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LA FIESTA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO EN EL 60 ANIVERSARIO DE LA ORDENACIÓN SACERDOTAL DEL PAPA BENEDICTO XVI

Queridos diocesanos:

Cada año el final de Junio nos trae la fiesta de los santos apóstoles Pedro y Pablo, columnas de la fe que dieron testimonio con la entrega de sus vidas en la ciudad de Roma.

Pedro, el pescador de Galilea elegido por Cristo para ser el primero de los apóstoles y así confirmar a los hermanos en la fe; el que lo confesó como Mesías y Señor y se vio probado por la debilidad y la negación, aprendió así que hay que saber amar desde la debilidad, que no podemos confiar en nuestras fuerzas para seguir a Jesús, pues todo es gracia. Desde el amor a Cristo es encargado de pastorear su rebaño. Después de Pentecostés, nada le pudo retener hasta llevar el Nombre del Señor al centro de la civilización romana, a la misma sede del Imperio, Roma. Allí fue crucificado dando testimonio que el Evangelio es la fuerza transformadora del hombre y del mundo.

Pablo, el fariseo que se encontró con Cristo en el camino de Damasco y de ser perseguidor se convirtió en el gran apóstol de las gentes. Pablo conoció como pocos al Señor, aunque nunca lo vio físicamente. Lo conoció porque lo amó hasta hacer de Cristo su propia vida; sin Cristo no hay nada, ni nada tiene sentido. Es Cristo por el que merece la pena entregarlo todo; en Él, todo lo demás es basura. El apóstol Pablo recorrió el mundo entonces conocido para que a todos llegara el Evangelio, el apóstol es evangelizador y maestro de evangelizadores; perseguido, torturado, encarcelado nadie pudo separarlo del amor de Dios. Somos del Señor, en la vida y en la muerte, le pertenecemos. En Roma encuentra el martirio que lo identifica definitivamente con el Maestro. A lo largo de la historia su testimonio ha sido fuente de ardor misionero para llevar a Cristo a todas las gentes.

En la Misa de la fiesta de los llamados “príncipes de los apóstoles”, rezamos en el prefacio: “Pedro fue el primero en confesar la fe; Pablo, el maestro insigne que la interpretó; el pescador de Galilea fundó la primitiva Iglesia con el resto de Israel; el maestro y doctor la extendió a todas las gentes».

Fue Roma la sede de San Pedro, y sus obispos quienes los suceden en el oficio encomendado por Cristo. El Obispo de Roma, sucesor de San Pedro, tiene como misión presidirnos en la caridad y confirmar a los hermanos en la fe. Su autoridad es la de Pedro, ser piedra y fundamento del edificio de la Iglesia. Como Vicario de Cristo lo hace presente mediante el ministerio de la predicación, la celebración de los misterios del Señor y el pastoreo de la comunidad.

La sucesión en la sede y el servicio petrino nos trae hasta el Papa Benedicto XVI. Elegido como sucesor de San Pedro, después de una larga y rica trayectoria intelectual y pastoral, está en medio de la comunidad como oyente de la Palabra, la que predica con sabiduría, dejándonos el testimonio de la belleza de la fe cristiana. Muchos lo definen ya como el Papa de la palabra. Su magisterio es una búsqueda apasionada de la verdad, verdad que solo se hace creíble en la caridad. Recuperar los accesos del hombre a Dios, es la gran prioridad de la Iglesia, según Benedicto XVI. El hombre ha perdido a Dios, y con Él ha perdido su identidad más profunda, por ello, hemos de esforzarnos en devolver a Dios al hombre, para que en Él encuentre el sentido de su vida.

Precisamente en la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo, el Papa celebrará los 60 años de su ordenación sacerdotal. Un motivo de acción de gracias a la que se une la Iglesia extendida por todo el mundo. Damos gracias al Dios por el don del sacerdocio en la Iglesia, y, concretamente, por el sacerdocio del actual Pontífice.

En estos días nos uniremos a todas las diócesis del mundo en la adoración eucarística. A lo largo de las parroquias de nuestra diócesis tendremos 60 horas de oración delante del Santísimo Sacramento, rezando por la santificación de los sacerdotes y el fomento de las vocaciones sacerdotales. Es el mejor regalo que podemos hacer al Papa en este su Jubileo sacerdotal.

Os invito a todos a participar en vuestras parroquias en estos momentos de oración. Será un testimonio elocuente de nuestra inquebrantable unidad y adhesión al Papa y un medio eficaz para que el Señor nos conceda lo que le pedimos con el corazón.

En vuestro nombre y en el mío propio he enviado una felicitación al Santo Padre con motivo de este acontecimiento tan importante en su historia personal.

Con mi afecto y bendición.

+ Ginés García Beltrán

Obispo de Guadix

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