Domingo 21 del Tiempo ordinario

Evangelio del 24 de Agosto
DOMINGO XXI DURANTE EL AÑO

Isaías 22, 19-23 / Romanos 11, 33-36 / Mateo 16, 13-20
Salmo Responsorial Sal 137, 1-3. 6. 8bc8
R/. «Tu amor es eterno, Señor»

Santoral:
San Bartolomé y San Audoeno

LECTURAS DEL DOMINGO

DOMINGO XXI DURANTE EL AÑO

Pondré sobre sus hombros
la llave de la. casa de David

Lectura del libro de Isaías
22, 19-23

Así habla el Señor a Sebná, el mayordomo de palacio:
Yo te derribaré de tu sitial
y te destituiré de tu cargo.
Y aquel día, llamaré a mi servidor
Eliaquím, hijo de Jilquías; ,
lo vestiré con tu túnica,
lo ceñiré con tu faja,
pondré tus poderes en su mano,
y él será un padre para los habitantes de Jerusalén
y para la casa de Judá.
Pondré sobre sus hombros
la llave de la casa de David:
lo que él abra, nadie lo cerrará;
lo que él cierre, nadie lo abrirá.
Lo clavaré como una estaca
en un sitio firme,
y será un trono de gloria
para la casa de su padre.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 137, 1-3. 6. 8bc

R. Tu amor es eterno, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
te cantaré en presencia de los ángeles.
Me postraré ante tu santo Templo
y daré gracias a tu Nombre. R.

Daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad,
porque tu promesa ha superado tu renombre.
Me respondiste cada vez que te invoqué
y aumentaste la fuerza de mi alma. R.

El Señor está en las alturas,
pero se fija en el humilde y reconoce al orgulloso desde lejos.
Tu amor es eterno, Señor,
¡no abandones la obra de tus manos! R.

Todo viene de Él, ha sido hecho por Él, y es para Él

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo
a los cristianos de Roma
11, 33-36

¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos!
«¿Quién penetró en el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser retribuido ?»
Porque todo viene de Él, ha sido hecho por Él, y es para Él. ¡Él sea la gloria eternamente! Amén.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los Cielos

a Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
16, 13-20

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Ellas; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».
Entonces, ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías.

Palabra del Señor.

Reflexión

“¿QUIÉN SOY YO PARA TI?”
1.- ¿Y quién soy yo para vosotros? Desde luego es una pregunta comprometedora, casi diría que a mala idea. ¿Y quién es Jesús para mí? Contestaciones de catecismo y de teología barata, todos tenemos alguna. No es una pregunta de un examen de historia antigua o contemporánea.
No son pocos los ateos que lo saben todo de Jesús. También los fariseos que le espiaban se sabían todo de Él, su padre, su madre, sus parientes, su edad, sus correrías por Palestina.
¿No se interesa Jesús por si llevamos una de esas camisetas en las que pone, con grandes letras, I love Jesus…, quién soy yo para ti?
2.- Y creo que es una buena ocasión de preguntarnos cada uno sinceramente que significa Jesús en nuestras vidas, si es que significa algo.
¿Es algo más que la suegra o esa anciana tía una vez al mes o todas las semanas? Esa que cerrada la puerta de su casa y ya en el descansillo de su misma escalera todo queda en el recuerdo, más o menos cariñoso.
¿Entra Jesús al menos en el grupo de mis amigos, es el mejor de mis amigos o, al menos uno de ellos? ¿Cuento con Él o no cuenta nada en mi vida de cada día? ¿Quién soy yo para ti?
3.- Una ancianita, de esas sin doctorados o estudios, daba el otro día una gran definición de Dios: “Dios es compañía” Esta ancianita, sin ser Pedro, había recibido como Él, no por estudios, ni por grandes maestros, sino del mismo Dios esa revelación interior, esa manifestación de lo que el Señor es para ella. Y había sido digna de esa revelación porque el Señor se manifiesta a los sencillos y a los humildes, no a los entendidos de este mundo.
4.- El Señor Jesús ya sabe lo que es Él para esa pobre anciana. ¿Quién dices tú que soy yo?, esta pregunta tiene una resonancia especial para nosotros que no tenía para los apóstoles cuando el Señor se la hizo. Para ellos ese Señor no había aun dado la vida por ellos y por nosotros ya sí.
¿Podremos escaparnos con una respuesta facilota, teológicamente muy atildadita, con muchas exactitudes filosóficas? ¿Es eso lo que el Señor espera de mí?
Hay que hacerse cada uno esta pregunta a solas, ante un Jesús expirante en la Cruz y dejando hablar al corazón. ¿Quién soy yo para ti?

José María Maruri, SJ
www.betania.es

¿CUÁL ES TU RESPUESTA?
1.- Una pregunta clave que interroga nuestra fe. Sorprende a veces que cuando se realizan encuestas en que se pregunta «¿Se considera usted católico?», las respuestas afirmativas consigan porcentajes tan altos, del 80 o más por ciento. Sorprende porque muchas de estas personas que responden afirmativamente, luego, ante preguntas referentes a cuestiones básicas y fundamentales de la fe cristiana, responden negativamente. Y se da la paradoja, la contradicción de que hombres y mujeres que, por una parte, se afirman «católicos», por otra digan no creer -por ejemplo- en la divinidad de Jesús o en la existencia de la vida eterna.
2.- ¿Qué decimos los que nos llamamos “cristianos”? Los que nos consideramos creyentes “practicantes” muchas veces no sabemos responder a la pregunta que Jesús nos hace hoy: ¿y vosotros quién decías que soy yo? Es más fácil cumplir unos preceptos, que en el fondo no alteran nuestra vida, que “mojarse” de verdad y dejar que el Evangelio empape nuestra vida y cuestione incluso nuestras seguridades. Es más fácil responder de memoria, como un loro, que Jesucristo es el Hijo de Dios, que plantearse en serio nuestra fe cristiana. Raramente somos capaces de renunciar a nuestro dinero o a nuestro tiempo para compartirlo con los necesitados. Nos hemos fabricado una religión a nuestra manera, por miedo a comprometernos de verdad
3.- Testigos de Jesucristo. Pedro, la piedra sobre la que Jesucristo edifica su Iglesia, selló con su sangre la fidelidad al Maestro. Otros muchos dieron ejemplo de fe y entrega al Maestro. La identidad de la Iglesia está enraizada en la confesión de Jesucristo como el Hijo del Dios viviente. Y estamos aquí para hacer la misma profesión de fe y así identificarnos con Jesucristo. Tenemos que reconocer que hay muchas cosas buenas en la iglesia: muchas vidas heroicas, oración profunda, servicio generoso, hermosas tradiciones. Pero también pecado en nuestra Iglesia salpicada de escándalos. La Iglesia de Pedro está herida y siempre lo ha estado, incluso en tiempo de los apóstoles, pero está viva y luchando por hacer el bien a todos. Muchas personas se escandalizan y se alejan de Dios al contemplarnos. ¿Seremos capaces de ser de verdad testigos -mártires- de Jesucristo, como lo fue Pedro? Para seguir a Jesucristo es necesario, muchas veces, que nos neguemos a nosotros mismos y carguemos con nuestra cruz. Cada uno tenemos la nuestra…. ¿En el trabajo, en casa, en la vida pública, tienes presente lo que Jesús espera de ti? ¿Haces lo que le agrada? ¿Qué respuesta das a la pregunta que hoy te hace Jesús?

José María Martín OSA
www.betania.es

PERO ¿INTERESA JESÚS?
Seguramente que, allá donde pasamos muchas horas cada día, la cuestión de la fe (ser cristiano y todo aquello que ello entraña) no capitaliza –ni mucho menos– el centro de atención de la conversación.
Tal vez, y puede ser un fallo grande o exponente una debilidad, sabemos hablar de todo pero nos cuesta hablar de Dios: expresar nuestras convicciones religiosas; manifestar nuestras creencias; defender, si la situación lo requiere, la concepción que tenemos de la vida, de la familia y de la sociedad desde el Evangelio.
1. ¿Quién dice la gente que soy yo? Hay que quitar esa gran máscara del cristianismo vergonzante o de falsos respetos que, algunos de nosotros, podemos tener. La fe no la podemos reducir y enclaustrar exclusivamente a una vivencia interna. Con el Señor, en estos domingos precedentes, hemos comido el pan multiplicado, nos ha sacado del fango de las aguas turbulentas, nos ha sanado en numerosas ocasiones como lo hizo con la hija de la mujer cananea.
Viene el Señor, una vez más, y nos pregunta que qué pensamos de todo esto. De nuestra fe y de nuestra esperanza, de nuestro seguimiento y de nuestra entrega, de su persona y de sus palabras.
En un mundo mediatizado por la imagen, el Señor, no nos pregunta por sentirse inseguro. Lo hace porque tal vez, nosotros, no estemos seguros de a quién seguimos, quien es y por qué le seguimos.
2. Aquí, hoy, podríamos poner encima de la mesa del altar las cartas de la verdad o de la falsedad de nuestras creencias.
– En nuestras conversaciones ¿cuántas veces hablamos de Dios?
– Con los amigos ¿cuando planteamos seriamente nuestra vida cristiana o el hecho de ser católicos y cristianos? Porque, en definitiva, de lo que abunda en el corazón se expresa en los labios.
– ¿Qué decimos sobre Él? ¿Le conocemos profundamente o sólo superficialmente? ¿Escuchamos su Palabra o simplemente asistimos a su lectura? ¿Estamos en comunión con El, o somos unos amigos interesados que sólo lo saben vivir y sentir en ciertas celebraciones solemnes?
3. Uno de los aspectos más negativos de nuestro tiempo es el relativismo. También, respecto a la persona de Jesús, ha hecho estragos este virus. No es difícil encontrar personas que digan que Jesús es un personaje formidable, fuera de serie, histórico pero olvidan ( tal vez no lo han sentido nunca) que Jesús, como Hijo de Dios, es sobre todo Salvador.
– Jesús no ha venido al mundo para ser coreado en pancartas y luego ser olvidado en el estilo de vida de los que nos decimos creyentes.
– Jesús no ha nacido para que nos remitamos a las actas de la historia y comprobemos que, en verdad, existió.
Jesús no ha irrumpido repentinamente para que lo ensalcemos como un defensor –de las causas perdidas–.
– Jesús, sobre todo, ha venido para que veamos en El, la mejor fotografía y el mejor rostro que Dios tiene: el amor.
Hoy, como Pedro entonces, nuestra iglesia (con contradicciones, deficiencias, limitaciones, dificultades, temperamento, carácter, etc.) sigue respondiendo: Tú, Señor, eres el Hijo de Dios.

Javier Leoz