El poema de un condenado

Navidad es...

Martín Alemán, sacerdote del barrio San Martín e integrante de la Capellanía Mayor de la Penitenciaría Provincial Mendoza Argentina escribió su visión, para estas fiestas, tras una conversación con un joven de 23 años, quien está condenado a 23 años de cárcel por homicidio.

Le pedí permiso a Eduardo, interno del penal para compartir con ustedes esta misma oración que compartí con él.

Eduardo, de 23 años, acaba de ser condenado por homicidio a 23 años en el penal, y esta oración me surgió después de conversar con él.

Hoy en día que ante tanta inseguridad muchas veces miramos el penal como la solución. ¿Qué pasa con Eduardo cuando salga “cumplido”? ¿Cómo sociedad ya lo consideramos rehabilitado? O preferimos matarlo en vida, y devolver con la misma moneda.

Eduardo no se justifica, se equivocó y su error no tiene reparación, no hay cómo devolver la vida, pero eso nos da derecho a quitarle la suya.

¿Qué me pasa si me pongo del lado de la familia de la victima? Yo no voy a asesinar, pero no estaré pidiendo que otros, que el Estado lo haga por mi. No será que el Estado ya está asesinando, nos está quitando la vida y nosotros desesperados e impotentes, dejamos que lo sigan haciendo.

Si me matan a alguien cercano estoy seguro que voy a reaccionar, pero también me pregunto si no puedo reaccionar antes.

Comparto la inquietud. Y la inquietud de comprometernos con la vida, y con la vida de todos.

Si nos jugamos por el Reino, por este Dios de la vida, tenemos que aceptar que allí hay lugar para todos, nadie esta de más, nadie sobra. Por cada uno de nosotros desde el asesinado hasta el asesino… Dios vuelve a nacer.

Lágrimas secas

al ser condenado

Tantos años son los que me dieron,

tantos años que hacen de mi vida un vacío.

El cuerpo se me adormece, mi cara no dice nada.

Mi alma se me fue, la perdí en algún rincón.

Empiezo a desconocerme, tengo miedo a cambiar mal.

De reaccionar antes de volver a encontrar mi alma.

En mi tarjeta nadie quedó,

Los amo mucho para verlos sufrir.

A aquel no le di oportunidad.

Será que ahora a mi tampoco me la quieren dar.

Solo estás lágrimas secas expresan, escriben mi historia,

si es que hay algo para seguir contando.

Todo está oscuro, pero sé que no soy oscuridad.

No quiero terminar de apagarme.