6 de Enero – Quién fuera rey en este día

¡Quién fuera rey en este día!

Y ante el Rey de Reyes, alabar y bendecir
la grandeza de un Dios, que sin necesidad
de tanto, tan en el llano ha caído.
Y, dejar detrás de mí, palacios e imperios,
tronos y vasallos, dominaciones y castillos,

para postrarme ante Aquel que sólo tiene
el amor como almena,
la pequeñez como defensa indefensa,
y, como siervos y guardianes,
un José y María que, sólo saben mirar,
contemplar y emocionarse ante el Misterio.

Pastores que, sorprendidos por tal mensaje,
dejaron tierras y ganados y marcharon a adorarle.

¡Quien fuera Melchor!
Y decirte que, como Rey, mereces ya no sólo el oro,
sino que toda rodilla se doble ante el AMOR.

¡Quien fuera Gaspar!
Y perfumar, con el incienso, al que siendo hombre,
es Dios y hombre a la vez, o que, el aroma
se desparramase por todos los valles donde los hombres
todavía desconocen la noticia de tu Nacimiento.

¡Quien fuera Baltasar!
Para ofrendarte, además de cómo Rey y Dios,
la debilidad de lo que somos y que Tú
compartes: nuestra humanidad.

¡Te doy gracias, Señor!
Porque –sin ser rey– he visto una estrella.
Una estrella que, en la noche oscura,
me ha invitado a seguirle, incluso en las horas amargas,
y, sus destellos, han hablado a mi corazón,
despertando mis sentimientos y mi curiosidad.

Una estrella que ha hecho posible el que yo,
hombre y débil, me postre ante Ti con la misma fe
y con la misma emoción de aquellos Reyes Magos.

Haz Señor, que después de haberte contemplado
y rezado, después de haberte ofrecido mi pobreza,
vuelva a mi hogar con la firme promesa
de que tu nombre sea conocido, amado y publicado
por todos los confines de la tierra.

¡Gracias, Señor! ¡Gracias, mi Rey!

P. Javier Leoz

Liturgia – Lecturas del día

6 de Enero
SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

La gloria del Señor brilla sobre ti

Lectura del libro de Isaías
60, 1-6

¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz
y la gloria del Señor brilla sobre ti!
Porque las tinieblas cubren la tierra
y una densa oscuridad, a las naciones,
pero sobre ti brillará el Señor
y su gloria aparecerá sobre ti.
Las naciones caminarán a tu luz
y los reyes, al esplendor de tu aurora.

Mira a tu alrededor y observa:
todos se han reunido y vienen hacia ti;
tus hijos llegan desde lejos
y tus hijas son llevadas en brazos.
Al ver esto, estarás radiante,
palpitará y se ensanchará tu corazón,
porque se volcarán sobre ti los tesoros del mar
y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti.
Te cubrirá una multitud de camellos,
de dromedarios de Madián y de Efá.
Todos ellos vendrán desde Sabá,
trayendo oro e incienso,
y pregonarán las alabanzas del Señor.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 71, 1-2. 7-8. 10-13

R. ¡Pueblos de la tierra alaben al Señor!

Concede, Señor, tu justicia al rey
y tu rectitud al descendiente de reyes,
para que gobierne a tu pueblo con justicia
y a tus pobres con rectitud. R.

Que en sus días florezca la justicia
y abunde la paz, mientras dure la luna;
que domine de un mar hasta el otro,
y desde el Río hasta los confines de la tierra. R.

Que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas
le paguen tributo.
Que los reyes de Arabia y de Sabá
le traigan regalos;
que todos los reyes le rindan homenaje
y lo sirvan todas las naciones. R.

Porque Él librará al pobre que suplica
y al humilde que está desamparado.
Tendrá compasión del débil y del pobre,
y salvará la vida de los indigentes. R.

Ahora ha sido revelado que también los paganos
participan de la misma promesa

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Éfeso
3, 2-6

Hermanos:
Seguramente habrán oído hablar de la gracia de Dios, que me ha sido dispensada en beneficio de ustedes.
Fue por medio de una revelación como se me dio a conocer este misterio, tal como acabo de exponérselo en pocas palabras. Al leerlas, se darán cuenta de la comprensión que tengo del misterio de Cristo, que no fue manifestado a las generaciones pasadas, pero que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas.
Este misterio consiste en que también los paganos participan de una misma herencia, son miembros de un mismo Cuerpo y beneficiarios de la misma promesa en Cristo Jesús, por medio del Evangelio.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Hemos venido de Oriente a adorar al rey

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
2, 1-12

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo».
Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. «En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:
«Y tú, Belén, tierra de Judá,
ciertamente no eres la menor
entre las principales ciudades de Judá,
porque de ti surgirá un jefe
que será el Pastor de mi pueblo, Israel»».
Herodes mandó llamar secretamente a los magos y, después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje».
Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría y, al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.

Palabra del Señor.

Reflexión

¡DIOS-NIÑO, QUE ME HAGAS NIÑO!
1. – Hoy es el día de los niños, de la infantil ilusión de los juguetes, de las estrellas que vuelan por el cielo hacia Belén, de unos señores muy serios que ponen ante el Niño Dios juguetes incomprensibles…
Todos guardamos en un rincón del corazón entre la barba blanca de Melchor y el negro tizón del rostro de Baltasar la luz radiante de aquella ilusión con que descubríamos los juguetes de los Reyes.
Todo ha nacido de ese trozo de evangelio de San Mateo donde se mezcla la historia real con el cuento de niños. Mateo no hace historia, hace teología y la teología, desde que nuestro Dios se hizo niño, es lo que el Niño Dios tiene que decirnos a los que reconociendo nuestra pequeñez infantil nos hagamos compañeros de sus juegos.
Tan cuento de hadas es el prólogo de San Juan y “el Verbo se hizo carne y puso su tienda de campaña entre nosotros” y “que la estrella vino a pararse encima de donde estaba el Niño”. Cuento de hadas para el que no cree. Emocionante e incomprensible cercanía de Dios para quien cree.
Mateo viene a decirnos con ropaje oriental y soñador lo que Juan con lenguaje teológico: “Qué Dios se ha hecho hombre, que vino a los suyos y no le recibieron, y que solo lo encuentran los que le buscan” Son los sabios y entendidos de este mundo los que no entienden nada y son los que hacen como niños a los que el Niño Dios les revela el Reino de los Cielos.
2. – Día de estrellas que nos hablan de su lejanía de las maravillas de un Dios creador de todas ellas, nacido niño en Belén.
–Día de la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
–Día de la luz tenue y amiga de estrellas a las que podemos mirar cara a cara, que nos conducen a un Dios escondido en brazos de María, un Dios al que no podríamos mirar fijamente sin quemarnos la retina.
3. – San Ignacio de Loyola es un arrebato místico pone en esta escena un personaje que Mateo ha olvidado y es el esclavito indigno del que habla en sus Ejercicios Espirituales. Cualquiera de nosotros puede desempeñar ese papel y hablar con el Niño Dios mientras los Magos desempaquetan sus complicados regalos. Y podemos decir al Niño:
— Señor, también yo vengo caminando a través del desierto de la vida, tratando de seguir la estrella vacilante de la Fe, que tantas veces pierdo de vista.
— Señor, creo que Tú eres mi Dios, y no me da vergüenza creerlo aunque otros lo nieguen o se rían.
— Señor, yo no soy generoso como estos Magos que han dejado su patria por seguir la estrella. Yo me aferro a mi juguete preferido y ese amor egoísta no me deja verte con claridad. Yo sé que amas a los niños, pero a mí me gusta ser hombrecito y con dificultad admito lo que Tú me dices.
— Señor, hoy los niños del mundo entero han escrito su carta a los Reyes Magos. Yo la tengo aquí en mi bolsillo y a Ti te la entrego. Y como eres Niño y no sabes leer te diré que en ella te pido una sola cosa: que me hagas niño.
+ Niño que se confíe totalmente a su Padre Dios
+ Niño que crea y espere en Ti sin límites.
+ Niño que pase por el mundo dando cariño y sonrisas
+ Niño que confíe en que hay mucha bondad en los hombres de buena voluntad.

José María Maruri, SJ
www.betania.es

LA EPIFANÍA, UN PRIMER PENTECOSTÉS

1. También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el evangelio. La palabra “epifanía” significa manifestación hacia el exterior y litúrgicamente con este término nos referimos a la manifestación de Jesús a unas personas no judías. Sabemos que el Mesías que esperaban los judíos sólo vendría a salvar a Israel, al pueblo judío. Los mismos apóstoles y primeros discípulos de Jesús parece que también pensaban así, al menos, hasta la venida del Espíritu Santo, en Pentecostés. Después de Pentecostés todo empezó a cambiar, aunque muy lentamente, sobre todo por la predicación de Pablo, apóstol de los gentiles. Pues bien, la fiesta de hoy, la epifanía, nos habla de la manifestación de Jesús a unos magos de Oriente, no judíos. Es, al menos en primicia, una primera declaración de la catolicidad de la Iglesia de Jesús, una Iglesia que quiere predicar el mensaje de Cristo a todas las naciones. Nosotros, los cristianos del siglo XXI, debemos saber, por tanto, que Cristo no quiere que pongamos barreras lingüísticas, ni étnicas, ni culturales, al mensaje del evangelio. La Iglesia de Cristo es, necesariamente, una Iglesia misionera, una Iglesia que quiere reunir a todas las personas del mundo bajo un solo pastor, Cristo Jesús. Esto comenzará a verse más claro y a hacerse ya efectivo después de Pentecostés, cuando los discípulos de Jesús vayan por todo el mundo predicando el evangelio. Pero hoy, aunque de una manera sólo anticipatorio, celebramos un primer Pentecostés de la Iglesia de Cristo.
2. Los magos de Oriente como primeros buscadores de Dios. A Dios le encuentra el que le busca, porque es Dios mismo el que suscita en nosotros el deseo de buscarle. Los magos de Oriente encontraron a Dios siguiendo la luz de una estrella del firmamento; cada uno de nosotros debemos buscar insistentemente a Dios, siguiendo las luces que Dios va poniendo continuamente en nuestro caminar por la vida. Puede ser la luz de una persona, o de un libro, o de un acontecimiento personal especialmente significativo, o… Dios deposita en el alma de todas las personas deseos de encontrarle, lo que nosotros debemos hacer es purificar los ojos del alma para descubrir a Dios allí donde él quiere hacérsenos visible. Los magos de Oriente, como buscadores de Dios, deben ser para nosotros un buen ejemplo de inquietud religiosa y de búsqueda de la verdad.
3. La fiesta social de los reyes magos. Es la fiesta del regalo, de la amistad y del amor, especialmente para los niños y personas más queridas y cercanas. A todos nos gusta que nos quieran y el regalo es, sobre todo en este día, una manifestación de cariño y de amor. Muchas veces los cristianos nos hemos esforzado en mostrar al mundo un rostro severo y hasta huraño, como si la vida fuera para nosotros siempre un valle de lágrimas o un purgatorio anticipado. A los santos nos gustaba pintarles arrodillados ante el crucifijo, o haciendo penitencias duras y mortificadoras. Sin que esto sea en sí mismo malo, lo cierto es que muchos santos son y han sido personas alegres, sembradores de paz y de amor en el mundo en el que vivieron. Hoy la fiesta de los reyes magos nos habla de ternura, de amistad, de amor compartido. Celebremos esta fiesta queriendo mucho a los demás y diciéndoselo a través del regalo, aunque sólo se trate del regalo de nuestra sonrisa y de un rostro amable y siempre atento a las necesidades de los demás. Ya se acaban las fiestas de la Navidad, que no se acabe nunca nuestra alegría navideña.

Gabriel González del Estal
www.betania.es

¡AUDACES Y VALIENTES!
Como los Magos.. adelante
1. Que el Nacimiento de Cristo fue dócil y silencioso, todos lo sabemos. Dios así lo quiso y en propias carnes lo vivieron como nadie Jesús, José y María.
Pero ¿Os habéis fijado que –los preferidos de Dios o los privilegiados por la Buena Noticia– se pusieron inmediatamente en marcha y en imparable movimiento? ¡Nada ni nadie les detuvo!
La estrella, inquieta, aguda, inteligente y protectora, no dejó de destellar radiante y divina luz para señalar la Gloria de Dios que emergía en una pobre gruta
Los pastores, aun en su pobreza, se convirtieron en millonarios acaudalados por un amor de Dios que recompensaba con creces fríos, soledades e indigencias.
Y para que no faltara nada, para enriquecer y engrandecer el Misterio, en el silencio y en medio de dunas y de desiertos, tres coronas sobre tres sienes destellaban y avanzaban en el horizonte. ¡Tres reyes en movimiento! ¡Tres reyes que, atesorándolo todo, intuían que carecían de lo más importante!
Hoy, en esta fiesta de Epifanía, los Magos se convierten en antenas por las que Dios, pasa a ser conocido y recibido, revelado y manifestado a todos los pueblos.
Me gusta expresar, y lo digo una vez más, que los Reyes Magos son la gran pancarta con la que Dios se hizo notar, a pesar de su humildad, a todo hombre.
Conducidos por la estrella, tentados por Herodes y mil circunstancias, sus reinos, tronos y riquezas no fueron obstáculo alguno para alcanzar la meta deseada: ¿Dónde está el Rey de los Judíos? ¡Hemos visto su estrella y venimos adorarle!
2. En esta noche, los sueños y las aspiraciones de miles de niños habrán sido cumplidos por la presencia de unos Magos que, dejando año tras año palacios y comodidades, se cuelan por balcones y ventanas para traer sus presentes.
Pero ¿qué obsequio es el más caro, el más codiciado y guardado por los Reyes Magos? ¿Qué regalo, con disgusto de estos regios personajes, queda con frecuencia y en abundancia en los almacenes de sus reinos?
¿Queréis saberlo? ¡El regalo de la fe! ¡El regalo de la esperanza! ¡El regalo del amor a Dios! ¡Cuántos regalos que nadie y muy pocos piden o pedimos! ¿Quieres ser valiente, audaz y portador de estos regalos?
Qué gran testimonio el de aquel padre. Cuando su hijo le leía en alto la carta que había escrito a los Reyes Magos, le señaló con cariño: ¿No has pedido amor para tus padres? ¿No les dices nada de que vas hacer la comunión este próximo año? ¿No les hablas de tu abuelo que se encuentra enfermo? ¿No les pides salud para el sacerdote que está desencantado?
El resplandor de los Magos fue la estrella. El premio fue contemplar cara a cara al Señor. El detalle, ofrecerle sus sagrados dones en incienso, oro y mirra. Y, el compromiso como heraldos de lo que vieron y oyeron, fue –una vez en sus respectivos reinos– dirigir el afecto y el vasallaje de sus paisanos al REY DE REYES. ¿Quieres ser audaz y valiente testigo del regalo de la fe?
Que nosotros, como los Reyes, nos movamos por aquello que merezca la pena. Que solicitemos de su magnanimidad obsequios que nos hagan ricos por dentro y no juguetees en manos de muchos por fuera. Uno de ellos, y permitidme que os lo diga con total franqueza, es el de manifestar públicamente, sin miedo ni vergüenza lo que sentimos por Cristo. Lo que apreciamos a Jesús. Lo que queremos a nuestra Iglesia.
Ellos ofrecieron sus cofres a rebosar de oro, incienso y mirra. Todos tenemos un gran cofre en el interior de cada uno. ¡Volquémoslo sobre Belén! Un corazón que se ha dado de frente con la Navidad, como ocurrió con los Reyes, se da, se ofrece, se entrega, se vacía, se postra.
Hermanos; niños, jóvenes, padres y mayores. ¡me gustan estos Reyes en movimiento! Fueron soñadores, idealistas, aventureros, emprendedores. No repararon en lo que dejaban atrás. Ante Herodes se mostraron valientes y decididos y…cuando se percataron de la estrella…no dudaron en creer que era cosa de Dios y, como niños, corrieron –no sé si en camello o dromedario– al encuentro del que era un Niño-Dios.
Bienvenidos sean estos regios personajes que, después de emprender su aventura y de regresar a sus respectivos dominios, nos hacen caer en la cuenta que, después de las navidades, hemos de retornar a nuestras vidas por caminos opuestos a la apatía, la vergüenza, la falta de fe, el pesimismo, el poderío, el orgullo o el cansancio.
Organicemos entre todos, Iglesia, Papa, Obispos, sacerdotes, laicos, religiosos, niños y mayores, colegios y cristianos de todo el mundo una gran manifestación. ¡Dios ha hablado por Jesús! ¡Que nadie apague su voz! ¡Seamos, también nosotros, pancarta de lo que en estos días ha ocurrido en Belén! ¡Ha bajado el amor de Dios y…ha de marchar y multiplicarse con nosotros en nuestros pequeños o grandes reinos!

Javier Leoz