Domingo tercero de Cuaresma

Domingo tercero de Cuaresma – Ciclo A

Jesús y la Samaritana “Dame de beber del agua viva” 

SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS

Son bastantes las personas que han eliminado de su vida toda experiencia religiosa. Ya no se comunican con Dios. Esta ruptura con Dios no es buena. No hace a la persona más humana ni da más fuerza para vivir. Dios es invisible. “Nadie lo ha visto”, dice la Biblia. Es un Dios escondido. Según Jesús, ese Dios oculto se revela, no a los grandes e inteligentes, sino a los pequeños y sencillos, estén dentro o fuera de la Iglesia. Dios es inefable. No es posible definirlo ni explicarlo con conceptos. No podemos hablar de él con palabras adecuadas. Pero podemos hablarle y, lo que es más importante, Él nos habla, incluso aunque no abramos nunca las páginas de la Biblia.

Dios es gratuito. Ningún hombre o mujer queda lejos de su ternura, viva dentro o fuera de una comunidad creyente. A veces podemos captar su cercanía en nuestra propia soledad. Si escuchamos hasta el fondo nuestro propio desamparo, tal vez percibamos la presencia del Amigo fiel que acompaña siempre. ¿Por qué no abrirnos a él? Cuando nos vemos atrapados por el miedo o amenazados por la depresión y la tristeza, Él está ahí. Su presencia es respeto, amor y comprensión. ¿Por qué no invocarle?

Podemos intuirlo incluso en nuestras dudas y confusión. Cuando todo se nos hunde y no acertamos ya a creer en nada ni en nadie, queda Dios. Dios nos entiende y nos atrae hacia el bien. ¿Por qué no confiar en él? Dios está también en las mil experiencias positivas de la vida: en el hijo que nace, en la fiesta compartida, en el trabajo bien hecho, en el acercamiento íntimo a la pareja, en el paseo que relaja, en el encuentro amistoso que renueva. ¿Por qué no elevar el corazón hasta Dios y agradecerle el don de la vida?

 

 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL 3º DOMINGO DE CUARESMA/A

 

1ª LECTURA

Lectura del libro del Éxodo 17,3-7 
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés:
– ¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?
Clamó Moisés al Señor y dijo:
– ¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.
Respondió el Señor a Moisés:
– Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.
Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel.
Y puso por nombre a aquel lugar Massá y Meribá, por la reyerta de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor diciendo: ¿Está o no está el Señor en medio de nosotros? Palabra de Dios.

 

                                 COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

El pueblo de Israel es liberado de la esclavitud en la que se encontraba en Egipto, pero no queda contento ni saciado con una “simple esperanza en Dios”. Sufre verdadera crisis de fe. Duda de que Dios les esté ayudando, se quejan del abandono en que les tiene el Señor y se entregan a la adoración de otros dioses que puedan ofrecerles la felicidad que ansían.

Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón». 

  • Venid, aclamemos al Señor,                                                                     demos vítores a la Roca que nos salva,
    entremos a su presencia dándole gracias,                                                  aclamándolo con cantos. R:
  • Entrad, postrémonos por tierra,
    bendiciendo al Señor, creador nuestro.
    Porque él es nuestro Dios
    y nosotros su pueblo,
    el rebaño que él guía. R:
  • Ojalá escuchéis hoy su voz:
    «No endurezcáis el corazón como en Meribá,
    como el día de Masá en el desierto;
    cuando vuestros padres me pusieron a prueba
    y me tentaron, aunque habían visto mis obras».

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5,1-2. 5-8 
Hermanos:
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios. La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.
En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; -en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir-; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El hombre está hecho para Dios y solamente en Dios encontrará saciados todos sus anhelos y colmadas sus apetencias. La fe nos da paz y armonía en nuestras dudas y desasosiegos, la esperanza no nos puede defraudar, porque sabemos que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado y se nos da por los sacramentos.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 4,5-42 
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial.
Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
– Dame de beber.
La samaritana le dice:
– ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?
Jesús le contestó:
– Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice:
– Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contesta:
– El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
La mujer le dice:
– Señor, dame ese agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.
Jesús le dice:
– Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice:
– Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo dirá todo.
Jesús le dice:
– Soy yo: el que habla contigo. Palabra del Señor.

 

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

La mujer samaritana cambia el rumbo de su vida al encontrarse con Jesús, quien le ofrece un agua de valor eterno: la paz y su gracia. Ella, no solamente la acepta, sino que se hace apóstol de Cristo compartiendo con sus vecinos la paz y la luz que ha encontrado en Jesús. La samaritana ha experimentado el encuentro personal con Jesús.

 

 

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

 

¿EN QUÉ SE NOTA QUE SOY HIJO DE DIOS?

Los hijos de Dios se notan fácilmente. Tienen encanto especial. Son alegres y acogedores. No se echan para atrás. Son colaboradores, participativos, imaginativos. Siempre personas de esperanza, positivos. Y son especialmente amistosos, pacificadores, cálidos y cercanos, personas de toda confianza. Viven o se esfuerzan por vivir las Bienaventuranzas.

  • No aman las riquezas por encima de todo. No consienten la pobreza miserable para ningún hijo de Dios. • No cultivan el orgullo ni se creen superiores. No envidian ni se comparan. Son humildes, vacíos de sí mismos. Son sufridos y sensibles al sufrimiento de los demás. Saben llorar con los que lloran. • No toleran la injusticia. Luchan por un mundo solidario, en que todos consigan su dignidad y sus derechos.
  • No aman la mentira. Tienen el corazón limpio. Son libres. Reconocen sus fallos y sus errores.• No utilizan la violencia. Irradian paz, y la crean, la defienden. Son amigos del diálogo y promotores de reconciliación y del perdón.

 

 

 

 

 

DOMINGO TERCERO DE CUARESMA – CICLO C

PREPARACIÓN:
Antes de la salida del celebrante

Nos encontramos en el tercer domingo de Cuaresma: el tiempo en que caminamos hacia la Pascua; el tiempo en que Cristo nos llama a compartir una experiencia que puede cambiarnos radicalmente: la experiencia de renovarnos, de convertirnos, de abrirnos decididamente hacia la vida de Dios.

AMBIENTACIÓN:
Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial

El Señor hoy nos urge a la conversión, advirtiéndonos que la muerte llega inesperadamente. Pero también nos dice que Él es inifinitamente misericordioso y se compadece de nuestros pecados si nos arrepentimos de ellos, por grandes que sean. Necesitamos hacer penitencia por nuestras faltas; no podemos esperar más, debemos poner manos a la obra; el Señor espera los frutos de nuestras buenas obras. Él es paciente, pero si no los damos, otros vendrán a ocupar nuestro lugar en su Iglesia.

1ª. LECTURA: (Ex 3, 1-8a. 10. 13-15)

“Dios revela a Moisés su nombre, para que lo comunique al pueblo de Israel. Se establece así una relación especial de confianza y familiaridad entre Dios y su enviado, que se convertirá en instrumento de Dios para la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto.”

SALMO RESP.:
(102, 1-4. 6-8. 11)

R. El Señor es bondadoso y compasivo.

2ª. LECTURA:
(1 Co 10, 1-6. 10-12)

San Pablo nos recuerda la historia de Israel, cuando salió de Egipto y atravesó el desierto hacia la Tierra prometida, y de ella saca enseñanzas para nuestra vida de bautizados.

EVANGELIO: (Lc 13, 1-9)

Escuchemos a Jesús en el santo Evangelio, que nos hace ver la paciente misericordia de Dios y nos insiste en la urgencia de nuestra conversión.

ORACIÓN DE LOS FIELES:

CELEBRANTE:

Queridos hermanos y hermanas, que esta plegaria que ahora vamos a elevar a nuestro Padre del Cielo, exprese nuestro deseo sincero de renovar profundamente nuestras vidas y de que su Reino llegue a todos los hombres.

GUÍA: A cada una de las peticiones responderemos orando:

“SEÑOR, SE PACIENTE Y ESPERA NUESTRA CONVERSIÓN”

v Porque queremos de verdad escuchar el llamado de tu Iglesia, que nos urge a morir con el Señor a nuestro hombre viejo, para resucitar luego con Él a una vida distinta, y ser así ese hombre nuevo que ha sido creado, según Dios, en justicia y santidad verdaderas, te pedimos…

v Porque los que formamos esta Iglesia diocesana, junto a nuestro Obispo, queremos poner nuestra disponibilidad y presteza para secundar los planes de Dios y nuestra prontitud para seguir su voz que resuena constantemente pidiendo nuestra colaboración y lealtad a los compromisos de hombre cristiano, te pedimos…

v Para que todos los que habitamos esta nación, podamos tomar conciencia de la urgencia de una profunda conversión de nuestras vidas, en la reconciliación y el perdón entre todos, te pedimos…

v Porque queremos vivir tu misericordia, manifestándola con obras concretas hacia nuestros hermanos sufrientes y más necesitados, siendo conscientes que cuentas con nuestras manos y nuestros labios, te pedimos…

v Para que toda nuestra comunidad, mirando nuestras propias vidas, veamos si somos como esa higuera, y considerando que quizá sea este el último año que el Señor nos concede para que demos el fruto debido, tratemos de rectificar nuestra conducta indolente, nuestra vida vacía de amor a Dios y de buenas obras, te pedimos…

CELEBRANTE:

Padre bueno que estás siempre en nosotros, libéranos de todo mal, ayúdanos para que el sacrificio de nuestra austeridad cuaresmal nos haga agradables a tus ojos y conduce nuestro caminar hacia tu Reino. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

Junto a estos dones, y al ofrecernos a nosotros mismos, ofrezcamos al Padre un sincero propósito de saber perdonar a nuestros hermanos, tal como Él nos perdona a nosotros.

Al término del “Lavatorio de Manos” y cuando el celebrante vuelve al centro del altar y antes de la oración siguiente, se hace poner de pie a la asamblea

DIÁLOGO DEL PREFACIO:
Al iniciarse el Prefacio (antes de “El Señor esté con vosotros”)

Dios está siempre presente en nuestro camino. El Dios de Abrahán, de Moisés, el Dios que en Cristo se nos dio plenamente. Éste es el motivo de nuestra plegaria, llena del gozo de la esperanza.

COMUNIÓN:

En su caminar hacia la Tierra prometida, los judíos comieron el mismo alimento milagroso y bebieron de la misma bebida espiritual, pero no todos entraron en ella. Que esta participación en el alimento del Señor sea realmente un impulso para nuestro camino hacia el Reino de Dios.

COMUNIÓN ESPIRITUAL:
Al término de la distribución de la comunión.

Hermanos:
Todos aquellos que no han podido acercarse a recibir a Jesús Sacramentado, pueden hacer la Comunión Espiritual rezando la siguiente oración:

Creo Señor mío que estás realmente presente
en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas y deseo
ardientemente recibirte dentro de mi alma;
pero, no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si te hubiese recibido, me abrazo
y me uno todo a Ti;
Oh Señor, no permitas que me separe de Ti.
Amén.

DESPEDIDA:

En este camino cuaresmal de renovación, que esforzadamente estamos recorriendo, que todo lo que aquí hemos escuchado y celebrado sea realidad en nuestras obras durante la semana que hoy iniciamos; y que la bendición de Dios que recibimos sea signo de su presencia activa entre nosotros.

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