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Catecismo

La fe, como un mapa.

El Catecismo de la Iglesia Católica no se lee de corrido: se recorre. Aquí tienes el plano de sus cuatro partes, las preguntas que de verdad nos hacemos y un plan para leerlo en cinco minutos al día.

El mapa de la fe

Cuatro puertas, una sola fe.

Elige una puerta y verás cómo está construida de verdad: sus secciones, sus capítulos y los números donde leerla.

n.º 1n.º 2865

Parte 1 · Creer

La profesión de la fe

¿En qué creemos?

Aquí está lo que creemos. Empieza por el deseo de Dios que llevamos dentro y por cómo Él sale a nuestro encuentro: la Revelación, la Escritura y la Tradición. Después recorre el Credo, el resumen de la fe que rezamos en Misa: el Padre y la creación, Jesucristo, el Espíritu Santo, la Iglesia y la vida eterna.

Su hilo conductor: El Credo

Prólogo

n.º 1-25

Antes de empezar

Para qué sirve el Catecismo, a quién se dirige y cómo está organizado.

Sección 1

n.º 26-184

«Creo» – «Creemos»

  1. El hombre es «capaz» de Dios

    n.º 27-49

    La sed de Dios que llevamos dentro.

  2. Dios al encuentro del hombre

    n.º 50-141

    Cómo se da a conocer: Revelación, Tradición y Sagrada Escritura.

  3. La respuesta del hombre a Dios

    n.º 142-184

    Creer es fiarse: la fe como respuesta.

Sección 2

n.º 185-1065

La profesión de la fe cristiana

  1. Creo en Dios Padre

    n.º 198-421

    Dios, la creación, el ser humano y el pecado.

  2. Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios

    n.º 422-682

    Su vida, su cruz y su resurrección.

  3. Creo en el Espíritu Santo

    n.º 683-1065

    El Espíritu, la Iglesia, la resurrección y la vida eterna.

Estos cuatro pilares son los de la catequesis de siempre: el Credo, los sacramentos, los mandamientos y el Padrenuestro. El propio Catecismo explica el plan en su n.º 13. La barra bajo cada capítulo marca dónde cae dentro de su parte.

Preguntas que nos hacemos

Lo que de verdad preguntamos.

Preguntas reales, con una respuesta breve y los números del Catecismo donde seguir leyendo.

Filtra por tema

12 preguntas

  • La Iglesia enseña que la razón humana puede llegar a conocer a Dios a partir de la creación y de la propia persona: el orden del mundo, la belleza, la conciencia, el deseo de infinito.

    Son caminos que apuntan hacia Él, más que pruebas de laboratorio.

    Creer es otra cosa: es responder con confianza a un Dios que se da a conocer, y eso es un don que se acoge con libertad.

    Por eso la fe no sustituye a la razón: la razón prepara el terreno y la fe llega más lejos.

    Para leer más: CIC 31-36Abrir el índice oficial

  • La Iglesia enseña que no puede haber una contradicción verdadera entre ellas, porque el mismo Dios que da la fe ha puesto la razón en nosotros.

    La investigación científica, hecha con rigor y respeto a la verdad, es una manera de descubrir la creación.

    La fe no compite con ella: responde a otras preguntas, como por qué hay algo en vez de nada o cuál es el sentido de todo.

    Los choques aparecen cuando se le pide a la fe lo que corresponde a la ciencia, o a la ciencia lo que corresponde a la fe.

    Para leer más: CIC 159; 283-284Abrir el índice oficial

  • Para la Iglesia, la Biblia es Palabra de Dios escrita por personas de verdad: Dios es su autor y los autores humanos pusieron su lenguaje, su época y su estilo.

    Por eso se lee con seriedad, que no es lo mismo que con literalismo: hay que atender a lo que quisieron decir, al género literario (no es igual un salmo que una crónica) y al conjunto de toda la Escritura.

    Y se lee dentro de la Iglesia, que la ha recibido, transmitido e interpretado desde el principio.

    Así la Biblia no es un libro de datos, sino la voz de Dios que sigue hablando.

    Para leer más: CIC 105-119Abrir el índice oficial

  • La Iglesia cree que la muerte no es el final: cada persona se encuentra con Cristo y, a la luz de su amor, su vida queda definida para siempre. Al final de los tiempos esperamos la resurrección del cuerpo.

    Los destinos que nombra la fe son el cielo (la comunión plena con Dios), una purificación previa para quien muere en su amistad pero aún no está del todo preparado (el purgatorio) y la posibilidad real de rechazar a Dios (el infierno).

    El Catecismo es sobrio: no describe lo que no sabemos y deja el juicio en manos de Dios, que es justo y misericordioso.

    Por eso la Iglesia reza por los difuntos, y por eso importa tanto cómo amamos mientras vivimos.

    Para leer más: CIC 1020-1060Abrir el índice oficial

  • Porque el perdón es de Dios, pero Cristo quiso darlo a través de la Iglesia: dio a los apóstoles el poder de perdonar los pecados, y ellos lo transmitieron a obispos y sacerdotes.

    Confesarse no es contarle tus cosas a un hombre, sino encontrarte con Cristo en un gesto visible: oyes con tus oídos «yo te absuelvo» y sabes que no es una impresión tuya.

    Además, el pecado nunca es solo asunto privado: hiere también a los demás y a la comunidad, y la reconciliación vuelve a abrirnos esa puerta.

    El sacerdote, por cierto, está obligado a un secreto absoluto sobre lo que oye: el llamado sigilo sacramental.

    Para leer más: CIC 1422-1498; 1467Abrir el índice oficial

  • Porque el domingo es el día de la Resurrección, y los cristianos nos reunimos ese día desde el principio para escuchar la Palabra y partir el pan con el Señor.

    El Catecismo llama a la Eucaristía «fuente y culmen de toda la vida cristiana» (CIC 1324): más que un requisito, es el encuentro donde Cristo se nos da.

    La Iglesia pide participar en la Misa los domingos y fiestas de guardar, y recuerda que quien falta por una causa seria, como una enfermedad o el cuidado de un hijo pequeño, no incumple nada.

    Y pide también vivir el domingo como día de descanso, de familia y de caridad.

    Para leer más: CIC 2174-2183; 1324Abrir el índice oficial

  • Sí, es lo que creemos los católicos: no solo como recuerdo o símbolo, sino con una presencia real.

    En la Misa, por las palabras de Cristo y la acción del Espíritu Santo, el pan y el vino se convierten en su Cuerpo y su Sangre; la Iglesia lo llama transubstanciación.

    Los sentidos siguen viendo pan y vino, pero la fe reconoce a Cristo.

    Por eso se guarda la Eucaristía en el sagrario, se la adora y se pide recibirla con respeto: quien es consciente de un pecado grave se acerca antes a confesarse.

    Para leer más: CIC 1373-1381; 1385Abrir el índice oficial

  • No. La Iglesia distingue entre pecado venial, que debilita el amor pero no lo rompe, y pecado mortal, que supone romper con Dios de forma grave.

    Para que un pecado sea mortal tienen que darse tres cosas a la vez: materia grave, pleno conocimiento y consentimiento deliberado.

    Y la responsabilidad puede disminuir por la ignorancia, el miedo o los hábitos, así que muchos fallos cotidianos son veniales, aunque cuenten y haya que pedir perdón por ellos.

    Si dudas de dónde está tu caso, es una buena razón para hablarlo con un sacerdote, no para cargar tú solo con la angustia.

    Para leer más: CIC 1854-1864Abrir el índice oficial

  • El Catecismo reconoce que es una de las preguntas más duras y no pretende dar una respuesta que lo explique todo.

    Enseña que Dios no quiere el mal ni es su autor, que ha creado un mundo todavía en camino hacia su plenitud, con libertad y con límites, y que sabe sacar bien incluso de lo malo.

    Y, sobre todo, que no se queda mirando: en Cristo, Dios ha entrado en el dolor y en la muerte, y desde la cruz acompaña a quien sufre.

    La respuesta cristiana, más que una teoría, es una presencia, y una promesa: el mal no tendrá la última palabra.

    Para leer más: CIC 309-314Abrir el índice oficial

  • La Iglesia da mucho valor a la conciencia: es el lugar más íntimo donde cada persona se encuentra con la voz de Dios, y se espera que obre siempre según ella.

    Pero una conciencia también se forma, o se deforma. Por eso el Catecismo habla del deber de formarla: con la Palabra de Dios, la enseñanza de la Iglesia, el examen diario, el consejo de personas sabias y la oración.

    Seguir la conciencia no es hacer lo que me apetece, sino buscar con honestidad lo bueno y lo verdadero, y estar dispuesto a corregirme cuando me equivoco.

    Para leer más: CIC 1776-1802Abrir el índice oficial

  • Empieza por lo sencillo: rezar es hablar con Dios como con alguien que te quiere, y no hacen falta palabras bonitas.

    La Iglesia habla de tres modos: la oración con palabras (como el Padrenuestro), la meditación (pensar y dejar que la Palabra te hable) y la oración contemplativa, que es estar ante Él en silencio, con la mirada puesta en Cristo.

    Las distracciones son lo más normal del mundo: el Catecismo las describe como la dificultad habitual y propone volver el corazón a Dios con humildad, sin angustiarse.

    Elige un hueco fijo, aunque sean cinco minutos, y deja que la constancia haga el resto.

    Para leer más: CIC 2697-2724; 2729Abrir el índice oficial

  • Para la Iglesia es la oración del Señor, la que Jesús enseñó a sus discípulos, y un resumen de todo el Evangelio.

    Se dirige a Dios como Padre: no un jefe lejano, sino alguien que nos quiere.

    Las tres primeras peticiones miran a Dios: que su nombre sea santificado, que venga su Reino y que se haga su voluntad.

    Las cuatro siguientes miran a nosotros: el pan de cada día, el perdón recibido y dado, la fuerza en la prueba y la liberación del mal.

    Rezarlo despacio, una vez al día, ya es un buen comienzo.

    Para leer más: CIC 2759-2865Abrir el índice oficial

Estas respuestas están escritas con palabras de padrenuestro.net, como orientación. No sustituyen al Catecismo ni a un sacerdote o catequista: lee la fuente y, si tienes una duda seria, habla de ella con alguien que te acompañe.

El Catecismo en 5 minutos al día

Un tramo cada día, sin agobio.

El Catecismo tiene 2865 números. Leídos poco a poco, caben en menos de un año. Este plan los reparte en tramos pequeños que nunca cruzan de una parte a otra, para que cada día tengas un tema entero y un final claro.

  1. Abre el Catecismo por el número que te toca hoy. El índice oficial te lleva a cada parte.

  2. Lee despacio unos cinco minutos. Si te quedas con una sola frase, ya has ganado el día.

  3. Marca «Lo he leído» y mañana te toca el siguiente tramo. Si un día no puedes, no pasa nada: el plan te espera donde lo dejaste.

El tiempo de lectura es orientativo: depende de tu ritmo y de lo largos que sean los números de cada día. Tu progreso se guarda solo en este dispositivo; no lo ve nadie ni se envía a ningún sitio.

Índice del CatecismoCompendio, la versión corta

Tu ritmo

Para empezar

n.º 1-8

Parte 1 · Creer: La profesión de la fe

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Con este ritmo te quedan unos 361 días, unos 12 meses.

  • 1 Creer n.º 1-1065134 días
  • 2 Celebrar n.º 1066-169079 días
  • 3 Vivir n.º 1691-2557109 días
  • 4 Orar n.º 2558-286539 días

Fuente oficial

Para leerlo de primera mano.

Aquí tienes una guía con palabras propias. El texto del Catecismo, íntegro y con su autoridad, está en la web de la Santa Sede.

Sobre la edición. Edición vigente: la edición típica de 1997, con una única modificación posterior, la del n.º 2267 (pena de muerte), con la nueva redacción publicada el 2 de agosto de 2018. Los números que citamos (por ejemplo, CIC 1422) sirven para localizar el mismo pasaje en cualquier edición.