Guión para el Domingo XVII del Tiempo ordinario

Guión para el Domingo XVII del Tiempo ordinario

PREPARACIÓN: 

Antes de la salida del celebrante

Cada vez que celebramos la Eucaristía, como la de este domingo décimo séptimo del tiempo durante el año, estamos celebrando gozosamente la Pascua del Señor, con el compromiso de dar testimonio, de comunicar la Buena Nueva, sintiendo la necesidad de entrar en comunión y diálogo con los hombres que necesitan conocer a Dios.

AMBIENTACIÓN: 

Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial

 

Hoy el Señor nos enseña a orar, a dirigirnos a nuestro Padre, con humildad y confianza filial, sin descanso, insistentemente, en un diálogo amoroso de apertura y aceptación de la voluntad de Dios, que no siempre coincide con nuestros deseos. Y esta oración siempre es escuchada por nuestro Padre bueno, ya que Él espera nuestra respuesta al amor que constantemente nos ofrece. La oración del hombre justo atrae la misericordia y obtiene el perdón de los demás.

 

1ª. LECTURA:  (Gn 18, 20-21. 23-32)        (Ver texto)

 

Este modelo del Antiguo Testamento, es un modelo del diálogo de amigo con Dios, es un modelo de cómo Él está siempre dispuesto a escucharnos.

 

SALMO RESP.:     (137, 1-3. 6-7a. 7c-8   (Ver texto)

 

                    R.   ¡Me escuchaste, Señor, cuando te invoqué!

 

2ª. LECTURA:    (Col 2, 12-14)    (Ver texto)

 

El Apóstol nos manifiesta que en Cristo, Dios nos ha perdonado y nos ha dado la verdadera vida.

 

EVANGELIO:   (Lc 11, 1-13)      (Ver texto)

 

Hoy, en el santo Evangelio, es el mismo Jesús quien nos enseña cómo dirigirnos a nuestro Padre del Cielo.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES:

CELEBRANTE:

 

Queridos hermanos, siguiendo las palabras de Jesús, que nos enseña que debemos orar siempre, insistentemente y sin desanimarnos, presentemos al Padre nuestras necesidades.

GUÍA:

 A cada una de las peticiones responderemos orando:

 

«PADRE, ESCÚCHANOS Y ENSÉÑANOS A ORAR»

 

 

v Padre nuestro, para que la Iglesia, bajo la guía del Santo Padre Francisco, sea siempre el Memorial del Señor que continúa amando y preocupándose del bien de todos por medio nuestro, te pedimos…

 

v Dios de bondad, para que bajo la guía de nuestro Obispo y de nuestros sacerdotes, seamos fervientes en la oración, pidiendo que el Espíritu Santo que habita en nosotros nos ilumine y nos dé fuerzas para que seamos capaces de hacer en cada momento la voluntad de Dios, te pedimos…

 

v Señor de la historia, para que todos los habitantes de esta nación, gobernantes y gobernados, nos unamos de verdad y pidamos la asistencia de tu Santo Espíritu para que nos ilumine a encontrar el camino que nos permita vivir en concordia y en paz, te pedimos…

 

v Dios rico en misericordia, para que tantas familias que se encuentran sufriendo necesidades que les impiden vivir dignamente, encuentren el acompañamiento de tu amor y bondad infinita, en nuestra ayuda fraterna, te pedimos..

 

v Señor de la vida, para que toda nuestra comunidad sea insistente en la oración, perotambién esforzada en el amor fraterno y valiente en el anuncio del Evangelio hecho desde el testimonio de nuestras vidas, te pedimos…

CELEBRANTE:

Escucha, Padre, las plegarias que te hemos presentado, tú que eres nuestro auxilio. Atiende nuestros anhelos y danos todo aquello que no nos atrevemos a pedirte. Por Cristo, nuestro Señor.

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

 

Presentemos ahora, sobre la mesa del altar, un sincero deseo de establecer con nuestro Padre, un auténtico diálogo de amor, en una verdadera disponibilidad de aceptación plena de su voluntad.

 

Al término del “Lavatorio de Manos” y cuando el celebrante vuelve al centro del altar y antes de la oración siguiente, se hace poner de pie a la asamblea

 

DIÁLOGO DEL PREFACIO:

Al iniciarse el Prefacio (antes de «El Señor esté con vosotros»)

El Señor escucha siempre a su pueblo; el Señor nos bendice siempre con su infinito amor. Por ello ahora que renovaremos una vez más el mayor don de su bondad, démosle gracias con alegría.

COMUNIÓN:

El entrar en una íntima comunión con Cristo nos implica entrar también en una íntima y verdadera comunión con todos y cada uno de nuestros hermanos, y así toda nuestra vida se hace una auténtica oración a Dios.

DESPEDIDA:

Cada Eucaristía en la que participamos debe producir en nosotros verdaderos frutos, y el de hoy debe ser una mayor y mejor participación del momento más importante para dialogar con el Señor: la liturgia eucarística. Así, viviéndola plena y conscientemente, será la fuente de toda oración y la garantía de su autenticidad.

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