IV Domingo del Tiempo ordinario – 31 de enero

IV Domingo del Tiempo ordinario – 31 de enero

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,21-28

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.

Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno?

¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.
Jesús lo increpó: Cállate y sal de él.

El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: ¿Qué es esto?

Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.

Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Palabra de Dios

COMENTARIO AL EVANGELIO     

Jesús enseña con autoridad, enseña un modo de vivir, una Buena Noticia que responde a los anhelos y preocupaciones del ser humano.

Tanto impresionó a los sencillos habitantes de Cafarnaún que lo presintieron como el gran profeta anunciado por Moisés.      

DOMINGO 4º DURANTE EL AÑO

PREPARACIÓN:
Antes de la salida del celebrante

Una vez más, como todos los domingos, nos reunimos para celebrar la Cena del Señor; concretamente celebramos el cuarto domingo durante el año. Y celebrar la Eucaristía nos compromete a ser anunciadores de la Buena Noticia, que muchas veces es una tarea arriesgada, ya que no todos aceptan la Palabra de Dios.

AMBIENTACIÓN:
Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial

Jesús se presenta como profeta: tiene la misión de predicar oportuna e inoportunamente la Palabra de Dios, una palabra que no es agradable a todos y por la que empieza a ser signo de contradicción. Una palabra que no siempre cae bien, que denuncia, que quema, pero que finalmente triunfa. Y ésta es la misión a la que estamos llamados todos los que queremos ser verdaderos discípulos suyos.

1ª. LECTURA: (Jr 1, 4-5. 17-19) (Ver texto)

Es el mismo Dios quien llama y confiere el ministerio de profeta; misión arriesgada pero que lleva consigo la promesa de la asistencia divina para llevar a término la misión.

SALMO RESP.: (70, 1-4a. 5-6ab. 15ab. 17) (Ver texto)

R. Mi boca, Señor, anunciará tu salvación.

2ª. LECTURA: (1 Co 12, 31 – 13, 13) (Ver texto)

Pablo nos transmite el «himno al amor», manifestándonos que el cristiano es alguien que sabe y practica que el amor es lo más grande, por encima de la fe y la esperanza.

EVANGELIO: (Lc 4, 21-30) (Ver texto)

Escuchemos ahora al mismo Jesús, que nos manifiesta que su Evangelio es siempre incómodo y sacude nuestra tranquila seguridad.

ORACIÓN DE LOS FIELES:

CELEBRANTE:

En el Evangelio hemos visto la incomprensión de los que escuchaban su predicación, incomprensión que continua en la vida de los que queremos seguirlo. Por eso presentémosle ahora al Padre nuestra oración:

GUÍA: A cada una de las peticiones responderemos orando:

«SEÑOR, QUE SEAMOS FIELES A TU PALABRA «

v Para que siempre encontremos en la Iglesia el depósito de la verdad, que expresa y alimenta su vida y su misión y se fundamenta necesariamente en la Palabra de Dios, te pedimos…

v Para que nuestra Iglesia diocesana sea siempre un recinto en el que, como San Pablo nos manifiesta hoy, la comprensión sea la nota que caracteriza al amor, a la caridad, que más que en dar está en comprender, te pedimos…

v Para que el mundo encuentre la paz que nos trae Cristo, se terminen las guerras y las discordias y todos los pueblos sean capaces de escuchar la Palabra de Dios y rectifiquen aquellas conductas que puedan ofenderle, y así podamos vivir en unidad y concordia, te pedimos…

v Para que recordando que todos los hombres son hermanos nuestros, nos entreguemos por entero a la causa de Jesús: los que sufren, los que están solos, abandonados, enfermos, injustamente marginados, y así encuentren en Él, el consuelo y la esperanza de la vida eterna, te pedimos…

v Para que todos los cristianos, como el Profeta, sigamos anunciando el perdón, el amor y la paz, aunque todos nos vuelvan la espalda, y frente al intento de despeñar la realidad cristiana de nuestra tierra, por desfiladeros peligrosos y con argumentos ridículos, estemos dispuestos siempre a dar la cara por Cristo, te pedimos…

CELEBRANTE:

Padre, concédenos lo que con fe te hemos pedido y danos la fuerza de tu Espíritu para ser profetas de tu amor, encontrando siempre la verdad en las enseñanzas de tu Hijo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

Presentemos al Padre los dones que se convertirán en Pan de vida eterna y Cáliz de eterna salvación, y junto con ellos, nuestras vidas y nuestras cosas, para que todo quede consagrado a Él.

Al término del “Lavatorio de Manos” y cuando el celebrante vuelve al centro del altar y antes de la oración siguiente, se hace poner de pie a la asamblea

DIÁLOGO DEL PREFACIO:

Al iniciarse el Prefacio (antes de «El Señor esté con vosotros»)

Sabemos que Jesucristo está presente en medio nuestro, y por ello unamos nuestros corazones y nuestras voces para dar gracias a nuestro Padre del Cielo por este don inmenso de su amor.

COMUNIÓN:

El Señor nos ha llamado a ser sus profetas, pero no nos abandona a nuestras fuerzas en esta tarea: Él mismo ha querido ser nuestro alimento que ahora se nos ofrece en la Eucaristía.

DESPEDIDA:

Esta Eucaristía tiene que haber significado para nuestras vidas un nuevo impulso evangelizador; el mismo Señor nos ha elegido para ser sus profetas y nos ha enviado a proclamar su Palabra, a comunicarla sin miedo y con mucho amor.

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