Lecturas diarias: Domingo Solemnidad de la Ascensión del Señor

VII Domingo de Pascua, Ascensión del Señor

EL AMOR FRATERNO FUNDAMENTO DEL SEGUIDOR DE JESÚS

        Jesús, al despedirse de sus discípulos, quiere recordarles algunos rasgos fundamentales que no deben olvidar si quieren ser fieles a su persona y a su proyecto. Lo primero que les dice es: «Permaneced en mi amor», que es vivir en el amor con que nos ama Jesús, el amor que recibe del Padre.

        Ser cristiano no es en primer lugar un asunto doctrinal, sino una cuestión de amor. Lo importante será siempre no desviarse del amor. Permanece en el amor de Jesús quien pone en práctica el mandamiento fundamental del amor fraterno.

En cualquier época y situación, lo decisivo para el cristianismo es no salirse del amor fraterno. Jesús no presenta este mandato del amor como una ley que ha de regir nuestra vida haciéndola más dura y pesada, sino como una fuente de alegría.

Sin amor no es posible dar pasos hacia un cristianismo más abierto, cordial, alegre, sencillo y amable donde podamos vivir como «amigos» de Jesús. A nuestro cristianismo le falta, con frecuencia, la alegría de lo que se hace y se vive con amor.

A nuestro seguimiento a Jesucristo le falta el entusiasmo de la innovación, y le sobra la tristeza de lo que se repite sin la convicción de estar reproduciendo lo que Jesús quería de nosotros.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL DOMINGO

1ª LECTURA

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 10,25-26. 34-35. 44-48

Aconteció que cuando iba a entrar Pedro, Cornelio salió a su encuentro y se echó a sus pies. Pero Pedro lo levantó diciendo:
– Levántate, que soy un hombre como tú.
Y, tomando de nuevo la palabra, Pedro añadió:
– Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.

Todavía estaba hablando Pedro, cuando cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras.

Al oírlos hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes circuncisos, que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles.

Pedro añadió:
– ¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?

Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo. Le rogaron que se quedara unos días con ellos.

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

          Para Dios todos somos iguales y a todos nos ha salvado. El Espíritu Santo vino sobre todos los oyentes: judíos y paganos, y por tanto, confirma que Dios no hace distinción. Desde el principio la Iglesia abrió sus puertas a personas de toda raza, cultura y condición. La única condición es creer en Jesús y bautizarse.

SALMO 

Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4
R. El Señor revela a las naciones su justicia.

2ª LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4,7-10

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él.

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados.

Palabra de Dios

COMENTARIO  A LA 2ª LECTURA

  Dios nos manifestó su amor, ante todo al enviarnos a su Hijo para que tengamos vida en Él. El amor de Dios consiste en que Él nos amo primero enviando a Jesús, su Hijo, que nos trajo la salvación.       

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 15,9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.

Palabra de Dios

COMENTARIO AL EVANGELIO

Permanecer en el amor a Jesús, amar a los hermanos y hacerlo con el sacrificio de la propia vida, si fuera necesario, es el mensaje de Jesús antes de dejarnos.

La única manera de saber si somos discípulos de Jesús, sus seguidores y amigos, es si cumplimos el mandamiento del amor a los demás, en especial a los más necesitados.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

VIVIR AL ESTILO DE JESÚS

       Jesús al despedirse de sus discípulos les dio un solo mandato: “que os améis unos a otros como yo os he amado”. Jesús no quería que su estilo de amar se perdiera entre los suyos.

Si un día lo olvidaban, nadie los podría reconocer como discípulos suyos.

Las primeras generaciones de creyentes en Jesús resumían así su vida: “Pasó por todas partes haciendo el bien”.

Jesús buscaba siempre el bien de las personas, ayudaba a vivir, su estilo de amar era inconfundible, era muy sensible al sufrimiento de la gente, no podía pasar de largo ante quien estaba sufriendo.

Quien ama como Jesús, vive aliviando el sufrimiento y secando lágrimas. Quien ama como Jesús, aprende a mirar los rostros de las personas con compasión, está atento a cualquier llamada, está dispuesto siempre a hacer lo que pueda.

Los seguidores de Jesús, como Él, tenemos que estar junto a los más desvalidos, tenemos que hacer lo que podamos por curar sus dolencias, liberar sus conciencias o contagiar confianza en Dios, sabiendo que no podemos resolver todos los problemas, pero sí algunos.

Lecturas diarias: Domingo Solemnidad de la Ascensión del Señor

Solemnidad de la Ascensión del Señor

Libro de los Hechos de los Apóstoles 1,1-11.

En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo,
hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido.
Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se les apareció y les habló del Reino de Dios.
En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: “La promesa, les dijo, que yo les he anunciado.
Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días”.
Los que estaban reunidos le preguntaron: “Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?”.
El les respondió: “No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad.
Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra”.
Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos.
Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco,
que les dijeron: “Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir”.

Salmo 47(46),2-3.6-9.
Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra.

El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.
Canten, canten a nuestro Dios, canten,
canten a nuestro Rey.

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado.

Carta de San Pablo a los Efesios 1,17-23.
Hermanos:
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente.
Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos,
y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Este es el mismo poder
que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo,
elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro.
El puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia,
que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas.

Evangelio según San Mateo 28,16-20.
En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.
Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.
Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”.

Domingo, 1 de Junio de 2014
LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
Solemnidad – Blanco
Hechos 1, 1-11/ Efesios 1, 17-23
/ Mateo 28, 16-20
Salmo Responsorial, Sal 46, 2-3. 6-9
R/. “El Señor asciende entre aclamaciones”

Santoral:
San Justino, San Pánfilo, San Renán,

San Caprasio, Beato Aníbal y Beato
Juan Bautista Scalabrini

LECTURAS DEL DOMINGO 1 DE JUNIO DE 2014

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Lo vieron elevarse

Lectura de los Hechos de los Apóstoles
1, 1-11

En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseño Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido.
Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se les apareció y les habló del Reino de Dios.
En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días».
Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel? »
Él les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra».
Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir».

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 46, 2-3. 6-9

R. El Señor asciende entre aclamaciones.

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra. R.

El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.
Canten, canten a nuestro Dios,
canten, canten a nuestro Rey. R.

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado. R.

Lo hizo sentar a su derecha en el cielo
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Éfeso
1, 17-23

Hermanos:
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que Él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que Él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza.
Este es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro.
Él puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de Aquél que llena completamente todas las cosas.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
28, 16-20

Después de la resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de Él; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que Yo les he mandado. Y Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo».

Palabra del Señor.

Reflexión

ES LA HORA DE LA IGLESIA
1.- Id y haced discípulos de todos los pueblos… enseñándoles a guardar lo que os he mandado. El mensaje de esta fiesta de la Ascensión es un mensaje activo y comprometedor para nosotros. Después de la Ascensión comienza nuestro tiempo, el tiempo de la Iglesia. Ya no es suficiente pedirle al Maestro que convierta a los pecadores, que les convenza con la fuerza de su palabra y de ejemplo de la verdad de su doctrina. Cristo ha ascendido ya al cielo y ahora debemos ser nosotros los que, con nuestras palabras y con nuestras obras, enseñemos a los no creyentes el camino que han de seguir para encontrarse con Cristo. Somos nosotros, los cristianos, es la Iglesia de Cristo la que debe ahora dar testimonio cristiano y evangelizar. Una Iglesia que no evangeliza no es iglesia de Cristo. No podemos escondernos detrás de las dificultades que la sociedad actual pone a la verdadera evangelización cristiana. Más dificultades tuvo Cristo cuando predicó su evangelio. Precisamente porque nuestra sociedad actual no vive mayoritariamente de acuerdo con el evangelio de Cristo, es por lo que es más urgente y comprometido predicar el evangelio. Y debemos hacerlo con valentía y con fidelidad al evangelio de Cristo. Cristo no rebajó la pureza y las exigencias de su mensaje con el fin de que este pudiera ser más fácilmente aceptado por los jefes políticos y religiosos que le iban a juzgar y por el pueblo sencillo que le escuchaba. Un evangelio descafeinado y no comprometido no es el evangelio de Cristo. La predicación de su evangelio le costó a Cristo muchos sufrimientos, muchos adversarios y, al final, su propia vida. No esperemos que la predicación del evangelio de Cristo nos traiga a nosotros muchas alegrías y éxitos sociales. Nos traerá, eso sí, una gran paz y alegría interior, la alegría y la paz interior de los que saben que sus sufrimientos se han asociado al sufrimiento de Cristo, convirtiéndose así en un sufrimiento salvador y redentor.
2.- Saber que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Se fue físicamente, pero nos dejó su espíritu. El espíritu de Cristo no actúa en nosotros de manera automática e indiferenciadamente. Cristo nos ha prometido a todos su espíritu, pero somos personas libres para actuar según el espíritu de Cristo o en contra de él. Las personas que han actuado movidas por el espíritu de Cristo han sido personas valientes y comprometidas, muy conscientes de que era el espíritu de Cristo el que les daba valor y fortaleza. Ejemplo de esto han sido todos los mártires y santos cristianos, canonizados o santos anónimos, que son los más. Cuando el espíritu de Cristo se apodera de una persona la convierte en un auténtico evangelizador. El ejemplo de una persona que actúa movida por el espíritu de Cristo es siempre un ejemplo que arrastra y convence a cualquier persona de buena voluntad. Debemos pedir todos los días a Dios, con el salmista, que no aleje de nosotros su santo espíritu. Cristo quiere seguir con nosotros hasta el fin del mundo; dejemos que sea siempre su santo espíritu el que actúe en nosotros y por nosotros.
3.- Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos. El domingo próximo celebraremos la gran fiesta de Pentecostés, la fiesta del Espíritu. Durante toda esta semana vamos a barrer y limpiar cuidadosamente nuestro interior, las habitaciones del alma, para que el Señor quiera quedarse con nosotros, dándonos su amor, su sabiduría, todos sus santos dones.

Gabriel González del Estal
www.betania.es

AHORA NOS TOCA A NOSOTROS
1.- ¿Que hacéis mirando al cielo? La “ascensión” de Jesús al cielo significa que Jesús se ha liberado de las ataduras de este mundo y ha hecho posible, con su muerte y glorificación, que el mismo mundo y los hombres puedan liberarse, es decir ser hijos de Dios. Se va al Padre, para que nosotros vivamos con los hermanos. Se va y se queda para infundirnos su espíritu y enrolarnos en su causa. No es hora de andar con contemplaciones. Es la hora de salir a la plaza pública, de recorrer los caminos y las ciudades para dar a todos la Gran Noticia. La oración y la contemplación, indispensables en la vida cristiana, sólo tienen sentido como alimento de la fe, para que nuestras obras sean las obras de la fe, y no la de los intereses o conveniencias. Creer en la ascensión de Jesús no es quedarse con la boca abierta y los brazos cruzados. Es entrar en acción, es hacerse cargo de la misión recibida, es poner a trabajar la esperanza hasta que el Señor vuelva y se manifieste la gloria de los hijos de Dios. Si le seguimos con la cruz a cuestas llegaremos a la gloria: por la cruz a la luz.
2.- “Espíritu de sabiduría y revelación”. En la segunda lectura de hoy, San Pablo pide para los fieles de Éfeso “espíritu de sabiduría y revelación” para conocer la esperanza a la que hemos sido llamados, la herencia de la que somos hechos partícipes y el poder de Dios que se manifestó poderosamente en Cristo, en su Resurrección y Ascensión, y que actúa ahora en nosotros. El Padre es el principio del misterio de salvación y es también aquél de quien puede venirnos la inteligencia de ese misterio. Esperemos que la oración de San Pablo alcance también para nosotros la luz que necesitamos para comprender lo que hoy celebramos, para que nos ayude a comprender la gran esperanza, para que nos haga ver el poder de Dios que se manifiesta en Jesús.
3.- Jesús nos encomienda una misión: “ID y haced discípulos”. La Iglesia vive para evangelizar. La gran tarea que surge con la ascensión del Señor es la de ir al mundo y hacer discípulos. Ese es el encargo que recoge Mateo. Y es también el que transmite el Libro de los Hechos describiendo la ascensión, para centrarse enteramente después en la predicación de Pedro, Pablo y los apóstoles. El mundo es nuestra responsabilidad y los hombres son nuestros interlocutores. La Iglesia no es un círculo de creyentes, sino un movimiento de acercamiento a todos para que puedan creer. Lo importante de la Iglesia no es ella, sino Jesús, y la misión confiada por Jesús. Y esa misión es evangelizadora, animadora, motivadora. Frente a tanta mala noticia, el hombre necesita más que nunca la Buena Noticia. No se trata de censurar a los otros, ni de condenar a nadie, sino de hacer posible y gozosa la salvación de todos, ayudando a todos a descubrir en el mundo y en la vida la huella de Dios. En la Iglesia y a través de ella podemos encauzar nuestras iniciativas y encontrar aliento en nuestros esfuerzos. Solos podemos hacer bien poco, pero como Iglesia y en la Iglesia podemos hacer muchísimo. La estructura y las organizaciones y movimientos eclesiales pueden y deben ser los vehículos que canalicen todos nuestros esfuerzos. No podemos hacer todos, todo; pero entre todos, con todos, podemos hacer todo lo que Jesús nos ha encomendado. Si estamos bautizados, ¿por qué no estamos dispuestos a realizar la tarea de la fe? ¿Por que no pasamos del rito al reto de la construcción del Reino?

José María Martín OSA
www.betania.es

LA HORA DE LA VERDAD
“¿Por qué nos dejas, padre, cuando más te necesitamos? “–preguntaba un hijo en el lecho de la muerte a aquel que le había dado la vida– “Marcho porque, ahora, os toca a vosotros vivir” –contestó el padre–.
1. Cuarenta días atrás nos encontrábamos celebrando el acontecimiento central de nuestra salvación: la Resurrección de Cristo. Hoy, y después de aquella noche en la que renovamos nuestra fe, nuestra adhesión a la Iglesia y nuestra opción por la vida cristiana, vitoreamos este misterio de la Ascensión en el que Jesús, victorioso sobre el pecado y sobre la muerte, asciende al encuentro del Padre.
-Quisiéramos tener siempre contacto personal con nuestros seres queridos pero, por ley de vida, se van yendo de nosotros.
-Desearíamos contemplar cara a cara a aquellos maestros o modelos de referencia que tanto nos han enseñado, pero van desapareciendo
-Soñaríamos con que todo lo bueno permaneciese perpetuamente en medio de nuestra existencia y, comprobamos, que se nos escapa entre nuestras manos.
La Solemnidad de la Ascensión es una evocación a la madurez: ahora nos toca a nosotros continuar con todo ese legado espiritual, humano y divino que Cristo nos ha desgranado. Se va pero, en su Ascensión, nos indica un camino abierto: nos volveremos a ver. Volverá y, cuando vuelva, nos descubrirá todo este inmenso misterio que hoy no llegamos a comprender en plenitud.
2. Cuando una persona se muere solemos decir “Dios nos libre del día de las alabanzas”. Y es que, normalmente, esperamos a que una persona fallezca para hacer racimo de sus virtudes. Pues bien; la solemnidad de la Ascensión, nos convierte en pregoneros de todo aquello que Cristo ha anunciado. Además de ser un modelo de referencia, de hablar bien de Él, de proclamar sus maravillas……..tenemos un gran cometido y una gran asignatura pendiente: ¡NO PODEMOS DEJAR EN EL TINTERO EL REINO DE DIOS!
-Si eres padre o madre de familia, háblales a tus hijos de Jesús de Nazaret. ¿Que no quieren saber nada? ¿Acaso los apóstoles no toparon con corazones duros y obstinados?
-Si eres empresario o estas al frente de un medio de comunicación; si eres obrero, funcionario, arquitecto, médico, o participas en algún órgano de decisión (política o económica), no olvides que –como cristiano– estás convocado a sembrar valores altos en esa realidad terrena que te toca vivir.
-Si eres religiosa, si soy sacerdote, si eres catequista o perteneces a cualquier grupo cristiano…no olvidemos de levantar la cabeza. De insistir, por activa y por pasiva, que una realidad superior está por encima de nosotros.
3. Dios espera mucho, pero mucho, de esta última hora de nuestra era cristiana en la que nos encontramos: unir el cielo y la tierra con nuestro esfuerzo por supuesto, y sobre todo abriendo el corazón y nuestras iniciativas apostólicas a la fuerza del Espíritu Santo en la próxima fiesta de Pentecostés.
Hoy, desgraciadamente, muchos han dejado de mirar hacia el cielo. Prefieren fijar sus ojos en los pequeños paraísos que, luego, se convierten en grandes infiernos en la tierra.
Es un momento oportuno, hoy más que nunca, para llevar nuestra experiencia de Cristo resucitado a cuántos nos rodean. La pregunta, claro está, es si durante este tiempo de Pascua hemos sentido y vivido esa presencia resucitadora de Jesús. Porque, nadie, puede dar algo que no posee previamente.
¡Gracias, Señor! ¡Marcha al cielo y, desde allá, haznos pregoneros de todo lo que nos has hablado y dejado!

Javier Leoz

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