Carta pastoral con motivo del Domund

Carta pastoral con motivo del Domund

“CUENTA LO QUE HAS VISTO Y OÍDO”,

CARTA PASTORAL DE MONS FRANCISCO JESÚS OROZCO PARA EL DÍA DEL DOMUND
«Cuenta lo que has visto y oído» (Hch 4,20)

DOMUND 2021

El mes de octubre es el mes misionero por excelencia y el 24 de octubre el domingo mundial de las misiones, el DOMUND.

Este año con el lema “Cuenta lo que has visto y oído”, recordamos que nuestra misión bautismal es anunciar el Evangelio y trabajar por el Reino de Dios. Es vivir lo que nos dice el apóstol San Pablo: “Evangelizar no es gloria para mí, sino necesidad”. “¡Ay de mí si no evangelizara!” (1ª Cor 9,16).

En este tiempo duro de pandemia hemos experimentado la necesidad de Dios inscrita en la vida y en el corazón de las personas, que necesitamos encontrar palabras de Vida eterna. El ser humano descubre en sus heridas el anhelo de Dios.

Esta necesidad de la presencia de Dios puede ser reconocida en el interior del hombre, porque, como decía Agustín con una expresión muy conocida: «Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».

Somos “homo viator” (persona en camino), conocedores de la gracia recibida por nuestro bautismo, experimentada en ese encuentro con Cristo Resucitado, que nos impulsa a salir de nuestra zona de confort para anunciar de una manera explícita a Jesucristo y este crucificado, como hicieran los apóstoles (Cfr. 1Cor 1,23).

La vacuna que más necesita hoy nuestro mundo se llama Jesucristo y la Iglesia misionera está llamada a ser el “hospital de campaña” donde todos la encuentren.

Como dijera Pablo VI y nos repite constantemente el magisterio eclesial, el fin último de la Iglesia es la evangelización, es la misión: «Ella existe para evangelizar» (Evangelii Nuntiandi, 14). Y nosotros, cada uno desde el lugar que tiene en la Iglesia y con los dones y carismas que ha recibido, ha de ser misionero, es decir, está llamado a hacer visible el amor que Dios le regala en su vida, a contar lo que ha visto y oído.

Nos lo recuerda el Papa Emérito Benedicto XVI, en su encíclica Deus Cáritas est: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

Esa Persona no ha de quedar escondida para nuestro bien, eso es egoísmo. Como nos dice el papa Francisco, de igual manera que Dios se proyecta en la donación de su Hijo para salir a redimir al mundo, se nos pide que colaboremos en la creación de «una comunidad de pertenencia y solidaridad, a la cual destinar tiempo, esfuerzo y bienes» (Fratelli Tutti, 36).

El Amor con mayúsculas es quien nos impulsa en esta tarea «Quien se ofrece y entrega a Dios por amor seguramente será fecundo» (Evangelii Gaudium, 279).

En esta tarea de una manera visible y clara, están nuestros queridos misioneros. Ellos han dejado su tierra para anunciar a Cristo, han dejado casa y familia para anunciar el Reino de Dios en tierra lejanas.

Aquello que han visto y oído en la Iglesia, en sus familias, en sus pueblos, en su corazón, lo comparten con las personas que encuentran en las comunidades que atienden. Llevan en su interior el deseo de contar lo que han visto y oído (Cfr. Hch 4, 20).

El DOMUND se nos presenta como una manera de visibilizar y hacer presente la labor evangelizadora que la Iglesia realiza en los territorios de misión. Las Obras Misionales Pontificias son el instrumento del Papa para la misión, por eso, esta campaña imperada por la Iglesia, tiene unos fines muy concretos:

1. Iniciar a los fieles en la “contemplación” del rostro de Dios, en el que se reflejan los rostros de los más pobres y necesitados.

2.Promover entre los fieles una sensibilidad y predilección hacia los que, aun sin saberlo, buscan conocer y ver a Jesús.

3. Participar en las actividades organizadas por las comunidades eclesiales con motivo de la celebración del DOMUND.

4. Colaborar con una generosa aportación económica para atender las necesidades materiales de los misioneros y de las misiones.

5. Intensificar la oración y el sacrificio por las vocaciones misioneras de sacerdotes, religiosos y religiosas, y laicos.

Nuestros sacrificios, oración y generosa colaboración económica son una excelente forma de unirnos a nuestros misioneros y compartir sus misiones, de participar en su servicio a la fe, lleno de dificultades, de vivir nuestra identidad bautismal misionera.

Esta diócesis os tiene en cuenta, queridos misioneros. Siempre en comunión afectiva y efectiva con vosotros. También agradecemos los trabajos de nuestro delegado de misiones. Fomentemos las vocaciones misioneras. Que nuestra plegaria sea constante al Señor “para que envíe trabajadores para su cosecha» (Lucas 10,2).

En la fase diocesana del sínodo, hemos de reflexionar sobre nuestra manera de evangelizar y atender las tareas pastorales que estamos realizando en nuestra Diócesis. Trabajemos para que siempre estén abiertas a las necesidades de la Iglesia universal.

Nuestra tarea como presbíteros, consagrados y laicos es el evangelio con pies de discípulos misioneros. Cada uno en el lugar al que Dios le ha llevado y teniendo en el corazón siempre a toda la Iglesia.

Pidamos la intercesión de la Santísima Virgen y, en este año Josefino, del glorioso patriarca San José, para que custodie nuestros proyectos y nos haga testigos misioneros en cada rincón de nuestra casa común.

Recibid mi afecto y mi bendición.
+Francisco Jesús Orozco Mengíbar
Obispo de Guadix


“AQUÍ ESTOY, ENVÍAME”

Queridos hermanos todos: 

En el corazón del octubre misionero, la Iglesia celebra el domingo mundial de las misiones (DOMUND). Todos los cristianos, que por el bautismo llevamos inscrita la misión en nuestro ADN eclesial, estamos invitados a rezar, participar y colaborar con nuestros misioneros.

Ellos, los enviados a tierra de misión en nuestro nombre, testimonian el evangelio en cada rincón del mundo y cuentan, cada campaña del Domund, con nuestro tiempo, oración y donativo.  

Nuestra oración, nuestro tiempo y nuestro dinero se convierten en tres pilares privilegiados para hacer concreto este compromiso con la Iglesia misionera, como nos ha dicho el Papa Francisco en el mensaje del 2020: “La celebración del Domund significa reafirmar cómo la oración, la reflexión y la ayuda material de sus ofrendas son oportunidades para participar activamente en la misión de Jesús en su Iglesia”. 

El lema del Domund 2020, “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8), refleja muy bien la oración de tantos hombres y mujeres que han partido desde nuestras tierras a la misión, secundando la llamada del Señor.  

El lema es también una llamada a cada cristiano a salir de la conciencia aislada y de la autorreferencialidad (EG 8), para salir al encuentro del necesitado, para ser una Iglesia en salida (EG 24). 

Hemos de tomar conciencia que todos somos enviados, que nada humano es ajeno a la fe, ya sea en la pobreza material en todas sus expresiones, como la más grave, la espiritual y el desconocimiento de Jesucristo. 

Ser una Iglesia en salida es “aceptar la llamada a salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (EG,20). ” Aquí estoy, envíame, sentirse enviado a que todos se salven y experimenten el amor de Dios en una Iglesia que es testigo, discípula y misionera de la misericordia, de la ternura y del amor de Dios. 

 El Papa Francisco nos recuerda que “comprender lo que Dios nos está diciendo en estos tiempos de pandemia también se convierte en un desafío para la misión de la Iglesia”. En este contexto de Covid-19, de crisis sanitaria y económica mundial, los misioneros están en primera línea contra el virus, la pobreza y el hambre, especialmente en contextos de alta vulnerabilidad por las condiciones extremas de pobreza.  

Esta jornada del Domund pide a la Iglesia que se siga arrodillando a curar heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a no caer en la indiferencia humillante para los pobres. 

Casi la mitad de la población mundial vive en los territorios de misión, donde se celebra uno de cada tres bautismos del mundo; donde un sacerdote atiende a más del doble de habitantes que otro sacerdote en la Iglesia universal y donde la Iglesia, a través de miles de instituciones sociales y educativas, llega a las aldeas más remotas para que Jesucristo pueda seguir curando y salvando.

Por eso el Papa Francisco nos dice, en el mensaje de este curso, que “la caridad, que se expresa en la colecta del Domund, tiene como objetivo apoyar la tarea misionera”.  

Una vez más, el Señor nos llama a salir de nuestra tierra, como lo han hecho en la misión ad gentes los 7.792 misioneros españoles que actualmente están en territorios de misión, concretamente en 135 países; los 1.631 voluntarios en las diferentes diócesis y parroquias españolas o los 10.000 cristianos que, cada año, dedican parte de sus vacaciones a tener una experiencia misionera. 

Recemos para que no falten misioneros, porque como nos dice el Papa Francisco, “Dios continúa buscando a quien enviar al mundo y a cada pueblo para testimoniar su amor”. Nuestra Diócesis de Guadix tiene experiencia de esta comunión misionera a través de nuestros sacerdotes diocesanos que están en Honduras y que son orgullo de todos. 

Cada cristiano ha de trabajar en la construcción de un mundo nuevo donde reine el amor; donde la grandeza se muestre en la capacidad de hacerse pequeño, de no llamar propio a nada de lo que tiene; donde no hay ya marginados, ni empobrecidos, ni desgraciados; un mundo donde la fraternidad universal sea real porque todos nos experimentamos hijos de un mismo Padre y miembros del único Cuerpo de Cristo. 

El Papa nos recuerda que “la oración es la primera obra misionera que todo cristiano puede y debe hacer, y es también aquella más eficaz”. 

Os invito a rezar mucho, pues la cooperación espiritual sostiene a nuestros misioneros. Que no falte tampoco la colaboración personal y económica, que os pido sea muy generosa, especialmente en estos tiempos crudos de pandemia y de crisis económica donde todo sacrificio vale mucho más.  

Que la Virgen, Madre de los misioneros, nos haga responder como Ella lo hizo a la llamada del Señor: “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8)

Recibid mi afecto y mi bendición. 

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar 

Obispo de Guadix 

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