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Tentaciones – #Reflexión

Tentaciones
Las tentaciones son útiles para vencerlas y, venciéndolas, ganar méritos para el Cielo. Lo malo es ceder a las tentaciones.

Ellas vienen de tres fuentes: el mundo, con su ambiente de pecado, sus modas provocativas, la televisión y todos los medios de comunicación. Debemos combatirlo con la huida de espectáculos malsanos y evitar las ocasiones de pecar. El demonio, que nos tienta directamente proponiéndonos el pecado con pensamientos, imaginaciones, etc. Debemos combatirlo sin discutir con él, sino acudiendo a la oración e invocando los nombres sagrados de Jesús y de María. La carne, es decir, nuestra propia debilidad, nuestra naturaleza caída que siempre está tendiendo al mal, pues después del pecado original el hombre tiende al mal y solo una gran fuerza sobre sí mismo logra vencer el mal y encaminarlo a la santidad. Debemos combatirla con la mortificación de los sentidos y la penitencia, pues si estamos acostumbrados a darnos todos los gustos para el cuerpo, muy pronto caeremos en pecado, pues no tendremos fuerzas para resistir las tentaciones de la carne.

Si hemos logrado vencer la tentación, demos gracias a Dios y sepamos que hemos logrado un mérito para el Cielo. En cambio si hemos cedido a la tentación y hemos pecado, humillémonos ante Dios pidiéndole perdón y confesémonos cuanto antes, y esto nos hará más humildes, y más precavidos para la próxima vez.

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