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LA MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA Y LA SAGRADA ESCRITURA

Virgen de los deportistas
LA MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA Y LA SAGRADA ESCRITURA

a. Según Gal 4,4 nos dice: «Cuando llegó la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de mujer». La fórmula teológica «envió Dios a su Hijo» alude a la preexistencia del Hijo que es enviado al mundo por el Padre; la fórmula considera, por tanto, al Hijo en su existencia divina. Ese Dios – Hijo es el término de la acción generativa de la mujer «nacido de mujer».

b. En Rom 9, 5 se dice: «de los cuales (los israelitas), procede) Cristo según la carne, que es sobre todas las cosas Dios bendito por los siglos».Si, como casi todos los autores católicos sostienen, hay que referir esta afirmación a Cristo; el texto afirma: Cristo, que es Dios, procede de los israelitas según la carne; con otras palabras: el mismo Cristo, que es Dios, es engendrado según la carne, de los israelitas, lo que históricamente es decir de María; Cristo – Dios es engendrado de María

c. En Lc 1 35: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, lo que nacerá será llamado santo, Hijo de Dios». No hay la menor duda de que el Verbo será llamado Hijo de Dios. Y cuando anuncia que el Espíritu Santo vendrá sobre ti alude a la fuerza divina que va a realizar la concepción milagrosa, y también alude a que el seno de María se va a convertir en tabernáculo de Dios por la presencia misma del mismo Dios, de la que el signo de nube que cubre, por eso lo que nacerá de María será el Hijo de Dios en sentido estricto.

d.- San Juan nos dice en su prólogo del Evangelio, Jn 1,14 que: «El Verbo se hizo carne y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo Único». No nombra a la virgen María, pero dados los otros datos revelados de Lucas y de S. Pablo se sabe que fue María la que concibió en su seno al Verbo, este se hizo hombre y puso su Morada entre nosotros. Y en Jn 3, 16-17, dice: «Porque tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo sino para que el mundo se salve por él».

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