Lecturas diarias: 30 de Agosto

Lecturas diarias: 30 de Agosto| XXII Domingo del tiempo ordinario Ciclo A

Disfruta cada día de la Palabra de Dios y compártela para que llegue a los corazones de tantos cristianos que necesitan este alimento diario.

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 16, 21-27

Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. 

Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. 

Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? 

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.


Evangelio del día 29 de agosto | † |  Evangelio del día 31 de agosto

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ORACIÓN del Ángelus por el Papa Francisco


¡Tan cerca!

Si me dejo llevar por una serie
de lamentaciones, me hundo,
cada vez más, en el abismo.
Los pensamientos oscuros siguen
atrayendo hacia mí nuevas miserias.

Debo vivir hoy, no puedo cambiar
los acontecimientos.
¡Si lograse, tan sólo, dejar un resquicio
para los recuerdos hermosos!
¡Si consiguiera no preocuparme
tanto del mañana!

¿Qué tengo hoy de nuevo?
La salud, el sol en el cielo.
Comida y bebida, un niño
que me sonríe, una flor en casa.

Tal vez busco la felicidad
demasiado lejos de mí.
¡La felicidad se parece a las gafas!
No las veo y, sin embargo,
están sobre mi nariz!
¡Tan cerca!

Reflexión

2Cor 10, 17-11, 2.

Hemos sido cortados de un olivo silvestre, al que por naturaleza pertenecíamos, y hemos sido injertados contra la naturaleza en el olivo fértil.

La alegría que encuentra el esposo con su esposa, es la alegría que el Señor encuentra con su Pueblo.

Llenémonos de orgullo en el Señor, que ha querido escoger, para sí, a su Iglesia. No importándole lo que hayamos sido antes, Él nos escogió para que entremos en Alianza nueva y eterna con Él; por eso debemos conservarnos y conducirnos con la debida pureza de espíritu.

Somos del Señor; por eso no podemos permanecer en el pecado, lejos de Él; más bien hemos de caminar en una continua conversión hasta lograr la perfección de Aquel que nos ha llamado para que seamos santos, como Él es Santo.

Sal 148.

El universo entero estalle en alabanzas al Señor, su Creador y Rey. Él está por encima de todo y se manifiesta como el Dios providente, que con su poder mantiene todo lo que, por amor, llamó a la existencia.

Los ángeles y los hombres alaben al Señor y denle culto. Con una continua alabanza a su Nombre permaneceremos constantemente en su presencia; así, en verdad, en Él viviremos, nos moveremos y seremos.

Si esta alabanza la eleva la creación entera, cuánto más la hemos de elevar quienes gozamos de familiaridad con Él, porque hemos sido elevados a la dignidad de hijos suyos al haber entrado en comunión de vida con el Señor, por medio de la fe y del bautismo.

Si somos uno con Cristo, vivamos alabando y no denigrando el Nombre del Señor entre los pueblos que nos rodean.

Mt. 13, 44-46.

Sólo quien posee la Sabiduría que procede de Dios podrá valorar adecuadamente el Evangelio y la Vida que Dios le ofrece.

Nadie vendrá a Cristo si no lo llama el Padre; nadie entenderá a Cristo si no es conducido por el Espíritu Santo. No basta descubrir, comprender a Cristo como el Camino, la Verdad y la Vida.

A aquel Escriba que le dice a Jesús: Muy bien, Maestro. Tienes razón al afirmar que Dios es único y que no hay otro fuera de Él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios, Jesús le indica: No estás lejos del Reino de Dios.

Mientras no seamos capaces de renunciar a todo y centrar, realmente, nuestra vida en sólo Dios, estaremos, permaneceremos, cerca del Reino de Dios, pero no entraremos en Él.

El Señor nos pide que seamos capaces de dejarlo todo y pertenecerle únicamente a Él; porque, de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si al final pierde su vida.

En esta Eucaristía nosotros nos hacemos uno con el Señor en una nueva y definitiva alianza. Por Cristo nosotros somos hechos de la familia divina.

Comprender esta verdad y decidirnos a aceptar al Señor en nuestra vida, equivale a tomar la decisión de hacer nuestro el tesoro más grande que Dios pudiera ofrecernos. ¿Seremos capaces de no quedar apegados a lo pasajero, a nuestras propias miserias, con tal de ganar a Cristo para nosotros?

Recordemos que el Señor renunció incluso a su propia vida, con tal de ganarnos para Él. Ojalá y no vivamos huyendo de Él, sino centrando sólo en Él nuestra vida y nuestro amor.

Esta aceptación de la vida de Dios en nosotros nos compromete a convertirnos en una manifestación, en un signo, en un Sacramento vivo de su amor en medio de todos aquellos con quienes entramos en contacto en nuestra existencia.

Quien posee al Señor y su Espíritu debe dejarse guiar por Él.
De nada nos serviría entrar en comunión con Cristo por medio de la Eucaristía si después vivimos como si no conociéramos a Dios.

Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de vivir, con una verdadera congruencia entre fe y vida, la Alianza que, en amor, hemos pactado para siempre con el Señor de nuestra vida y de nuestra historia. Amén.

Homiliacatolica.com

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