVI Domingo del Tiempo ordinario

XXVI Domingo del Tiempo ordinario

XXVI Domingo del Tiempo ordinario

EL ESPÍRITU NO ESTÁ ENJAULADO

Frente a la actitud de las sectas, que se arrogan el monopolio del bien y creen tener a Dios en exclusiva, la Iglesia de todos los tiempos, pero especialmente la del Concilio Vaticano II, resalta que el Espíritu sopla donde quiere y actúa en la sociedad; por eso, -afirma el Concilio– la Iglesia también tiene que aprender del mundo, de los avances humanitarios de la sociedad; ha de escudriñar los signos de los tiempos, verdadera voz del Señor.

El Espíritu actúa en toda persona de buena voluntad. Dios no tiene santuarios especiales en los que únicamente realiza los milagros y atiende a los que le visitan. El mundo es el gran templo en el que Dios habita y actúa y también habita y actúa en el corazón de cada persona. Dios está en el centro de los hombres que se asocian para luchar por una sociedad mejor.

No hay una actitud que predisponga más en contra de la fe, de la Iglesia y de cualquier institución o persona, que la altanería sectaria. Por eso el Papa Juan Pablo II pidió públicamente perdón a la humanidad por todos los errores y pecados de la Iglesia. Es de justicia reconocer el bien de los demás, sus aciertos, sus éxitos, su generosidad, el bien que pueden hacer las instituciones culturales o humanitarias.

El reconocimiento sincero del bien del otro es condición imprescindible para el diálogo evangelizador, condición para que “los otros” presten oídos a nuestra propuesta evangélica.

Los cristianos deberíamos valorar con gozo todos los logros humanos grandes o pequeños y todos los triunfos de la justicia que se alcanzan en el campo político, económico o social. Los políticos que luchan por una sociedad más justa, los periodistas que se arriesgan por defender la verdad y la libertad, los obreros que logran una mayor solidaridad, “están a favor de las propuestas de Jesús” si se esfuerzan por hacer este mundo más humano.

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

 1ª LECTURA

Lectura del libro de los Números 11, 25-29

En aquellos días, el Señor bajó en la nube, habló con Moisés y, apartando algo del espíritu que poseía, se lo pasó a los setenta ancianos. Al posarse sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar enseguida.                                                    Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad. Aunque estaban en la lista, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu se posó sobre ellos, y se pusieron a profetizar en el campamento. Un muchacho corrió a contárselo a Moisés:                                                                                         —«Eldad y Medad están profetizando en el campamento».                                                         Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino:                                           —«Señor mío, Moisés, prohíbeselo».                                                                           Moisés le respondió:                                                                                                    —«¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!». Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

En el libro de los Números se nos cuenta el episodio de dos ancianos del pueblo de Israel que profetizan sin haber recibido oficialmente encargo para ello. Le comunican a Moisés este hecho con la intención de que les prohíba profetizar, sin embargo Moisés es capaz de reconocer que la acción del Espíritu Santo puede actuar en cualquier persona del pueblo de Dios

 

SALMO

Salmo responsorial: Salmo 18, 8. 10.12-13. 14 (R.: 9a)

  1. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.

La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma;

el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. R.

La voluntad del Señor es pura y eternamente estable;

los mandamientos del Señor son verdaderos

y enteramente justos. R.

Aunque tu siervo vigila para guardarlos con cuidado,

¿quién conoce sus faltas?

Absuélveme de lo que se me oculta. R.

Preserva a tu siervo de la arrogancia, para que no me domine:

así quedaré libre e inocente del gran pecado. R.

 

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol Santiago 5, 1-6

Ahora, vosotros, los ricos, llorad y lamentaos por las desgracias que os han tocado. Vuestra riqueza está corrompida y vuestros vestidos están apolillados. Vuestro oro y vuestra plata están herrumbrados, y esa herrumbre será un testimonio contra vosotros y devorará vuestra carne como el fuego. ¡Habéis amontonado riqueza, precisamente ahora, en el tiempo final!

El jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros campos está clamando contra vosotros; y los gritos de los segadores han llegado hasta el oído del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en este mundo con lujo y entregados al placer. Os habéis cebado para el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al justo; él no os resiste.

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Santiago se dirige a los ricos con unas palabras muy duras por acumular riquezas muchas veces como fruto de ser injustos con los más débiles   no pagando con justicia a sus obreros.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 38-43. 45. 47-48

 

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús:                                                                         —«Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros».

Jesús respondió:

—«No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

Y, además, el que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa.

El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.

Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al infierno.

Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos la infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga».

Palabra de Dios 

 

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

Jesús se dirige a sus discípulos para decirles que deben ser tolerantes con quien sin ser de los suyos hacen el bien. Para Jesús lo importante es vivir abiertos a la acción de Dios que actúa en todos los hombres. También les habla de las condiciones que han de cumplir quienes pretendan entrar en el Reino de Dios que son mantener una actitud vigilante para evitar aquello que nos impida la fidelidad al Señor.

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

Jesús nos dice: “El que no está contra nosotros, está a nuestro favor”

El Evangelio de este domingo nos enseña:

Que el Señor reparte su Espíritu cuando quiere y a quien quiere. Nadie,–ni siquiera la Iglesia–, posee la verdad y el Espíritu en exclusiva. Todo lo bueno es obra de Dios y proviene de Él. Buscar lo bueno y apoyar el bien, venga de donde venga, es unir fuerzas en la construcción del Reino y descubrir la presencia del Espíritu en todas partes y la acción salvadora de Dios en todos los hombres.

Que escandalizar es hacer caer al otro. Que nosotros podemos ser ocasión de escándalo por lo que el Señor nos pedirá que asumamos la parte de responsabilidad que nos toca.

No podemos juzgar ni criticar a los demás sin preguntarnos qué parte de culpa tenemos nosotros en el desánimo o en el retroceso de la fe de los niños, que son los más débiles y que necesitan más nuestro ejemplo y apoyo; del desencanto y la desilusión de los jóvenes que pueden abandonar su fe al ver nuestra falta de coherencia entre lo que decimos creer y nuestros actos concretos.

A veces damos más importancia a las apariencias y a las costumbres que a la verdad y a lo fundamental del mensaje de Jesús.

Que tenemos que tomarnos en serio la salvación. Esforzarnos en apartarnos con diligencia y firmeza de todo lo que nos separa de Dios y nos aleja de la salvación y poner empeño en ser fieles al mensaje de Jesús, viviendo de modo más auténtico.