26 de Febrero de 2026
Los sonidos del desierto es el nuevo libro publicado por Editorial San Pablo en el que el sacerdote Joaquín Ferrando (Kini) nos invita a redescubrir el silencio como camino para el autoconocimiento y el encuentro con Dios. Una lectura especialmente adecuada para Cuaresma y también para Pascua, tiempos en los que la Iglesia nos llama a la conversión, a la oración y a la renovación interior.
En esta entrevista (del programa Cruzando Fronteras), Joaquín comparte su experiencia personal y pastoral: cómo el desierto interior se vuelve escuela de fe, cómo el silencio no es evasión sino compromiso, y por qué, incluso en el desierto, hay “sonidos” que se escuchan con los oídos del corazón.
¿Quién es Joaquín Ferrando (Kini)?
Joaquín Ferrando es sacerdote de la diócesis de Cartagena, con 33 años de ministerio. Actualmente es párroco en Murcia, en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima (la única con esta advocación en toda la diócesis), y también es capellán del Hospital Universitario Reina Sofía.
Su día a día combina la vida parroquial (con el reto de reavivar comunidades golpeadas por la pandemia) y la intensa atención hospitalaria: guardias, acompañamiento a enfermos, Eucaristía y presencia constante ante las urgencias.
Un título que sorprende: ¿el desierto tiene sonidos?
En la entrevista, Joaquín explica algo precioso: asociamos “desierto” con silencio, pero cuando uno entra de verdad en el silencio, aparecen sonidos.
No son ruidos exteriores, sino:
- llamadas interiores,
- luces nuevas,
- palabras de Dios que sorprenden,
- vibraciones del corazón,
- y una comunicación más real con el Señor.
Por eso el título está en plural: no hay un solo sonido, sino muchos modos en los que Dios habla cuando el corazón se vacía de ruido.
¿De dónde nace esta necesidad del desierto?
Joaquín cuenta que desde joven (en experiencias como los scouts y el contacto con la naturaleza) ya había semillas de este camino. Pero hubo tres motivos fuertes que le llevaron a tomarse muy en serio el silencio:
1) El “ruido interno”: acúfenos o tinnitus
Padece acúfenos, un sonido persistente del oído interno que no tiene curación clara. Esta experiencia le llevó a un proceso duro: aprender a convivir con el ruido sin dejar que ocupe el centro. Paradójicamente, en lugar de alejarle de la oración, le empujó a buscar aún más el silencio real.
2) El cansancio y el activismo pastoral
Entre tareas, exigencias y desgaste, llega un momento en que uno se descubre agotado. Joaquín lo conecta con la idea de la “sociedad del cansancio”: cuando no paramos, el corazón se vacía.
3) El riesgo de girar sobre uno mismo
Cuando el problema o el cansancio se convierten en el centro, se deteriora la alteridad: el otro pierde lugar. Y un sacerdote —y cualquier cristiano— está llamado a salir de sí para servir.
En el desierto no cabe lo superfluo
Una frase clave del libro: “en el desierto no es admisible lo superfluo”.
En una experiencia en el monasterio de Silos, Joaquín descubrió que el desierto no tiene “escaparates” para distraerse. No hay entretenimiento: solo queda enfrentarse al yo real, mirarse por dentro, sin evasiones.
Por eso, cuando vuelve al desierto, procura ir con la “mochila vacía”: una libreta, un bolígrafo, la Biblia, el ritmo de oración… y poco más.
Silencio que conduce a justicia: no es evasión
Una de las preguntas sorpresa de la entrevista aborda esto directamente: si el silencio es huida de la realidad. Joaquín lo deja claro: no.
El desierto auténtico conduce al hermano. Quien se encuentra con Dios, vuelve con más sensibilidad hacia:
- el sufrimiento,
- la pobreza,
- las heridas del mundo,
- y los “crucificados” de hoy.
En el silencio se aprende a mirar desde una profundidad nueva: Dios remite al hermano y el hermano remite a Dios.
El ciprés de Silos y el símbolo espiritual
Otro detalle muy bello del libro: el ciprés aparece casi como un “personaje”.
¿Por qué? Porque para Joaquín simboliza algo esencial:
- raíces firmes en la tierra (vida concreta, real, encarnada),
- y mirada elevada al cielo (trascendencia, oración, Dios).
Espiritualidad verdadera: encarnada y elevada, tierra y cielo unidos.
“Dios está encorvado”: la teología del encuentro
Uno de los momentos más impactantes es el encuentro con un monje anciano, encorvado y vulnerable. Joaquín llega a decir: “Dios está hecho una birria”, en el sentido de que Dios se deja encontrar en el desvalido.
Esto conecta con Mateo 25: “tuve hambre… estuve enfermo…”. En el “entre” del encuentro humano aparece una presencia misteriosa: Dios mismo convoca a hacerse cargo del otro.
Pandemia, dolor y desierto
Joaquín también habla del desierto vivido durante la pandemia: acompañar enfermos, pérdidas cercanas, tensiones, decisiones difíciles, y la muerte de personas queridas.
Lo resume así: el desierto también es curativo. Dios no se cansa de levantarnos. Su amor es más fuerte que nuestras caídas.
Hora et labora: cómo vivir lo discernido en el mundo real
Otra pregunta clave: ¿cómo compatibilizar lo discernido en un entorno “ideal” con un mundo real lleno de prisas?
Respuesta central de Joaquín: el desierto no es para quedarse, sino para volver transformado. Como una transfusión de sentido: te capacita para mirar con los ojos de Dios, quitar protagonismo al ego y estar más disponible para el otro.
Música, heridas y comunicación del Evangelio
Joaquín también ha publicado música con San Pablo: dos discos (uno centrado en heridas humanas y otro navideño). Para él, todo forma parte de la misma vocación: ser comunicador de lo que Dios hace.
En medio del ruido, recuerda que hay sonidos que merecen ser escuchados.
¿Qué primer paso dar si me siento saturado o vacío?
Joaquín lo explica con sencillez: el silencio se aprende practicándolo.
- A rezar se aprende rezando.
- A vivir el silencio se aprende creando espacios de silencio.
- Con paciencia: algunos días se consigue, otros no.
Pero el camino vale la pena, porque todos necesitamos parar, mirarnos por dentro y reencontrar el sentido.
Una entrevista para Cuaresma y Pascua
Esta conversación deja un mensaje claro: el desierto no es un final, es un camino. No es aislamiento, sino preparación para volver con más amor, más claridad y más Evangelio.
Los sonidos del desierto es un libro para quienes quieren:
- recuperar silencio interior,
- reencontrarse con Dios,
- sanar cansancios,
- y vivir una fe más encarnada y comprometida.