VII Domingo de Pascua – LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

VII Domingo de Pascua – LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

EL AMOR FRATERNO FUNDAMENTO DEL SEGUIDOR DE JESÚS

        Jesús, al despedirse de sus discípulos, quiere recordarles algunos rasgos fundamentales que no deben olvidar si quieren ser fieles a su persona y a su proyecto. Lo primero que les dice es: «Permaneced en mi amor», que es vivir en el amor con que nos ama Jesús, el amor que recibe del Padre.

        Ser cristiano no es en primer lugar un asunto doctrinal, sino una cuestión de amor. Lo importante será siempre no desviarse del amor. Permanece en el amor de Jesús quien pone en práctica el mandamiento fundamental del amor fraterno.

En cualquier época y situación, lo decisivo para el cristianismo es no salirse del amor fraterno. Jesús no presenta este mandato del amor como una ley que ha de regir nuestra vida haciéndola más dura y pesada, sino como una fuente de alegría.

Sin amor no es posible dar pasos hacia un cristianismo más abierto, cordial, alegre, sencillo y amable donde podamos vivir como «amigos» de Jesús. A nuestro cristianismo le falta, con frecuencia, la alegría de lo que se hace y se vive con amor.

A nuestro seguimiento a Jesucristo le falta el entusiasmo de la innovación, y le sobra la tristeza de lo que se repite sin la convicción de estar reproduciendo lo que Jesús quería de nosotros.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL DOMINGO

1ª LECTURA

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 10,25-26. 34-35. 44-48

Aconteció que cuando iba a entrar Pedro, Cornelio salió a su encuentro y se echó a sus pies. Pero Pedro lo levantó diciendo:
– Levántate, que soy un hombre como tú.
Y, tomando de nuevo la palabra, Pedro añadió:
– Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.

Todavía estaba hablando Pedro, cuando cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras.

Al oírlos hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes circuncisos, que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles.

Pedro añadió:
– ¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?

Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo. Le rogaron que se quedara unos días con ellos.

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

          Para Dios todos somos iguales y a todos nos ha salvado. El Espíritu Santo vino sobre todos los oyentes: judíos y paganos, y por tanto, confirma que Dios no hace distinción. Desde el principio la Iglesia abrió sus puertas a personas de toda raza, cultura y condición. La única condición es creer en Jesús y bautizarse.

SALMO 

Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4
R. El Señor revela a las naciones su justicia.

2ª LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4,7-10

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él.

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados.

Palabra de Dios

COMENTARIO  A LA 2ª LECTURA

  Dios nos manifestó su amor, ante todo al enviarnos a su Hijo para que tengamos vida en Él. El amor de Dios consiste en que Él nos amo primero enviando a Jesús, su Hijo, que nos trajo la salvación.       

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 15,9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.

Palabra de Dios

COMENTARIO AL EVANGELIO

Permanecer en el amor a Jesús, amar a los hermanos y hacerlo con el sacrificio de la propia vida, si fuera necesario, es el mensaje de Jesús antes de dejarnos.

La única manera de saber si somos discípulos de Jesús, sus seguidores y amigos, es si cumplimos el mandamiento del amor a los demás, en especial a los más necesitados.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

VIVIR AL ESTILO DE JESÚS

       Jesús al despedirse de sus discípulos les dio un solo mandato: “que os améis unos a otros como yo os he amado”. Jesús no quería que su estilo de amar se perdiera entre los suyos.

Si un día lo olvidaban, nadie los podría reconocer como discípulos suyos.

Las primeras generaciones de creyentes en Jesús resumían así su vida: “Pasó por todas partes haciendo el bien”.

Jesús buscaba siempre el bien de las personas, ayudaba a vivir, su estilo de amar era inconfundible, era muy sensible al sufrimiento de la gente, no podía pasar de largo ante quien estaba sufriendo.

Quien ama como Jesús, vive aliviando el sufrimiento y secando lágrimas. Quien ama como Jesús, aprende a mirar los rostros de las personas con compasión, está atento a cualquier llamada, está dispuesto siempre a hacer lo que pueda.

Los seguidores de Jesús, como Él, tenemos que estar junto a los más desvalidos, tenemos que hacer lo que podamos por curar sus dolencias, liberar sus conciencias o contagiar confianza en Dios, sabiendo que no podemos resolver todos los problemas, pero sí algunos.

VII Domingo de Pascua – LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

La Ascensión

PREPARACIÓN:    

Antes de la salida del celebrante.

 

 

 

Celebramos hoy la Fiesta de la Ascensión del Señor a la gloria del Padre. Una “fiesta que nos hace revivir el momento en que Cristo resucitado se despidió de los suyos para entrar definitivamente en la gloria divina.”

Y en este

día, como todos los años y de acuerdo con el Decreto del Concilio Vaticano II sobre los Medios de Comunicación Social, se desarrolla la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, este año bajo el lema de: “El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra” .

AMBIENTACIÓN:

Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial.

 

 

El Señor nos manifiesta hoy, con esta fiesta, el punto culminante de la vida y obra de su Hijo: Cristo que asciende al Cielo y marca el punto de partida de la misión de la Iglesia. Él envía a sus discípulos, de entonces y de siempre, a anunciar el Evangelio a todos los hombres, utilizando para ello, todos los medios necesarios, y es así, que la utilización de los medios de comunicación social, surge del mandato del mismo Cristo.

 

 

1ª. LECTURA:

            (Hch 1, 1-11)    (texto)

 

En este relato de la Ascensión vemos la inauguración en la tierra, del tiempo de la Iglesia, que ha de llevar a cabo su misión hasta la segunda venida gloriosa del Hijo de Dios.

 

 

SALMO RESP.:          (46, 2-3. 6-9)    (texto)

 

                    R.

  El Señor asciende entre aclamaciones.

2ª. LECTURA:

         (Ef 1, 17-23)     (texto)

 

Pablo pide para nosotros, el espíritu de sabiduría y revelación para conocer el plan salvífico de Dios y la grandeza de su poder.

 

 

EVANGELIO:           (Lc 24, 46-53)    (texto)

 

 

En el santo Evangelio escuchamos al mismo Jesús que, antes de su partida, envía a sus discípulos a llevar el anuncio de la Buena Noticia a todas las naciones.

 

 

ORACIÓN DE LOS FIELES:

 

CELEBRANTE:

 

 

Unidos al Rey de la Gloria, nuestro hermano y Señor, que elevado sobre la tierra atrae a todos hacia sí, oremos al Padre que escucha siempre la plegaria de su Iglesia.

 

GUÍA: A cada una de las intenciones responderemos orando:

“POR CRISTO GLORIFICADO, TE LO PEDIMOS SEÑOR”

v

Padre bueno, te pedimos por el Santo Padre, para que su mensaje llegue a todos los hombres, especialmente a los comunicadores sociales, y ellos lo reciban en su corazón y lo pongan en práctica, oremos…

v

Padre santo, te pedimos por nuestro Obispo y nuestros sacerdotes, para que por su anuncio de Cristo, tu Palabra hecha carne, nos comuniquen siempre la multiforme gracia divina que nos salva mediante los Sacramentos, oremos…

 

v

Señor, te pedimos por los comunicadores sociales, para que se comprometan en hacer surgir nuevas redes digitales que continúen preparando los caminos que conducen a la Palabra de Dios, sin descuidar una atención particular a quien está en actitud de búsqueda. , oremos…

v

Señor, te pedimos por todos jóvenes, para que sean los constructores de un mundo en el que reine el amor, donde los bienes sean compartidos, se edifique la unidad, la libertad encuentre su propio sentido en la verdad y donde la identidad de cada uno se logre en una comunión respetuosa, oremos…

v

Señor, te pedimos por todos los cristianos, para que viviendo la esperanza de Jesús Resucitado y ya en la Gloria del Padre, esperemos con alegría al Espíritu Santo, que con su fuerza, cambiará nuestras vidas, oremos…

CELEBRANTE:

 

 

Padre misericordioso, concédenos lo que con fe te hemos pedido y, junto con el Espíritu Santo que nos has prometido, danos la irresistible esperanza de sentirnos atraídos hacia donde tu Hijo nos ha precedido. Te lo pedimos por Él que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

 

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

 

 

Ofrezcámonos ahora a Dios, para ser sus instrumentos, y sirviéndolo a Él y a nuestros hermanos, podamos ser auténticos promotores de la unidad y el progreso de todos los hombres.

 

 

DIALOGO DEL PREFACIO:

 

 

Llenos de alegría porque Jesucristo ha resucitado y vive ahora y por siempre con Dios, hagamos nuestra acción de gracias al Padre, que con su amor quiere que nosotros también lleguemos allí.

 

 

COMUNIÓN:

 

 

El Padre todopoderoso ya desde este mundo nos hace participar de su vida divina y aviva en nosotros el deseo de la patria eterna, donde nos aguarda Cristo, que ahora se nos da como verdadero alimento para este camino.

 

 

DESPEDIDA:

 

 

El Señor hoy nos ha enviado a anunciar el Evangelio a toda la creación, prometiéndonos que su Espíritu nos acompañará en esta misión. Que toda esta semana sea una verdadera preparación para recibir el próximo domingo, en la Solemnidad de Pentecostés, ese mismo Espíritu que Él nos envía.

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