Guión Domingo III° de Adviento

Guión Domingo III° de Adviento

DOMINGO III DE ADVIENTO / CICLO C

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA ACOGER A JESÚS?

La predicación del Bautista sacudió la conciencia de muchos, porque decía claro y fuerte que era necesario cambiar, volver a Dios, prepararse para acoger al Mesías. Ante esta predicación algunos le preguntaron: ¿Y qué podemos hacer?

El Bautista lo resume todo en una fórmula genial: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, que haga lo mismo».

Esto le dijo entonces, pero ¿qué nos diría ahora en este tiempo? Quizá que pongamos un poco de interés en conocer lo que está pasando actualmente a nuestro alrededor. Nos diría que no toleráramos la mentira o el encubrimiento de la verdad.

Que nos atreviéramos a hacer la experiencia de «empobrecernos un poco” compartiendo con los más necesitados tantas cosas que tenemos y no necesitamos para vivir. Que estuviéramos un poco más atentos con aquellas personas que han caído en situaciones graves de exclusión social: desahuciados, familias sin ingresos ni recurso social alguno…

Desde las comunidades cristianas tendríamos que desarrollar iniciativas diversas para estar cerca de los casos más sangrantes de desamparo social: conocimiento concreto de situaciones, movilización de personas para no dejar solo a nadie, aportación de recursos materiales, gestión de posibles ayudas…

Con estas acciones estaríamos acogiendo con más verdad a Cristo en nuestras vidas.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

1ª LECTURA
Lectura del libro del profeta Sofonías 3,14-18a

Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel, alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás.

Aquel día dirán a Jerusalén:
No temas, Sión, no desfallezcan tus manos.

El Señor tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta.

Palabra de Dios

COMETARIO A LA 1ª LECTURA

Al profeta Sofonías le tocó vivir en una época un tanto turbulenta para la vida del pueblo de Dios.

En esta situación el profeta levanta su voz llamando a la esperanza y alegría al pueblo pobre y humilde, al «resto de Israel» símbolo de la presencia de Dios en medio del pueblo. Alegría y júbilo porque el Señor ofrece la salvación derribando del trono a los poderosos y exaltando a los humildes.

SALMO

Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6
R. Gritad jubilosos: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel».

• El Señor es mi Dios y salvador; confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. R:
• Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas. R:
• Tañed para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel». R:

2ª LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4,4-7

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca.

Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El apóstol Pablo decía a los cristianos de Filipo y nos dice a nosotros que estemos siempre alegres, porque el Señor está cerca, está con nosotros, que acojamos al Señor con generosidad y así recibiremos el don de la paz por la que superaremos toda preocupación. Nuestra alegría tiene su fundamento «en la presencia del Señor» en nosotros.

Quien está en paz con Dios comunicará y contagiará su alegría a los demás.

EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3,10-18

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:
¿Entonces, qué hacemos?

Él contestó:
El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.

Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
Maestro, ¿qué hacemos nosotros?

Él les contestó:
No exijáis más de lo establecido.

Unos militares le preguntaron:
¿Qué hacemos nosotros?

Él les contestó:
No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.

El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias.

Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.

Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio

Palabra de Dios

COMENTARIO AL EVANGELIO

Juan el Bautista, en el Evangelio de hoy, llama a la conversión y al perdón para poder acoger la Buena Noticia de Jesús. Conversión que se concreta en trabajar para que los valores del Reino sean efectivos aquí y ahora.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

BIENAVENTURANZAS DEL ADVIENTO

Felices quienes siguen confiando, a pesar de las muchas circunstancias adversas de la vida. Los que tratan de allanar todos los senderos: odios, marginaciones, discordias, enfrentamientos, injusticias.

Los que bajan de sus cielos particulares para ofrecer esperanza y anticipar el futuro, con una sonrisa en los labios y con mucha ternura en el corazón.

Felices quienes aguardan, contemplan, escuchan, están pendientes de recibir una señal, y cuando llega el momento decisivo, dicen: sí, quiero, adelante, sea, en marcha…

Los que denuncian y anuncian con su propia vida y no sólo con meras palabras. Los que rellenan los baches, abren caminos, abajan las cimas, para que la existencia sea para todos más humana.

Felices quienes acarician la rosa, acercan la primavera, regalan su amistad y reparten ilusión a manos llenas con su ejemplo y sus obras. Los que cantan al levantarse, los que proclaman que siempre hay un camino abierto a la esperanza, diciendo: “No tengáis miedo, estad alegres.

Dios es como una madre, como un padre bueno que no castiga nunca, sino que nos acompaña y nos alienta, pues únicamente desea nuestra alegría y nuestra felicidad”.


PREPARACIÓN: 

Antes de la salida del celebrante

Celebramos hoy el domingo tercero de Adviento, denominado «Gaudete», por la primera palabra de la antífona de entrada de este día: «alégrense», y que es precisamente la invitación anticipada a la alegría y que traduce perfectamente el espíritu tan especial que anima a todo este domingo: «el Señor está a punto de venir en el misterio de la santa Navidad y esto nos llena de gozo.»

AMBIENTACIÓN: 

Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial

El encuentro con el Señor es la causa de nuestra alegría; encuentro que produce en nosotros una verdadera transformación, fuente de esperanza. Y Jesús nos muestra con sus obras, que Él es realmente el Mesías, el enviado de Dios. Y Él espera que también nosotros, por medio de nuestras obras, demostremos que verdaderamente somos sus discípulos.

1ª. LECTURA:        (Is 35, 1-6a. 10)        (Ver texto)

Escuchemos hoy la llamada que hace dos mil quinientos años, les hace el Profeta a los israelitas deportados para animarlos al retorno: una llamada al camino de esperanza; una llamada que es también hoy para cada uno de nosotros.

SALMO RESP.:     (145, 6-10)      (Ver texto)

                       R.    Señor, ven a salvarnos.

2ª. LECTURA:     (St 5, 7-10)   (Ver texto)

 

Escuchemos ahora, una invitación a la firmeza y a la constancia. Una invitación como la que hemos escuchado que el profeta Isaías hacía a su pueblo desanimado.

EVANGELIO:   (Mt 11, 2-11)      (Ver texto)

En el santo Evangelio, Jesús nos manifiesta claramente que en Él se cumple la profecía de Isaías..

ORACIÓN DE LOS FIELES:

CELEBRANTE:

Jesús ha venido a traer al mundo la salvación prometida a lo largo de todo el Antiguo Testamento. Y en Él hemos conocido y creído en al amor total del Padre. Por eso, ahora, con toda confianza le presentamos nuestra plegaria.

GUÍA:  A cada una de las peticiones responderemos orando:

«VEN SEÑOR, Y NO QUIERAS TARDAR MAS»

v Padre santo, al pedirte por la Iglesia y el Santo Padre, para que siendo signo de tu amor en medio de los hombres, sea nuestra guía en la espera gozosa del Señor que viene a salvarnos, te pedimos…

v Padre todopoderoso, para que guiados por nuestro Obispo y nuestros sacerdotes, en nuestra comunidad se realice una efectiva renovación, según el Espíritu de tu Hijo, te pedimos…

v Señor de la historia, para que todos, en este adviento, buscando una sincera conversión de nuestras vidas, construyamos una patria, una sociedad en la que Dios pueda nacer y sentirse a gusto, te pedimos…

v Dios de todo consuelo, para que cada hermano necesitado, pobre, abandonado, con hambre, enfermo, injustamente marginado, por nuestras actitudes concretas durante este tiempo, pueda recuperar la alegría de vivir y un motivo para seguir esperando, te pedimos…

v Dios rico en misericordia, para que toda nuestra comunidad, con una firme confianza en la salvación que llega, trabajemos comprometidamente en la conversión y preparación de nuestras vidas, para poder recibir en nuestro corazón al Señor Jesús, te pedimos…

CELEBRANTE:

Padre, fuente de todo don perfecto, escucha nuestras oraciones, y haz que siguiendo el ejemplo de la Virgen María, recibamos con fe sincera y profunda alegría al Emanuel que viene a salvar a todos los pueblos. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

Junto al pan y el vino presentemos a nuestro Padre un propósito sincero: convertir nuestras vidas para que esta Navidad signifique un real nacimiento de su Hijo en nuestro corazón.

Al término del “Lavatorio de Manos” y cuando el celebrante vuelve al centro del altar y antes de la oración siguiente, se hace poner de pie a la asamblea

DIÁLOGO DEL PREFACIO:

Al iniciarse el Prefacio (antes de «El Señor esté con vosotros»)

Y ahora, con fe y alegría demos gracias a nuestro misericordioso Padre del Cielo, porque en su inmenso amor nos dio a su Hijo y nos permite, una vez más, la posibilidad de convertir nuestras vidas para recibirlo.

COMUNIÓN:

Hemos escuchado cómo Jesús realiza la transformación total del hombre: sana los enfermos, resucita a los muertos y fortalece a los débiles. Sintiendo que éstas son nuestras condiciones, recibámoslo sacramentado, para que él sea la fortaleza que nuestra fe y esperanza necesitan.

DESPEDIDA:

Terminemos esta celebración, con la que comenzamos esta ya casi última semana de adviento, teniendo muy presente que el cristiano «debe vivir permanentemente en la esperanza, debe estar siempre alegre y su serenidad debe ser conocida por todos los hombres. El Señor está cerca y nos pide que renovemos nuestra vida para que venga a nosotros el Reino que Jesucristo anunció.»

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