Cuarto Domingo de Cuaresma

Cuarto Domingo de Cuaresma – Ciclo C

PARÁBOLA DEL PADRE MISERICORDIOSO

       A la parábola conocida como la del hijo pródigo habría que llamarla la del Padre misericordioso, porque con esta parábola o historieta Jesús quiso revelarnos a un Dios Padre bueno, lleno de bondad, de misericordia y de amor para con nosotros sus hijos queridos.

      El menor de los hijos, después de exigirle al padre sus derechos, se marcha de la casa paterna, malgasta su herencia irresponsablemente y acaba en la mayor miseria. En esta situación se da cuenta de su situación y decide regresar, reconociendo con humildad que ha hecho las cosas mal, pidiendo perdón y dispuesto al castigo.

      El Padre, sin embargo, lo espera cada día y cuando lo ve venir, corre hacia él. No le pide explicaciones de por qué se ha comportado de esa manera, no le echa nada en cara, no lo juzga, no lo condena, al contrario, le abraza amorosamente para decirle: ¡Hijo! ¡Qué bueno que hayas vuelto!

     Nosotros podemos vernos reflejados en el comportamiento del hijo menor porque a veces nos creemos con derecho a exigirle a Dios toda clase de bienes, y cuando los tenemos nos encargamos de dilapidarlos, malgastarlos, los dejamos perder y nos quedamos en una gran miseria espiritual, sintiéndonos sucios y vacíos, necesitando volver a la casa del Padre.

Otras veces nos podemos ver reflejados en el comportamiento del hijo mayor y nos consideramos mejores que los demás, y con nuestro orgullo y autosuficiencia juzgamos y condenamos, y con un corazón duro e intransigente negamos el perdón y la misericordia a los demás.                                     

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

PRIMERA LECTURA: Lectura del libro de Josué 5,9a. 10-12

En aquellos días, el Señor dijo a Josué:
– Hoy os he despojado del oprobio de Egipto.
Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó.

El día siguiente a la Pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la tierra: panes ázimos y espigas fritas.

Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná. Los israelitas ya no tuvieron maná, sino que aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.  

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

        Con la celebración de la primera Pascua en la tierra prometida se inicia una nueva etapa en la vida del pueblo israelita.

Empieza para ellos una vida nueva, en una tierra nueva que Dios les ha regalado. La celebración de la Pascua aparece como fuente de esperanza de cara al futuro, bajo una verdadera fidelidad a Dios.                            

SALMO 

Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7

R: Gustad y ved qué bueno es el Señor.

mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R

2ª LECTURA

Lectura de la 2ª carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5,17-21

Hermanos:
El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación.

Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación.

Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.

Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a Él, recibamos la justificación de Dios.

Palabra de Dios.

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

    El apóstol Pablo les dice a los cristianos de Corinto que el que es de Cristo ya es una criatura nueva, porque Él nos reconcilió con Dios. Por esta razón exhorta a los seguidores de Jesús que se reconcilien con Dios.                                 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 15,1-3. 11-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:                    Ése acoge a los pecadores y come con ellos.

Jesús les dijo esta parábola:                                                                            

– Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:                        

«Padre, dame la parte que me toca de la fortuna».                                           

El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.

Recapacitando entonces, se dijo:                                   

«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».

Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.                                                                                                      

Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo».                                                                                  

Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado».                                             

Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.                                                                                 

Éste le contestó:                                                                                        

«Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud».                                                                                    

Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre:                                                                                  

«Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo, que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado».                                                                                

El padre le dijo:                                                                                        

«Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado».

Palabra de Dios 

COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO

     En esta parábola de Jesús el padre representa a Dios mismo. El padre de la parábola nos muestra su bondad olvidándose de todo lo que hizo contra él su hijo.

Una bondad que no es comprendida por el hijo mayor, que representa a los escribas y fariseos. El amor de Dios siempre es anterior a nuestra conversión.                  

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

¿CREEMOS EN UN DIOS QUE ES PADRE BUENO PARA TODOS SUS HIJOS?

     Jesús quería que las gentes de Galilea sintieran a Dios como un padre increíblemente bueno.

Quería que reconocieran a Dios como un padre que respeta las decisiones de sus hijos, un padre que cuando algún hijo se aleja de él se pone triste y nunca lo olvida, un padre que siempre está esperando la vuelta del hijo que se ha marchado de su lado y que cuando vuelve se olvida de su dignidad de “señor” de la familia, y lo abraza y besa efusivamente como una madre, un padre que no necesita que le den explicaciones del mal comportamiento para acogerlo como hijo, un padre que no impone castigo alguno, que no exige un ritual de purificación, un padre que nunca ha dejado de amarlo, aunque se haya apartado de él, que siempre ha buscado su felicidad, un padre que celebra la vuelta del hijo con una fiesta, con un banquete, con música y con baile.                                                                               

Cualquier teología, predicación o catequesis que olvide esta parábola central de Jesús e impida experimentar a Dios como un Padre respetuoso y bueno, que acoge a sus hijos perdidos ofreciéndoles su perdón gratuito e incondicional, no proviene de Jesús ni transmite su Buena Noticia.      


Cuarto Domingo de Cuaresma

ALGO MÁS QUE SOBREVIVIR

Últimamente se viene detectando en nuestra sociedad contemporánea graves signos indicadores de «una pérdida de amor a la vida». Se habla, por ejemplo, del «síndrome de la indiferencia» como uno de los rasgos patológicos más característicos de nuestra sociedad industrial.

Son muchas las personas que no se relacionan activamente con el mundo, sino que viven sometidas pasivamente a los ídolos o exigencias del momento. Hombres y mujeres cuyo único recurso es el conformismo y que se mueven por «los tirones» de la sociedad que los empuja en una dirección o en otra.

La industria de la diversión y el ocio en todos sus aspectos busca conseguir que el aburrimiento sea menos consciente, sin embargo no logra suprimirlo del todo. Sigue creciendo la indiferencia por la vida, el sentimiento de infelicidad, la incapacidad de entablar contactos vivos y amistosos.

Otro signo es «el endurecimiento del corazón». Personas cuyo recurso es aislarse, no necesitar de nadie, vivir «congelados afectivamente», desentenderse de todos y defender así su pequeña felicidad cada vez más intocable y cada vez más triste.

Sin embargo, estamos hechos para vivir y vivir intensamente y por eso muchos hombres y mujeres están reaccionando y buscan en el contacto personal íntimo o en el encuentro con la naturaleza o en el descubrimiento de nuevas experiencias, una salida para «sobrevivir».

Es triste que los creyentes de hoy no seamos capaces de descubrir y experimentar nuestra fe como fuente de vida auténtica. No estamos convencidos de que creer en Jesucristo es «tener vida eterna», es decir, comenzar a vivir ya desde ahora algo nuevo y definitivo que no está sujeto a la decadencia y a la muerte.

Hemos olvidado a ese Dios cercano, a cada persona concreta, que anima y sostiene nuestra vida y que nos llama y nos urge desde ahora a una vida más plena y más libre. Ser creyente es sentirse llamado a vivir con mayor plenitud, descubriendo desde nuestra adhesión a Cristo, nuevas posibilidades, nuevas fuerzas y nuevo horizonte a nuestro vivir diario.

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA DEL IV DOMINGO DE CUARESMA / CICLO B

1ª LECTURA

Lectura del segundo libro de las Crónicas 36,14-16. 19-23

En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de los gentiles, y mancharon la Casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén.
El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada.

Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio.
Los caldeos incendiaron la Casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos.

Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta Jeremías: «Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años».

En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del Señor, por boca de Jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia: el Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él y suba!».

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 1ª LECTURA

En la historia del pueblo de Israel hubo tiempos en los que se olvidaron de su Dios y siguieron a los dioses de los pueblos vecinos, hubo una decadencia de sus costumbres y tradiciones éticas, morales y religiosas, quisieron borrar el nombre de Dios de la memoria del pueblo, y se mofaron de la Palabra de Dios y de sus profetas.

Sin embargo, aún con este proceder del pueblo elegido, Dios no les abandona y les envía un salvador que hace renacer la esperanza del «pequeño resto» que se mantenía fiel al Señor, y vuelve a florecer la fe en Dios.

SALMO

Sal 136, 1-2. 3. 4-5. 6

R. Que se me pegue la lengua al paladar, si no me acuerdo de ti.

  • Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar,
    con nostalgia de Sión;
    en los sauces de sus orillas, colgábamos nuestras cítaras. R:
  • Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar;
    nuestros opresores, a divertirlos:
    «Cantadnos un cantar de Sión». R:
  • ¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera!
    Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha. R:
  • Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti,
    si no pongo a Jerusalén en la cumbre de mis alegrías. R:

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2,4-10

Hermanos:
Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo -por pura gracia estáis salvados-, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con Él. Así muestra en todos los tiempos la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él determinó practicásemos.

Palabra de Dios

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

El amor de Dios a los hombres está por encima del mismo pecado del hombre. Dios es misericordioso y, por ello, nos ofrece la salvación, que no es un merecimiento nuestro, sino un efecto del amor que Dios nos tiene. La salvación es don de Dios, pero la colaboración del hombre es condición necesaria. Nadie puede ser salvado si no quiere.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 3,14-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
– Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será condenado; el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Ésta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra perversamente detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Palabra de Dios 

COMENTARIO AL EVANGELIO

 

   El evangelista San Juan nos dice que: «por el gran amor con que Dios nos amó, viene Jesús a salvar al mundo y no a condenarlo» y lo hace por medio de la cruz de Cristo. Sólo se podrá salvar quien acepte a Jesús como «luz para su vida»; quien le acoja con fe.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

MIRAR AL CRUCIFICADO

Acostumbrados desde niños a ver la cruz por todas partes, no hemos aprendido a mirar el rostro del Crucificado con fe y con amor. Nuestra mirada distraída no es capaz de descubrir en ese rostro la luz que podría iluminar nuestra vida en los momentos más duros y difíciles. Sin embargo, Jesús nos está mandando desde la cruz señales de vida y de amor.

En esos brazos extendidos que no pueden ya abrazar a los niños, y en esas manos clavadas que no pueden acariciar a los leprosos ni bendecir a los enfermos, está Dios con sus brazos abiertos para acoger, abrazar y sostener nuestras pobres vidas, rotas por tantos sufrimientos. Desde ese rostro apagado por la muerte, desde esos ojos que ya no pueden mirar con ternura a pecadores y prostitutas, desde esa boca que no puede gritar su indignación por las víctimas de tantos abusos e injusticias, Dios nos está revelando su «amor loco» a la Humanidad.

«Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él». Podemos acoger a ese Dios y lo podemos rechazar. Nadie nos fuerza. Somos nosotros los que hemos de decidir. Jesús podría poner luz en la vida más desgraciada y fracasada, pero «el que obra mal… no se acerca a la luz para no verse acusado por sus obras».

Cuando vivimos de manera poco digna, evitamos la luz porque nos sentimos mal ante Dios. Por el contrario, «el que realiza la verdad, se acerca a la luz». Busca con su mirada al Crucificado.

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