Domingo II de Adviento

DOMINGO II DE ADVIENTO

Baruc 5, 1-9 / Filipenses 1, 4-11
/ Lucas 3, 1-6
Salmo Responsorial, Sal 125, 1-6
R/. «¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!»

Santoral:
San Pedro Fourier, San Juan Diego
y Beato Bernardino Silvestrelli

DOMINGO II° DE ADVIENTO

Dios mostrará tu resplandor

Lectura del libro de Baruc
5, 1-9
Quítate tu ropa de duelo y de aflicción, Jerusalén,
vístete para siempre con. el esplendor de la gloria de Dios,
cúbrete con el manto de la Justicia de Dios,
coloca sobre tu cabeza la diadema de gloria del Eterno.
Porque Dios mostrará tu resplandor
a todo lo que existe bajo el cielo.
Porque recibirás de Dios para siempre este nombre:
«Paz en la justicia» y «Gloria en la piedad.»

Levántate, Jerusalén, sube a lo alto
y dirige tu mirada hacia el Oriente:
mira a tus hijos reunidos desde el oriente al occidente
por la palabra del Santo,
llenos de gozo, porque Dios se acordó de ellos.
Ellos salieron de ti a pie, llevados por enemigos,
pero Dios te los devuelve,
traídos gloriosamente como en un trono real.

Porque Dios dispuso que sean aplanadas
las altas montañas y las colinas seculares,
y que se rellenen los valles hasta nivelar la tierra,
para que Israel camine seguro bajo la gloria de Dios.
También los bosques y todas las plantas aromáticas
darán sombra a Israel por orden de Dios,
porque Dios conducirá a Israel en la alegría,
a la luz de su gloria,
acompañándolo con su misericordia y su justicia.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 125, 1-6

R. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos:
nuestra boca se llenó de risas
y nuestros labios, de canciones. R.

Hasta los mismos paganos decían:
«¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!»
¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría! R.

¡Cambia, Señor, nuestra suerte
como los torrentes del Négueb!
Los que siembran entre lágrimas
cosecharán entre canciones. R.

El sembrador va llorando
cuando esparce la semilla,
pero vuelve cantando
cuando trae las gavillas. R.

Manténganse puros e irreprochables para el Día de Cristo

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Filipos
1, 4-11

Hermanos:
Siempre y en todas mis oraciones pido con alegría por todos ustedes, pensando en la colaboración que prestaron a la difusión del Evangelio, desde el comienzo hasta ahora. Estoy firmemente convencido de que Aquél que comenzó en ustedes la buena obra la irá completando hasta el Día de Cristo Jesús. Y es justo que tenga estos sentimientos hacia todos ustedes, porque los llevo en mi corazón, ya que ustedes, sea cuando estoy prisionero, sea cuando trabajo en la defensa y en la confirmación del Evangelio, participan de la gracia que he recibido.
Dios es testigo de que los quiero tiernamente a todos en el corazón de Cristo Jesús. Y en mi oración pido que el amor de ustedes crezca cada vez más en el conocimiento y en la plena comprensión, a fin de que puedan discernir lo que es mejor. Así serán encontrados puros e irreprochables en el Día de Cristo, llenos del fruto de justicia que proviene de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Todos los hombres verán la Salvación de Dios

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Lucas
3, 1-6

El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Este comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías:

«Una voz grita en el desierto:
Preparen el camino del Señor,
allanen sus senderos.
Los valles serán rellenados,
las montañas y las colinas serán aplanadas.
Serán enderezados los senderos sinuosos
y nivelados los caminos desparejos.
Entonces, todos los hombres
verán la Salvación de Dios».

Palabra del Señor.

Reflexión

ES ABSOLUTAMENTE NECESARIA OTRA CONVERSIÓN

1.- Y vino la Palabra de Dios a Juan en el desierto, no en Jerusalén o en Cesarea de Felipe. Allí hay demasiado ruido para que el susurro de la voz de Dios se pueda oír. Vino en la soledad del desierto.

Soledad, paz que necesitamos todos para escuchar la Palabra de Dios con tanta televisión, tanta radio, tantos periódicos, tanto Internet, tanta música insufrible…cegamos los oídos y el corazón y es imposible escuchar a Dios. Todos necesitamos momentos de soledad, de paz interior.

Y cuántas veces en el mismo interior necesitamos silencio. Cuántas veces aun hablando con Dios lo apabullamos con nuestros argumentos filosóficos y conocimientos teológicos. Dios se admira de nuestro saber y se olvida de comunicarnos lo único que sólo Él sabe.

Y no pocas veces son las palabras de los curas las que impiden que Dios se comunique. Palabras que en vez de ser tímidas, sencillas, a tono con el susurro de la voz de Dios, con trompetería doctísima ante la que el mismo Dios se asusta. Pues esta es la primera conversión que nos pide Juan el Bautista: del ruido al silencio.

2.- Y creo que no nos vendría mal… o más diría que es absolutamente necesaria otra conversión, del mercantilismo y contabilidad religiosa, que fiándonos de los muchos actos buenos que hacemos, chalaneando con Dios, a abandonarnos por completo al amor que Dios en que vivimos envueltos.

Como peces en pecera de agua todos vivimos rodeados de esta atmosfera en la que respiramos sin darnos cuenta del aire que por todas partes nos rodea, pues así vivimos envueltos en el amor de Dios sin darnos cuenta que nos envuelve su cariño por todas partes, seamos buenos y malos, porque para Dios no hay nadie malo, sino insolvente, ni bueno, sino querido por Él…

Conversión al amor de Dios, jugárnoslo todo a la sola carta del amor de Dios.

3.- Y a propósito de esa primera conversión de que os hablaba del parloteo al silencio, dice un salmo:
El cielo en su silencio proclama la gloria de Dios
El firmamento pregona la obra de tus manos.
El día al día le pasa su mensaje…
La noche a la noche se lo susurra.
Sin que hablen, sin que pronuncien
sin que resuene su voz
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.
¿Aprenderemos alguna vez a hablar con cariño? ¿A estar con cariño?

José María Maruri, SJ
www.betania.es

DIOS NOS LLAMA A LA CONVERSIÓN

1.- Juan Bautista, un personaje singular. El eco de la predicación de Juan Bautista ha llegado hasta nuestros días en este segundo Domingo de Adviento. Juan Bautista es un personaje singular, fiel siempre a su vocación y a su misión con humildad.

Ni siquiera «se sentía digno de soltar las correas de las sandalias de aquel» a quien anunciaba. Pero aún atrae más su sentido espiritual, el mensaje ascético de Juan. Es un mensaje que se hacía durísimo con los poderosos: «No te es lícito vivir con la mujer de tu hermano»; cortante con los fariseos: «Son una raza de víboras»; fuerte con los soldados: «No hagáis extorsión a nadie y conténtense con la paga»; suplicante con los publicanos: «No pidáis más de lo tasado». Y todo esto, consciente de que estaba «preparando los caminos del Señor», «enderezando las sendas», Nos hace falta Juan en nuestros días.

En estas ciudades rebosantes de multitudes, de muchedumbres informes y masificadas, en estas ciudades que, bajo otros aspectos, son verdaderos desiertos, está haciendo falta que aparezca Juan con su mensaje: «Yo soy la voz del que clama en el desierto».

2.- Necesidad de conversión. Juan iba al grano y sin rodeos en su papel de precursor: Hay que cambiar, hay que convertirse. Porque “el hacha está tocando ya la raíz, y todo árbol sin frutos será talado y echado al fuego».

Él nos invita también a ti y a mí, diciéndonos con potente y penetrante voz: ¡Endereza tus pasos! ¡El Señor viene, y ya está a la puerta!».

Sí, el Señor que vino hace dos mil años y que vendrá al final de los tiempos, viene también a nosotros en el hoy de nuestra historia y de muchas formas se acerca para tocar suave o fuertemente a la puerta de nuestros corazones.

Por tanto: ¡despójate de la impaciencia con que sueles tratar a algunas personas y revístete de la paciencia, tratando a todos con máxima afabilidad! ¡Despójate del egoísmo y apego a los bienes materiales para revestirte de actitudes de generosidad y desprendimiento! ¡Despójate de la insensibilidad frente a las necesidades del prójimo y revístete de la caridad que se hace concreta en actitudes e iniciativas de solidaridad! ¡Despójate de los chismes, de la difamación, de la calumnia, de hablar mal de personas ausentes!

3.- Nuestra tarea es preparar los caminos del Señor: «que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale». ¿Cuál nuestra colina? Quizá sea nuestro orgullo y nuestra autosuficiencia.

El gran pecado del hombre actual es prescindir de Dios y creerse él mismo el todopoderoso. Pero podemos también vivir sin valorarnos, con una falsa humildad y abatimiento. Por eso se nos dice que nos levantemos y reconozcamos los dones que Dios nos ha dado para ponerlos a disposición de los hermanos. A veces nos empeñamos en caminar por caminos tortuosos o escabrosos.

Dios quiere que eliminemos los baches y las curvas que nos desvían de la senda verdadera. Prepara los caminos al Señor y le abre la puerta quien con humildad reconoce que necesita del Señor y endereza sus pasos torcidos, quien se convierte de su mala conducta, quien abandona el camino del mal y de la mentira para recorrer el sendero del bien que conduce a la Vida.

Prepara los caminos al Señor quien se afana seriamente en quitar todo obstáculo del camino, despojándose de todo lo que retarda o impide su llegada a nuestra morada interior. Prepara los caminos al Señor y le abre la puerta quien se esfuerza en «rellenar los valles y abismos», quien con sistemático trabajo lucha para se acaben las desigualdades y triunfe de una vez para siempre la justicia.

José María Martín OSA
www.betania.es

¿CONVERTIRNOS? ¿Y POR QUÉ? ¿Y DE QUÉ?

1.- Algo bueno debemos de tener los hombres, cuando Dios, quiso nacer y hacerse hombre. Y ¡qué confianza tiene en nosotros Dios, cuando –desde siglos y siglos– ha querido contar para su obra, con la colaboración del ser humano!
Juan Bautista, este domingo y el próximo, centra nuestra atención. La Historia de la Salvación no es cosa exclusiva de Dios. Si, El quisiera, por supuesto que la podría llevar a cabo en cuestión de horas, en décimas de segundos. Pero, Dios, sabe y quiere trabajar en equipo.
¡Hacen falta colaboradores! Solemos leer con frecuencia a la puerta de muchas iglesias. Juan Bautista representa a todo aquel que sabe y quiere trabajar con Dios y con Jesús, sin confundir ni perder los papeles.
El Bautista fue puesto en la antesala de la misión de Jesús. Pero nunca pretendió ni luchó por el sillón de su Señor. ¡Cuántos “Juanes” necesita la iglesia y hasta el mundo mismo! Al contrario que el Bautista, nosotros, nos creemos más que nadie. Nos cuesta doblegarnos, ya no para soltar los cordones de las sandalias del que viene, sino –incluso– para ayudar o ceder un asiento al que más lo necesita.
Juan vivió de una forma impresionante el adviento. La Palabra de Dios vino sobre él, y cuando la Palabra sopla con fuerza, cambia la vida de las personas y, también, la de aquellas que rodean al iluminado por la Palabra.
Juan intuía que algo iba a ocurrir. Que el Mesías andaba cerca. Que había que apresurarse para que, cuando el Señor llegase, encontrase los caminos de las personas, los rincones de corazones, la claridad de las conciencias y la vida de los pueblos de aquellos tiempos, a punto: sin baches, sin precipicios peligrosos que entorpecieran la entrada del Señor. Unos le creían. Otros lo maldecían. Unos le admiraban y otros… le odiaban.
2. La historia se repite. Hoy como entonces, la Iglesia, es ese Juan que –a los cuatro vientos– anuncia por activa y por pasiva y hasta la saciedad: ¡convertíos, viene el Señor!
¿Convertirnos? ¿De qué? ¿Y por qué? Rebate el hombre que huye de desiertos o de saltamontes y que prefiere rascacielos o merluza a la romana. ¡Pues sí! Convertirnos de los caminos equivocados. Convertirnos de los corazones endurecidos por el paso del tiempo. Convertirnos de la insensibilidad que nos impide contemplar, por la oración y en la vida ordinaria, a Dios.
Unos verán la salvación de Dios. Otros se quedarán mirando al sin sentido de los adornos navideños. Unos seguirán pensando que somos unos ilusos. Otros se abrirán a la fe
Como el nacimiento de Juan Bautista entonces, nuestro nacimiento y nuestra misión, entra y está en los planes de Dios para seguir empleándonos a fondo en la Historia de la Salvación.
Y, el momento que estamos viviendo, es la etapa que Dios nos tenía asignada. Miremos lo que nos rodea de otra manera; pongamos ilusión en nuestro trabajo; sembremos con fe lo que llevamos entre manos; demos un margen a Dios. Si Él nos ha llamado a vivir en este tiempo es porque “algo nuevo” se está cociendo sin que nuestros ojos lo vean o nuestros sentidos lo perciban.
Llega la Navidad. ¿De qué caminos tenemos que volver? ¿Qué senderos tenemos que rectificar en nuestra forma de ser, pensar y actuar?
Que este Año de la fe sirva para saber que, el Señor, viene y, por El, merece la pena esforzarse en el arreglo de los caminos de nuestra vida.

Javier Leoz
www.betania.es

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