Domingo XVI del Tiempo ordinario

XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO / CICLO C

ANDAMOS INQUIETOS CON MUCHAS COSAS Y SÓLO UNA ES NECESARIA

      Casi sin darnos cuenta, las actividades de cada día van modelando nuestra manera de ser. Si no somos capaces de vivir desde dentro, los acontecimientos cotidianos tiran de nosotros y nos llevan de un lado para otro, sin otro horizonte que la preocupación de cada día. Por eso es bueno que escuchemos las palabras de Jesús a aquella mujer tan activa y trabajadora: «Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas, y sólo una es necesaria».

      Agitados por tantas ocupaciones y preocupaciones, necesitamos tomarnos de vez en cuando un tiempo de descanso para sentirnos de nuevo vivos. Pero necesitamos además pararnos y encontrar el sosiego necesario para recordar de nuevo «lo importante» de la vida. Las vacaciones tendrían para nosotros un contenido nuevo y enriquecedor si fuéramos capaces de responder a estas dos sencillas preguntas: ¿cuáles  son las pequeñas cosas de la vida que la falta de sosiego, de silencio y de oración han agrandado indebidamente hasta llegar a matar en mí el gozo de vivir?, ¿cuáles son las cosas importantes a las que he dedicado poco tiempo, empobreciendo así mi vida diaria?

       En el silencio y la paz del descanso podemos encontrarnos más fácilmente con nuestra propia verdad, pues volvemos a ver las cosas tal como son. Y podemos también encontrarnos con Dios para descubrir en Él no solo la fuerza para seguir luchando, sino también la fuente última de la paz.

     Recordemos la experiencia de «abandonarse en Dios»: No necesito aferrarme a mí, puesto que soy sostenido. No necesito cargar con el peso, porque soy soportado. Puedo salir de mí mismo y entregarme. Cuando somos capaces de encontrar en Dios nuestro descanso, nuestra paz interior, la vacación se convierte en gracia, una de las mayores gracias que podemos recibir en medio de nuestra vida tan agitada y nerviosa. 

LECTURAS PARA LA EUCARISTÍA

1ª LECTURA

Lectura del libro del Génesis 18,1-10a 
        En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: 
– Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo. 
Contestaron: 
– Bien, haz lo que dices. 
Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: 
– Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza. 
Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase enseguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. 
Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron. 
Después le dijeron: 
– ¿Dónde está Sara, tu mujer? 
Contestó: 
– Aquí, en la tienda. 
Añadió uno: 
– Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.

Palabra de Dios.

  COMENTARIO A LA 1ª LECTURA      El texto de la Sagrada Escritura que leemos hoy, nos destaca tres rasgos fundamentales: la fe de Abrahán al reconocer en los visitantes al Señor, la total hospitalidad que les ofrece y la familiaridad que reina entre los visitantes y Abrahán y su familia. 

Sal 14, 2-3ab. 3cd-4ab. 5 
R. ¿Quién puede habitar en tu monte santo, Señor?
 

  •  y practica la justicia; 
    el que tiene intenciones leales, y no calumnia con su lengua. R:
  •  ni difama al vecino; 
    el que considera despreciable al impío, 

y honra a los que temen al Señor. R:

  •  
    ni acepta soborno contra el inocente. 
    El que así obra nunca fallará. R:

2ª LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1,24-28 
Hermanos: 
Ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos. 
A éstos ha querido Dios dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria. 
Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo. Palabra de Dios.  

COMENTARIO A LA 2ª LECTURA

    El apóstol Pablo escribe a los cristianos de Colosas y les dice que se considera ministro de Jesús que le ha asignado la tarea de anunciarles su mensaje y este no es otro que decirles que Cristo es la esperanza de la gloria. El apóstol Pablo anuncia a Cristo, amonesta cuando tiene que hacerlo y enseña para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo.       

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,38-42 
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. 
Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. 
Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: 
– Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano. 
Pero el Señor le contestó: 
– Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán. Palabra del Señor.  

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO

     El mensaje que Jesús quiere transmitirnos es que es necesario dejar un tiempo para la escucha de la Palabra de Dios, que es necesario prestar atención a la escucha de la Palabra de Dios y hablar con el Señor.    

PARA NUESTRA REFLEXIÓN PERSONAL

ATURDIDOS Y ESTRESADOS

      La agitadísima Marta de hace veinte siglos es el símbolo de una gran mayoría de hombres y mujeres de nuestro tiempo desbocados en una acción compulsiva. También nosotros escuchamos con frecuencia: “¿Para qué rezar tanto? El caso es hacer el bien”; “yo no rezo mucho, pero procuro hacer el bien que puedo”. Se dan los dos extremos. Hay personas tan entregadas a rezar que no tienen tiempo de hacer el bien, y hay personas tan entregadas a hacer el bien que no tienen tiempo de orar.

      Nuestro tiempo hace que seamos personas aturdidas y estresadas. Estamos inmersos en la civilización del ruido que amenaza invadirlo todo. El ruido se ha convertido en un torrente que lo inunda todo, dificultando enormemente el sosiego, la concentración, la reflexión y la interiorización.

      Nuestra cabeza en muchos casos es un hervidero de imágenes, de informaciones, pero desordenadas, sin asimilar. Parece que todo se nos quiere imponer ruidosamente desde fuera, con el problema que esto conlleva de que no seamos capaces de filtrarlas, analizarlas y después tomar una opción personal. A veces parece que no podemos ser felices sin tener muchas actividades.        Nuestras agendas están a explotar: “No me llega el tiempo para nada”, “me gustaría, pero no tengo tiempo”, son expresiones que se nos caen de los labios. “Nunca se ha corrido tanto para ir a ninguna parte”, afirma un escritor de nuestros días. Necesitamos tiempos de silencio, de reflexión, de interiorizar y de comunicación sosegada con los demás y con Dios, por supuesto.