6 de Marzo – Que salga fuera, Señor – Cuaresma

6 de Marzo – Que salga fuera, Señor – Cuaresma

¡Que salga fuera, Señor!

De la oscuridad que no me deja verte,
a la luz que me da la vida.

De las dudas que ciegan mis ojos,
a la certeza que me invita a seguirte.

De la tristeza que sacude mi existencia,
a la alegría que infunde tu persona.

¡Que salga fuera, Señor!

De los miedos que me paralizan,
a la fortaleza que me regala tu Palabra.

De la inseguridad de mis pasos,
a la firmeza de tus caminos.

¡Que salga fuera, Señor!

De la muerte, cuando yo vivo como Tú quieres,
a la vida que siento cuando Tú estás presente.

De mi afán de suficiencia que fracasa,
al reconocimiento de tu poder que todo lo puede.

¡Que salga fuera, Señor!

De lo efímero que pasa y caduca,
a lo eterno que Tú me dices me espera.

De mi manera peculiar de vivir la vida,
a esa otra que, Tú, me dices es rica y diferente.

¡Que salga fuera, Señor!

Que me libre de esas largas vendas,
que me impiden ser libre y seguirte.

Que me sacuda de los aromas
con que la sociedad quiere perfumarme y maquillarme.

Que sea fuerte para desprenderme
de tantas losas que pretenden silenciarme.

¡Que salga fuera, Señor!

¡Sacúdeme con tu fuerza divina!
¡Háblame con palabras de eternidad!
¡Hazme morir en aquello que me separa de ti!

Amén.

Evangelio del día 6 de marzo con el Padre Guillermo Serra

Evangelio según San Lucas 15, 1-32

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: «Este recibe a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo entonces esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca‘. Y él les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta.

Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre, y el muchacho empezó a padecer necesidad.

Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no dejaban que se las comiera.

Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo aquí me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.

Ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores’.

Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos cuando su padre lo vio, y se enterneció profundamente. Corrió hacia él y, echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’.

Pero el padre dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo.

Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete.

El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: ‘Tu hermano ha regresado, y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberle recobrado sano y salvo’.

El hermano mayor se enojó y no quería entrar. Salió entonces el padre y le rogó que entrara, pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos!

Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’.

El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’».

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