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Cerca de 20 bebés son ofrecidos a la Virgen por jóvenes familias en la fiesta de Nuestra Señora de Torreciudad

Acudieron este año a la cita familias procedentes de varias ciudades españolas: Barcelona, Madrid, Zaragoza, Pamplona, Sevilla… El Altoaragón estuvo representado con 3 bebés de El Grado, 2 de Barbastro y 1 de Ubiergo-Monzón. En total 17 bebés, 10 niñas y 7 niños, cuya edad oscilaba entre las pocas semanas de vida y el año. Un bullicioso público formado por familiares, veraneantes de la zona y habitantes de las poblaciones próximas al santuario acompañaron a los padres en los distintos actos.
La fiesta comenzó a las 11’00 h. de la mañana con una misa celebrada por el rector del santuario, D. Javier de Mora-Figueroa. Al dar la bienvenida a las familias participantes les recordó la peregrinación en acción de gracias a la antigua ermita de Torreciudad de los padres de San Josemaría Escrivá por la curación de su hijo. Durante la homilía destacó que “esta devoción ya se ha hecho internacional: más de 7.000 jóvenes procedentes de 41 países han visitado estos días el santuario de camino hacia la Jornada Mundial de la Juventud. Y en estos tiempos de crisis, María es la Madre de la Santa Esperanza. Estos jóvenes que han estado con el Papa son la Iglesia del futuro, y esto claramente es una gracia conseguida por la Virgen”.
Los asistentes se encaminaron después en romería hacia la ermita por el sendero de los Dolores y Gozos de San José, trasladando la imagen peregrina de la Virgen sobre unas andas de madera, y llevando varios de ellos vistosos trajes regionales aragoneses. Al llegar tuvo lugar el tradicional Canto de los Gozos de la Virgen de Torreciudad y el rector leyó la oración de ofrecimiento de los niños a la Virgen en solicitud de amparo y protección.
Bajo uno de los arcos del porche ya estaba preparada una antigua balanza forjada en hierro en la que son colocados los niños para realizar la ofrenda de las familias a Nuestra Señora. Los padres introducen a sus hijos dentro de un canasto de mimbre, colocado en uno de los brazos de la balanza, mientras en el otro igualan el peso de la criatura poniendo trigo y aceite, según la costumbre, o productos de sus lugares de origen, como optaron por hacer la gran mayoría: aceite de Barbastro, paletas de jamón serrano, vino del Somontano, sandías de la huerta de Zaragoza, tomate rosa de Barbastro, uvas y melocotones de la vega del Cinca… Antaño se destinaban estos alimentos a la manutención del santero o la santera de la ermita y su familia, ahora se distribuye entre algunas entidades benéficas de la comarca. Tras al pesaje de los bebés, se entregó a los padres un recordatorio impreso con la fecha del ofrecimiento y una medalla de la Virgen de Torreciudad, y se les pidió un correo electrónico para enviarles las fotografías del acto.
Para muchas familias fue su primera experiencia, como los Cavero Craviotto, de Barbastro, que ofrecieron a su primer hijo Carlos y equilibraron el peso con productos de la huerta de Costean, del huerto de su tío: “ha sido todo muy bonito, muy emocionante –dice David, su padre-. Y a Carlos le ha gustado, porque se agarraba a la balanza y no quería salir”. Otras, en cambio, ya eran veteranas y además de la zona, como los Calero San Agustín y los Planes Cosculluela, de El Grado: pesaron a Carlos y a Mateo respectivamente. El momento más emotivo fue el pesaje de María, el quinto hijo de la familia Terraza, de Zaragoza: Mari Paz y Carlos se casaron en la propia ermita en el año 2000, y desde entonces han venido para pesar a todos sus hijos: “con cada uno ha sido distinto, y lo hacemos con mucha fe en la Virgen”, dijo Mari Paz.
Los actos concluyeron con otra antigua costumbre muy esperada por el público: el reparto de “La Caridad”, raciones de torta y vino para celebrar el día. Al tradicional caldo obtenido de la “Viña de la Virgen”, situada en Secastilla, este año se añadió otro traído desde Capella. Varias jotas aragonesas y canciones dedicadas a la Virgen entonadas por los asistentes cerraron una emotiva mañana cuajada de fervor religioso y una contagiosa alegría.